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La verdad sobre la Psiquiatría II

Grupo Elron

 

ESQUIZOFRENIA: LA 'ENFERMEDAD' POR LUCRO DE LA PSIQUIATRIA. Informe y recomendaciones sobre las mentiras psiquiátricas y sus diagnósticos falsos.

 

La Psiquiatría ignora qué es la esquizofrenia y por eso opta por definirla en forma tan vaga que puede aplicarse a casi cualquier comportamiento desaprobado. “Esquizofrenia”, “bipolar”, y todas las etiquetas psiquiátricas tienen un solo propósito: obtener millones de dólares con los reembolsos de las compañías de seguros, fondos del gobierno y las utilidades por las ventas de drogas. Al no saber nada de la mente, el cerebro o las causas subyacentes a los serios trastornos mentales, la Psiquiatría sigue quemando el cerebro con electroshocks, destrozándolo con la psicocirugía, y embotándolo con peligrosas drogas…

http://www.ccdh.es/pdf/SPA-Psiquiatria-Esquizofrenia.pdf

 

ABUSO AL ANCIANO: PROGRAMAS DE SALUD MENTAL CRUELES. Informe y recomendaciones sobre el tratamiento abusivo de la psiqiatría a los ancianos.

 

En los Estados Unidos uno de cada cinco ciudadanos de tercera edad es víctima de daños causados por la prescripción de drogas psicoactivas. Según reveló una encuesta, los psiquiatras, en las casas de reposo, les dan a los ancianos este tipo de drogas simplemente por estar caminando de un lugar a otro, o por querer irse del lugar o por hacer mucho ruido. Justamente la última cosa que necesita una persona mayor, frágil, ansiosa o vulnerable es sumarle el estrés mental y físico asociado con las drogas psiquiátricas adictivas y fuertes…

http://www.ccdh.es/pdf/SPA-Psiquiatria-Abuso_ancianos.pdf

 

ENGAÑO PSIQUIATRICO: LA SUBVERSION DE LA MEDICINA. Informe y recomendaciones sobre el impacto destructivo de la psiquiatría en el cuidado de la salud.

 

El psiquiatra, si una persona tiene estados depresivos, de inmediato le prescribe un antidepresivo. Sin embargo, muchos médicos generales han reconocido que hay numerosas condiciones físicas que pueden causar problemas emocionales y de conducta, y también han reconocido la vital necesidad de verificarlas primero. Por consiguiente, confiar en un antidepresivo para suprimir síntomas emocionales, sin buscar y corregir primero una posible enfermedad física que pudiera estar detrás de eso, simplemente sería dar a los pacientes una fórmula química, dejándolos con una enfermedad que podría empeorar…

http://www.ccdh.es/pdf/SPA-Psiquiatria-Engano_psiquiatrico.pdf

 

FRAUDE DE REHABILITACION: ESTAFA DE DROGAS DE LA PSIQUIATRIA. Informe y recomendaciones sobre la Metadona y otros programas psiquiátricos desastrosos de 'rehabilitación' de drogas.

 

Según el concenso psiquiátrico la drogadicción es incurable y es algo con lo que el adicto tendrá que aprender a vivir y a morir. Esto, afortunadamente, es absolutamente falso y constituye una de las tantas falacias de los psiquiatras. Eliminar la información falsa de la Psiquiatría acerca de las drogas y la adicción no es solamente una parte fundamental para restaurar la esperanza, es el primer paso hacia el logro de una verdadera rehabilitación del drogadicto…

http://www.ccdh.es/pdf/SPA-Psiquiatria-Fraude_rehabilitacion.pdf

 

 

Creo que tendré que ir urgente al psiquiatra, ya ni siquiera puedo recordar donde puse la balanza…

 

 

Estoy muy preocupada, Roberto, necesito ir al psiquiatra porque a pesar de que hace bastante tiempo que me traicionaste con Clarita aún no me salieron los cuernos…

 

Tiene que ver de inmediato a su psiquiatra, Sr. Pérez, porque la medicación que le recetó le está produciendo palpitaciones galopantes…

 

 

Se ha puesto pálido de repente, profesor Velmont, quizás necesite la ayuda de la Psiquiatría…

 

 

HORACIO VELMONT

 

Bueno, créeme que la Psiquiatría es lo que menos me puede ayudar en este momento…

 

 

JORGE OLGUÍN

 

El error fundamental de la Psiquiatría es suponer que los trastornos mentales se originan debido a un desequilibrio químico en el cerebro. Esta afirmación tiene tanta validez como la del plomero que atribuye la humedad de la pared a cualquier otro factor que no sea el caño roto…

 

 

 

 

 

 

Denuncia un abuso

 

Personas vulnerables que han buscado la ayuda de psiquiatras y psicólogos han sido falsamente diagnosticadas y obligadas a someterse de forma involuntaria a métodos psiquiátricos a menudo dañinos. Miles y miles han muerto. CCDH investiga estos y otros abusos psiquiátricos. Podemos ayudarte con tus pruebas e informes de prácticas psiquiátricas criminales.

 

Estas son algunas de las estadísticas de la psiquiatría:

 

 •  Mueren una media de 76 pacientes al día sólo en centros psiquiátricos del otro lado del Atlántico.

 

•  Cada 70 segundos, al menos un ciudadano es internado contra su voluntad en una institución psiquiátrica y se le trata con brutalidad.

 

•  Existen en la actualidad 17.000.000, sí, diecisiete millones de niños en todo el mundo que toman drogas psiquiátricas peligrosas que alteran la mente.

 

•  Se estima que unas 300 personas mueren cada año como resultado de una “terapia” de electroshock, de las cuales el 80% son ancianos.

 

    Envía tu denuncia a:

http://www.ccdh.es/denunciaunabuso.htm (llena el formulario)

 

 

 

LOCURA Y PSIQUIATRÍA,

LOS EXTREMOS SE TOCAN [1]

 

POR HORACIO VELMONT

 

Tú puedes reconocer una barbarie por sus curanderos y su concepto de la mente de otro hombre. En esta sociedad el psiquiatra cree sinceramente que el hombre es un animal sin alma o esperanza y, siguiendo a Pavlov y otras enseñanzas similares, que el hombre trabaja solamente por el premio como cualquier otro perro. Éstas son las marcas de la barbarie. El odio es divinizado por encima del amor, el freno para una acción es mejor que una comunicación, la alucinación es más deseable que la verdad.

L. Ronald Hubbard

 

Durante miles de generaciones la humanidad buscó anhelantemente la ciencia de la mente, es decir, las leyes que explicaran el funcionamiento del mecanismo mental.

Esa búsqueda desesperada tenía su razón de ser, ya que mientras no se la encontrara, los ejércitos, las dinastías y las civilizaciones enteras seguirían desapareciendo, dejando,  como mudos testigos de lo que alguna vez fue, apenas unas pocas ruinas.

Roma se hundió en el polvo por no tenerla. El mundo entero nada en sangre por falta de ella. Y mientras tanto hay una bomba atómica, también ignorante de ella, esperando que algún loco oprima el botón rojo y todo el planeta salte por los aires.

Ninguna búsqueda en la historia del hombre ha sido más angustiante ni más violenta que la de la ciencia de la mente. Ninguna tribu primitiva, no importando lo ignorante que haya sido, dejó de reconocer este problema como problema ni ha dejado de formular, aunque sea mínimamente, un intento o esbozo de ella.

Así, encontramos hoy al aborigen australiano, con su “cristal mágico curativo”, sustituyendo con él la ausente ciencia de la mente. El chamán de la Guayana Británica, a falta de las leyes de la mente, las reemplaza con su canto monocorde y su cigarro consagrado.

El hechicero de ciertos pueblos de Liberia oriental alivia el desasosiego de sus pacientes, a falta de una técnica adecuada, con un incesante repiqueteo de tambor.

La edad de oro ilustrada de Grecia tampoco la poseía, y en su principal centro de salud para enfermos mentales, el templo de Esculapio, sólo había superstición.

En cuanto a los romanos, lo máximo que podían hacer por la tranquilidad de espíritu de los enfermos era apelar a los penates, las divinidades domésticas, u ofrecer un sacrificio a Febril, diosa de las fiebres.

Desde los tiempos más antiguos hasta la actualidad más reciente, en la tribu primitiva más tosca o en la civilización más asombrosamente desarrollada, el hombre siempre se ha encontrado en un atemorizado estado de desamparo ante los fenómenos de las aberraciones mentales o las enfermedades extrañas.

Su desesperación, en sus esfuerzos por curar al hombre, apenas ha variado en toda su historia, y hasta que se rebasó la mitad del siglo XX los porcentajes de alivio en lo que respecta a los desarreglos mentales fueron equiparables a los éxitos de los hechiceros al enfrentarse a los mismos problemas.

Puede decirse, sin temor a errar, que el único avance de la psicoterapia ha sido el de dar alojamiento a los locos.

En cuanto a la brutalidad en el tratamiento del demente, los métodos del hechicero o de los manicomios del pasado han sido superados por las técnicas más “civilizadas” de la destrucción de los tejidos nerviosos con la violencia del electroshock y la cirugía, tratamientos que los resultados obtenidos no disculpaban, y que no habrían sido tolerados en la sociedad primitiva más miserable, ya que reducen a la víctima al mero automatismo, aniquilando la mayor parte de su personalidad y ambición, tornándola en nada más que en un animal manejable.

Quien conozca la historia de los manicomios, quien venza por un instante sus miedos primarios y se interne sin recelos en el camino lúgubre y desierto que anticipa la muerte, podrá testimoniar la realidad: la institución que legaliza el saber médico de la locura y el privilegio del Estado de apartar y clausurar el Mal que se produce sin deseo, poco ha contribuido al desarrollo del conocimiento científico sobre los estados límites del hombre.

Queda así patentizada la inutilidad del hospicio y la impotencia del psiquiatra para acceder a la compleja unidad del hombre a quien investiga y debiera curar.

En el “Borda”, institución manicomial tristemente célebre en la Argentina, la tarea del psiquiatra se limita, bajo el amparo de la superioridad que da la fuerza, a la represión metódica de quienes patológicamente desesperados, valiéndose de hasta los dientes, se alzan contra una estructura perversa violando sus tablas de valores, sus códigos, sus sistemas de pesos y medidas, sus disfraces de lo real.

El grado de podredumbre es tal que no puede producir más que un ahondamiento de la conciencia enferma. La calefacción brilla por su ausencia, las aberturas sin puertas ni ventanas, las cañerías de los baños taponadas, la comida miserable, las ropas de los internos andrajosos, los chalecos químicos amarrando al terror…

Al supuesto loco se lo entrega, como objeto de conocimiento, atado de pies y manos, a un “especialista” en el abordaje y resolución de un conflicto de salud, el psiquiatra.

El psiquiatra y su paciente del hospicio pertenecen, casi sin excepción, a clases enfrentadas y remiten con sus discursos a subculturas distintas. Uno tiene la lengua del dominador y el otro los oídos del humillado.

En el hospicio la represión psiquiátrica se legaliza. Quien ha sido rotulado como “loco” no puede realizar ningún acto civil o político, se lo priva de sus bienes y de sus hijos, es declarado incapaz, peligroso para sí mismo y para los otros.

Recobrar su libertad, ejercer los gestos cotidianos de la identidad, se liga a la decisión de jueces y médicos que en definitiva jamás responden ante nadie.

Las “ciencia” también pone su cuota para sublimar la represión, desde las técnicas de choque (electroshocks, coma insulínico) hasta el terror de los rumores (desaparecidos de la colonia Open Door; prácticas y experimentos aberrantes sobre los enfermos crónicos).

Las noticias se mantienen algunos días en cartelera, se amarillean los efectos y se maquillan las causas, cae algún funcionario administrativo, pero la suerte del “loco” no cambia.

La represión psiquiátrica tiene otro efecto, quizás indeseado: revela que el hospicio no es más que otra forma cruel de prisión, capaz de engendrar los mecanismos segundos de marginación y volver crónicos los conflictos más leves.

Numerosos perversos integran los cuerpos de las fuerzas armadas y de la policía, quienes dramatizan su perturbación en beneficio del sistema y son utilizados para el crimen, la tortura y otras prácticas aberrantes, ante el silencio general y sin que el dedo de Dios los señale.

Cerca  del 90 % de los internados en los manicomios provienen de los sectores más humildes y explotados de la sociedad; son trabajadores rurales y obreros, mujeres de jornaleros y servicio doméstico.

Desde el primer instante en el hospicio conocerán el castigo, dirigido a que renuncien a su identidad y acepten mansamente las condiciones de su aislamiento.

Un ocio perpetuo y forzado roe el alma de los internos. Unos sucumben, Otros, buscando sobrevivir, se refugian en un estado de inocencia.

El electroshock, el chaleco de fuerza y el chaleco químico, las inyecciones de leche o de trementina, la manguera de agua fría, los trabajos degradantes y no remunerados, la utilización forzada para experimentos científicos y la donación igualmente forzada de órganos vitales, la incomunicación con el exterior, el aislamiento entre iguales, el envilecimiento del discurso, la monotonía, la falta de amor y de sexualidad, todo está organizado desde el poder para la destrucción de lo mejor del alma humana.

Más allá de una denuncia de estas prácticas aberrantes, ellas también se mencionan para demostrar la profunda desesperación a la que el hombre puede llegar al enfrentarse con el problema, aparentemente irresoluble, de las mentes trastornadas.



[1]           Bibliografía: L. Ronald Hubbard, “Dianética, la ciencia moderna de la salud mental”; Vicente Zito Lima, “Radiografía del hospicio”, Revista “Desbordar”, noviembre/1990.

* Advertencia: Dianética y Cienciología son marcas registradas y aquí se las menciona exclusivamente con fines informativos y de difusión. El Grupo Elron es una organización independiente sin fines de lucro, políticos o religiosos, y la distribución del material es totalmente gratuita. Para información sobre marcas registradas: http://www.scientology.org/en_US/feature/legal/trademark.html


Dianética y Cienciología han sido complementadas por el profesor Jorge Olguín mediante las técnicas de Psicointegración y Psicoauditación

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