| Índice | El planeta de los simios XVI Pena de muerte |
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Cualquier semejanza con la realidad no es ninguna coincidencia.
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Si una afirmación hiere tu sentido común, entonces no es verdad. La única verdad para ti es la que tú consideras como verdad. |
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Publicado en ya.com
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La Iglesia Católica está a favor de la pena de muerte sólo en casos excepcionales, y para rechazarla se basa en el mandamiento que dice "no matarás". Lo insólito es que los famosos "Mandamientos de la ley de Dios" no fueron dados por el Absoluto sino por Jehová, uno de los elohim o "dioses menores". La prueba está en que la base de esos mandamientos es totalmente egoica: "No tomaréis el nombre de dios en vano" (?). Enlace a la página (Corazones.org) Pena de Muerte Juan Pablo II aborda el tema de la Pena de Muerte en su Enciclica Evangelium Vitae (Evangelio de la Vida), Capítulo III n.52-56. A la luz de la pregunta hecha por el joven rico y la importancia de cumplir todos los mandamientos, El Papa escribe: Dios es el defensor del inocente (cfr. Gen 4, 9-15; Is 41,14; Ier 50,34; Sal19/18,15). También de este modo demuestra que "no se recrea en la destrucción de los vivientes" (Sap 1, 13). Sólo Satanás puede gozar con ella: por su envidia la muerte entró en el mundo (Jn 8, 44), engañando al hombre, lo conduce a los confines del pecado y de la muerte, presentados como logros o frutos de vida. Desarrollo de conciencia mas que de doctrina. Según el juicio de Juan Pablo II, que aparece en la edición típica del Catecismo, es muy difícil que se den las condiciones que requieran el uso de la pena de muerte. El Catecismo trata el tema en los números 2265-2267. Un pasaje clave aparece en el #2267: "Hoy, en efecto, como consecuencia de las posibilidades que tiene el Estado para reprimir eficazmente el crimen, haciendo inofensivo a aquél que lo ha cometido sin quitarle definitivamente la posibilidad de redimirse, los casos en los que sea absolutamente necesario suprimir al reo ´suceden muy rara vez, si es que ya en realidad se dan algunos´" -El Catecismo cita a Evangelium Vitae, 56.
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LA PENA DE MUERTE
Por Horacio Velmont
Mucho se ha hablado, y se sigue hablando, sobre la validez o no de la pena de muerte, y por más que aciertan aquellos que están en contra, la verdad es que sus argumentos no van a la esencia de la cuestión y por eso no convencen. El absurdo de la pena de muerte radica en que quienes la propician no saben por qué alguien comete actos hostiles en contra de sus semejantes, y la única solución que se les ocurre es suprimir el efecto, no la causa. Es algo similar a solucionar la humedad en la pared destruyendo el muro en lugar de buscar el caño roto y repararlo. ¿Cómo alguien puede propiciar la muerte de un semejante sin saber quiénes somos, para qué estamos aquí, de dónde venimos y hacia donde vamos? Quienes propician la pena de muerte simplemente están diciendo: "No sé por qué has hecho lo hiciste y como también ignoro cómo recuperarte para la sociedad", entonces opto por liberarme de ti. Es exactamente lo mismo que destruir la pared para eliminar la humedad en razón de ignorar que el caño roto es la causa. Propiciar la pena de muerte es absurdo porque desde el plano físico no se pueden tener a la vista todos los hechos necesarios como para evaluar la conducta de cualquier ser humano. Por eso, en razón de la imposibilidad de tenerlos, es que el Maestro Jesús advirtió: "No juzguéis para no ser juzgados" y también que "con la misma vara que juzguéis seréis juzgados". Naturalmente que lo que quiso decir es "no prejuzguéis", es decir, "no condenéis sin saber". Y como los seres humanos encarnados no podemos saber todo lo que es necesario para juzgar con certeza a otro semejante, la actitud correcta es la prudencia. ¿Qué más imprudente puede ser que ejecutar a un semejante con los ojos cerrados, máxime que existe la posibilidad de matar a un inocente como tantas veces ha sucedido? Si pudiéramos observar las cosas desde un plano más elevado, quizás veríamos que cada una de esas personas que piden a gritos la pena de muerte resulta que en sus vidas pasadas han cometido peores hechos que aquel cuya muerte exigen. ¿Qué juicio nos merecería, por ejemplo, esa madre que pide a gritos la cámara de gas por aquel que violó a su hija si supiéramos que ella misma en una vida anterior también hizo lo mismo y ahora está aprendiendo en carne propia el dolor que causó a otros? Es importante recordar aquí que es el propio espíritu el que elige, antes de encarnar, las vicisitudes que pasará en el plano físico. Y más aún, ¿qué sentiríamos al saber que esa niñita que fue violada encarnó precisamente con esa misión para que el espíritu que encarnó como su madre aprendiera la lección pendiente y así pueda evolucionar? Algunos dirán: "¿y no es posible que ese violador también esté aprendiendo alguna lección, por ejemplo la de la angustia de un condenado a muerte porque en una vida pasada fue un severo juez que la aplicó? ¡Por supuesto que sí! Pero aquí no estamos hablando de la pena de muerte en general como lección pendiente para alguien, sino la de propiciarla sin conocer todos los hechos necesarios para juzgar. En concreto, propiciar la pena de muerte es un disparate porque se la propicia desde la ignorancia, no desde la sabiduría. ¿Cómo podemos pedir la muerte de alguien desde ese punto de vista? ¿Qué más absurdo puede haber que quitarle la vida a un hombre juzgándolo solamente por los hechos del plano físico cuando sabemos (o debiéramos saber) que ha vivido antes y nosotros también junto con él, e incluso ser responsables de su incalificable conducta actual? Si un espíritu encarna para aprender determinadas lecciones, ¿qué derecho tenemos a impedirle que las aprenda suprimiéndole la vida? Y si dentro de esas lecciones que tiene que aprender fuera la de sufrir la pena de muerte, ¿por qué la vamos a propiciar si no sabemos con certeza si es ésa la lección que tiene que aprender? Además, la ley del Karma no es la Ley del Talión -ojo por ojo, diente por diente- y hay muchas formas de aprender las lecciones pendientes, y alguien que aplicó la pena de muerte no necesariamente tiene que padecerla para asimilarlas. Y para concluir, también hay que tener en cuenta que un hombre comete actos hostiles en contra de sus semejantes porque así se lo dicta su mente reactiva (un clear, es decir, liberado de engramas, es inherentemente bueno y solidario con sus semejantes). Y los engramas no se los implanta él mismo sino que se los implantan otros, ¡y esos otros pueden haber sido los mismos que hoy piden su ejecución! Recuerdo uno de los casos comentados por Ron Hubbard, en el que una madre intentó matar a su bebé a causa del engrama que le había implantado -obviamente sin saberlo- el médico que le ayudó a dar a luz. ¿Qué juicio nos merecería ese médico si esa madre hubiera realmente matado a su bebé y dicho médico propiciara para ella la pena de muerte? Parafraseando las propias palabras del Maestro Jesús, la conclusión es que en razón de cómo seres encarnados no podemos saber la verdad, por lo tanto no debemos propiciar la muerte de nadie, ya que si lo hiciéramos correremos el riesgo de que con esa misma vara de ignorancia seamos también juzgados.
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