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Leyendas urbanas XXX La muerte |
Ven, ahora es tu turno, no tengas miedo…
¡Ah, qué felicidad es no tener que ir a trabajar!
¡Detente, Roberto, creo que estamos muertos!
Yo imagino al paraíso como un enorme campo lleno de zanahorias…
Y yo imagino al paraíso como un lugar lleno de correcaminos…
Hay muchas fantasías sobre lo que nos espera, según haya sido nuestro comportamiento, después de la muerte…
¡Hola, profesor Velmont, lo estoy esperando!
Créanme cuando les digo que yo tengo las ideas muy claras sobre cómo debiera ser el paraíso…
¡Sigue con tus chistes, Velmont, que a ti también te llegará el turno! JORGE OLGUÍN El concepto de la muerte ha sido tergiversado dando lugar a malos entendidos, porque lo que sucede en realidad es que, cuando sobreviene la muerte cerebral, el 10 % de espíritu encarnado abandona el organismo físico para unirse nuevamente a su Thetán, es decir, al 90 % de espíritu que no encarnó y que se mantuvo en su plano espiritual de origen durante toda la encarnación. Cuando esto ocurre, el organismo físico, que era sustentado con vida por el espíritu, por una ley física natural simplemente comienza a deteriorarse.
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LA MANIPULACIÓN DE LA MUERTE ¿MORIR? ¡PERO SI ES FÁCIL! POR HORACIO VELMONT Nada mejor para comenzar con el tema de la muerte que brindar el ejemplo del gusano y la mariposa. El gusano es un ser de dos dimensiones que alberga en potencia a un ser de tres dimensiones, la mariposa. Llegado el momento del “deceso” del gusano, la mariposa en ciernes que estaba aprisionada sale al exterior y vuela raudamente. ¿Dónde está la muerte, entonces? Desde ya que cuando se produce nuevamente el “deceso”, esta vez de la mariposa, su espíritu, que también estaba aprisionado en ese organismo físico y que era el que le daba vida, se libera. Con esto queda bien en claro que una mariposa es simplemente un espíritu cuyo decodificador conceptual es compatible con el decodificador de esa mariposa, pues de lo contrario le sería imposible encarnar. Algo así como tratar de meter un cuadrado en un triángulo. El espíritu, antes de encarnar, formula planes acerca de las experiencias o vicisitudes que pasará en el plano físico para aprender de ellas y así evolucionar. A algunos espíritus –hay de todo en la Viña del Señor– les interesará encarnar en un cuerpo humano o tipo humano –hay infinitos planetas que albergan este tipo de organismos– o en un cuerpo humanoide, o quizás en un animal o vegetal, o incluso mineral (ya sabemos que hay seres de silicio, por ejemplo). Es probable que algunos opten por encarnar en seres anfibios, y entonces aparecen en las playas como sirenas o tritones, que tantas polémicas desatan. Por supuesto que también algunos espíritus de poca capacidad conceptual encarnarán quizás en cucarachas, aun “sabiendo” que los humanos, salvo raras excepciones, las perseguirán y su vida se extinguirá aplastadas por una zapatilla o envenenadas con algún aerosol especial. Por supuesto que también encarnarán en gusanos, seguramente para tener la extraña experiencia de convertirse en mariposas, aunque no se puede descartar que también desencarnen antes por haber sido aplastadas a causa de un pisotón inesperado. Como se ve, hay para todas las preferencias, y una vez más se cumple aquí el conocido dicho de que “de gustos no hay nada escrito”… Lo que ocurre, en realidad, es que el espíritu no ve a los seres físicos como los percibimos nosotros en el plano físico, y si para nosotros una cucaracha es un bicho repulsivo que sólo merece la muerte, desde el plano espiritual la ven simplemente como un espíritu que encarnó en ese organismo porque su capacidad conceptual no le alcanzaba como para encarnar en un organismo humano. Sí, ya sé que muchos lectores estarán pensando que hay seres humanos que son como las cucarachas –yo diría incluso que los hay peores que las cucarachas, y conste que no he dicho nada de los escépticos, no vaya a ser que me hagan decir lo que no he dicho, y si lo he pensado son cosas mías y de nadie más–, pero yo me estoy refiriendo en realidad a otra cosa… Y lo mismo vale para el género, ya que algunos espíritus se adaptan más a los organismos femeninos que a los masculinos. En mi caso, por ejemplo, parecería que me encantan los organismos masculinos porque he encarnado la mayoría de las veces en hombres y pocas veces en mujeres. Quizás sea porque considere que, como en el caso de los boxeadores, siempre es mejor dar que recibir… En mi encarnación como Nerón, aunque es un tema que traté de soslayarlo porque me avergüenza un poco, parece que fui bastante “hermafrodita”, si se entiende lo que quiero decir, ya que el hermafroditismo en realidad no existe en los seres humanos: o se es hombre o se es mujer, y quienes aparentan tener los dos sexos en realidad sólo tienen uno, siendo el otro, por lo tanto, falso. Pero a lo que yo me quiero referir en concreto es que, salvo que el espíritu sea de poca capacidad conceptual, en cuyo caso es guiado hacia la encarnación que más le conviene, los espíritus gozan de libre albedrío para elegir el organismo que habitarán en el plano físico. Johnakan ha dado el ejemplo de la varilla pasada a través de la cerradura, quedando de un lado el 10 % y del otro el 90 %, para dar la idea de que el espíritu encarnado, por más que pareciera estar separado de su otra parte espiritual –que queda en su plano de origen–, es siempre uno solo. Por supuesto que este ejemplo no hay que tomarlo al pie de la letra, porque de lo contrario llegaríamos a suponer que si el 90 % viajara a una gran distancia –digamos a 500 años luz– del planeta en donde está encarnado, se estiraría como un chicle y ese espíritu llegaría por lo tanto a medir el desmesurado tamaño de 500 años luz. El ejemplo más claro que se me ocurre en este momento es comparar el control remoto con el televisor, que a pesar de estar separados, igualmente están conectados, es decir, no es que el televisor y el control remoto estuvieran pegados y se estiraran como si fueran de goma. Ahora bien, ¿qué sucede cuando el espíritu cumple su ciclo, o como se dice vulgarmente “le llega la hora”? Pues sucede simplemente que el 10 % de espíritu encarnado abandona el organismo físico que lo albergó y se “une” –en realidad nunca estuvo separado– al 90 %, y de esta manera vuelven a ser otra vez espíritu puro 100 %”. Como dice Johnakan, desencarnar es como retirar la varilla del ojo de la cerradura… ¿Dónde está, entonces, la tan temida muerte con la que tanto nos quieren asustar las religiones? Lo que sucede es que el temor a la muerte es uno de los mejores argumentos para manipular a los feligreses, ¡y vaya con qué astucia lo aprovechan! Es importante que aclare que cuando hablo de “morir”, o mejor dicho de desencarnar, me estoy refiriendo al momento en que el 10 % de espíritu se retira del cuerpo, y no a los momentos previos, que pueden ser de paz o muy dolorosos. Si alguien está siendo quemado vivo, como tantos lo fueron durante la Inquisición, el espíritu está imposibilitado de abandonar el cuerpo mientras no se produzca la muerte cerebral, pero en cuanto esto suceda automáticamente se retira y se “une” al 90 %. Una larga y dolorosa enfermedad tampoco entra en el cálculo de que morir es fácil, recordando las palabras del “generalísimo” Franco, publicadas en todos los diarios del mundo, que en su lecho de muerte dijo “¡qué difícil que es morir!”. Claro, lo que sucedía era que los médicos lo estaban trayendo una y otra vez a la “vida” en un inútil esfuerzo por salvarlo, y el pobre ya estaba escaldado de que no lo dejaran partir de una vez por todas. ¿Pero por qué tememos en realidad a la muerte si desencarnar es algo tan sencillo? La respuesta es que la muerte sólo nos es ajena porque no tenemos memoria reencarnativa, ya que si la tuviéramos recordaríamos las muchísimas veces en que “morimos”, así como también las circunstancias en las que ocurrió. Y entonces nuestro temor ya no tendría razón de ser. Obviamente, tampoco entra en los cálculos de lo fácil que es morir el hecho de que por haber vivido una existencia llena de crueldad en contra de nuestros semejantes, de pronto al desencarnar nuestros sentidos se agudicen y hayamos sentido acumulado todo el sufrimiento causado. Y esto viene a cuento porque, según lo relató mi Thetán Radael, cuando desencarné de mi rol como Nerón sentí un dolor agudísimo, inenarrable, mientras descendía, claro está, derechito hacia la Octava Esfera. ¿O creía absurdamente que Dios me premiaría y me pondría a su diestra después de haber cometido los desaguisados que ya son historia, al punto de que cuando alguien quiere señalar la maldad humana siempre trae a colación la famosa “crueldad neroniana”? Un punto sumamente interesante para tener en cuenta al evaluar a la muerte son los viajes en el tiempo, donde uno puede ir a ver existiendo, no como una película, sino como un hecho real que está sucediendo en ese momento, a cualquier persona que haya desencarnado. Y no solamente verlo sino también interferir en su vida, incluso salvarlo de una muerte cierta, como ha sucedido con John F. Kennedy, donde llegaron a coexistir al mismo tiempo el universo en el cual fue asesinato y el universo alterno en el que fue salvado porque le avisaron del complot y el muerto resultó ser un doble. Si tenemos en cuenta, finalmente, que todo ocurre en el Eterno Presente del Absoluto –si la Creación no fuera un Eterno Presente no podrían existir los viajes en el tiempo– veremos que la muerte no es nada más que un concepto –un concepto subjetivo, claro está–, y que desde el punto objetivo, que en definitiva es el único real, simplemente ella no existe. No hay mucho más que decir sobre este tema, salvo agregar que a lo que hay que temer en realidad no es a la muerte –al acto de desencarnar, mejor dicho–, sino a las consecuencias que acarrearemos si no hemos sido lo suficientemente solidarios con nuestros semejantes. Y ésta es toda la sencilla historia de la tan temida muerte… Temas complementarios: Octava esfera, ¿mito o realidad?: http://www.grupoelron.org/quees/octavaesfera.htm ¿Existe el infierno bíblico?: http://www.grupoelron.org/mitos/infiernobiblicoexisteq.htm http://www.grupoelron.org/quees/infiernobiblico.htm
Mensajes de Radael:
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