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Caballo de Troya
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J.J. BENÍTEZ
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¿FICCIÓN O REALIDAD?
La verdad sobre "Caballo de Troya". Estimado profesor Velmont: Me gustaría saber su opinión sobre el libro de J.J. Benítez "Caballo de Troya", ya que concuerda con muchas cosas que usted dice en Enigmas develados. ¿Qué hay de verdad en él? ¿El relato sobre el viaje en el tiempo del mayor norteamericano está basado en documentos reales, como lo afirma el autor? Stephanie E. RESPUESTA Apreciada Stephanie: J. J. Benítez es un estudioso serio del fenómeno Ovni, contando en su haber con muchas obras escritas y publicadas. Cuando se editó Caballo de Troya, este autor ya llevaba escritos 19 libros, y salvo "Sueños" y "A solas con la mar", ellos fueron el resultado de una intensa y honesta investigación, por lo que todo lo que dice en ellos es lo que, según su leal saber y entender, en verdad ha sucedido. Es decir que su intención primigenia ha sido atenerse a los hechos y no inventar nada. Pero a partir de Caballo de Troya, su trabajo como escritor comenzó a experimentar un desdoblamiento, y en lugar de escribir exclusivamente sobre hechos verídicos lo hizo en forma de novela fantástica, aunque apoyándose en hechos o documentaciones históricos. Esto ha sido reconocido por el propio autor en el Epílogo de de su libro. Caballo de Troya, en rigor, fue el primer ensayo novelístico de Benítez, y como dice el propio autor "una novela, en suma, donde la ficción florece perfectamente enlazada con hechos, documentos e informaciones técnicas, médicas, históricas y científicas objetivas y comprobables". Y agrega: "Sólo la figura del mayor y, lógicamente, el 'traslado'del módulo al año 30 de nuestra Era son ficción pura". Este libro, por lo tanto, el eventual lector debe encararlo involucrándose con la novela, que es en verdad excelente y atrapante, pero tomando con pinzas los documentos que relatan los hechos históricos en que se basó el autor, y tomando más con pinzas aún las conclusiones a las que éste arriba, que en muchos casos no tienen el menor asidero. ¿Por qué tomar con pinzas los documentos históricos? Simplemente porque la circunstancia de que sean documentos históricos no significa que reflejen la verdad de los hechos acaecidos. Y en cuanto a las opiniones o conclusiones de Benítez, muchas de ellas basadas en canalizaciones mediúmnicas que hizo de su propio Yo Superior y de otras entidades de Luz, están teñidas de sus preconceptos. Para comenzar, te indico el más grave error de todos, que Benítez, como investigador, no podía ignorar: confunde a Jesús con Cristo, que esotéricamente se sabe que son entidades distintas. Jesús es un espíritu, del mismo origen que nosotros (los espíritus fueron creados por los elohim) y el Cristo es una Energía divina, directamente creada por el Absoluto. Si te fijas en el libro verás que muchas veces habla de Jesús refiriéndose a Cristo. Cuando hace alusión al llamado Juicio Final, Benítez lo da por cierto, pero nosotros sabemos que no va a haber ningún Juicio Final, sino una Gran Comunión con el Creador, precisamente al llegar el Big Crunch, dentro de 25.000 millones de años, donde todos los espíritus inevitablemente habrán llegado al máximo nivel al que pueden llegar, el 5º plano, lugar en el que se encuentra la Jerarquía Planetaria, con la regencia del Maestro Jesús como Logos Solar. Ya con estos datos te estoy brindando la pauta de que Caballo de Troya no sólo no contiene ningún avance sobre las cosas conocidas y sigue dando vueltas en círculo sobre los mismos errores cometidos por todos los autores, sino que en muchos aspectos significa un retroceso. Cuando tú dices que este libro concuerda con muchas cosas que nosotros decimos en Enigmas develados, se trata de una verdad parcial, y como todas las verdades parciales es falsa. ¿Cómo no vamos a coincidir si estamos hablando de los mismos personajes y de los mismos hechos históricos? Sin embargo, diferimos en lo fundamental: las conclusiones. Por ejemplo, Benítez habla de la predilección que sentía Jesús por Juan Zebedeo y nosotros también concordamos en esta predilección. Pero Benítez la atribuye a su "inocencia y generosidad", y nosotros la atribuimos, y ésta es en rigor la verdad, a que los espíritus de Juan Zebedeo y de Jesús son almas gemelas (junto con el espíritu de Krishnamurti, vale aclarar). Jesús, al estar encarnado, no podía sustraerse a la ley de la afinidad, que lo atraía magnéticamente a quien vibraba en su misma sintonía. Otro ejemplo, y es uno de tantos, Benítez habla de José como el esposo de María, con lo cual nosotros también concordamos. Pero mientras él atribuye la paternidad de Jesús a José, nosotros se la atribuimos, como es la verdad, enseñada por nuestros Maestros, a Herodes Antípater, uno de los hijos de Herodes Antipas, tetrarca de Galilea y Perea y asesino de Juan el Bautista, que era su vez hijo de Herodes Antipas, el Grande. Es interesante destacar que cuando Jesús es llevado ante Herodes Antípas, éste ignora que es el tío político de Jesús y que por lo tanto quien tiene delante suyo es su propio sobrino. Este dato se encuentra en "Virginidad de María". Obviamente, Benítez no hace alusión a este hecho. Cabe aclarar que María se casó legalmente con Herodes Antípater, con quien concibió a Jesús, y recién después de ser éste asesinado por orden de su cruel padre, Herodes Antipas, celebró esponsales con José. En rigor, nada hay que reprocharle a Benítez, porque él nunca se propuso develar ningún misterio ni tampoco adelantarse a su tiempo con algún tipo de revelación. Simplemente elaboró una novela para entretener al lector, utilizando como base documentos históricos para que, al hacer la ficción más creíble, resultase más atractiva. Julio Verne, entre otros autores, también utilizaba este recurso, y por eso sus obras son tan cautivantes. Cuando la ficción es mezclada con la realidad, la ficción se torna increíblemente verosímil. Y esto es muchas veces peligroso para el lector poco instruido. Este propósito del autor lo da el Epílogo mencionado, donde Benítez dice con toda sinceridad que el viaje en el tiempo es pura inventiva. Solamente algunos lectores poco avisados pueden haber visto en Caballo de Troya la posibilidad de un hecho real. Cuando nos referimos a tomar con pinzas los hechos históricos, queremos significar que no todas las palabras de Jesús, que según los autores de los evangelios dijo el Maestro, deben ser tomadas literalmente, ya que todo lo que él dijo -si así lo dijo- debía necesariamente estar restringido a la mentalidad de esa época. Por ejemplo, cuando Jesús les decía a sus discípulos y seguidores que él iría al Padre, en realidad se trataba de un gesto grandilocuente con la finalidad de estimularlos. Si todo es Dios y Dios es todo, inclusive el propio plano físico, ¿cómo podría ir él, entonces, al Padre, si ya estaba en él? Obviamente, el Maestro no ignoraba esto, pero convenía al éxito de su misión, para aquella época, que todo fuera magnificado. Cuando Jesús hablaba de la Resurrección del espíritu, también se trataba de un gesto grandilocuente. ¿Cómo iba a poderles explicar la sencilla verdad de que la muerte no es más que el resultado de la creencia de que se vive ("la ilusión de vivir genera el dramatismo de morir"), ya que el espíritu es inmortal y de que si se cree que se vive también debe creerse, correlativamente, que se muere? ¿Cómo iba a poder explicarles, de modo que lo entendieran, de que la muerte no es más que el retiro del cuerpo -que sólo sirve para fines meramente evolutivos, y por lo tanto incidentales-, del 10 % de espíritu encarnado, que ni siquiera estuvo separado en ningún momento de su 90 % durante toda la encarnación, ya que quedó en su plano, inclusive cumpliendo otras funciones, o mejor dicho prosiguiendo con las funciones que realizaba antes de que su 10 % encarnara? A pesar de los grandes errores y despistes de Benítez, Caballo de Troya contiene algunas verdades que deben ser destacadas, por ejemplo cuando pone en boca de Jesús la idea de un infierno provisorio para sus criaturas: "Los hombres son hábiles manipuladores de la Verdad. Un padre puede sentirse afligido ante las locuras de un hijo, pero nunca condenaría a los suyos a un mal permanente. El infierno -tal y como creen en tu mundo (recuérdese que en la novela Jesús sabía que el mayor era un viajero del tiempo)- significaría que una parte de la Creación se le ha ido de las manos al Padre. Y puedo asegurarte que creer esto es no conocer al Padre" (pág. 157, cuarta edición, 1984). Es importante destacar también que cuando la Biblia habla de que Jesús descendió "a los infiernos" está diciendo una gran verdad, porque ese "infierno" existe, y es llamado esotéricamente "la Octava Esfera". Nosotros sabemos que se refiere al plano -2 (el plano -1 es el de la Soledad y el 1 corresponde al plano físico) y allí van los espíritus cuya conducta es de extrema crueldad. En este lugar, el espíritu siente en sí mismo el dolor que ha inflingido a otros y del cual sale automáticamente en cuanto deja de pensar en su sufrimiento para preocuparse por el dolor del otro. Todo esto está explicado con lujo de detalles en el libro El Cielo responde I. Otro aspecto también destacable de Caballo de Troya es cuando Benítez pone en boca de Jesús la enseñanza de que él nunca tuvo intención de fundar ninguna iglesia, lo que se ajusta a la verdad, destacando que el hombre para salvarse no necesita de intermediarios. La iglesia suprimió estas palabras de Jesús, porque hubiera significado su desaparición, ya que ¿quién recurriría a la religión si para salvarse no necesitaba de nadie más que de sí mismo? Es relevante destacar, asimismo, que las enseñanzas de Jesús no siempre se ajustaban rigurosamente a la verdad, ya que en razón de la ignorancia del pueblo judío se veía obligado a utilizar ciertos recursos para hacerse creíble. En cierta oportunidad, uno de sus discípulos le pidió al Maestro que les mostrase al Padre, a lo que él les respondió: "¿He estado tanto tiempo contigo y aún no me conoces? De nuevo os declaro: quien me haya visto a mí ha visto al Padre. ¿Cómo puedes entonces decir: 'Muéstranos al Padre?' ". Esta respuesta, que no era verdad porque todos somos parte del Absoluto y de alguna manera el Absoluto mismo, impresionó a sus seguidores y le facilitó su tarea enormemente. Lo que no comprenden quienes siguen hoy a Jesús, es que cosas dichas por el Maestro en ese momento y para propósitos también de ese peculiar momento, se sigan manteniendo aun hoy como la verdad irrefutable de que Jesús era el único hijo de Dios, cuando en realidad todos somos hijos de Dios. ¿Acaso los padres, para facilitarles a sus hijos pequeños el duro trance del cambio de dientes no les dicen que los guarden bajo la almohada para que el "ratoncito Pérez" se los lleve y les deje dinero a cambio? ¿Y acaso no es lógico que cuando crezcan no deben seguir aferrados a esa infantil creencia? Para finalizar quiero repetir lo que dije anteriormente: el lector que quiera gustar de Caballo de Troya puede hacerlo involucrándose con la novela, pero tomándola como tal, es decir, como una fantasía del autor, y, lo que es más importante, considerando con objetividad y sentido común los hechos históricos en los que se apoya para arribar a sus conclusiones, ya que no siempre acierta. Bienvenida al Club. Un fuerte abrazo. Horacio Velmont. . ¿Quién ordenó la muerte de Juan el Bautista? ¿Ante quién fue llevado Jesús antes de su crucifixión? Estimado profesor Velmont: Tengo una confusión que no pude resolver y ésta: ¿El Herodes al que va Jesús antes de morir es Herodes el Grande o su hijo Herodes Antípater? El libro Caballo de Troya dice que es Herodes Antipas al que llevaron a Jesús y también dice algo de Juan el Bautista, que lo mandaron matar. ¿Cuál Herodes dio la orden? Desde ya, gracias. Mario O.
RESPUESTA Apreciado Mario: En los evangelios se habla de dos Herodes, Herodes el Grande quien, aliado con los romanos, gobernó tiránicamente el país desde el año 37 antes de Jesús y a quien se atribuye la matanza de los inocentes. A su muerte, antes cuatro años antes del nacimiento de Jesús, el país se divide entre sus tres hijos. Herodes Antipas, el menor de ellos, fue el contemporáneo de Juan Bautista y de Jesús. Herodes Antipas fue puesto como gobernador de la provincia norte de Israel, Galilea, y también de la zona de Perea, en la orilla oriental del Jordán. El título que se le dio era el de "Tetrarca", pero el pueblo le llamaba comúnmente "el rey Herodes". Aunque estaba casado con una princesa árabe, Herodes Antipas se hizo amante de Herodías, esposa de su hermano Filipo. Estas relaciones llegaron a provocar hasta una guerra en la que murieron muchos inocentes. Pero el rey era un hombre ambicioso y sin ningún escrúpulo. Los datos históricos que de él se tienen lo describen como un derrochador, cruel con todos los que se le oponían −que eran muchos− y supersticioso. Era también un colaboracionista de los romanos, dueños del país, que lo mantenían en el trono a cambio de una fuerte suma de dinero: en nombre de los romanos, Herodes Antipas cobraba los impuestos al pueblo, en el territorio de Galilea y Perea. Entre las muchas denuncias que hizo Juan Bautista de la corrupción del sistema de su tiempo, está la que dirigía contra Herodes Antipas al que acusaba públicamente de vivir en adulterio con su cuñada. La denuncia de Juan no era un simple amoralismo: el adulterio del rey era como el último fruto de un árbol totalmente podrido. El reino de Herodes estaba corrompido por las injusticias, el despilfarro, el robo, los crímenes... no existía la más mínima moral política o social. Y esto era lo que Juan condenaba a gritos. Herodes, que cumplía con las normas religiosas judías, se trasladaba por las fiestas a sus palacios de Maqueronte y Jerusalén para acudir al Templo y allí rezar y cumplir la Ley. En una de estas ocasiones ordenó poner preso a Juan. Herodes temía el movimiento popular que estaba desencadenando el profeta y deseaba vengarse de Juan que no cesaba de acusarlo ante el pueblo. Maqueronte era una fortaleza construida en la orilla oriental del Mar Muerto, en la región de Perea. Herodes el Grande la fortificó ampliamente y la enriqueció con un magnífico palacio unos 20 años antes de nacer Jesús. Su hijo Herodes Antipas celebraba allí grandes fiestas. En los calabozos de aquella fortaleza estuvo preso Juan Bautista y allí fue asesinado por el rey. En el año 70 la fortaleza fue destruida por los ejércitos romanos. Hoy sólo se conservan ruinas. Bueno, ésta es más o menos la historia "oficial" que se conoce sobre este asunto. En resumen, y respondiendo a tu pregunta, Herodes el Grande era el tatarabuelo de Jesús y Herodes Antipas era su tío político y fue ante este último a quien fue llevado el Maestro, sin saber, por supuesto, que se trataba de su sobrino. Uno de los hijos de Herodes Antipas, llamado Herodes Antípater, fue el que se casó con María, en una boda muy secreta, que más tarde dio a luz a Jesús y no por obra del "Espíritu Santo" como nos quieren hacer creer tomándonos por tontos. Por último, el que mandó matar a Juan el Bautista fue Herodes Antipas. Bienvenido al Club. Un fuerte abrazo. Horacio Velmont.
Nota: Si deseas ampliar estos datos haz clic en "Virginidad de María".
COLABORACIONES
Estimado Profesor Velmont: Aquí le mando otra consideración que tal vez, si le gusta, pueda subirlo a la web. Es sobre el libro "Caballo de Troya", del escritor español Juan José Benítez, el cual es mi favorito. Leí el libro póstumo de este hombre y déjeme decirle que con toda el alma deseaba que el viaje en el tiempo que realizaba el personaje (el mayor de la USAF, Jasón) hubiese ocurrido en la realidad, es mas, hubiera deseado ser el personaje. Supongo que la novela de Benítez debe ser lo más cerca que estamos de conocer como fue Jesús en persona, ya que si este hombre es médium (como se dijo en una de las sesiones) debe haber pasado al papel lo que su propio Yo Superior y seguramente Maestros de Luz deben haberle dictado, por que el libro contiene muchas verdades que he comprobado con ustedes como ser: 1- La inexistencia de un infierno permanente. 2- Que Jesús jamás tuvo intención de fundar ninguna iglesia. 3- Los rasgos físicos que le imagina. 4- La cronología: Jesús nace el 6 de agosto del año -6 a. C. y muere en el año 30 d. C. contando 36 años. (aunque como Benítez es un buen estudioso pudo haber llegado a estas conclusiones sin necesidad de ninguna "ayuda".) 5- La realidad de que Jesús tenía hermanos y hermanas. 6- La realidad de que Jesús fue concebido como todos los demás hombres. 7- La realidad de que hubo presencia de seres extraterrestres en la vida de Jesús (nosotros sabemos que tuvieron contacto con él, Benítez solo los imagina como observadores de "su misión"). 8- Que hubo más apariciones del Maestro después de su resurrección de las que hablan los escuetos evangelios. 9- Que los apóstoles no eran ningunos "hombres sabios" como nos hace creer la Biblia y las religiones sino que eran hombres como nosotros, débiles y fuertes, capaz de odiar y amar, reír y llorar, etc. y que en muchos casos tergiversaron la palabra del Maestro adaptándola a su paladar. 10- Que el viaje en el tiempo no es ninguna utopía. Pero como también aprendí, debido a sus preconceptos Benítez no pasó fielmente al papel sino que también debe haber, sin quererlo seguro, tergiversado un poco las cosas, de modo que no es todo correcto. Algunas de estas "imperfecciones" son confundir a Jesús con la energía Crística, que son entidades diferentes o la explicación que brinda sobre porque Juan Zebedeo era el "preferido" del Maestro Jesús o cuando atribuye su paternidad a José, pero esto, salvo que conozca las enseñanzas del Grupo Elron, no podemos exigirle saber. Caballo de Troya nos ofrece un Jesús con una "irresistible humanidad", como la define el propio autor, mostrándonos a un hombre excepcional, sí, pero igual a nosotros, hombre al fin, capaz de reír, llorar, amar a una mujer con todo corazón y ternura, de ilusionarse, desear, entristecerse, bromear para alegrar los ánimos, de hacer amistad, de enseñar, de gozar con la alegría del otro ("yo soy feliz mientras tú seas feliz), de jugar con los niños, y toda la interminable lista de sentimientos capaces de sentir y transmitir al prójimo. Un Jesús hermano, no arriba de una cruz, en un altar, lejos de uno, sino ahí mismo, a tu lado, con una mano en tu hombro, sintiendo alegrías y sinsabores a la par de uno. Y para "rematar" el texto comparto este fragmento de la canción "La Saeta" de Juan Manuel Serrat sobre los poemas del escritor Antonio Machado:
¡Oh, no eres tú mi cantar no puedo cantar, ni quiero a este Jesús del madero sino al que anduvo en la mar!
Un fortísimo abrazo a usted y al grupo. Ariel C. |