| Índice | El planeta de los simios XIV La tortura |
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Cualquier semejanza con la realidad no es ninguna coincidencia.
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Si una afirmación hiere tu sentido común, entonces no es verdad. La única verdad para ti es la que tú consideras como verdad. |
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Para muestra basta un botón... La llevaron a la cámara de tortura y le ordenaron que dijese la verdad, y ella dijo que no tenía nada que decir. Le ordenaron que se desnudara y de nuevo la exhortaron, pero guardó silencio. Una vez desnuda dijo: «Señores, he hecho todo lo que se dice de mí y levanto falsos testimonios contra mí misma, pues no quiero verme en semejante brete; plegue a Dios, no he hecho nada». Le dijeron que no levantase falsos testimonios contra ella misma, sino que dijera la verdad. Empezaron a atarle los brazos; dijo: «He dicho la verdad; ¿que tengo que decir?». Le dijeron que dijese la verdad y replicó: «He dicho la verdad y no tengo nada que decir». Le aplicaron una cuerda a los brazos y la retorcieron y la exhortaron a decir la verdad, pero dijo ella que nada tenía que decir. Luego chilló y dijo: « Decidme lo que queréis, pues no sé qué decir». Le ordenaron que dijese lo que había hecho, pues era torturada por no haberlo hecho, y ordenaron que se diese otra vuelta a la cuerda. Exclamó: «Soltadme, Señores, y decidme lo que tengo que decir: no sé lo que he hecho, ¡oh,, Señor, apiádate de mí, pecadora!». Dieron otra vuelta a la cuerda y ella dijo: «Aflojadme un poco para que pueda recordar lo que tengo que decir; no sé lo que he hecho; no comí carne de cerdo porque me daba asco; lo he hecho todo; soltadme y diré la verdad». Se ordenó otra vuelta a la cuerda, entonces ella dijo: «Soltadme y diré la verdad; no sé lo que tengo que decir. .., soltadme por el amor de Dios.... decidme lo que tengo que decir.... lo hice, lo hice.... me hacen daño, Señor..., soltadme, soltadme y lo diré». Le dijeron que lo dijese, y dijo: «No sé lo que tengo que decir.. Señor, lo hice... No tengo nada que decir.. ¡Oh, mis brazos! Soltadme y lo diré». Le pidieron que dijese lo que hizo y dijo: «No lo sé, no comí porque no quise». Le preguntaron por qué no quiso y replicó: «¡Ay! soltadme, soltadme..., sacadme de aquí y lo diré cuando me hayáis sacado... Digo que no la comí». Le ordenaran que hablase y dijo: «No la comí, no sé por qué». Ordenaron otra vuelta y ella dijo: «Señor, no la comí porque no quise..., soltadme y lo diré». Le ordenaron que dijera lo que había hecho contra nuestra santa fe católica. Dijo: «Sacadme de aquí y decidme lo que tengo que decir..., me hacen daño... ¡Oh mis brazos, mis brazos!», lo cual repitió muchas veces y prosiguió: «No me acuerdo,.... decidme lo que tengo que decir... ¡Oh, desgraciada de mí! Diré todo lo que quieran, Señores.... me están rompiendo los brazos.... soltadme un poco.... hice todo lo que se dice de mí». Le ordenaron que contase con detalle y veracidad lo que hizo. Dijo: «¿ Qué se quiere que diga? Lo hice todo..., soltadme, pues no recuerdo lo que tengo que decir.... ¿no Veis que soy una mujer débil? ¡Oh! ¡Oh! mis brazos se están rompiendo». Se ordenaron más vueltas y mientras las daban ella exclamó: « ¡Oh! ¡Oh! soltadme pues no sé lo que tengo que decir.... sí lo hice lo diría». Ordenaron que apretasen las cuerdas y entonces dijo: «Señores, ¿no sentís piedad de una mujer pecadora? ». Le dijeron que sí, si decía la verdad. Dijo ella: «Señor, dime, dímelo». Volvieron a apretar las cuerdas y ella dijo: « Ya he dicho que lo hice». Le ordenaron que lo contase con detalle, ante lo cual dijo: « No sé, cómo contarlo, Señor. no lo sé». Separaron las cuerdas y las contaron, y había dieciséis vueltas, y al dar la última vuelta, la cuerda se rompió.
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LA TORTURA PARA OBTENER CONFESIONES
por Horacio Velmont
En un trabajo como éste, que trata de la aberración humana, no puede soslayarse otro aspecto de ella, el uso de la tortura sistemática para extraer confesiones o simplemente como cruel castigo. El hombre ha llegado a extremos tales de maldad y demencia en estas cuestiones que con toda lógica se presupuso que su perversidad era algo innata en él y que su solución era imposible. Obviamente esta idea dificultó durante muchísimo tiempo el descubrimiento de la verdadera naturaleza del hombre -su bondad inherente- y de la causa de su aberración. Antiguamente, tras la apariencia de una legalidad mal entendida y desfigurada, se aplicaba el Tormento del fuego , a consecuencia del cual el torturado quedaba definitivamente inhábil para el uso de los pies. Mientras se lo aplicaba, el juez recitaba un Credo o dos Misereres o caminaba un determinado número de pasos, como explica Piero Fiorelli en La tortura giudiziaria nel diritto comune (t. II, Giuffrè, Milano, 1954). En esa época, en que la tortura era una "institución judicial", el juez instructor, impiadosamente, presidía el tormento graduándolo e indagando al reo mientras éste tuviera fuerzas físicas para soportarlo. Basta para darse cuenta de la aberración de los magistrados la referencia que hace Piero Calamadrei, en el prefacio a la obra de Cesare Beccaria, Dei delitti e delle pene (2ª ed., Firenze, 1950, p. 105), a Bartolo, en su cargo de juez, cuando "se lamentaba de que aquel joven de aspecto robusto, no hubiere sabido resistir un poco de tortura infligida por un gran jurista como él". En 1768, María Teresa de Austria mandó imprimir un folleto donde constaban más de 600 torturas, minuciosamente detalladas. La emperatriz, para "unificar" métodos, los hizo ilustrar elevándolos a "nivel artístico". Los griegos, agudos cultores de la filosofía, empleaban la Rueda , la Escalera , el Peine a diente y las Baldosas al rojo para que los imputados "gritaran la verdad de sus conciencias". Aristóteles consideró "medio legítimo de prueba" a la tortura "para obligar al sospechado a soltar la versión que los jueces necesitaban". En la Antigua Roma, la Quaestio per tormenta definía el empleo de los métodos sanguinarios del uso de la tortura. Se usaba el Eculeus , máquina de madera en forma de herradura de caballo donde se colocaba al reo atado de pies y manos, que a través de un sistema de sogas y pesas que se contrapesaban dislocaban las articulaciones arrancándolas de cuajo. Asimismo, se usaba el i lignum , aparato dolorosísimo para estrujar los pies y transformarlos en muñones. El aceite hirviendo o el vinagre en las narices del acusado completaban el "arsenal del tormento". En Alemania, durante el Medioevo, a fines del siglo XIV se inventa la Virgen de Nürenberg , también conocida como la Viuda de Nürenberg , infernal procedimiento que consistía en una especie de sarcófago de hierro que se abría en dos mitades y por dentro docenas de afiladas cuchillas traspasaban el cuerpo del infortunado al cerrarse la tapa. En la tortura de el Potro , al atormentado se lo rociaba con una fina lluvia de aceite, azufre o alquitrán hirviendo. Se podía completar con la introducción de azufre en la nariz y en la boca. O colocarle astillas debajo de las uñas o aplicarle el suplicio de la Gota de agua o tenderlo semiestaqueado sobre una rueda, manteniéndolo despierto hasta que enloqueciera y, si aún quedaban restos coherentes de su estructura psicofísica, terminaba sus días en una cámara subterránea. En 1252, el Papa Inocencio IV (su reinado se extendió de 1243 a 1254), en la bula Ad estirpanda , legitima la tortura "en los casos de herejía". La Santa Inquisición comienza de inmediato su aplicación. Ipólito Marsili, natural de Bologna, inventa el Despertador español , aplicado por la Inquisición. Consistía en sentar al sospechoso y mantenerlo despierto durante 40 horas o más, encerrado con el juez y el escribano público. Cada 6 horas se le hacía ingerir un pedacito de pan remojado en vino tibio para lograr su deshidratación, agotarlo y destruirlo moralmente. Cumplido, se lo hacía acostar en una litera al rojo vivo. El Suplicio del agua consistía en colocar al reo en un caballete, suspenderlo de una soga con la cabeza a un nivel menor que los pies, mientras una cinta de hierro le pasaba alrededor de la cabeza. La boca era mantenida totalmente abierta por la fuerza ejercitada por una cinta de lino, y a través de ésta se le introducía agua, produciéndole la sensación de ahogo. Para que no fuera inmediata (si perdía el conocimiento), se le golpeaba el estómago. La Girilla fue utilizada en los tiempos de Alejandro VI (Rodrigo Borgia, Papa de 1492 a 1503), con Jerónimo Savonarola (predicador dominico italiano, 1452-1498). Se lo sujetó a esa especie de rueda con trozos de carbones encendidos en la planta de los pies. Otras versiones del mismo engendro constaban de pesas atadas a los tobillos de hasta 50 kilogramos cada una, que desgarraban literalmente el cuerpo al aflojarse la soga que lo mantenía tenso. En España, en pleno Renacimiento, fue puesta en funcionamiento la Virgencita española. Consistía en un remedo de mujer, que debía ser abrazada (por la fuerza) por el condenado. Un complicado mecanismo hacía que en un momento dado se expandieran varias dagas afiladas que atravesaban el cuerpo del desafortunado "amante". Hasta 1600 la brujería fue a parar a las hogueras del Santo Oficio. En 1597, uno de los altos magistrados alemanes publicó un Recetario legal de torturas para brujas. Aconsejaba que las brujas no tocaran el suelo con sus pies ni tuviesen amuletos encima en el instante de ser investigadas por el tribunal. Se utilizaba el Bock o Caprone , que consistía en un trozo de leño agudizado que se colocaba en la cruz del arnés del caballo, sujetando a la supuesta bruja erecta y con las piernas abiertas para que con el galope el madero se introdujese desgarrando las partes íntimas y produciendo la muerte por el estallido de los intestinos. En otras ocasiones se colocaba una rata viva sobre el vientre desnudo de la víctima asegurada por una jaula de cuero, cuyo ir y venir sobre el cuerpo de la condenada ayudaban las penetraciones del Bock en el cuerpo de la desventurada. Como complemente se obturaba su boca con cal viva. Durante siglos, además, se documentaron los siguientes tormentos que revelan hasta qué grado puede llegar el hombre cuando la locura se apodera de él. 1) El Potro o Burro , tabla acanalada de 2 m de longitud y 50 cm de ancho, apoyada a manera de mesa sobre pies de madera reforzada. Encima de él se ubicaba al reo inmovilizado, atándole el verdugo dos garrotes en cada brazo y en cada pierna que luego estiraba con un gato de hierro y torniquete, al cual llegaban los extremos de las sogas que sujetaban las manos. Para aumentar el efecto de la tortura solían agregarse pesas colgantes en los extremos inferiores de la víctima. 2) El Tormento del agua , que a veces acompañaba al del Potro , pues al encontrarse el reo en la posición señalada, con la cabeza algo abajo y vuelta hacia arriba se le colocaba sobre el rostro un lienzo muy fino, denominado "toca" y sobre él se vertía lentamente agua, lo que provocaba que la tela se adhiriera sobre las fosas nasales y boca impidiéndole la respiración. 3) Descuartizamiento , generalmente aplicado hallándose el condenado vivo y luego de torturas en cumplimiento de una sentencia judicial. Lo sufrió Tupac Amarú (José Gabriel Condorcanqui, 1740-1782), en la plaza de Cuzco, Perú. La sola lectura del fallo produce escalofríos: "Que sea sacado de la cárcel donde se encuentra preso, arrastrado de la cola de una bestia albarda, llevando soga de esparto al pescuezo, atados pies y manos, con voz de pregonero que manifieste su delito, siendo conducido de esta forma por las calles públicas acostumbradas al lugar del suplicio, en el que, junto a la horca, estará dispuesta una hoguera con sus grandes tenazas, para que allí, a la vista del público, sea atenazado, y después colgado por el pescuezo y ahorcado, hasta que muera naturalmente, sin que de allí le quite persona alguna sin nuestra licencia, bajo la misma pena, siendo después descuartizado su cuerpo, su cabeza llevada al pueblo de Carabaya, una pierna a Paucartambo, otra a Calca y el resto del cuerpo puesto en una picota en el camino de la caja de Agua de esta ciudad". 4) Torcedor de testículos, prensa para apretar los dedos y cinturón de cuerpo que presiona el cuerpo , usados en los sótanos de la Penitenciaría nacional (Las Heras), denunciadas por el ilustre político argentino Alfredo Palacios (1932). 5) El Tacho , que consistía en elevar al infortunado y luego sumergirlo atado y en posición invertida en un recipiente que contenía agua e inmundicias, operación que se repetía innumerables veces. 6) Las Prensas , maderas unidas con bisagras que permitían aumentar el padecimiento progresivo al atornillarse sobre la parte del cuerpo sujeto a la tortura. 7) Sermihorca , atroz castigo que fue usado en las marinas de guerra (sobre todo cuando la escuadra estaba en operaciones) consistente en la suspensión del sancionado por el cuello sin asfixiarlo completamente, pisando apenas la cubierta con los pies. 8) Zambullón , también conocido como el Pasaje de quilla , castigo de altísimo riesgo vital, producido al hacer pasar por debajo de la quilla del barco al tripulante atado de pies y manos. 9) Carreras de baqueta , aplicado en el Ejército, consistía en hacer pasar al sancionado por entre una doble fila integrada por propios compañeros, sobre el que llovían los golpes propinados con las baquetas de los fusiles. 10) Picana eléctrica , cuyo procedimiento era el siguiente, según lo relata Ricardo Rodríguez Molas, Historia de la tortura y el orden represivo en la Argentina , Eudeba, Bs. As., 1985, ps. 115 y 116): elegida la víctima, después de vendársele los ojos se la desnuda y se la coloca sobre una mesa o sobre una litera y se le atan los cuatro miembros. Se usa aplicándola en los sitios más sensibles del organismo. A veces, en la profundidad de la cavidad bucal, fosa nasal u otras partes más íntimas, para ocultar los rastros de una futura pericia médica. El aparato, de corriente eléctrica continua, funciona a pila eléctrica, y otras veces adaptado a un acumulador, que puede ser el de un automóvil. Tiene una bovina para levantar el voltaje o reducir la intensidad. En los extremos de cada polo se adapta un cable que termina en un manguito cubierto de material aislante. Las terminales son de cobre y bronce. Para que el efecto sea mayor se humedece el cuerpo de la víctima. El aparato es semejante en su construcción al que se suele usar para picanear en los corrales de hacienda a los animales que no responden al látigo. A la víctima se le suministra poco alimento antes, y habitualmente se le niegan líquidos para gravitar además psicológicamente, como anuncio de próximos suplicios. Este asunto de la picana eléctrica no es "historia antigua", como ingenuamente podría pensarse, ya que de tanto en tanto aparece en los periódicos alguna denuncia de su uso. Los mencionados tormentos, naturalmente, son solamente algunos de los que han sido registrados por los estudiosos, porque su enumeración excedería nuestro propósito, que es demostrar solamente el grado de aberración al que pueden llegar los seres humanos cuando se restimulan los engramas de su mente reactiva.
Nota: Pueden verse las descripciones de los diversos métodos de tortura, inclusive ilustradas con dibujos y fotos, en http://www.geocities.com/eduwicc/tallerinquisidor.html , o en www.editorialbitacora.com/camara/tortura/atortura.htm
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