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La resurrección de Lázaro y la muerte cerebral
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La muerte cerebral MANUEL TEJEDA. PALOMA SÁNCHEZ La técnica médica actual permite conocer en qué momento se pierde completamente y para siempre la capacidad de conciencia del paciente, y se da por tanto, la muerte cerebral, aunque no se haya producido la parada cardiorespiratoria. Durante siglos, las culturas primitivas asociaron la muerte a la simple ausencia de movimiento. Estaba muerto lo que no se movía. Mucho más tarde, algunas sociedades precientíficas, relacionaron la muerte con la ausencia de respiración, llegando a asociar el aliento exhalado con la fuente de la vida. Morir era, para estas culturas, dejar de respirar. Otras sociedades, sin embargo, llegaron a asociar el fin de la vida con la interrupción del latido cardíaco. El hombre moría cuando el corazón se detenía. Se llegó, incluso, a situar el alma en el corazón, de tal manera que cuando este dejaba de latir, aquella abandonaba el cuerpo. El desarrollo de la ciencia fue confirmando estas intuiciones. De esta manera se fue asentando durante años la creencia científica de que las funciones cardiaca y respiratoria eran el elemento constitutivo y esencial de la vida humana, y que su finalización equivalía, por lo tanto a la muerte. Dos descubrimientos científicos, ocurridos en la mitad del siglo XX, vinieron a poner en duda estas falsas certezas. En primer lugar, el descubrimiento de la reversibilidad de las paradas cardiorespiratorias. Efectivamente, hoy sabemos que la interrupción de las funciones cardiaca y respiratoria puede ser reversible. La medicina está hoy en condiciones de recuperar el latido cardiaco y la reaspiración, hasta varias horas después de su detención: siempre que las maniobras de reanimación se inicien pronto. Es la conocida resucitación cardiopulmonar. Este descubrimiento, aparte de salvar muchas vidas, sirvió para poner en crisis la relación entre el paro cardiorrespiratorio y la muerte. Si podemos recuperar el latido del corazón y la respiración, y el enfermo sale vivo del trance, resulta evidente que no llegó a estar muerto, puesto que la muerte, por definición, es un pro- ceso irreversible. E1 descubrimiento de la reversibilidad de la parada cardiorrespiratoria, y la extensión de las prácticas de resucitación cardiopulmonar, pusieron, además, en evidencia que existía un elemento determinante que condicionaba la irrecuperabilidad del enfermo para la vida: las lesiones cerebrales irreversibles, deriva- das de la ausencia de flujo sanguíneo al sistema nervioso central. En segundo lugar, el nacimiento de la medicina intensiva que permitió, progresivamente, avanzar en el desarrollo de técnicas de sustitución de las funciones orgánicas deterioradas o perdidas: la respiración, el trabajo cardiaco, la alimentación, la función renal... Efectivamente, hoy la medicina es capaz de mantener artificialmente de forma prolongada, entre otras, las funciones respiratoria y cardiaca, lo que refuerza la evidencia de que no se asienta en ellas, la esencia de la vida humana. El mantenimiento artificial de las funciones cardiaca y respiratoria, las desplazó, definitivamente, de la definición de muerte, por lo que se hizo imprescindible encontrar nuevos criterios que determinaran cuándo un ser humano había dejado de existir, para evitar su mantenimiento indefinido e innecesario, una vez muerto. La respuesta a todas las preguntas que estos dos descubrimientos científicos provocaron, estaba en la neurología. Si algo define al ser humano es su capacidad de conciencia. Su capacidad de percibir, de sentir, de aprender, de recordar, de imaginar, de soñar... Su capacidad para reconocerse y para relacionarse. Su capacidad para saber que existe, para saber que esté en el mundo y para, desde ambas certezas, interaccionar con su entorno. Cuando se pierde de forma completa y permanente cualquier capacidad de conciencia, el ser humano ha dejado de existir, ha muerto. Esta definición ya aceptada, completamente y sin reservas, por la ciencia médica y progresivamente por la sociedad. ¿O alguien puede pensar que sigue vivo un accidentado que ha perdido la masa cerebral como consecuencia del traumatismo, si conseguimos mantener, artificialmente, el latido cardiaco y su respiración? La función de la conciencia asienta, como todas las funciones somáticas, en un órgano. Es e encéfalo, particularmente en dos de sus estructuras: la corteza cerebral y el tronco encefálico. Hoy estamos en condiciones de medir, a través de una serie de exploraciones y técnicas, las funciones de la corteza cerebral y del tronco y de conocer en qué momento ambas han cesado total y definitivamente. La exploración más conocida y utilizada es el electroencefalograma, pero existen muchas otras. Esta medición nos permite saber en qué momento se pierde completamente y para siempre la capacidad de conciencia del paciente, y por lo tanto determinar su muerte. Es la denominada muerte cerebral o mas apropiadamente muerte encefálica. La muerte del cerebro es la muerte del individuo. Esta es una realidad científica que poco a poco vamos integrando en nuestro substrato cultural y psicológico. Si la vida nos enfrenta a la difícil experiencia de ver morir a un familiar en estas condiciones, podremos, en un gesto de infinita generosidad, dar a otros la vida que nuestro ser querido ha perdido. Ojalá nadie deje de hacerlo. Normalmente, la mal denominada muerte somática (parada cardiorrespiratoria, más bien) y la muerte cerebral, van unidas. Ambas se provocan una a la otra. La muerte somática produce en pocos minutos la muerte encefálica y viceversa. Sin embargo, en ciertas situaciones, se produce la muerte encefálica, previamente a la somática, y con ciertas técnicas médicas, estamos en condiciones de mantener durante unas horas las constantes cardiaca y respiratoria, y secundariamente el funcionamiento de los principales órganos. Es durante estas horas de oro, cuando se puede realizar una donación de órganos. El enfermo ha muerto pero artificialmente mantenemos en funcionamiento sus principales órganos, que se pueden convertir en un preciado regalo para otro paciente. Manuel Tejeda Adell. Paloma Sánchez Monzó. Coordinadores de Trasplantes. Hospital de Requena
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¿LÁZARO ESTABA REALMENTE MUERTO?
¿Cuándo se retira definitivamente el espíritu del cuerpo? Estimado profesor Velmont: Me interesaría saber qué argumentos utilizan para afirmar que los milagros no existen. ¿Cómo le llamarían entonces ustedes a la resurrección de Lázaro por Jesús, estando ya su cuerpo en descomposición? Florencia I.
RESPUESTA Apreciada Florencia: Hay una confusión en realidad con la palabra "milagro", porque según el Diccionario de la Real Academia tiene dos acepciones, siendo una de ellas "hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino" y la otra "cualquier suceso o cosa rara, extraordinario o maravillosa". La primera acepción no es más que un disparate, porque significa una violación de las leyes naturales, algo así como si mañana cuando todos nos levantamos la Tierra girara en sentido contrario o cuando soltamos un objeto en lugar de caer se eleva. Y si pensamos que Dios podría hacer algo así, el disparate se torna más absurdo, porque por un lado Dios crea las reglas y después las modifica. Y si las modifica, ¿Dónde está el milagro? Gurdjieff, con la genialidad que lo caracterizaba, decía que un milagro es como si en el juego de cartas llamada "Truco", el Cuatro matara al As. Para que esto pudiera suceder, habría que cambiar las reglas del juego, donde la carta más alta fuera el Cuatro, y la más baja, el As. ¿Y dónde está el milagro, entonces? La única acepción posible a la palabra milagro es la segunda, es decir, suceso excepcional, pero explicable científicamente. Por eso nosotros decimos siempre que no existen los milagros, sino hechos científicos ignorados. En cuanto a la resurrección de Lázaro, en realidad no estaba muerto porque la verdadera muerte es la muerte cerebral o encefálica, ya que la detención de las funciones cardíacas y respiratorias no significa el fin de la vida porque puede haber resucitación. Cuando sobreviene la muerte cerebral, el 10 % de espíritu encarnado se retira definitivamente del vehículo físico y ya no puede volver a él, pero si el cerebro está intacto, puede volver a él aunque haya un paro del corazón y los pulmones si se le practica la técnica de resucitación a tiempo. Por si quieres ampliar esto que te explico te copio los diálogos que he mantenido con los Maestros de Luz e incluso con el propio Eón. Bienvenida al club. Un fuerte abrazo. Horacio Velmont.
Sesión del 13/6/03
Interlocutor: . Aquí tengo una pregunta que muchos consultantes me hicieron: "El cuerpo de Lázaro, cuando lo resucitó Jesús, ¿estaba en estado de descomposición?". Ron Hubbard: No, no estaba en estado de descomposición, pues de lo contrario no hubiera podido ser resucitado. Interlocutor: Ahora bien, desde el punto de vista espiritual, ¿cuál es la muerte irreversible, es decir, aquella que producida no admite ningún tipo de resurrección? Ron Hubbard: La muerte donde no hay retorno es la muerte cerebral. Interlocutor: ¿No la cardiovascular? Ron Hubbard: No, la cardiovascular no, la cerebral. Cuando tú ves por televisión esas series donde el monitor cardiológico queda en línea plana. Interlocutor: ¿Es pura ficción? Ron Hubbard: No, no, está bien. Al paciente lo pueden dar por muerto pero lo pueden reanimar con shocks eléctricos, siempre que el cerebro esté aún vivo, de lo contrario no. Interlocutor: ¿A partir de qué momento Lázaro no podría ser resucitado ni siquiera por el Absoluto? Ron Hubbard: A partir del momento en que su cerebro estuviera destruido... En algún momento tú te referiste a la crionización. Interlocutor: Sí, lo recuerdo. Ron Hubbard: Bien. En la crionización, aunque el cuerpo esté aparentemente muerto, mientras el cerebro se mantenga intacto, con sus neuronas congeladas pero sin ningún deterioro, si en el futuro hay técnicas de reanimación -que las va a haber- puede volver a encarnar el mismo 10 %, porque este 10 %, que tiene recuerdos de la última vida, encaja, como si fueran piezas de un rompecabezas, con las neuronas, que en el plano físico también son depósitos de memoria. Interlocutor: ¿No podría tomarlo otro espíritu? Ron Hubbard: No podría tomarlo otro espíritu porque no tendría la misma memoria. Entonces, mientras esa materia siga viva, el único espíritu que lo puede tomar es el original. Interlocutor: ¿Es lo que sucedió con Jesús y con Lázaro? Me refiero al hecho de que sus cerebros estaban intactos y por eso se pudo efectuar la resurrección. Ron Hubbard: En el caso de Lázaro, el tiempo que estuvo "muerto" fue breve y por eso Jesús lo pudo resucitar. Interlocutor: Creo haber leído en algún lado que Lázaro ya había entrado en putrefacción. Ron Hubbard: Eso descártalo por completo. Es completamente absurdo. No hay nadie que pueda alterar las leyes del plano físico. Interlocutor: ¿Ni siquiera el Absoluto? Ron Hubbard: Ni siquiera el Absoluto, porque eso estaría en contra de sus propias leyes. Si lo hiciera se estaría contradiciendo a sí mismo, lo cual sería un absurdo. Interlocutor: ¿Y en el caso de Jesús? Ron Hubbard: En el caso de Jesús, sí transcurrió más tiempo. Interlocutor: ¿Pero el cerebro estaba intacto cuando lo resucitaron? Ron Hubbard: En este momento me está dictando Johnakan. Y es una primicia. El cerebro de Jesús se conservó durante más tiempo porque el Maestro ya había estado en contacto con los extraterrestres -en lo que la Biblia denomina la Transfiguración- y al estar radiactivo hubo como un cambio genético en su cuerpo que le permitió durar muchísimas horas intacto. Interlocutor: ¿Esa misma radiación que posteriormente le fue aplicada para resucitarlo? Ron Hubbard: Así es. Esto que digo es importante para completar lo que tienes ya escrito sobre la resurrección del Maestro. Interlocutor: Salvando las distancias, por supuesto, nuestros médicos también resucitan. Ron Hubbard: Claro, pero el decir que los médicos resucitan no es del todo correcto, porque se trata de una muerte aparente. Interlocutor: Entonces los extraterrestres tampoco resucitan. Ron Hubbard: En realidad no, porque se trata, como dije, de una muerte aparente. Interlocutor: ¿Entonces las resurrecciones de Jesús y de Lázaro son resurrecciones aparentes? Ron Hubbard: Desde cierto punto de vista, así es. En realidad, fueron verdaderas resurrecciones si tenemos en cuenta que en la Tierra no las pueden hacer porque no hay técnicas para resucitar a una persona. Fíjate que en los hospitales, por casos mucho menores, ya directamente al segundo shock eléctrico que el corazón no reacciona los médicos dicen: "Bueno, ya fue", para emplear una frase muy común del plano físico. Pero con técnicas superiores, donde reemplazan los shocks eléctricos por shocks radiactivos, el corazón puede reanimarse perfectamente mientras el cerebro y sus neuronas estén, en un altísimo porcentaje, en buenas condiciones. Interlocutor: Concretando, entonces, es imposible, una vez destruido el cerebro, la resurrección. Ron Hubbard: Así es. Interlocutor: ¿No se puede reparar en absoluto el cerebro destruido? Ron Hubbard: No, porque hay zonas neuronales que son depósitos de memoria, de recuerdos. Eso es "virtual". Y aunque hubiera técnicas para reparar esos tejidos, ¿cómo encastras otra vez los recuerdos? Interlocutor: ¿La persona se transformaría en un zombis? Ron Hubbard: Podría quedar como descerebrado, para aplicar un término de ustedes. Fíjate que en una oportunidad tú debatías con este receptáculo sosteniendo que el cerebro era una máquina. Interlocutor: Sí, fue hace poquito. Ron Hubbard: Bien, ahora te demuestro que no es así, porque así como el 10 %, cuando desencarna guarda memoria de toda la última vida y la incorpora al otro 90 % de todas la vidas anteriores, la materia también guarda memoria mientras vive. Y la prueba de esto está en que si tú a un ser humano le pudieras hacer un trasplante de cerebro, el espíritu no quedaría con ese cuerpo sino que iría con el cerebro, porque el espíritu sigue a la memoria. Lo traduzco mejor: sujeto A-cerebro A, sujeto B-cerebro B, 10 % A-10 % B (hablamos de 10 % de espíritu). Bien, si al sujeto A le ponen el cerebro del sujeto B y al sujeto B le ponen el cerebro del sujeto A, el 10 % de A va a estar con el sujeto B, pero con el cerebro A porque el espíritu siempre va a seguir al cerebro. Y el 10 % de B va a estar con el sujeto A pero con el cerebro B, por la misma razón, es decir porque el espíritu siempre va a seguir al cerebro, no al cuerpo. Si el cerebro fuera una máquina, el 10 % no necesitaría seguirlo. Interlocutor: Entiendo. ¿Y dónde se alojaría ese 10 % en el otro sujeto?¿Acaso ahora en el cerebro? Ron Hubbard: Ya hemos dicho que el 10 % de espíritu encarnado se aloja virtualmente en el chakra cardíaco. Por eso cuando nosotros estamos encarnados, al decir la palabra yo nos tocamos instintivamente este chakra. En el chakra cardíaco, entonces, está alojado el núcleo de ese 10 %, que en realidad no es el núcleo, porque no existe un núcleo, pero lo denomino así para llamarlo de alguna manera entendible. En caso de un hipotético trasplante de cerebro, el 10 % se alojaría en el chakra cardíaco del otro cuerpo. Interlocutor: ¿Se podría llegar algún día a hacer un trasplante de cerebro o es directamente imposible? Ron Hubbard: El transplante de cerebro, en realidad, es una utopía total porque cada cerebro "maneja" el cuerpo de una forma determinada, por ejemplo tus manos, tus dolencias, tus tics, y de repente si el cerebro de este receptáculo se trasladara a tu cuerpo y tu cerebro se trasladara a este receptáculo, ninguno de los dos encajaría, primero porque las masas encefálicas no son iguales, y segundo porque las redes neuronales y los tejidos tampoco encajarían. No es algo como los chips de un televisor que son intercambiables. Aparte, tú de bebé aprendiste a mover los dedos porque tu cerebro encajó con tus terminales nerviosas. Interlocutor: Entendí perfectamente. Ron Hubbard: Esto demuestra que estando encarnado el espíritu, el organismo no es una máquina sino que tiene vida. Por ejemplo, cada siete años se regeneran las células. El cerebro es también un depósito de memoria. Interlocutor: En síntesis, el cerebro está interrelacionado con todo el organismo físico y por lo tanto un cerebro trasplantado a otro cuerpo no podría ser interrelacionado con ese otro organismo. Esto está claro, ¿pero entonces cómo es posible el trasplante de corazón? Ron Hubbard: Porque el corazón es un músculo. Interlocutor: Entiendo. ¿Aquí en la Tierra se hizo alguna vez el experimento de trasplantar un cerebro? Ron Hubbard: Sí, en la Alemania Nazi, pero no han logrado absolutamente nada. Ni siquiera lo menciones.
Sesión del 4/3/03
Interlocutor: Tengo un interrogante... En este momento me viene a la mente el caso de Lázaro, que fue resucitado por el Maestro Jesús estando literalmente muerto. La pregunta es si hay cierta flexibilidad en las reglas. Eón: Esa persona pudo ser resucitada porque no era su tiempo de desencarnar. De lo que se trata, generalmente, es de que no se viole el libre albedrío, ya que esto también implica que cada ser encarnado tiene que cumplir su ciclo. En el caso de Lázaro, es obvio que si este amado Maestro ha logrado que siga en el plano físico, lo pudo hacer porque no era el tiempo de que pasara al plano espiritual. Interlocutor: ¿Hubo alguna autorización o petición del Maestro a la Energía Crística antes de resucitar a Lázaro o lo autorizó directamente usted? Eón: Sí, hubo una petición, y ante las circunstancias la Energía Crística consideró que ya estaba dada mi autorización implícita. Lo que ocurre es que estaba dentro de las probabilidades el que esa persona siga en el plano físico. Hay elasticidad, pero es importante que, en general, las cosas sigan su curso. Cuando hay alguna alteración es porque, en el fondo, hay una posibilidad de evaluación y, por tanto, de modificación. Pero todo está dentro del libre albedrío, como, por ejemplo, el evitar un accidente, el salvar una vida a nivel médico, o el corregir determinada enfermedad para que un paciente sane. No se están violando las reglas en el sentido de que se pueda pensar que se cortó el libre albedrío al curar a una persona impidiéndole desencarnar. Simplemente había alternativas y se eligió una de ellas. Interlocutor: Está perfectamente claro. ¿Dios puede hacer milagros? Estimado profesor Velmont: Buscando "El Código secreto de la Biblia" encontré la página de ustedes y aparece escrito un texto a modo de juicio que me gustaría comentar: ".Tampoco hay milagros, sólo hay hechos científicos ignorados". Pero lo cierto de los milagros no está en lo fantástico o suprahumano que puedan ser, sino que su gracia e importancia radican en que suceden cuando Dios dice que sucederán. Dolores F.
RESPUESTA Apreciada Dolores: Se denominan "milagros" a los hechos científicos que en determinada época de la historia se desconoce cómo se hacen. Por ejemplo, Jesús resucitó a Lázaro. Esto fue un milagro para esa época. Hoy, ese milagro lo hacen a diario los enfermeros más brutos de cualquier hospital de la Tierra. Por eso, Jesús dijo a sus discípulos que "cosas más grandes que las que yo he hecho haréis". No hagas caso, por supuesto, sobre lo que dice la Biblia de que el cuerpo de Lázaro estaba en putrefacción, porque eso fue agregado por los evangelistas para agrandar la figura del Maestro Jesús, ¡cómo si lo necesitara! Un milagro, como violación de las leyes naturales no podría hacerlas ni siquiera el propio Absoluto. Por ejemplo, en el juego de cartas llamado Truco, Dios no puede hacer que el cuatro mate al As, porque para ello tendría que cambiar las reglas del juego, en cuyo caso no sería nada extraordinario porque cualquiera podría hacerlo. Claro que Dios podría hacer que alguien tire una piedra y en lugar de que caiga hacia abajo se eleve. Pero esto no sería un milagro sino una modificación de la ley de gravedad por él creada. Obviamente, Dios no haría una cosa así, porque el Absoluto hace las leyes y luego él mismo se somete a ellas Los datos sobre esto los tienes en El Cielo responde II. Bienvenida al Club. Un fuerte abrazo. Horacio Velmont. Dones y no poderes. Estimado profesor Velmont: ¿Dónde esta nuestro poder? ¿No podemos hacer o crear lo que queramos? ¿No hay algo en nosotros que al despertarlo nos permita realizar "milagros"? Me niego a creer que sólo somos humanoides robotizados. Creo que despertando nuestra energía, o despertando a la realidad se puede saltar de nivel y ser personas espirituales expresándose como tales y de esa manera, sabedoras de quien son, crear muchas cosas. Lic. Alberto M.
RESPUESTA Estimado licenciado: En plano físico los seres encarnados solamente tenemos dones, no poderes. Los poderes de algunos seres humanos solamente es posible en las películas de ciencia ficción. El propio Jesús, cuando resucitó a Lázaro, lo pudo hacer porque éste aún no había muerto. Se entiende que alguien está muerto cuando el cerebro está deteriorado. El cerebro de Lázaro estaba intacto y el relato de la Biblia donde dice que el cuerpo estaba putrefacto, es pura invención. A Jesús lo resucitaron los extraterrestres y no fue ningún milagro porque los milagros no los puede hacer ni siquiera el propio Absoluto (el cerebro de Jesús estaba intacto a causa de la radiación recibida en "la Transfiguración"). Un milagro sería si yo tiro una piedra y en lugar de caer se elevara. Es decir, todo un disparate. Claro que el Absoluto podría hacer que una piedra se elevara en lugar de caer, pero para eso tendría que cambiar las reglas que él mismo hizo de la gravedad. Pero si lo hiciera, el propio Absoluto sería incongruente con su propia congruencia. Y, además, si cambiara las reglas de la gravedad, entonces no sería ningún milagro el que una piedra se elevara y no cayera, sino algo absolutamente normal. El milagro, pues, como un hecho violatorio de las leyes naturales de la Creación, no existe. Sin embargo, si bien el hombre no tiene los poderes de los "seres dimensionales" de las historietas cómicas, sí puede realizar otras proezas, como construir naves espaciales que vayan a los confines del universo, realizar viajes en el tiempo, sea hacia el pasado para ver cómo Nerón incendia Roma o Jesús es crucificado, sea hacia el futuro para presenciar el nacimiento de las Pléyades o la destrucción del universo por el Big Crunch, o incluso resucitar personas, como lo hacen rutinariamente en la actualidad hasta los aprendices de enfermeros en los hospitales... ¿Para qué más? Bienvenido al Club. Un fuerte abrazo. Horacio Velmont.
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