| Índice | El planeta de los simios XII Lavado de cerebro |
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Cualquier semejanza con la realidad no es ninguna coincidencia.
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Si una afirmación hiere tu sentido común, entonces no es verdad. La única verdad para ti es la que tú consideras como verdad. |
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TÉCNICAS PERVERSAS DE PERSUASIÓN
Por Horacio Velmont
En toda la historia de la humanidad, nadie ha sufrido un lavado de cerebro y se ha dado cuenta -o ha creído-, que lo estaba sufriendo. Quienes han pasado por ello por regla general defienden apasionadamente a sus manipuladores, asegurando que solamente les han "enseñado la luz"....o han sido transformados de alguna manera milagrosa". Dick Sutphen
Desde antiguo el hombre ha querido persuadir al prójimo recurriendo a diversos métodos. Si el razonamiento discursivo no alcanzaba, si los argumentos tradicionales no resultaban eficaces, se recurría entonces a falacias o sofismas -como los usaron los griegos- para disuadir con falsos razonamientos. Si esto fallaba se utilizaban técnicas perversas de persuasión que iban desde el "lavado de cerebro" hasta la psicocirugía, pasando por la "tortura blanca", el "aislamiento", la "privación sensorial", la "falta de sueño", etc. La denominación de lavado de cerebro probablemente se deba al periodista Edward Hunter, quien tradujo una expresión china. La observación científica contemporánea comienza en la década del '50 en ocasión de la guerra de Corea, aunque alrededor de 1930 ya existían antecedentes retomando las investigaciones de Pavlov y los aportes de Watson, Bechterev, Rikman, Wundt y Charcot. Robert J. Lifton, en su obra Reforma del pensamiento , describió los pasos seguidos por esta técnica: 1) ataque a la identidad; 2) aceptación de la culpa; 3) traición a sí mismo; 4) canalización de la culpa; 5) reeducación: 6) recapitulación final. Aspectos de la modalidad rusa de esta técnica se presentaron en la película La confesión , que protagonizara Ives Montand con la dirección de Costa Gavras y con el mismo equipo que produjo "Z" y su medotología, y en el libro El proceso , de Franz Kafka, donde se describe el "proceso de ablande" de un acusado, que entre contradicciones y ambigüedades termina por someterse a un injusto final. El investigador genetista Shores Medveded (jefe del Instituto radiológico de Obninsk), en su descarnada obra ¿Quién está loco? , escrita en 1970, luego de salir del "Spetzbolnitza" de Kaluga, refiere que el Instituto de Medicina Legal Serbsky, con sede en Moscú, envía "expertos consultores" a los distintos hospitales psiquiátricos para determinar qué ciudadanos son normales y cuáles no. En estos dantescos escenarios montados por la K.G.B., dos expresiones se repiten con frecuencia: "esquizofrenia de evolución lenta" y "delirio reformador paranoico" (?). Las manías, las ideas fijas y la confusión mental se convierten en elemento-causas que los ideólogos y psiquiatras endilgan a los "enfermos" en estos verdaderos infiernos. Toda esta aberrante mecánica ha sido denunciada hasta el cansancio ante las Naciones Unidas. El lavado de cerebro, en síntesis, es una técnica de carácter pretendidamente científica dirigida a que una persona piense y se identifique con un determinado sistema ideológico. El procedimiento se vincula, luego de oscilar en mecánicas que van desde la coacción hasta la ingesta de drogas, tanto con el narcoanálisis como con el uso de drogas en psicopolítica, es decir, cuando el lavado de cerebro es efectuado a nivel colectivo. En la Psicología rusa se considera que sirve para: 1) engarzar la Psiquiatría con el socialismo para la difusión del materialismo dialéctico; 2) negar los valores y su significado trascendente en la base estructural de la libertad del hombre; 3) abrir o consolidar el camino para las escuelas psicológicas izquierdizantes que tratan deshumanizada y ateamente al hombre. Iván Petrovich Pavlov (1849-1936), fisiólogo ruso, investigó, experimentando con animales, los procesos digestivos, llamando erróneamente a las reacciones que comprobaba "reflejos condicionados", ya que en realidad les implantaba engramas. Reaccionando contra el subjetivismo decidió no cambiar de método para el estudio de la conciencia o los procesos superiores del hombre, cayendo en el error de creer que tarde o temprano la ciencia obtendría datos objetivos de los fenómenos psíquicos en relación a su base orgánica. Este disparatado sabio, glorificado por las academias, con su pasión científica y su pobreza espiritual creó un método para crear reflejos por el sufrimiento, llegando al paroxismo de la genialidad criminal de originar reacciones automáticas digestivas a través del dolor. Pavlov, como primer paso del procedimiento, preconizaba el estado de desquiciamiento de la mente (inhibición cortical de la función cerebral suprema), que recibía el nombre de "colapso mental". Para lograr este colapso sugería los siguientes pasos: 1) agotamiento; 2) confusión; 3) dolor físico crónico; 4) tensión emocional o miedo. John Watson (1878-1958), despistado psicólogo norteamericano, creador de la escuela "conductista", difundió como principio que "el reflejo condicionado es el eje de toda la actividad del hombre" (tesis de su libro Psicología desde el punto de vista conductista ). Si el condicionamiento existiera como mecanismo de dolor y tensión, la humanidad estaría en muy malas condiciones. Afortunadamente, el condicionamiento no existe. Parece existir, pero la apariencia no es la realidad. Uno podría pensar que si una criatura fuese golpeada e insultada diariamiento, al final estaría condicionada a la creencia de que la vida era así y que lo mejor era volverse contra ella. Sin embargo, reiteramos, el condicionamiento no existe. Pavlov puede haber sido capaz de volver "locos" a perros mediante la repetición del experimento, pero esto simplemente fue mala observación. Los perros podían ser entrenados para hacer esto o aquello, pero esto no era condicionamiento en absoluto: los perros enloquecían sencillamente porque se les implantaban engramas. Explicaciones disparatadas sobre estos fenómenos se encuentran en Vladimir Bachterev (1857-1927), neurólogo y psiquiatra ruso, creador de la "Reflexología" o "Psicoreflexología" (investigó junto con Pvlov los "reflejos condicionados"; también trabajó con Wundt en Alemania y con Charcot, en París, Francia), Wilheim Wundt (1832-1920), marxista, profesor de la Universidad de Leipzig, Alemania, que sostenía que el ser humano no era otra cosa que un animal sin alma, y fundamentó toda su obra en el principio de que no existía la "psique" (espíritu); etc. Con Wundt, la psicología, es decir, el "estudio del espíritu", se encontró en la absurda situación de convertirse en el "el estudio del espíritu que niega al espíritu". Durante mucho tiempo la psicología wundtiana se enseñó ampliamente por todo el mundo: "el hombre es un animal y no puede mejorar". Además, se establecía que la inteligencia no cambiaba nunca. La psicología wundtiana se convirtió en norma debido, fundamentalmente, a la ignorancia y a la indiferencia de las personas que dirigían las universidades.
EL LAVADO DE CEREBRO
En Rusia, el denominado "lavado de cerebro" es más bien una síntesis de las viejas técnicas de la Okrana (policía secreta de los zares), con la metodología propia del comunismo y los experimentos de Pavlov y sus sucesores. Los interrogatorios rusos no pretenden destruir físicamente al individuo, sino obtener su "capitulación psicológica" para llegar a la "abdicación ideológica". Tal molienda de almas tiene tres estadios principales: 1) un período de debilitamiento mental, prólogo del interrogatorio; 2) el interrogatorio propiamente dicho; 3) la "racionalización", es decir, la organización de las "confesiones" según las perspectivas queridas y buscadas por los interrogadores. El primer paso está dirigido, entonces, a quebrantar la resistencia del sospechoso. Generalmente consiste en un primer arresto, aparentemente "intrascendente", pero que no es efectivizado legalmente hasta mucho tiempo después (uno o dos años), período durante el cual se irá logrando su degradación. Se arrancan a la víctima sus hábitos, sus convicciones. En síntesis, se logra privarlo de un mundo en el cual las personas y las cosas están dispuestas en un determinado orden, que fue siempre considerado incuestionable por el detenido. El primer golpe cae sobre el status social del sospechoso. En su empleo el sistema de comunicación empieza a fallar, pues no le llega información. Se lo traslada a otro lugar en una escala jerárquica inferior. El individuo, así, se siente atacado en su rol social, especialmente en la importancia que reviste en una sociedad de tipo colectivista el lugar ocupado por cada uno. Esto constituye un paso decisivo en el proceso que ha de conducir a su debilitamiento mental. Su angustia aumenta porque paulatinamente es abandonado por su entorno, ya que sus amigos y familiares se dan cuenta de que es blanco de un organismo especializado del Estado. Cuando llega al paroxismo de su angustia -sabe que se encuentra en una "lista negra" y que tarde o temprano será arrestado- se efectiviza su detención definitiva. Una vez recluido se lo priva totalmente de sus pertenencias, pues se considera que aun su ropa sirve para sostener su personalidad. El paso siguiente es conducirlo a un "solitario", es decir, a una celda muy estrecha en la que permanecerá durante muchos días o meses o años. Se lo priva de todo contacto humano y de cualquier trabajo. Rutinariamente se lo mantiene de pie o sentado, sin variar de postura, durante todo el día. Debe dormir en horas prescriptas y en posiciones incómodas. La luz no se apaga jamás, lo que le provoca alteraciones en el sueño. No se le brindan noticias del mundo exterior. Desconoce totalmente la suerte corrida por sus familiares y amigos. Ignora el tiempo que durará su aislamiento. Ni siquiera le informan la razón por la que lo han detenido, ni si será juzgado. Éste, según testimonios fehacientes de quienes lo han padecido, es el peor momento para el recluso. A medida que transcurre el tiempo el prisionero padece altibajos en su conducta. Las pesadillas constantes turban su sueño. El menor ruido en los pasillos lo hace estremecer de angustia. Todo sigue así por el estilo hasta que por último termina aceptando sumisamente los deseos de sus guardianes. Abdica, paulatinamente, de las más elementales reglas del comportamiento civilizado, llegando incluso a ensuciar deliberadamente sus ropas. A estas alturas su estado es delirante. Llora, gruñe, reza oraciones en voz alta, obedece las órdenes del guardián con docilidad. La segunda fase consiste, como ya dijimos, en el interrogatorio propiamente dicho, el cual tiene lugar sólo cuando al prisionero se lo considera "maduro" para sufrirlo. Generalmente recibe el interrogatorio con alivio, hasta con felicidad, pues se reconforta al haber roto su aislamiento. Estalla en sollozos y experimenta un hondo sentimiento de gratitud hacia su interrogador. Es tan grande su deseo de hablar que incluso llega a fabular según los deseos de quien lo interroga y a proseguir su discurso en forma ininterrumpida por largas horas con tal de no perder el contacto humano hallado o reencontrado en ese momento. Los interrogatorios, por lo general, se realizan en el horario nocturno, pues se considera que durante la noche se acrecienta más tanto la presión fisiológica como psicológica. La sala de interrogatorios es una habitación vacía, con un sillón para el interrogador, una banqueta para el interrogado y una mesa. La luz está dirigida hacia el interrogado, en tanto el interrogador queda en semipenumbra. Lo más desconcertante para el prisionero es que sus "crímenes" nunca fueron especificados. Por otra parte, su culpabilidad se da por descontada. El interrogador posee una serie de métodos de persuasión y de presión, de modo de quebrantar la moral del prisionero sin dejar huellas materiales: interrogatorio permanente, privación del sueño, de la comida y del agua, alternación de bondad sorpresiva seguida de severidad, etc. Estos procesos pueden extenderse por el tiempo necesario hasta que el interrogador se dé por satisfecho. Llegado este momento, el prisionero se encuentra prácticamente desquiciado y da rienda suelta a sus emociones admitiendo cuanto se le sugiere y comenzando a estar dispuesto a corroborar toda interpretación de su conducta que le sea propuesta. La tercera etapa del proceso es la "racionalización". Esposado, maltrecho tanto moral como físicamente, el prisionero debe buscar una salida a su calvario, es decir, formular coherentemente una confesión que responda a las exigencias del interrogador. El mecanismo de la racionalización forzada reposa sobre el sentimiento de culpa. El interrogador soviético no busca únicamente conseguir una confesión: debe persuadir al prisionero que es culpable, que la confesión de sus "crímenes" confirma su culpabilidad, y que todo ello justifica el trato de que es objeto. La circunstancia de que el interrogador sea miembro del Partido Comunista juega un papel importante. "Él" es "el Partido", la autoridad suprema y dispone de todo un sistema de definiciones y racionalizaciones que le ayudan a convencer definitivamente a su víctima para lograr su "entera culpabilidad". Mientras que en Rusia lo más importante del interrogatorio es que el prisionero reconozca su culpabilidad, en China, por el contrario, es fundamental el procedimiento de la "racionalización" del incriminado, por lo que todo el proceso está encaminado a tal fin. Se busca destruir totalmente al "hombre viejo" para erigir un "nuevo hombre". La prisión, en rigor, es más bien una escuela, donde el detenido aprende a reconocer sus propias "faltas". El "lavado de cerebro" chino comienza por hacer tabla rasa del pasado con el objeto de desembarazar al "culpable" de su ideología burguesa y de favorecer su cooperación con los servicios de seguridad. El método combina la presión física con el aislamiento, hambre, fatiga, etc., además de las consabidas presiones psicológicas. El objetivo prioritario es convencer al inculpado de que toda su vida anterior al arresto es susceptible de castigo. Se utiliza a otros prisioneros para minar rápidamente la personalidad de la víctima y acelerar el proceso de "reconversión". La promiscuidad entre ellos rige en todo momento. El recién llegado, generalmente debilitado física y psicológicamente por el hambre y el aislamiento, es pronto atrapado por el mecanismo obsesivo que rige la vida en la celda. La utilización del tiempo está basada en la "reeducación política", empleándose gran parte del día en discusiones, conferencias, sesiones de críticas y autocríticas. Todos deben participar. El que trata de escapar se convierte en blanco de todo el grupo y se ve obligado a explicar su "actitud contrarrevolucionaria". El interrogatorio puede tener lugar a cualquier hora del día o de la noche. La confrontación con la persona encargada de instruir el sumario adopta la forma de una interminable discusión en la cual el instructor se esfuerza por convencer al interrogado de sus errores y de la bondad del pueblo chino, si acepta enmendarse. El prisionero es invitado a relatar su historia una y otra vez. Si aparecen contradicciones, el interrogador la rechaza y todo comienza nuevamente hasta que el relato esté "impecable". En la Inglaterra del siglo XVI, Mathew Hopkins puso a punto lo que él denominó "métodos personales de investigación", no basados en la violencia física -que la prohibía la ley inglesa-, sino en la "tortura blanca", que no deja rastros. Inventa la técnica del "aislamiento" (privación de las sensaciones) y de la "falta de sueño". Los condenados son sometidos a una dieta absoluta y obligados permanentemente a caminar a lo largo y ancho de sus calabozos. Tampoco podían dormir, pues los carceleros se lo impedían tironeando de las argollas y cadenas que los sujetaban. En Portugal, tras el golpe de Estado del 25/4/74, se usó tal método por la "PIDE" y la "DGS" durante 8 a 10 noches seguidas con la ayuda de un médico que dosificaba las alucinaciones por anfetaminas (euforia seguida de profunda depresión). En Alemania, como consecuencia de las luchas contrasubversivas, se comenzaron a utilizar técnicas en las prisiones o lugares de reclusión, cuya característica fundamental consistía en la privación sensorial. Ubicados en pabellones aislados y diferenciados del resto de los delincuentes comunes, el procedimiento se denomina "Método Ossendorf". Todos los pabellones estaban absolutamente pintados de blanco y poseían una iluminación artificial permanente. Los reclusos estaban impedidos de comunicarse con otras personas. El silencio es hermético, sepulcral. Los prisioneros pronto comenzaban a padecer una tremenda presión psicológica, con cuadros delirantes y profundos desequilibrios mentales. El organismo, privado de sus principales puntos de referencia, sin recibir estímulo alguno, se desorientaba y no tardaba en producirse el resquebrajamiento físico y psíquico. En Irlanda, durante la lucha contrasubversiva, el tratamiento utilizado por las Fuerzas británicas consistía de cinco etapas fundamentales: 1) colocación de una capucha permanente; 2) aislamiento auditivo (se obtenía mediante un sonido constante y monótono mantenido durante las 24 horas del día); 3) posición de pie en forma oblicua; 4) privación del sueño; 5) ayuno estricto a base de pan seco y agua. De más está decir que todas estas experiencias dejaban profundas secuelas mentales. Creo que no es necesario que me extienda más para que quede en claro que el hombre sigue haciendo honor al viejo refrán "homo lupus homo" (el hombre es lobo del hombre) y que la Tierra es verdaderamente "el planeta de los simios".
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