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Una institución que debiera ya desaparecer... ¿Qué es APA?Asociación Psicoanalítica Argentina
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EL PSICOANÁLISIS EN EL BANQUILLO
HORACIO VELMONT Los psicoanalistas son los primeros engañados, y el gran engañador es el "efecto placebo". Como diría Sherlock Holmes: "Elemental, mi querido Watson".
Según lo afirma con acierto el doctor H. J. Eysenck, profesor de Psicología de la Universidad de Londres, "no existe prueba alguna de la eficacia del tratamiento freudiano; exactamente el mismo número de dolientes sanan bajo el tratamiento psicoanalítico que los que se hubieran curado sin él". Cuando surgió hace más de un siglo, el psicoanálisis fue un gran movimiento innovador que prometía un tratamiento científico de todas las afecciones neuróticas, aseguraba la cura de muchas de ellas y alardeaba de poseer la clave para la prevención, no sólo de los desórdenes mentales sino también de la criminalidad, del malestar social y de las guerras. Reacción optimista tras la desesperanza con que la Medicina y la Psicología ortodoxas venían considerando las perturbaciones neuróticas, el Psicoanálisis apareció como un soplo vivificador que viniese a barrer los miasmas de esas letales dolencias. En el concepto popular, Sigmund Freud ascendió a la jerarquía de genio científico, que superaba su época y daba una nueva orientación al pensamiento humano. Libros y artículos, y luego películas y programas de televisión, hicieron del psicoanalista, con su diván y su aire de sobrehumana sabiduría, una figura familiar para el público. El adiestramiento en los métodos psicoanalíticos se convirtió en un requerimiento para el psiquiatra incipiente, y las teorías y la jerga psicoanalítica se filtraron hasta el habla de las enfermeras, las visitadoras sociales, los maestros, y un amplísimo vulgo. El éxito de la revolución freudiana parecía casi completo. Sólo había una cosa que no iba del todo bien: los enfermos sometidos al tratamiento psicoanalítico no mejoraban y en muchos casos empeoraban . Las cifras, cuando se ordenan y analizan en detalle, revelan un hecho sorprendente: al cabo de años de tratamiento, aproximadamente dos de cada tres enfermos se han aliviado. En otras palabras, no existe prueba alguna de la eficacia del tratamiento freudiano. La verdad es que, cuando se acude a los ficheros en los hospitales en busca de datos de hace un siglo, se descubre esta realidad interesante: entonces, como hoy, la proporción de curaciones o mejorías es siempre de dos por cada tres enfermos. Si se tomara, como lo hizo el doctor Peter Denker, de Nueva York, 500 neuróticos graves, y se los encomendara al respectivo médico de familia, que los tratará con los medicamentos corrientes expedidos en la farmacia y con sus leales consejos e indicaciones, se comprobaría el sorprendente fenómeno de que a lo menos dos de cada tres enfermos se habrán restablecido al cabo de los dos años. En realidad, casi lo mismo sucede cuando al enfermo no se le somete a ningún tratamiento. En consecuencia, los psicoanalistas que presuman de curar este tipo de enfermedades, deberían superar considerablemente los resultados del tratamiento ordinario o la ausencia de todo tratamiento. Un sistema que presuma de curativo, altamente costoso en tiempo y dinero, debe justificarse en términos de su probado éxito en relación a otros tratamientos más sencillos. Nada de esto ha sucedido. ¿Cómo es posible, entonces, que este sistema de tratamiento, que no posee pruebas que lo garanticen, atraiga tantos firmes creyentes y haya llegado hasta el punto de constituir casi una religión moderna, máxime que el mismo Freud, en los últimos años de su vida, fue mostrándose cada vez más escéptico respecto a las posibilidades terapéuticas de su propia técnica? Para explicárnoslo de algún modo, consideremos el famoso experimento efectuado por el renombrado psicoanalista norteamericano Burrhus F. Skinner. ¿En qué consistió este experimento? Pues encerró en una gran jaula una colección de palomas e instaló en ella cierto dispositivo mediante el cual caían unos cuantos granos de trigo al piso de la jaula cada tres o cuatro minutos, y dejó allí solos a los pájaros durante la noche. Cuando volvió al día siguiente, encontró a las palomas entregadas a las más extrañas maniobras. Algunas de ellas saltaban de aquí para allá en una pata, otras se agitaban con un ala hacia arriba o con un ala hacia abajo, mientras alguna se mantenía con la cabeza levantada oteando el aire. ¿Qué había sucedido? Pues que cuando Skinner salió del laboratorio la noche anterior, las aves empezaron a explorar su prisión y al hacerlo adoptaron todas las formas de movimientos peculiares de las palomas. De pronto, cayeron unos cuantos granos de trigo delante de cada volátil, como si fuese una respuesta o recompensa al movimiento que el ave estaba haciendo en aquel instante. Por inferencia instintiva, cada cual continuó haciendo el mismo gesto, y -¡qué maravilla!- el premio vino, una y otra vez. Las palomas quedaron convencidas de esta relación de causa a efecto, y siempre que sentían hambre adoptaban la postura supuestamente remuneratoria. Es obvio que hubiera resultado inútil explicarles que no tenían prueba científica alguna de que sus extrañas posturas fueran las que provocaban la caída del grano; la confirmación ocasional dada a su proceder por el artificio era por demás convincente para ellas. Ocurren muchas cosas parecidas en el campo del Psicoanálisis. Los enfermos, en la mayoría de los casos, experimentan mejoría sin relación alguna con el tratamiento a que se les somete; pero el hecho se interpreta, tanto por el enfermo como por el psicoanalista, como prueba de la bondad del método. Cuanto más los dolientes mejoran, tanto más el psicoanalista se convence de la excelencia de su sistema curativo. No considera en ningún momento que otras personas se someten a distintos tratamientos con ostensibles idénticos resultados: a la extracción de los dientes para remover los focos de infección, a la imposición de manos, a los baños fríos, a píldoras falsas, a la sugestión, a la confesión y a la plegaria. Así, todo profesional logra éxitos en razón de que, cualquiera sea el remedio que use, no empecerá a la mejoría del doliente (lo mismo que cualquiera que fuese la postura adoptada por cada paloma no influía para nada en la caída del grano). Se tiene ya la explicación del prestigio que la terapéutica psicoanalítica ha obtenido, tanto entre los psicoanalistas como entre los enfermos: los fracasos se olvidan y los éxitos se adjudican al sistema, sin advertir el sofisma en que se incurre. El Psicoanálisis, sin duda alguna, constituye el mayor fraude del Siglo XX. La pregunta lógica, por lo tanto, es: ¿También permitiremos que lo siga siendo en el Siglo XXI?
Nota: Los fundamentos de la ineficacia del Psicoanálisis están explicados exhaustivamente en "Psicoanálisis".
COLABORACIONES
Estimado profesor Velmont: Estaba leyendo los temas sobre el Psicoanálisis en la parte G "Asociación psicoanalítica -APA" y "Asociación Psicoanalítica - APdeBA" y he encontrado un error. Cuando se refiere a B. F. Skinner, lo hace diciendo que es psicoanalista cuando en realidad no lo es. B. F. Skinner forma parte del modelo conductista o de modificación de conducta (modelo que es contrario al Psicoanálisis), concretamente en la rama de conductismo operante. A continuación expongo alguna información sobre Skinner. "El condicionamiento operante se suele asociar con la figura de Skinner (1938), que elaboró con mayor detalle y precisión los principios del condicionamiento operante ya anunciados por Thorndike en 1911 ("ley del efecto" - cuanto mayor es la satisfacción o el desagrado que sigue a una acción y sus consecuencias, mayor es también la probabilidad de que se repita o inhiba, respectivamente esa conducta)". "En 1938, B. F. Skinner publicó "la Conducta de los Organismos", obra en la que expuso los resultados de sus experimentos realizados con ratas, y en los que estos animales tenían que pulsar una palanca para obtener refuerzo en forma de agua y comida. Partiendo de la base de sus descubrimientos, esbozó los principios básicos del condicionamiento operante. En 1953, Skinner publicó "Ciencia y conducta humana". Este libro ofreció la interpretación de Skinner sobre cómo los principios básicos de la conducta influencian la conducta de la gente en toda clase de situaciones cotidianas. Su interpretación influyó sobre otros autores que comenzaron a examinar los efectos de las variables de refuerzo sobre la conducta humana en diversos ámbitos experimentales y aplicados". En cuanto al experimento que menciona como ejemplo de la ineficacia del psicoanálisis me parece acertado, no obstante para que no quede como una mera anécdota me gustaría explicar en que consiste dicho experimento, si es que no lo conoce ya. En ese experimento se usa una de las técnicas del condicionamiento operante llamada moldeamiento. Consiste en lo siguiente. En este caso se quiere enseñar a las palomas el hecho de que si pulsan una tecla obtendrán comida. Como esto no es algo que las palomas hagan de forma natural, para conseguir que aprendieran esa conducta, lo que se hace es reforzar conductas que se aproximen. Por ejemplo, que se acerquen a la tecla, que estén un rato en ese lado de la jaula, etc. Entonces el refuerzo se emite. En ese primer momento efectivamente las palomas achacaban el refuerzo a sus movimientos (que es un pensamiento completamente mágico porque por mover una pata no te cae comida del cielo). Posteriormente iban aprendiendo a darle a la tecla y entonces si que tenían control directo sobre el refuerzo. Mis felicitaciones por el trabajo que están realizando tanto el profesor Olguín como usted. Sigan adelante pues cada pequeño paso trae más luz y comprensión. Hasta otra y gracias. N. Mail recibido En primer lugar me contacto con ustedes porque no entiendo que es este grupo. Llegué a su página de internet buscando artículos varios. Por otro lado leí parte del artículo contra la Asociación Psicoanálitica Argentina; ¿no creen que deberían tener algún conocimiento para poder hacer una crítica seria? Cualquier persona un poco informada sobre Psicoanálisis se reiría de lo escrito allí. El artículo empieza diciendo "Simplemente porque el psicoanalista se ocupa de los efectos y no de las causas del trastorno mental del paciente. Es decir, hace algo similar al plomero ingenuo que pretende solucionar el deterioro de la pared ocupándose solamente de la parte húmeda (efecto) en lugar de buscar el caño roto (causa)”, eso esta muy mal, la base del psicoanálisis es la indagación terapéutica, por métodos como la libre asociación, para encontrar las causas de los trastornos. Bueno, para terminar, me parece muy poco serio lo que ustedes realizan, quisiera saber si es cierto lo que digo, o si ustedes son profesionales con conocimiento de lo que hacen. Me parece una risa lo de que están más avanzados en el conocimiento de la Verdad etc. etc. Dear friend: Somos profesionales, pero de avanzada. Si te sirve, me he psicoanalizado durante más de dos décadas con uno de los psicoanalistas más importantes del país. Luego dejé de lado el Psicoanálisis para indagar en otras técnicas superiores que explicaban por qué el Psicoanálisis era tan ineficaz como interminable. Lee estoy links que te indico y luego continuamos. Te remito a estos temas porque veo que ignoras (como lo ignoran los psicoanalistas también) los nuevos descubrimientos acerca de la mente. Un abrazo. Horacio http://www.grupoelron.org/autoconocimientoysalud/lamentereactivaautomatica.htm La mente reactiva automática (35.751 bytes) (relevancia 13) http://www.grupoelron.org/autoconocimientoysalud/temassaludmental.htm Lista de temas de salud mental (58.085 bytes) (relevancia 18)
* Advertencia: Dianética y Cienciología son marcas registradas y aquí se las menciona exclusivamente con fines informativos y de difusión. El Grupo Elron es una organización independiente sin fines de lucro, políticos o religiosos, y la distribución del material es totalmente gratuita. Para información sobre marcas registradas: http://www.scientology.org/en_US/feature/legal/trademark.html Dianética y Cienciología han sido complementadas por el profesor Jorge Olguín mediante las técnicas de Psicointegración y Psicoauditación |