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El planeta de los simios XIII

La lobotomía

Grupo Elron

 

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Cualquier semejanza con la realidad no es ninguna coincidencia.

 

 


Si una afirmación hiere tu sentido común, 
entonces no es verdad. La única verdad para 
ti es la que tú consideras como verdad. 

 

 

 

Como miembro activo de la Asociación de Psiquiatras declaro que nosotros estamos siempre alerta a cualquier nuevo descubrimiento sobre la mente.



¡Bestias, ni siquiera aprendieron a coser!



La foto muestra los instrumentos usados hacia 1800 para tratar las enfermedades mentales. La tina era para baños de agua fría. Como puede apreciarse fácilmente, en esa época existía una versión carcelaria de la enfermedad mental. Así surgió la idea del manicomio. La Psiquiatría en la actualidad sigue con el mismo concepto barbárico.


La extirpación de porciones del cerebro (psicocirugía) para curar enfermedades mentales es algo tan disparatado como pretender liberar a un automovilista de su aficción a la velocidad cortándole el pie derecho para que no pise el acelerador.


Clásica foto de Walter Freeman, psiquiatra nortemericano, demostrando su técnica (lobotomía transorbital). Este demente profesional practicaba lobotomías como un carnicero hace chorizos. En 1960 ya se habían hecho (sólo en Estados Unidos) 100.000, incluida la hermana de John Kennedy entre las víctimas.



JORGE OLGUÍN


Lamentablemente, la Psiquiatría aún sigue practicando la "medicina del barbero". En siglos pasados la práctica de la cirugía se hacía en la barbería. El barbero tanto cortaba el pelo a sus parroquianos como les sacaba una muela o les extirpaba un miembro infectado. Generalmente sin entrenamiento en los procedimientos médicos, sus "tratamientos" eran muy dolorosos, con infecciones graves, y a menudo sobrevenía la muerte como resultado de las condiciones insalubres. Todo parte del absurdo de considerar que el hombre es sólo materia y que se puede reparar como cualquier artefacto de cocina.


Un accidente que sufrió un obrero del ferrocarril de Vermont llamado Phineas Gage dio origen a una deducción errónea de la Psiquiatría (¿cuándo no?). Una explosión ocasionó que una varilla le atravesara la cabeza. Sobrevivió pero su carácter cambió (de pacífico a pendenciero). Los investigadores dedujeron que fue a causa del daño que sufrió en los lóbulos frontales del cerebro. Si lo hubieran hipnotizado e implantado la orden poshipnótica de que cada vez que escuche el pito de la locomotora buscaría camorra, el resultado sería el mismo.



El psiquiatra que todo lo quiere arreglar extirpando partes del cerebro tiene un engrama que le ordena "deshacerse de ello". La psicocirugía no es la forma sensata de cambiar la conducta torcida, sino la eliminación del engrama que la causa.

 

EL QUID DE LAS OBSERVACIONES ERRÓNEAS

por Horacio Velmont

(según las enseñanzas de Ron Hubbard)

Se cuenta que cierta vez un sabio le había enseñado a una pulga a saltar al grito de ¡salta! Llegó a saltar un metro. Para experimentar le cortó una pata. Observó que ya no llegaba al metro. Luego le cortó otra pata, y después otra y otra, viendo cómo la pulga cada vez saltaba menos. Finalmente, cuando le cortó la última pata, por más que le gritaba ¡salta! con todas sus fuerzas, la pulga se mantenía inmóvil. Entonces el sabio dedujo: "El oído de las pulgas está en las patas. A medida que se las corta el oído de la pulga disminuye y salta menos. Cuando todas las patas son eliminadas la pulga queda completamente sorda y queda inmóvil porque no oye la orden de saltar".

I

ALTERACIONES MENTALES ORGÁNICAS

Hay varias cosas que le pueden suceder al sistema nervioso, incluido el cerebro, que pueden causar un cambio estructural. En Dianética se las denomina "alteraciones mentales orgánicas".

No se las llama "neurosis orgánicas" o "psicosis orgánicas" porque las alteraciones de la estructura no producen forzosamente aberraciones.

En el pasado ha habido una confusión entre el comportamiento causado por alteraciones orgánicas y el causado por engramas.

Esta confusión se produjo porque se creía que el hombre tenía solamente una mente, la mente analítica o consciente, desconociéndose olímpicamente la existencia de la mente reactiva y su banco de engramas.

Cualquier ser humano con una alteración mental orgánica también tiene engramas. El comportamiento dictado por los engramas y la acción causada por las alteraciones son cosas diferentes.

Mientras los engramas conllevan dramatizaciones, ilusiones, rabietas y diversas ineficiencias, las alteraciones orgánicas determinan incapacidades para pensar, percibir, registrar o recordar.

Un ejemplo claro de esta diferencia puede encontrarse en la radio. Una radio puede tener filtros o circuitos nuevos añadidos a ella que cambian y varían su rendimiento o la reducen del óptimo: éstos serían engramas.

Se podrían eliminar lámparas o circuitos originales de la radio o algunos de sus cables podrían estar cruzados o algunos de sus componentes estropeados: esto sería la alteración mental orgánica.

Las fuentes de la alteración mental orgánica son las siguientes:

a ) Variación de la estructura del anteproyecto genético por razón de un cambio en el modelo genético. Algunas partes del cuerpo crecerían demasiado o demasiado poco determinando cualquier modificación en la estructura.

Éste es normalmente un cambio tan grande que es obvio. El retrasado mental, por ejemplo, puede sufrir debido a engramas o a un anteproyecto genético alterado (generalmente se trata de los dos).

b ) Alteración del sistema nervioso por enfermedad o crecimientos anormales, que se divide en dos clases:

1) Destrucción por enfermedad como en la paresia.

2) Construcción adicional como en el caso de los tumores.

c ) Alteración del sistema nervioso por drogas o venenos.

d ) Alteración por desajuste físico, como en el caso de un "ataque de parálisis" en el que determinados tejidos son inhibidos o destruidos.

f ) Cambio físico en la estructura debido a lesión como en el caso de una herida en la cabeza.

g ) Alteración de la estructura por cirugía como necesidad para remediar lesión o enfermedad.

h ) Alteraciones iatrogénicas (causadas por médicos) realizadas por una mala comprensión de la función del cerebro.

Éstas pueden dividirse en dos clases:

1) Quirúrgicas, que incluyen cosas como la lobotomía transorbital, la lobotomía prefrontal, la topectomía, etc.

2) "Terapias" de choque de todas clases (electroshocks, inyecciones de insulina, etc.).

Las seis primeras fuentes de alteración mental orgánica son mucho menos frecuentes de lo que se había supuesto. El cuerpo es un mecanismo extremadamente resistente y sus capacidades de reparación son enormes.

Si a una persona se la hace que hable o que obedezca alguna orden, es concebible que las técnicas de Dianética puedan ser aplicadas para reducir los engramas del banco reactivo, produciendo una mejora considerable en la condición y capacidad mental de la persona.

Cuando diferentes fuentes son tan graves que impiden cualquier uso de la terapia, y cuando es seguro que no es posible recurrir a la terapia, y que es absolutamente imposible alcanzar el banco de engramas mediante técnica estándar, hipnotismo o drogas, se puede considerar que tales casos están fuera del alcance de la ayuda de Dianética.

La categoría h (alteraciones iatrogénicas) presenta otro problema. Aquí tenemos la experimentación selectiva en acción, y sería completamente imposible concebir cuántas clases y variedades de operación se han llevado a cabo, y cuantos choques demenciales se han usado, sin meses de estudio de los pacientes de estos experimentos.

Se puede considerar que todas las alteraciones iatrogénicas del sistema nervioso se encuentran bajo el encabezado de "capacidad reducida". En otras palabras: incapacidad.

En cada caso se ha hecho algo para reducir la capacidad de percibir, registrar o pensar del individuo.

Cualquiera de éstas complica un caso para Dianética, pero obviamente no impiden que Dianética funcione.

En caso de choque, como el electroshock, puede haberse destruido tejido, los bancos estándares se pueden haberse revuelto de algún modo, la línea del tiempo puede estar alterada y pueden existir también muchas otras cosas.

En todas estas alteraciones iatrogénicas, los resultados de Dianética se pueden considerar inciertos. Pero en todos esos casos, especialmente en los de electroshocks, se debe usar Dianética de todas las formas posibles en un esfuerzo por mejorar al paciente.

Todos los choques y operaciones deben tomarse por lo que son: engramas.

Ninguna persona que pueda llevar a cabo tareas rutinarias, o cuya atención pueda ser atraída y fijada, debe experimentar desesperación o debe ser considerada sin esperanza.

Cualquier persona que haya estado sometida a un tratamiento de este tipo puede no ser capaz de alcanzar eficiencia mental óptima, pero puede ser capaz de alcanzar un nivel de racionalidad incluso muy por encima de la norma actual.

Lo que hay que hacer es intentarlo. A pesar de lo que le haya sucedido o de lo que se le haya hecho, en la gran mayoría de los casos puede haber una oportunidad de recuperación excelente.

En este sentido cabe señalar que el intento de aborto a veces puede hacerle cosas extrañas a un cerebro. Esto puede considerarse bajo el título de lesión. Se pueden recuperar la mayoría de los recuerdos sónicos. Aunque no se puedan recuperar ciertos recuerdos, aún se pueden eliminar los engramas. En tales casos la inteligencia aumentará, y ya es, a menudo, extremadamente alta.

Las "pruebas" y "experimentos" con vivisección del cerebro humano, especialmente en manicomios, desafortunadamente no son válidas y se hicieron sin un conocimiento adecuado de la aberración o perturbación mental.

A pesar de todo el dolor, de los problemas y destrucción causados por estos crueles experimentos, ninguno de los datos extraídos tiene valor alguno, salvo el hecho de mostrar que se puede cortar el cerebro de diversas maneras sin matar completamente al hombre

Los pacientes utilizados respondían tanto al desorden engrámico como a la perturbación física causada por el psiquiatra, y no hay forma de distinguir entre éstos después de la operación, salvo mediante Dianética.

Las conclusiones extraídas de esos datos carecen de valor porque la respuesta del paciente después de la operación podría haber procedido de varias fuentes: engramas anteriores, el propio engrama de la operación, daño por intento de aborto al principio de la vida, incapacidad cerebral a causa de la operación, etc.

No se debe, por lo tanto extraer conclusiones de que la reducción del pensamiento conceptual, por ejemplo, ocurre sólo cuando se elimina una parte del cerebro, que el recuerdo se cierra únicamente cuando el cerebro es viviseccionado, etc.

Desde un punto de vista científico, tales "hallazgos" no son concluyentes de nada excepto de que el cerebro puede ser dañado sin matar totalmente a un hombre, y de que la cirugía de cualquier clase a menudo produce un cambio mental en el paciente.

Y es cierto que también puede haberse descubierto que cuanto se elimina esta o aquella parte de la centralita llamada cerebro, se elimina también cierta capacidad de actuación, pero esto no justifica en modo alguno la psicocirugía.

II

EL CASO DE PHINEAS GAGE

En 1848, una explosión disparó una varilla de hierro hacia la mejilla de un trabajador del ferrocarril de Vermont, quien tenía 25 años de edad y se llamaba Phineas Gage. Atravesó su cerebro y salió por la parte superior de su cráneo.

El accidente destruyó una parte de su cerebro dejando un agujero en su cabeza. Gage vivió 12 años más pero el accidente había cambiado algo vital: su personalidad.

Gage estuvo luchando entre la vida y la muerte durante varias semanas, pero al fin se recuperó y continuó su vida aparentemente sin mayores consecuencias. No presentó dificultad ninguna en sus movimientos, en sus percepciones sensoriales, vista, oído, olfato, gusto, todo funcionaba normalmente.

Su memoria tampoco se afectó ni aparentemente ninguna de sus funciones intelectuales. Sin embargo, el accidente sí le causó un trastorno notable en el carácter.

Antes del terrible percance, Gage era un hombre jovial, amigable, que departía tranquilamente con sus camaradas en la taberna, y sus planes para el futuro no iban más allá de los comunes en un joven de su edad.

Después del accidente se volvió irritable, violento, impaciente y obstinado. Su imaginación lo llevaba a concebir los planes más ambiciosos y a veces absurdos, que luego abandonaba con facilidad.

Estas observaciones las debemos al testimonio de un médico que lo conoció antes del accidente y que tuvo ocasión de volver a verlo casi diez años después.

A tal grado llegó su incapacidad de relacionarse en forma normal con sus compañeros y sus superiores, que fue despedido de su trabajo y se ganó la vida exhibiéndose como un "milagro viviente", junto con la barreta que le había perforado el cerebro.

La barreta y su cráneo perforado están en exhibición en el museo de la Facultad de Medicina de Harvard.

A principios de la década de 1990, un equipo de psiquiatras de la Universidad de Iowa decidió averiguar qué fue lo que causó los cambios en la personalidad de Gage. Al examinar su cráneo realizaron una "autopsia virtual".

Cuando compararon los resultados con pacientes con cambios similares en su personalidad, descubrieron un daño cerebral semejante. Dedujeron que John Harlow había tenido razón y que los lóbulos frontales están involucrados en la toma de decisiones racional y en la emoción.

Esto no fue más que mala observación porque puede lograrse lo mismo, es decir, que una persona cambie su conducta, simplemente hipnotizándolo e implantándole sugestiones poshipnóticas. Los engramas hacen esto todo el tiempo.

Lo que ocurrió con Gage es que en algún momento en que se encontraba con la mente analítica desconectada (desmayado) alguien habló en su cercanía implantándole un engrama.

Un engrama, por definición, es una orden hipnótica de alto poder porque uno de los elementos de su contenido es el dolor, que lo potencia.

Las malas observaciones de los psiquiatras, aunado a la absurda idea de que el ser humano es igual que una máquina sin alma, hizo que las investigaciones de la conducta se dirigieran siempre a la parte físico del cerebro, como si la alteración de la parte física fuese la única fuente de las aberraciones.

De allí a suponer que podía devolverse la cordura a una persona extirpándole parte del cerebro había sólo un paso.

Y esto es lo que sucedió con las disparatadas conclusiones extraídas del accidente de Gage por los psiquiatras: la lesión física no tenía nada que ver con su cambio de carácter, los engramas sí.

III

LA LOBOTOMÍA

La lobotomía integra un conjunto de intervenciones quirúrgicas que se realizan en el cerebro de las personas sobre la base de que la búsqueda de las causas del comportamiento deben hacerse no a nivel de la conciencia sino en la fisiología del sistema nervioso, partiendo de la posibilidad de localizar las funciones psíquicas de aquél órgano.

Su pionero, el cirujano francés Paul Broca, en el año 1863 descompuso progresivamente el cerebro en zonas diferenciadas que controlan otras tantas funciones.

La primera lobotomía fue realizada en 1935 por el psiquiatra portugués Antonio Egas Moniz, cuya escuela fue seguida en los Estados Unidos por los doctores Walter Freeman y Watts; en Inglaterra, por el psiquiatra William Sargant, y en Francia por el profesor Jacques Lebeau.

Al año siguiente se verificó la primera leucotomía: destrucción limitada de materia blanca frontal.

Las lobotomías, practicadas durante mucho tiempo, aún siguen realizándose en Inglaterra, donde algunos psicocirujanos implantan itrium radioactivo en el cerebro de sus pacientes.

Alrededor de 1950, la lobotomía, luego de ser practicada en Escandinavia, Japón y España, fue reemplazada por la quimioterapia, por cuando los lobotomizados se convertían en apáticos y derivaban en estados vegetativos.

Pero renace en los Estados Unidos mediante la técnica de la estereotaxia: se procede a cráneo cerrado, no hay más trepanación.

Esta técnica se practica en Massachussets y en Boston (Estados Unidos) con epilépticos que no responden a la medicación.

En Inglaterra, los electrodos hundidos en el tejido cerebral mantienen despierto al paciente durante la coagulación, mientras que las funciones mentales son vigiladas por un psicoterapeuta.

En Francia, en Salp ê trière, se opera a "cráneo abierto" mediante la cingulectomía: supresión de la parte superior del cíngulo, en casos de neurosis mayores.

En Inglaterra, otros psicocirujanos emplean el radium y en San Francisco (Estados Unidos), el ultrasonido.

La psicocirugía en esquizofrénicos atacados de crisis o neurosis obsesivas, la realizada por electrocoagulación en ciertas partes del hipotálamo en niños hiperactivos, la destrucción de la amígdala cerebral en los epilépticos, etc., sólo significa, como acertadamente lo han señalado sus críticos, la supresión de los síntomas del comportamiento, no la enfermedad en sí.

No obstante, aún se practica en Estados Unidos, Canadá, España, Australia, Dinamarca, Finlandia, suiza, Noruega, república Federal alemana, Tailandia, India, Japón, Francia e Inglaterra.

En Rusia fue declarada ilegal en 1951, pero se descuenta que se sigue aplicando.

El tratamiento a base de electroshocks, palizas manicomiales y otras cosas por el estilo, incluyendo el tratamiento quirúrgico de cosas que son de origen mental (como la epilepsia, por ejemplo), tienen el efecto de proporcionar otra conmoción que transfiere el modelo de engrama a otra parte del cuerpo y desplaza de un lado a otro las aberraciones.

Cuando estas cosas funcionan es porque la nueva aberración es menos violenta que la anterior.

Los shocks eléctricos, los golpes, la cirugía y quizás hasta cosas como el veneno de la cobra, cambian el efecto del banco de engramas sobre el cuerpo, no necesariamente para empeorar ni tampoco para mejorar. Sólo los cambian. Es algo así como en el juego de cartas, a veces a uno le sale un comodín.

Después está el tratamiento de enfermedades mentales por eliminación de tejido. Esta técnica simplemente elimina físicamente el área que está ocupada en dramatizar. Esto puede significar tanto la amputación de un dedo del pie como la extirpación de porciones del cerebro.

La amputación del dedo está dirigida a una parte del contenido engrámico, el somático, y la extirpación de partes del cerebro, como en la leucotomía transorbital (operación en la que, mientras el paciente está recibiendo electroshocks, se introduce un diminuto punzón ordinario en cada ojo, y se hurga para destruir a la mente analítica) y la lobotomía prefrontal (operación en la que se cortan las fibras blancas que unen los lóbulos prefrontales y frontales a la región interior del cerebro), o cualquier otra cosa más moderna, está erróneamente dirigida a la "extirpación" de la psicoaberración.

En esto hay también un sistema de abstracción en funcionamiento: el cirujano o el paciente tienen una aberración (engrama) sobre "deshacerse de ello", y de esa manera se despedazarán o se eliminarán trozos del cuerpo.

Algunos pacientes entregan su anatomía siguiendo un consejo o por su propia decisión, igual que los antiguos sangraban en una flebotomía (práctica de sangrar como medida terapéutica).

Existe un marcado paralelismo entre sangrar al paciente para sanarlo y cortarlo en pedazos supuestamente para curarlo.

Ambos procedimientos están basados en un engrama de abstracción (deshacerse de algo), y ninguno de los dos es eficaz en modo alguno.

En siglos pasados, la práctica de la cirugía se realizaba por barberos. General-mente, sin entrenamiento en los procedimientos médicos, sus "tratamientos" eran muy dolorosos y con infecciones graves que a menudo provocaban la muerte.

Es de esperarse que esta "medicina de barbero" practicada hoy por los psiquiatras se vaya extinguiendo, como lo hicieron antes sus infelices víctimas.

 

* Advertencia: Dianética y Cienciología son marcas registradas y aquí se las menciona exclusivamente con fines informativos y de difusión. El Grupo Elron es una organización independiente sin fines de lucro, políticos o religiosos, y la distribución del material es totalmente gratuita. Para información sobre marcas registradas: http://www.scientology.org/en_US/feature/legal/trademark.html


Dianética y Cienciología han sido complementadas por el profesor Jorge Olguín mediante las técnicas de Psicointegración y Psicoauditación