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Leyendas urbanas LXVIII

El matrimonio

Grupo Elron

 


Algunos matrimonios terminan bien, otros duran toda la vida...

El matrimonio es una carga tan pesada que a veces se necesitan tres para sobrellevarla…

Carlos, empiezo a sospechar que no quieres proponerme matrimonio porque para ti soy sólo un objeto sexual…

Donde comen dos, comen tres… ¡Estás invitado!

– Doctora, tras 20 años de matrimonio sigo enamorado de la misma mujer…

– ¡Que maravilla, Julio!

– Si, pero vivo con el temor de que mi esposa se entere…

Mi mujer grita cuando hace el amor, y tanto que la escucho desde aquí…

El matrimonio es como las libretas de ahorro: de tanto meter y sacar se pierde el interés… (Woody Allen)

Ayer hice el amor con un ciruja. El pobre hombre tocó a mi puerta y me preguntó si tenía algo que mi esposo ya no utilizaba…

Es inevitable que en la búsqueda de la pareja sexualmente compatible haya muchos fracasos…

La impotencia sexual en el matrimonio muchas veces tiene el origen más insospechado…

– ¡Doctor, yo solamente le pedí algo para que mi marido se ponga como un toro!

– De eso se trata justamente, vamos a empezar por los cuernos…

El amor es ciego, queridos hermanos, pero recordad que el matrimonio restaura la vista…

– Roberto, ¿sabes cuál es la diferencia entre un hombre soltero y uno casado?

– No, no lo sé…

– En que el soltero es un animal incompleto y uno casado es un completo animal…

– ¿Sabías que mi mujer me pide 30 dólares cada vez que hacemos el amor?

– ¡Por Dios, qué humillante!

– Sí, sobre todo porque a los demás sólo les pide 15…

¿Usted se casaría conmigo, profesor Velmont?

HORACIO VELMONT

Bueno, créeme que para las cosas que tengo pensadas no hay necesidad de llegar a tal extremo…

JORGE OLGUÍN

Primariamente puede clasificarse el amor entre los seres humanos en tres tipos: 1) el afecto con el que la humanidad apoya a la humanidad (ley de afinidad); 2) el magnetismo real entre los componentes de una pareja (selección natural), y 3) el "amor" compulsivo (dictado por la aberración). Esta tercera clase de amor, la de “mentes reactivas”, lamentablemente es la más común y la que termina por desquiciar a los hogares.

 

 

 

EL AMOR REACTIVO

 

por Horacio Velmont

 

(segÚn las enseÑanzas de L. Ron Hubbard)

 

Probablemente, ningún tema individual en las preocupaciones del hombre ha recibido tanta atención como el amor. No es mentira que donde uno encuentra la mayor polémica, ahí encontrará también la menor comprensión. Y donde los hechos son menos precisos, ahí encontrará también las mayores discusiones. Y así sucede con el amor. Sin duda, el amor ha arruinado más vidas que la guerra y ha hecho más felicidades que todos los sueños del paraíso. Enredado con un millar de canciones al año y sumergido bajo un montón de toneladas de literatura barata, el amor debería tener una oportunidad adecuada para ser definido.

L. Ronald Hubbard

 

La propiciación.

En el proceso de la auditación dianética se pasará por una etapa, en el nivel superior de apatía, de propiciación. Esta conciliación es un esfuerzo por aplacar a una fuerza totalmente destructiva o sacrificarse por ella.

Es un estado en que el paciente, con profundo temor de otro, ofrece regalos caros y palabras suaves, pone la otra mejilla, se ofrece a sí mismo como víctima y, en general, hace el ridículo.

Muchísimos matrimonios no son matrimonios por amor sino por ese mezquino sustituto, la propiciación.

La gente tiene el hábito de casarse con gente que tiene mentes reactivas similares. Esto es desgraciado, pues esos matrimonios son destructivos para ambos cónyuges. Ella tiene un cierto conjunto de aberraciones que cuadran con las de él. Ella es pseudomadre; él es pseudopadre . Ella tuvo que casarse con él porque su padre trató de asesinarla antes de que naciera. Él tuvo que casarse con ella porque su madre le golpeaba cuando era un niño.

Por increíble que parezca, estos matrimonios son muy frecuentes: uno u otro de los cónyuges se vuelve mentalmente enfermo, o ambos pueden deteriorarse. Él es infeliz; su entusiasmo se ha destruido; ella es desgraciada.

Cualquiera de ellos, con otro cónyuge podría ser una persona feliz; sin embargo, debido al miedo, no se pueden separar. Deben propiciarse mutuamente.

El auditor dianético que encuentra un matrimonio en esta condición e intenta tratar a uno de los cónyuges, más le vale tratar a ambos simultáneamente. O más le vale a esos cónyuges tratarse mutuamente, y pronto. La tolerancia y la comprensión casi siempre se fomentan con la ayuda mutua.

La propiciación, en el tratamiento dianético, tiene valor de diagnóstico. Las personas que empiezan a traer al auditor regalos caros lo están propiciando, y eso probablemente significa que ellos tienen una computación que les dice, engrámicamente, que morirán o se volverán locos si se curan.

Puede que el auditor disfrute de los regalos, pero mejor sería que comience a buscar un engrama de compasión del que aún no se ha sospechado su existencia ni se ha tocado.

 

El amor.

Puede decirse que existen tres clases de amor entre los seres humanos: 1) el afecto con el que la humanidad apoya a la humanidad (ley de afinidad); 2) el magnetismo real entre los componentes de una pareja (selección natural), y 3) "amor" compulsivo (dictado por la aberración).

Tal vez en las leyendas de héroes y heroínas hayan habido ejemplos de la segunda clase, y afortunadamente, al observar nuestro entorno, es posible descubrir muchas parejas felices basadas en una admiración natural y fuertemente afectuosa.

Pero donde encontraremos mayor abundancia es en la tercera clase, es decir, el amor compulsivo engrámico y en la cual los medios de comunicación sensacionalista encuentran pasto para sus crónicas.

Esta tercera clase de amor compulsivo aberrado es la que hace desbordar los tribunales con peticiones urgentes de divorcio, con querellas criminales y juicios civiles de diversa índole, la que manda los niños rincón, lejos de las disputas, cuando no al reformatorio, y expulsa de sus hogares desquiciados a mujeres y hombres jóvenes también desquiciados.

Esta clase de "amor" se ha denominado, apropiadamente, de "mentes reactivas". Aquí hay un encuentro de mentes, pero que están en el nivel de computación más bajo poseído por el hombre.

Unidos el hombre y la mujer, no por un magnetismo real entre ellos, sino por la compulsión reactiva, no encontrarán en esa unión otra cosa más que pesadumbre y desesperanza.

Así, él es un seudohermano que la golpea regularmente, o es un seudopadre al que ella tenía que aplacar, y él podría ser el médico que tanto daño le hizo.

Ella puede ser la seudomadre de él, su seudoabuela a la que él tenía que querer a pesar del modo en que ella minaba su decisión. Ella puede ser una seudoenfermera de alguna operación de hace mucho, o la seudoprofesosra que le hacía quedarse en el colegio para satisfacer su sadismo con él.

Antes del matrimonio sólo saben que existe entre ellos una compulsión que les hace estar juntos, un sentimiento de que cada uno debe ser extremadamente agradable con el otro. Y luego se celebra el matrimonio y se siente más y más restimulación de antiguos pesares, hasta que al final ambos están enfermos y la vida, quizás ahora complicada por hijos infelices, es una desgraciada ruina.

El mecanismo de la propiciación lleva consigo hostilidad encubierta. Los regalos hechos sin motivo y por encima de la capacidad de gastar, autosacrificios que parecen ser tan nobles en ese momento, constituyen propiciación.

La propiciación es un esfuerzo apático por mantener alejada una fuente peligrosa de dolor, real o imaginada. La identidad equivocada es uno de los errores menores de la mente reactiva. Sobornar, anular la posible ira de una persona que tal vez haya muerto hace mucho tiempo, pero que ahora vive de nuevo en el cónyuge, es la esperanza de la propiciación. Pero un hombre debe luchar a veces, no propiciar, porque el hombre que no lucha está muerto.

La hostilidad puede estar disfrazada; incluso puede ser completamente "desconocida" para el individuo que da rienda suelta a ella. Ciertamente, siempre está justificada en la mente de la persona que la ejerce, y se supone que es una consecuencia natural de alguna ofensa absolutamente obvia.

La esposa que "mete la pata" inadvertidamente ante los invitados, y que, debido a sus meteduras de pata deja escapar "accidentalmente" la verdad sobre la anécdota favorita de su esposo; la esposa que de repente le da un pinchazo con un alfiler "lógico" en la zona de sus esperanzas; éstas son esposas que viven con compañeros a los que deben propiciar a causa de algún perjuicio, hecho por otro hombre, que hizo añicos tales esperanzas antes de su noviazgo.

Y éstas son esposas que, propiciando, paralizan las esperanzas y malentienden las aflicciones de sus esposos.

El esposo que tiene relaciones clandestinas con otra mujer y "accidentalmente" se deja el carmín en la corbata; el esposo que encuentra mala la excelente cocina de ella y pereza cuando tiene el período; el esposo que olvida las cartas de ella que él debe echar al correo; el esposo que encuentra idiotas las opiniones de ella; éstos son los esposos que viven con esposas a las que deben propiciar.

Cuando alguien observe en un matrimonio oscilaciones entre la guerra y la paz, falta de comprensión, reducciones mutuas de libertad y autodeterminismo, vidas desgraciadas, hijos más desgraciados aún, divorcio en ciernes o concluidos, debe saber con toda certeza que se trata de uniones reactivas.

Impulsados a casarse por una amenaza desconocida, apartados de la confianza por miedo o dolor, este "encuentro de mentes" es la causa primaria de todo el desastre conyugal.

Algún día quizás exista una ley de matrimonio más inteligente que diga que sólo los no aberrados podrán casarse y tener hijos. La ley actual solamente estipula que los matrimonios deben ser, en el mejor de los casos, lo más difícil posible de separarse. Tal ley es como una sentencia de cárcel para el marido, la esposa y los hijos; todos y cada uno.

 

La solución.

Se puede salvar un matrimonio aclarando a sus componentes, a través de la terapia dianética, de sus aberraciones. Una solución óptima incluiría esto en cualquier caso, pues lo más difícil para una esposa o esposo es elevarse a un plano futuro de felicidad, aun cuando se hayan divorciado. Y cuando hay niños, si no se ha llevado a cabo la aclaración, se ha cometido una gran injusticia.

Generalmente se descubre que, cuando a ambos cónyuges en un matrimonio de mentes reactivas se les quita la aberración, la vida se hace mucho más que tolerable, pues los seres humanos a menudo tienen una atracción natural, aun cuando no haya estado presente una selección sexual.

La restauración de un matrimonio aclarando a los cónyuges puede que no produzca uno de los grandes amores de los que los poetas hacían loas, pero al menos traerá un alto nivel de respeto y cooperación hacia la meta común de hacer que la vida merezca la pena de ser vivida.

Y en muchos matrimonios que han sido aclarados se descubrió que los cónyuges, por debajo del sucio vestido de la aberración, se querían bien el uno al otro.

Una ganancia importante de esa aclaración es el bien de los hijos. Prácticamente todo el descontento marital tiene como factor más importante la aberración en la segunda dinámica y el sexo. Y cualquier aberración así incluye una actitud irritable hacia los niños.

Donde hay niños de por medio el divorcio no sirve, el aclaramiento sí. Y con el aclaramiento llega una página nueva y fresca de la vida sobre la que se puede escribir la felicidad.


En la sesión del 5/1/07 se habló de un tema relacionado:

Interlocutor: El Thetán siempre le sugiere cosas a su 10 %, más allá de que éste las perciba o no, o las acepte o no… En el caso de mi esposa, su thetán le brinda mensajes constantemente, que se traducen en intuición, como por ejemplo saber de antemano quién está llamando por teléfono o detectar dónde está cortado un cable que impide funcionar a un aparato eléctrico, y cosas similares.

Pero la pregunta es si el Thetán de mi esposa está más a favor mío que a favor de su 10 %, en razón de la misión que yo tengo y que ella, encarnada, está constantemente obstaculizando…

Radael: Te aclaro que ella ha bajado de nivel…

Interlocutor: Entiendo… Vamos a suponer que yo le sea infiel, ¿en este caso su Thetán le avisa, con lo cual se produciría tensión en el matrimonio que afectaría la misión, o lo callaría? Lo que quiero determinar es si la fidelidad del Thetán es a ultranza con su 10 %...

Radael: No creo que el Thetán de tu esposa lo tome como una infidelidad… Vosotros en el plano físico utilizáis mal las palabras… Así habláis de infidelidad o fidelidad, de lealtad, de honor, etc. Todo esto se basa en acuerdos provisorios que pueden ser modificados cuando hay factores que precisamente cambian las circunstancias sobre las cuales se hicieron esos acuerdos.

Si tú, cuando te casaste, juraste fidelidad, pero más tarde se rompe el diálogo con tu pareja y dejas de tener intimidad con ella y buscas otra, desde el plano de Luz se entiende y se justifica tu punto de vista, porque esa vía ya estaba cerrada, era un camino sin salida.

También se justifica cuando tú de pronto eres mujer y tienes que levantar tu campo áurico y tienes una relación con otro, eso tampoco es infidelidad porque de alguna manera, al levantar tu campo áurico lo que también estás haciendo es fortaleciendo tu parte espiritual…

Interlocutor: En concreto, lo que tratas de decirme es que hay excepciones en los que se justifica modificar incluso unilateralmente los acuerdos… ¿Es así?

Radael: Correcto…

Interlocutor: ¿Y en el caso del Thetán de mi esposa?

Radael: En el caso de tu esposa, su Thetán, viendo que su 10 % cada vez está más deteriorado y lo está jalando hacia abajo, va a tratar de sostenerse de mí, como Thetán, y a su vez de ti, porque somos los que vamos a orientarla a ella, a la parte encarnada...

Interlocutor: ¿Entonces sí va a estar de mi parte?

Radael: Por supuesto… Lo que ocurre es que en el plano físico, cuando tú dices “está de mi parte”, “está de su parte”, “está de parte de él”, “está de parte de ella”, es como si estuviéramos complotando, y no es así…

Interlocutor: Bueno, reconozco que en el plano físico somos un poco torcidos en nuestra manera de pensar…

Radael: Y no se trata de ningún complot, se trata de estar de parte a alguien para ayudar al otro, no para sabotearlo… Los que sabotean son los del plano 2, pero un ser del plano 4, cuando habla de atraer al otro a su lado es para tenderle una mano, no para hundirlo…

Interlocutor: Concretamente, entonces, si yo hago algo que a mi esposa no le gustará, su Thetán no se lo comunicaría… ¿Es así?

Radael: No, no se lo comunicaría porque trataría de evitar crearle más trabas… Esto es así porque la lógica del espíritu, algo que mucha gente en el plano físico no entiende, es que el espíritu es uno solo, y el 90 % no quiere que su 10 % esté mal porque lo jalaría hacia abajo…

Interlocutor: En concreto, entonces, buscaría no agregar más leña al fuego…

Radael: Correcto…

Interlocutor: La pregunta está contestada, porque mi duda, como ya dije, era averiguar si la “lealtad” del Thetán era siempre hacia su 10 % y veo que no es así, sino que depende de las circunstancias…

Radael: Ni siquiera se crea karma en absoluto la persona que, aunque no lo haga en la práctica, se imagina estar con otra persona cuando ese estar se justifica, por ejemplo si no hay contacto físico con su pareja.

Hay muchos casos donde el tener sexo con otra persona que no sea su pareja se justifica…

* Advertencia: Dianética y Cienciología son marcas registradas y aquí se las menciona exclusivamente con fines informativos y de difusión. El Grupo Elron es una organización independiente sin fines de lucro, políticos o religiosos, y la distribución del material es totalmente gratuita. Para información sobre marcas registradas: http://www.scientology.org/en_US/feature/legal/trademark.html


Dianética y Cienciología han sido complementadas por el profesor Jorge Olguín mediante las técnicas de Psicointegración y Psicoauditación