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El planeta de los simios XXII

Juicio por jurado

Grupo Elron

 

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Cualquier semejanza con la realidad no es ninguna coincidencia.

 

 


Si una afirmación hiere tu sentido común, 
entonces no es verdad. La única verdad para 
ti es la que tú consideras como verdad. 

 


¿Qué es esa tontería del "Juicio por jurado"?



"JUICIO POR JURADO"

(un tiro al aire)




La decisión de los jurados tiene tanta validez como la que tomaran doce simios encerrados en una jaula.



Yo opino que un jurado de simios es mucho mejor que un jurado de humanos.



El estado "normal" de las personas que integran un jurado es lisa y llanamente reactivo, significando esto que al emitir su decisión no lo hacen con la mente consciente o analítica sino a través de lo que le dictan sus engramas. Como un engrama, por definición, es irracional, la decisión de un jurado también lo es.



Solamente un "clear" (liberado de engramas") podría emitir una opinión basada en el razonamiento sano, es decir, libre de prejuicios y mandatos ocultos. Y aunque un jurado compuesto por clears no estaría exento de cometer errores, éstos serían ínfimos en comparación con uno compuesto por mentes reactivas.


Este aparato, llamado "E-Metro" (abreviatura de Electropsicómetro) permite determinar si una persona está libre de engramas que puedan modificar su conducta óptima. Cuando no hay carga reactiva, la aguja flota. Nadie que no pase esta prueba puede integrar un jurado porque entonces su decisión, al no tener origen analítico sino reactivo, carecería totalmente de validez. L. Ronald Hubbard lo inventó hace medio siglo y aún la Justicia no se dio por enterada. ¿Alguien puede dudar de que vivimos en un planeta de simios?

 

Un buen artículo de Clarín que se quedó a mitad de camino por desconocimiento de la existencia de la mente reactiva y de los engramas

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A FOJA CERO : EL POLEMICO "JUICIO ABREVIADO"

Una "trampa legal" que viene del norte

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Ricardo V. Canaletti.

rcanaletti@clarin.com

Tal vez Doce hombres en pugna muestre como ninguna otra obra la fuerza de la argumentación bien llevada, que empieza con la actitud de un hombre que no levanta la mano para declarar culpable al acusado, como sí hacen sus once colegas del jurado.

Lo que muestra el filme de 1957 del director Sidney Lumet es "la cocina" de las deliberaciones de quienes integran ese cuerpo, deliberaciones que siempre quedarán en secreto. ¿Por qué? Porque si se trata doce personas de la calle puestas a decidir un caso penal, es claro que no tendrán el entrenamiento para argumentar; y este es el motivo por el cual el jurado no tiene que dar razones de lo que decide. Esta es una de las críticas más fuertes que recibe este sistema: condenado o absuelto sin saber por qué.

El guión de la película de Lumet introduce un personaje, actuado por Henry Fonda, que simplemente "razona las pruebas" (es el que no levanta la mano para condenar). Sin él la película no tendría sentido. Sólo mostraría a personas que hubiesen mandado a la silla eléctrica a un joven sin pensar demasiado, apuradas por irse a sus casas.

En la Argentina la participación popular en los asuntos penales es una orden de la Constitución. El problema es que el jurado típico acaso jamás entre en vigencia. Y habría que ver con qué suerte sigue el sistema de "escabinos", nombre que se da a los civiles que comparten la decisión de un caso con jueces profesionales, como se aplicó hasta ayer en la ciudad cordobesa de San Francisco.

¿Por qué el escepticismo? Porque antes de hablar de qué tipo de juicio queremos hay que estar seguros de que habrá un juicio.

La ley 24.825 de 1997 estableció el juicio abreviado, que no es un juicio sino un procedimiento corto que muchos critican por inconstitucional. Consiste en permitir al fiscal tentar al acusado con una pena menor (no más 6 años) a cambio de su confesión.

En los Estados Unidos el sistema penal resuelve prácticamente todos los casos de delitos graves con el llamado "plea bergaining", que es una negociación en la cual el fiscal induce al acusado a admitir su culpa y a renunciar al juicio, a cambio de una pena más benigna de la que recibiría si se lo declarara culpable en el juicio. El 99% de las condenas son impuestas con este método.

John H. Langbein, profesor de Derecho de Chicago, escribió que se ha hecho tan costoso para los estadounidenses reclamar el derecho constitucional a un juicio previo por jurado, que los acusados renuncian a ese derecho.

¿Qué pasa en la Argentina con este arreglo que también implica una oferta fiscal y el consentimiento del acusado? Pues habiendo tribunales criminales con jueces de carrera (salvo la singular experiencia cordobesa), muchos ciudadanos renuncian igual al juicio: el 62% de los casos se resuelven en forma abreviada.

Con o sin jurado, nadie debe cumplir una pena si antes no hay un juicio y un fallo de condena. El consentimiento del acusado es ineficaz para renunciar al juicio.

Además, esa conformidad es una verdadera confesión a la que el acusado es casi empujado a hacer, porque la esencia misma del juicio abreviado es la reducción de la pena que ofrece el fiscal a cambio de la confesión.

Hay que considerar los casos de personas que están meses o años esperando su juicio en la cárcel. Esta situación es una forma más de "convencer" al acusado a aceptar el método corto y confesar: puede ocurrir que alguien confiese lo que no hizo para salir más rápido de prisión.

Además este recurso abreviado viene en cierta forma a encubrir la ineficiencia judicial, que no puede resolver los casos ni las situaciones de los involucrados en tiempo razonable.

Las cosas se pueden decir así: el juicio abreviado no fue diseñado para ser aplicado a los confesos sino para generar confesos a quien aplicárselo.

Por estos motivos, usar la expresión "juicio abreviado" es engañoso. No es un juicio porque el juicio es contradicción: dos posiciones opuestas que debaten sus puntos de vista, con sus evidencias y argumentos, en búsqueda de la verdad.

Entonces vale la pregunta que muestra la arbitrariedad del sistema: ¿cuál es la diferencia entre aplicar una pena por un delito sin que haya juicio previo y aplicarla después de un juicio por un hecho que no es delito?

Otro problema de este procedimiento corto es una cuestión que se vincula con el control republicano de la justicia penal. La Constitución habla de publicidad del juicio. ¿Cómo puede haber publicidad en un arreglo?

La negociación, en fin, elimina el derecho de defensa, la posibilidad -irrenunciable y obligatoria- de controlar cómo se obtiene la prueba de cargo; es decir: saber si de verdad el fiscal tiene un buen caso o está "mintiendo el envido".

 

En los Estados Unidos el "plea bergaignin", como dice Langbein, derrotó a la Constitución porque la Justicia prefirió la conveniencia de las transacciones, como en un mercado persa. En la Argentina, aún sin jurado, parece que se va camino a lo mismo.

 

 

¿Juicio por jurados o Juicio por aberrados?

por Horacio Velmont

El denominado Juicio por jurados es un sistema mediante el cual el veredicto, es decir la atribución de la culpa y la responsabilidad de los procesados por delitos, lo emite un organismo de carácter popular, cuyos integrantes deciden de acuerdo con su ciencia y conciencia, pronunciándose sobre los hechos y la imputabilidad resultante, pero sin aplicar el derecho que queda reservado al juez técnico.

No voy a entrar en las polémicas que este sistema ha desatado a través del tiempo, sino a considerar un factor que nunca ha sido puesto sobre el tapete: la mente reactiva.

Las personas, salvo raras excepciones, oscilan durante el día entre la cordura y la demencia, siendo la mayor parte del tiempo más dementes que cuerdos.

Esto es así porque ya, desde el mismo momento en que hemos nacido, tenemos como mínimo un engrama, el engrama de nacimiento, que es el más aberrante de todos y el que sostiene todos los eslabones engrámicos de la cadena y los torna más aberrantes a medida que transcurre el tiempo.

Es una falsedad, una de las tantas falsedades psiquiátricas, que el tiempo lo cura todo: el tiempo no sólo no cura nada sino que agrava los problemas.

Cualquier integrante de un jurado, desde el punto de vista de la mente reactiva y de los engramas, es una bomba de tiempo pronta a explotar en cualquier momento. ¡Y quizás entre en la sala de deliberaciones ya explotado crónicamente!

No hay necesidad de entrar en detalles sobre esto porque cualquiera de nosotros hemos visto a esa persona tan tranquila, incapaz de matar una mosca, de pronto tomar una escopeta y matar a toda su familia. ¿Se acuerdan del dentista Barreda?

Salvo que una persona sea un robot, estar involucrado en un juicio por jurado ya la pone reactiva, lo que significa pronta a dramatizar todos los engramas que tenga archivados.

Los engramas, que son similares a órdenes hipnóticas de alto poder porque contienen dolor como parte de su contenido (el dolor potencia la orden), estarán presentes indefectiblemente durante todo el tiempo en que el jurado delibera.

Ya puede imaginarse uno cómo votará un jurado cuyos engramas contengan frases tan comunes, de esas que nadie se salva de tener, como "no tiene perdón de Dios", "habría que matarlos a todos", "merece la pena de muerte", "la cárcel es lo mejor", "los políticos son todos corruptos", "si es policía es ladrón", "una condena de diez años es poco", "si está aquí por algo es", etc., etc., etc.

A estos ejemplos pueden añadirse todos los engramas contra los judíos, contra los negros, contra los pobres, contra los ricos, contra las amas de casa, contra cualquier cosa.

Un engrama es por definición irracional, no importa cuál sea la orden hipnótica que contenga, de modo que si una persona tiene como contenido verbal "ser derecho en la vida", esto no significa que no asaltará bancos o que no matará a nadie, porque la mente reactiva puede "interpretar" que andar derecho en la vida significa caminar estirado hasta casi romperse el cuello.

Y esto no es un ejemplo meramente teórico porque sucedió en la realidad, y el pobre paciente caminaba siempre estirado sin saber por qué hasta que vino la caballería en forma de Dianética y lo salvó de una vida miserable.

Existe otro factor importante a considerar, y es que un engrama, también por definición, es impredecible, significando esto que no razona sino que interpreta "literalmente" su contenido verbal.

Si un engrama tiene la orden, por ejemplo, de hacer algo sin especificar que es ese "algo", la persona estará compelida a "hacer algo", y tanto puede ser lavarse las manos compulsivamente, como tener sexo a toda hora, o cualquier cosa que se le pueda ocurrir a la mente reactiva.

Y todas estas cosas están dentro del banco de engramas de cualquier jurado prontas a salir disparadas o quizás ya activadas crónicamente.

La probabilidad de que entre los doce integrantes de un jurado exista un clear es tan remota que mejor ni siquiera considerarla.

Probablemente alguien me haga notar que un juez no está exento de tener los mismos engramas que los integrantes de un jurado, lo cual es verdad, pero la pregunta clave es: ¿para que armar un jurado, con todas las dificultades y los ingentes gastos que representa, si para lo mismo basta con un juez?

Hay muchas otras consideraciones para hacer respecto al sistema del Juicio por jurado, pero las obviamos brevitatis causa porque lo que pretendemos es hacer hincapié en su total ineficacia, por lo menos en la forma en que está estructurado.

Y eso de darle participación al pueblo no pasa de ser una tontería, porque con el mismo criterio tendríamos que dejar que sean los propios ciudadanos los que dirijan la economía de un país.

¿Alguien puede imaginarse a doce personas comunes del pueblo -un carnicero, un cartero, un almacenero, un ama de casa, un plomero, un abogado, un médico, tratando de ponerse de acuerdo en cómo frenar la inflación, por ejemplo?

Naturalmente que estoy exagerando un poco la nota, pero es para que quede bien en claro lo absurdo que es este sistema que criticamos.

Y algo más para terminar: a medida que pasa el tiempo sobreviene el agotamiento físico y mental de los integrantes del jurado, agravado porque el inevitable ego de cada uno de ellos tratará de imponer su parecer, y como consecuencia inevitable mayor será el poder de la mente reactiva sobre la mente analítica o consciente.

Si a un jurado se lo controlara con el E-Metro al concluir las deliberaciones se vería que estaba totalmente reactivo, casi a la par de un boxeador que tirara trompadas al aire completamente groggy.

Y esto es lisa y llanamente demencia, aquí o en la Galaxia más lejana.

* Advertencia: Dianética y Cienciología son marcas registradas y aquí se las menciona exclusivamente con fines informativos y de difusión. El Grupo Elron es una organización independiente sin fines de lucro, políticos o religiosos, y la distribución del material es totalmente gratuita. Para información sobre marcas registradas: http://www.scientology.org/en_US/feature/legal/trademark.html


Dianética y Cienciología han sido complementadas por el profesor Jorge Olguín mediante las técnicas de Psicointegración y Psicoauditación