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Leyendas urbanas XLVI

La Atlántida

Grupo Elron

 

La Atlántida no era en realidad un continente, sino una pequeña isla que fue destruida a causa del mal manejo de la energía lumínica…

Si bien la Atlántida se destruyó totalmente, quedó como único sobreviviente una mujer, no pudiéndonos imaginar cómo hizo para sobrellevar tan espantosa soledad…

En una situación similar yo hubiera sobrevivido perfectamente, porque como dice el refrán, “a falta de Homo Sapiens, buenos son los Homo Neardenthalensis”…

¿La Atlántida? Sí, he oído hablar de ella, pero creo que el que sabe bien del tema es un tal Platón. Cuando lo vean díganle que lo invito con una cerveza...

¡Maldición, otra vez los científicos haciendo experimentos con la energía lumínica!

¡Homo Sapiens, Homo Sapiens, ya me tienes cansado con el Homo Sapiens! ¿Qué tenían los Homo Sapiens que no tengamos nosotros los Homo Neardenthalensis, eh?

Según tengo entendido, profesor Velmont, cuando la Atlántida se hundió sobrevivió sólo una mujer… ¿Qué reflexión le merece algo así?

HORACIO VELMONT

¿Qué reflexión me merece algo así? Bueno, pienso que es una lástima que la máquina del tiempo haya sido inventada recién en el año 2550…

Atención pasajeros de la nave del tiempo “Time is Money”, favor de abordar la nave que estamos a punto de partir. Primero iremos a presenciar como Lee Harvey Oswald dispara contra Kennedy errando todos los tiros, luego como Nerón incendia Roma y toca la lira (espero que no cante) y finalmente nos trasladaremos a la Atlántida, donde veremos cómo huye de la isla la única mujer que sobrevivió. Por favor no toquen nada para no alterar la línea del tiempo, no se roben ningún objeto, sólo tomen fotografías, y fundamentalmente no se hagan ver de los neardenthalensis porque les pueden provocar un infarto…

JORGE OLGUÍN

La Atlántida de la que habló Platón en sus diálogos existió realmente hace más de 20.000 años, estando por lo tanto en un error quienes sólo la consideran un mito inventado por él para ilustrar su teoría de la república ideal. Algo parecido sucedió con la Troya de la que habló Homero en la Ilíada, afirmándose que sólo era una ficción poética, hasta que Heinrich Schliemann la desenterró en 1871 siguiendo los textos al pie de la letra…

 

 

 

 LA VERDADERA ATLÁNTIDA

 

POR HORACIO VELMONT

 

La Atlántida de la que hablaba Platón existió en realidad hace 24.000 años, y simplemente era una ciudad erigida en una isla –no en un continente como se dice– que estaba situada cerca del Mar Mediterráneo, con una superficie de no más de 400 ó 500 km2.

Su desaparición se debió a que los científicos estaban estudiando la energía lumínica, y como muchas veces sucede, el experimento se les fue de las manos, provocando tremendos cataclismos que destruyeron la isla.

El hecho de haber experimentado con energía lumínica provocó temblores en la corteza terrestre, y hubo muchos terremotos que destruyeron la ciudad.

A tal punto fueron catastróficos los cataclismos que la isla se hundió en pocos días, salvándose solamente una mujer.

Nosotros supimos algunos de estos hechos en una sesión de Psicoauditación, en la que nos comunicamos con su 90 %.

 

 

SESIÓN DEL 20/3/02

 

Médium: Jorge Olguín.

Interlocutor: Horacio Velmont.

Entidades que se presentaron a dialogar: Ron Hubbard, fundador de Dianética y Cienciología y Domanisel, espíritu del 5º nivel, conocido por su encarnación de “La buena samaritana del Pozo de Jacob”.  

 

 

Domanisel: Hace cerca de 20.000 años… Estoy percibiendo grandes ciudades que están edificadas con un material muy similar al cristal…

Interlocutor: ¿Estamos hablando de la Tierra o de otro planeta?

Domanisel: Estoy hablando de la Tierra, pero ese material fue traído por una civilización extraterrestre…

Interlocutor: ¿Te estás refiriendo acaso a la Atlántida?

Domanisel: Así es, pero en esa época se llamaba Bracantis… Esta civilización, en la que yo estaba encarnada como mujer, era muy avanzada y por eso no se comunicaba con otras razas del planeta porque sus integrantes estaban muy atrasados. Teníamos grandes telescopios…

Interlocutor: Perdón por interrumpirte, pero quisiera saber en qué lugar del planeta se encontraba esa civilización.

Domanisel: Bracantis estaba cerca de lo que hoy es la entrada del Mar Mediterráneo…

Interlocutor: ¿Había alguna civilización más conocida? Te lo pregunto para ubicarla mejor.

Domanisel: No, en esa época no.

Interlocutor: Está bien, adelante… ¿Qué sucedió allí?

Domanisel: Como ya dije, estaba encarnada como mujer. Me llamaba Lorelei.

Interlocutor: ¿Cuál era tu oficio o profesión?

Domanisel: Era física astrónoma. Estudiábamos los distintos soles. Teníamos un conocimiento tremendo.

Interlocutor: ¿Era más avanzada tecnológicamente que la civilización actual? Me refiero más bien como punto de referencia a Estados Unidos.

Domanisel: Yo no diría más avanzada sino distinta. Los conceptos eran diferentes. Había vehículos que no contaminaban el aire, se manejaban con energía solar, tanto terrestres como voladores.

Interlocutor: ¿Y naves espaciales?

Domanisel: No, no había naves espaciales.

Interlocutor: ¿No se trasladaban a otros mundos, entonces?

Domanisel: No, a otros mundos no.

Interlocutor: ¿Cuáles eran, en concreto, sus conocimientos?

Domanisel: Conocíamos todos los elementos. Teníamos microscopios electrónicos muy sofisticados, mucho más sofisticados que los actuales. Manejábamos con mucha solvencia la electrónica, manejábamos la electricidad…

Interlocutor: ¿Habían llegado a la computación?

Domanisel: Era otro sistema, porque almacenábamos en cristales. Tampoco teníamos lo que ahora ustedes llaman libros.

Interlocutor: ¿Y qué reemplazaba al libro?

Domanisel: Como dije, todo se almacenaba en cristales. Esos cristales tenían toda la información y hasta podíamos grabarla con voz parlante y luego la podíamos escuchar.

Interlocutor: No puedo menos que recordar que en muchas películas de ciencia ficción aparecen esos cristales parlantes e incluso con proyección de imágenes cuando el personaje lo insertaba en el lugar previsto…

Domanisel: Los cristales eran hexagonales, como una especie de espejos, y tenían siete botoneras para adelantar o retroceder o grabar, muy similares a los máquinas grabadoras actuales… Teníamos toda la historia grabada en esos cristales de la civilización de Bracantis, que en ese momento tenía alrededor de siete u ocho mil años de existencia.

Interlocutor: ¿Qué sucedió con esa civilización?

Domanisel: Estábamos en una zona completamente volcánica y no hubo manera de evitar su desaparición… La mayoría de los habitantes es como que tenían una doble creencia, la creencia científica y la creencia religiosa. Siempre la religión atrasa. Creían mucho en al karma, creían en los karmas planetarios, en los karmas individuales, en los karmas familiares, regionales…

Esa creencia estaba muy acendrada en todos y era prácticamente imposible erradicarla. Entonces todo lo justificaban a través del karma.

Interlocutor: Tú también tenías esa creencia.

Domanisel: No, yo me alejaba de ella precisamente porque estaba en contra. Estando encarnada yo separaba el karma de la fatalidad. Yo no creo en la fatalidad, yo creo en el libre albedrío. Estoy hablando obviamente como Lorelei… ¿Se entiende esto, no?

Interlocutor: Sí, por supuesto.

Domanisel: Bien, ellos creían en el fatalismo… Teníamos aparatos voladores y nos hubiéramos podido trasladar todos hasta tierra firme, hasta la parte continental donde no había riesgos de erupciones volcánicas, salvar lo que se pudiera.

Interlocutor: Descuento que tendrían algún tipo de aparato para detectar los temblores…

Domanisel: Sí, los teníamos. Eran aparatos muy similares a los sismógrafos actuales, pero más sofisticados porque no tenían un cuadrante con agujas, sino que directamente se plantaba el cristal en la tierra y se podía saber con exactitud cuando iba a hacer erupción un volcán o cuando iba a producirse un sismo porque el mismo cristal lo indicaba.

Interlocutor: Muy interesante… ¿Y qué te sucedió en esa encarnación?

Domanisel: Ese fatalismo que ellos tenían los impulsaba a decir que si alguien los había puesto allí, allí tendrían que morir. Por otro lado, como yo tenía una intuición tan, pero tan grande, sabía que también existíamos como espíritus y no veía el motivo lógico por el cual una raza entera se tenía que sacrificar desapareciendo si después el espíritu volvería a encarnar otra vez.

Interlocutor: Absolutamente obvio.

Domanisel: Es decir, una muerte general de treinta o cuarenta mil individuos no le veía el sentido… ¿Por qué se iban a inmolar en masa, si el espíritu no muere? Yo les cuestionaba eso del karma fatalista, ya que si estamos aquí por algo será… Estamos aquí porque el Supremo nos puso aquí.

Interlocutor: En definitiva tú considerabas una tontería esa interpretación extrema del karma…

Domanisel: ¡Por supuesto!

Interlocutor: Concretamente, y para ir directo al incidente y borrarle la carga, ¿qué te sucedió en esa encarnación que es tan doloroso?

Domanisel: Mi dolor era que mi pareja creía en ese karma fatalista. Era una persona imposible de cambiar. Al contrario, era uno de los más fanáticos… Promulgaba el movimiento de inmolación de raza, del quedarse porque estaba la valentía de espíritu, y ellos adoraban al Supremo y la ofrenda máxima era la vida…

Interlocutor: ¿Cómo se llamaba tu pareja en esa encarnación?

Domanisel: Nokodar.

Interlocutor: ¿Qué edad tenían ambos?

Domanisel: Yo tenía cerca de 32 ó 33 años y él 46 más o menos.

Interlocutor: ¿Estaban casados o simplemente en pareja?

Domanisel: Éramos pareja desde hacía por lo menos diez años.

Interlocutor: ¿Y qué sucedió?

Domanisel: Él se quedó y yo no me quise quedar. Lo considero una tontería. Estaba amando a una persona que era completamente caprichosa.

Interlocutor: ¿La separación te produjo algún dolor emocional severo o la tomaste con filosofía, para decirlo de alguna manera?

Domanisel: Me produjo un tremendo desamparo.

Interlocutor: ¿Puedes transmitirme lo que estás sintiendo en este momento al revivir la escena?

Domanisel: Siento una gran soledad, una gran incompatibilidad, pero fue mi elección.

Interlocutor: ¿Qué dijo él al ver tu decisión?

Domanisel: Dijo que lo traicioné, y yo le respondí con toda mis fuerzas que no era así, que era él el que se traicionaba solo. Yo le decía a Kodar −lo llamaba sacándole la primera sílaba− que eso era una tontería y que como espíritu iba a retroceder de nivel.

Yo sabía que Nokodar era un espíritu muy elevado porque había hecho grandes descubrimientos, y los grandes descubrimientos solamente los hacen los espíritus más elevados.

Nokodar fue uno de los que había mejorado los cristales, los había perfeccionado a un grado sumo…

Interlocutor: ¿Habían tenido hijos?

Domanisel: No, hijos no había… En este caso fue decisión de ambos, porque queríamos dedicar toda nuestra atención a la investigación de él, pues Nokodar era uno de los científicos moduladores más relevantes de esa época… Era un tremendo innovador…

Interlocutor: ¿Dijiste “modulador”? ¿Habría algún sinónimo en nuestro lenguaje para que podamos entender de qué se trata?

Domanisel: La palabra más aproximada sería “programador”.

Interlocutor: Está claro…

Domanisel: Nokodar era el más grande modulador de cristales de Bracantis, muy lejos de los demás. Y a su vez yo era una de las más importantes física astrónoma, porque he descubierto infinidad de constelaciones, sabía las diversas distancias a que se encontraban los astros más cércanos…

Interlocutor: ¿Y qué sucedió en definitiva con él?

Domanisel: Cuando vinieron los primeros temblores yo ya los había detectado porque había aprendido a manejar los cristales… Faltaban dos días para que la isla fuera a desaparecer, y ni siquiera los cristales iban a subsistir porque estaban hechos de tal manera que con la salinidad del agua iban a disolverse. No iba a quedar ningún vestigio de esa civilización, absolutamente nada.

Era algo verdaderamente tonto quedarse en la isla a merced de los temblores volcánicos porque equivalía a un suicidio en masa.

Interlocutor: Concretamente, ¿qué hiciste tú?

Domanisel: Tomé una de las máquinas voladoras y me fui al continente.

Interlocutor: ¿Tu pareja te dijo algo al verte partir irremisiblemente?

Domanisel: Sí, y lo recuerdo con toda claridad… Me dijo: “No puedes hacerme esto”. ¡Hacer-me!

Interlocutor: Entiendo lo que quieres decir… No dijo “hacer-te” sino “hacer-me”.

Domanisel: ¡Claro, estaba pensando exclusivamente en él! Estaba retrocediendo, estaba bajando de nivel.

Interlocutor: ¿Cómo estabas al dejarlo? Lo pregunto porque si bien por un lado había una separación por el otro lado te salvabas…

Domanisel: En ese momento no pensaba en mi salvación sino en que él moriría… Estaba completamente acongojada. Además, sentía una tremenda soledad porque no iba a poder volver a comunicarme con alguien de mi raza porque los que había en el continente estaban en un estado prácticamente de salvajismo.

Interlocutor: ¿Te dirigiste a lo que hoy es África?

Domanisel: No, fui hacía lo que actualmente es Portugal.

Interlocutor: ¿Cómo te enteraste de que Nokodar murió?

Domanisel: ¡No quedó nada, absolutamente nada!

Interlocutor: ¿Es decir, en definitiva, que esa civilización llamada Bracantis, y que hoy se la llama Atlántida, desapareció de la faz de la Tierra, como se dice vulgarmente?

Domanisel: Así es, no quedó de la isla ningún vestigio de su existencia.

Interlocutor: ¿Y dónde te quedaste definitivamente?

Domanisel: Me quedé en esa zona de Portugal.

Interlocutor: ¿Y qué había allí?

Domanisel: Nada, salvo pequeños bosques, frutos…

Interlocutor: ¿Había algunas otras personas?

Domanisel: No, había algo así como antropoides…

Interlocutor: ¿Te quedaste sola con antropoides?

Domanisel: Sí, así es… De todas maneras no sobreviví mucho porque no traje nada de la isla, me contaminé con un virus y no llegué a durar un año después que huí de la catástrofe.

Interlocutor: ¿Cuándo te referís a antropoides estás hablando de monos como los que tenemos ahora o de seres humanos muy primitivos?

Domanisel: No, no eran animales, pero casi… Eran seres humanos del tipo que ahora ustedes llaman Neardenthal.

Interlocutor: Ahora entiendo… ¡Vaya qué situación! ¿Nunca trataste de comunicarte con ellos de alguna manera?

Domanisel: No había forma… Se qué en otros lugares hacían inscripciones de tipo litográfica, pero no, nunca lo intenté porque si me veían hasta podían intentar atacarme. Me mantuve siempre aislada.

Interlocutor: De todo los incidentes que me relataste, ¿cuál fue el que te provocó mayor ansiedad, mayor angustia?

Domanisel: Lo peor de todo fue saber que mi pareja creía que yo lo abandonaba. Yo no lo dejaba. Yo directamente quería que viniera, que se salvara conmigo. Porque el abandonar no pasa por quien deja tal o cual lugar, sino por quien sigue al otro o no lo sigue. Esto también es un abandono.

Si yo de pronto estoy en un hábitat con una relación y cambio de hábitat porque me parece que ese otro es más confortable y la otra relación no me sigue, ¿quién está abandonando a quién?

Vamos a razonarlo… Ellos creían en el karma trágico, fatalista, y yo lo viví en una vida posterior. En la India también aprendí un karma fatalista, porque la civilización brahmánica cree en un karma fatalista.

O sea, cuando yo me encontré con esa gente tan hermosa, donde estaba ese amor que dejé, ellos estaban mucho más avanzados en cuanto al criterio de lo que es el karma.

Incluso creo que hoy, en este siglo XXI, aquellos que creen en el karma −me refiero obviamente a los que razonan− lo hacen a partir de Siddharta, no a partir de los brahmanes.

El karma de los brahmanes justifica violaciones, asesinatos, guerras masivas, justifica todo. En cambio el karma budista no. El karma budista es un karma de amor, son lecciones a aprender. En el otro, en cambio, son culpas a pagar a nivel fatalista y se tienen que cumplir a rajatabla.

Entonces, fíjate cómo se conectan esas dos encarnaciones que tienen tanto miles de años de diferencia.

Interlocutor: Esta bien, pero no hablaste nada de tu familia ni de la familia de él… ¿Estaban acaso solos, aislados?

Domanisel: No, teníamos un grupo de estudio muy importante… Nos reuníamos el atrio de trabajo…

Interlocutor: ¿Atrio de trabajo?

Domanisel: Sí, es lo que ahora se denomina “universidad”. Era un atrio de trabajo tan importante que tenía varias plantas. Si alguien de esa época vendría a esta época ¡vería tan rudimentarios a los edificios! A diferencia de ahora, eran edificios transparentes.

Si nosotros queríamos tener intimidad pulsábamos un botón del cristal y automáticamente la pared se opacaba con un color azul índigo, un azul añil.

Bueno, hasta aquí llego porque el receptáculo está muy agotado y le cuesta mucho traducir mis conceptos y corremos el riesgo de que se tergiversen. Me retiro con un fuerte abrazo.

Interlocutor: Está bien, en la próxima sesión seguiremos con la Psicoauditación. Te saludo y te agradezco porque nos has dado explicaciones de inmenso valor.

 

 

MAIL RECIBIDO

 

Estimado Jorge Olguín: Si tienes un tiempo disponible, me gustaría saber un par de cosas sobre la Atlántida a la que se refiere Domanisel (sesión del 20/3/02).

Según Domanisel, en la Atlántida antes de su destrucción total habrían unos 30 o 40 mil personas que nunca se mezclaron con la población de seres de la tierra de ese entonces (Neanderthal).

Si es así, ¿por qué en los ocho mil o mas años de la Atlántida su población era tan reducida y por qué nunca poblaron fuera de sus límites? Si pensamos que en pocos años, solo en los últimos 500 años nuestra población se ha expandido a todos los rincones y multiplicado casi exponencialmente llegando ya a los 6.000 millones de personas.

¿Fue la religión o la tecnología lo que impidió que Atlántida se multiplicara y expandiera? ... Creo que en ocho mil años pueden pasar muchas cosas.

Ahora, si la población de Atlántida fue borrada totalmente del planeta y nunca se mezclaron, ¿como se entiende que el ADN de sus habitantes fuese igual al ADN actual nuestro, si es que así es, o tenían diferente aspecto físico ? Lo interesante es saber entonces de que rama evolutiva venimos nosotros, que debe ser bastante diferente y posterior y de que rama venían ellos.

Jorge D.

 

RESPUESTA

Apreciado Jorge: Con respecto a tu primera pregunta, hay un caso similar en el planeta Aní, donde reside Kether, el Anciano de los Días. Su sentido común les dicta evitar la superpoblación, que solo traería hambruna...

En cuando a la segunda pregunta, Creo que eran similares a nosotros. Además, el Homo sapiens sapiens ya estaba habitando el planeta, pues convivió con el Homo neardenthalensis durante miles de años.

Y aclaro que esta última raza no fue exterminada por el hombre actual, como muchos creen, sino que su segundo código genético terminó con la especie, cuyo cerebro tenía más volumen que el del Homo Sapiens.

Nuestra raza tuvo durante más de treinta mil años su decodificador preparado para albergar un espíritu, pero todavía no transmitía las ideas conceptuales. De a poco fue funcionando y hace pocos miles de años el Homo sapiens sapiens logró conectarse al pensamiento abstracto, algo que los atlantes habían logrado mucho antes. pero eso no significa que hayan sido muy distintos a nosotros (hablo de la parte encarnada, ya que todo espíritu puede encarnar en cualquier raza que posea un decodificador adecuado para transmitir conceptos).  

Cordialmente,

Jorge Olguín.

 

Gracias Jorge Olguín por tu pronta respuesta. De tu respuesta, me salta una duda. Lo de la sobrepoblación es entendible si se vive en una isla, ¿pero que hay del espíritu intrínsico de exploración y de aventura que tiene el ser humano. Un ejemplo en la historia podría ser Marco Polo. ¿Acaso no existió ningún Marco Polo o Cristóbal Colón en la Atlántida que quisiera colonizar y salir de sus fronteras en esos miles de años de existencia? ¿Eran los Atlantes tan diferentes a nosotros en ese sentido?

Aunque no venga al caso, te puedo contar que viví en Canadá 15 años y ese deseo de conocer otras culturas y de aventura, lo llevamos en mayor o menor grado (aunque mis motivos de salir hayan sido fuera de lo normal).

Por eso no entiendo bien que siendo los Atlantes una civilización tan avanzada tecnológicamente, no hayan querido salir de sus fronteras ni tenido puntos de exploración científica (por ejemplo en la antártica) en esos miles de años de existencia. Exploraban con telescopios el universo (como lo hacía Domanisel) pero no su propio planeta.

Jorge D.

 

 RESPUESTA

Apreciado Jorge: ¿No será que simplemente no tenían incentivos para salir de sus fronteras? Ten en cuenta que las demás especies apenas sabían balbucear. No se me ocurre otra cosa...

Cordialmente,

Jorge Olguín.

 

Estimado Jorge: Tienes razón. Me da la impresión que fueron una civilización demasiado preocupada en sí mismo y no quisieron compartir nada. Piensa que 40 mil personas es la población de un pequeño pueblo para los estándares de hoy en día. Solo Chivilcoy (provincia de Buenos Aires) tiene mas de 50 mil habitantes.

Me salta a la memoria y los comparo con los habitantes de la película del Planeta de los Simios, en la cual sus habitantes (simios) no salían de los límites de su ciudad por asuntos religiosos y creencias.

Según he leído, los Atlantes miraban bastante en menos a los Lemurianos (tengo entendido que eran anteriores a los Atlantes).

Jorge D.

 

Respuesta

Apreciado Jorge: Muchas veces el que una civilización sea avanzada en lo tecnológico no es garantía de que también lo sea en lo espiritual. Y quizás si miraban bastante en menos a las demás razas no les interesaba mezclarse con ellas.

Debo agregar, para no ser injusto, que cada espíritu es individual y no todos somos afectados por las pautas que nos dicta la sociedad. Con esto quiero decir que habría atlantes que sí se preocuparían por el prójimo y que les interesaría transmitir sus conocimientos a otras especies.

Cordialmente,

Jorge Olguín.

 

Más información en http://www.grupoelron.org/historia/laatlantida.htm