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El Código Da Vinci
Grupo Elron

"SANTO GRIAL"

La leyenda fue inventada por los templarios y susbsiste hasta nuestros días. En realidad, el cáliz famoso era una simple copa de madera de la cual bebía Jesús cuando estaba con sus discípulos y que fue destruida por el tiempo. Más información en “Templarios”.

DAN BROWN

Puso el dedo en la llaga y le fue bien.

LEONARDO DA VINCI

David Brown lo utiliza en su libro como poseedor de un secreto que puede cambiar la historia: la verdad que se escondería detrás del Santo Grial, y que habría dejado para la posteridad escondida en sus obras pictóricas. No hay nada ilícito en que un novelista altere los hechos para darle colorido a su historia. Es más, necesariamente debe hacerlo, porque de lo contrario estaría escribriendo no un libro de ficción sino un libro histórico o documental, que no es lo que pretendió Dan Brown.

La Gioconda, también llamada “La Mona Lisa”, es el retrato de una intrascendente y poco agraciada dama florentina, Monna Lisa di Antonio Maria Gherardini, esposa de un adinerado hombre de negocios llamado Francesco del Giocondo. El único secreto que esconde esta pintura es la verdadera fealdad del modelo, que el genial Leonardo disimuló artísticamente, y en cuanto a su enigmática sonrisa, es simplemente una pose solicitada por el artista para darle un poco de animación al cuadro… Más información en “Da Vinci y La Gioconda”.

"Un libro oportunista, entre disparatado y pueril".
Así lo catalogó la crítica, ¿pero realmente es así?

Algunas de las críticas de Dan Brown al Catolicismo no sólo no pecan de exageradas, sino que directamente se quedan cortas. Más información en “Iglesia Católica”. Luego, en “Iglesia, ¿creación divina?”.

LA ÚLTIMA CENA

Es una de las pinturas más conocidas de Leonardo Da Vinci, que por supuesto no esconde ningún secreto, salvo el genio del artista, y el personaje a la derecha de Jesús es Juan Zebedeo y no María Magdalena, y tampoco hay ninguna mano que sobre…

La trama básica de este libro que fue Best Seller, editado en 1982, es que Jesús casó con María Magdalena y de esa unión nació un hijo, heredero del trono de Israel, que a la muerte de Jesús viajó con ella y José de Arimatea al sur de Francia. Este hijo a su vez se casó con descendientes de la familia real de los francos, generándose así una línea que constituiría, hasta nuestros días, el linaje del nazareno y de la auténtica nobleza europea. Más información en “Enigma sagrado”.

Jesús muchas veces tuvo que mentir sobre su verdadera naturaleza para asegurar su misión, ya que sus discípulos frecuentemente dudaban: “Yo y el Padre una cosa somos” (Juan 10:30), “y el que me ve a mí, ve al que me envió” (Juan 12:45). Cuando Felipe, uno de los apóstoles, le pide que quiere ver al Padre, Jesús le responde: “Tanto tiempo he estado con vosotros, Felipe, y no me has conocido? El que me ha visto, ha visto al Padre”.

 

 

 

Las claves de "El código Da Vinci"

por NURIA LABARI

(elmundolibro.com, 16/2/04) Enlace a la página

Hasta hace unos meses no existía un Harry Potter para adultos, un fenómeno literario de dimensiones sociológicas, pero Dan Brown ha venido a llenar ese hueco con 'El Código Da Vinci'.

Cuando la agencia Internacional Editors lo ofreció en España nadie se interesó por esta historia -que aún no se había publicado en EE.UU-. Sólo la pequeña editorial Umbriel pensó que los misterios del código escondían un tesoro. A día de hoy, el libro de Brown ha vendido más de cinco millones de ejemplares en todo el mundo y sólo en España más de medio millón. Recién aterrizado en Hispanoamérica ha superado ya los 150.000 en México, los 25.000 en Argentina y los 15.000 en Chile.

En la editorial no dan crédito a su propio éxito: "Estamos saturadísimos -explica Joaquín Sabaté, el director comercial de la editorial- porque esto rompe todas las previsiones de papel, de personal, etc. El ritmo de venta del libro, medio millón al trimestre, nos hace pensar que un año superaremos el millón de ejemplares". Los críticos literarios andan entre escandalizados -porque les parece blasfemo el éxito de un libro que consideran malo- y divertidos -los que se engancharon a la historia-. Y la Iglesia ha puesto el grito en el cielo y ha animado a los fieles a no leer semejante "blasfemia". ¿Oportunista? ¿literario? ¿misterioso? ¿visionario? Es difícil resolver los enigmas de este código, pero a continuación nos atrevemos con algunas claves.

Artículo completo en este enlace...

 

 

 

NO TODO ES FICCIÓN EN LA NOVELA

Código Da Vinci, María Magdalena y Jesús.

Estimado profesor Velmont: Tengo una duda, porque ahora se está hablando mucho sobre Magdalena y su relación con Jesús, ya mucha gente esta hablando sin base, sólo porque unos libros lo dicen sin ninguna base creíble solo con teorías y suposiciones e implicando a Da Vinci con toda esta historia, cosa que me molesta porque me gusta bastante el arte de Leonardo Da Vinci como para decir que guardaba secretos de la iglesia y de la relación de Jesús con Magdalena, y ahora más con el libro "Código da Vinci", que hasta dicen que la que está sentada a la derecha del Maestro Jesús en la obra "La última cena", de Leonardo Da Vinci, es Magdalena. Me gustaría que me aclarara esta duda a mí a mis compañeros quienes leemos lo que ustedes escriben, un poco de la historia de Magdalena con relación a Jesús, porque tengo entendido que el predilecto de Jesús fue Juan.

Alejandro A.

RESPUESTA

Apreciado Alejandro: Antes de responderte quiero hacer una somera síntesis del libro para aquellos lectores que no lo han leído:

Un conservador del museo del Louvre es asesinado, pero antes de morir consigue dejar unas pistas y colocarse de forma singularmente significativa. Su nieta Sophie y un investigador americano (Robert Langdon) descubren que el abuelo trataba de dejar un mensaje no sobre su asesino, sino acerca de un gran secreto.

El abuelo formaba parte de una antigua sociedad secreta llamada El Priorato de Sión, que durante muchos años se encargó de custodiar ese gran secreto, cuya revelación supondría una amenaza para la concepción presente de la humanidad.

Lógicamente, la Iglesia católica se habría esforzado durante estos últimos dos mil años en proteger este secreto.

¿En qué consiste el gran secreto? En que Jesús estuvo casado con María Magdalena, quien estaba embarazada cuando Jesús fue crucificado. Los descendientes de aquel niño aún sobreviven y se mantienen de forma anónima protegidos por El Priorato de Sión, que es también el guardián de la verdadera fe en Jesús y María Magdalena, basada en la teoría del sagrado femenino.

La novela por tanto consiste en una carrera por encontrar el Santo Grial, pero en vez de buscar el cáliz de la Última Cena lo que se busca principalmente son los restos de María Magdalena.

Sophie y el americano comenzarán una competición en la que la Iglesia es su rival, representada en la figura de un albino, miembro del Opus Dei, que recibe indicaciones de un obispo y de un misterioso maestro.

Así, correrán detrás de las pistas codificadas que el abuelo de Sophie fue dejando. Es un gran rompecabezas que les llevará desde los Bancos de Zurich a la iglesia del Santo Sepulcro, y de la Abadía de Westminster a las pinturas de Leonardo Da Vinci.

La historia de Da Vinci consiste en que parece que plasmó su devoción al Santo Grial Femenino en la representación de la Última Cena, en la cual el personaje de la derecha de Jesús no es San Juan, sino María Magdalena, su compañera.

Si bien el Catolicismo queda muy mal parado en el libro, las peores invectivas las recibe el Opus Dei, prelatura personal aprobada por Juan Pablo II: Un supuesto monje del Opus Dei es un asesino, que mata para impedir que el secreto de la Magdalena salga a la luz pública.

La novela sitúa a Leonardo Da Vinci como uno de los integrantes de la sociedad secreta El Priorato de Sión que esconde sus claves en tres de sus cuadros más conocidos: La Gioconda, la Virgen de las Rocas y La Última Cena.

Concretando, la búsqueda del "Santo Grial" no sería más que la búsqueda de los huesos de la mujer de Jesús, María Magdalena, algo que Robert Langdon, el personaje central de la novela junto a Sophie, encuentra finalmente bajo la enorme pirámide de cristal del patio del Louvre.

El libro El código Da Vinci es simplemente uno de esos libros fabricados con la intención de que sean "best seller", es decir, poniéndole ingredientes que resulten atractivos, sean verdaderos o no, como gancho para su venta.

Es lo mismo que hizo Benítez con su serie de Caballo de Troya. Fíjate que este autor, en la primera edición dijo que se trataba de un libro de ficción (viaje en el tiempo) mezclado con datos históricos reales y en las sucesivas ediciones este dato no apareció, con lo que el misterio impregnó a sus libros y ahora se habla sobre si lo que relata es verdad o ficción. ¿Captas la idea?

En definitiva, todo es una cuestión comercial, donde se mezclan grandes verdades con también grandes falsedades.

La crítica especializada, errando en su enfoque, lo ha demolido catalogándolo de absurdo y oportunista.

¿Pero qué es lo que sucede con este libro que lo ha trasformado en Best Seller de la noche a la mañana, por un lado, y por el otro ha dado origen a tantos debates?

Lo que sucede es que cuestiona aspectos muy sensibles de la vida de Jesús que la Iglesia Católica considera como dogma de fe: su divinidad, y para colmo fundamentado sus juicios con las opiniones nada menos que de Leonardo Da Vinci.

Fíjate por ejemplo en estos párrafos del libro de Dan Brown, capítulo 55:

Sentada en el diván, junto a Langdon, Sophie se tomó el té y una galleta, y notó los efectos reparadores de la cafeína y el azúcar. Sir Leigh Teabing parecía estar feliz mientras caminaba de un lado a otro, frente a la chimenea, produciendo un chirrido metálico con los hierros que llevaba en las piernas.

  -El Santo Grial -dijo con voz de sermón-. La mayoría de gente sólo quiere saber dónde se encuentra. Y me temo que esa sea una pregunta que no llegaré a responder nunca. Sin embargo -añadió mirando a Sophie a los ojos-, es mucho más importante preguntarse qué es el Santo Grial.

  Sophie detectaba en sus dos acompañantes masculinos un aire creciente de expectación académica.

  -Para comprender plenamente el Grial -prosiguió Teabing- debemos primero entender la Biblia. ¿Cómo anda de conocimientos sobre el Nuevo Testamento?

  Sophie se encogió de hombros.

  -Pues muy mal. Mi educación se debe a un hombre que adoraba a Leonardo da Vinci.

  A Teabing, aquel comentario le sorprendió y le gustó a partes iguales.

  -Un espíritu iluminado. ¡Magnífico! Entonces sabrá que Leonardo fue uno de los guardianes del secreto del Santo Grial. Y que en sus obras nos dejó algunas pistas.

  -Sí, Robert me lo ha contado.

  -¿Y qué sabe usted de los puntos de vista de Leonardo sobre el Nuevo Testamento?

  -Nada.

  A Teabing se le iluminaron los ojos cuando se acercó a la librería que había en el otro lado de la sala.

  -Robert, ¿serías tan amable? En el estante de abajo. La Storia di Leonardo .

  Langdon se fue hasta la librería, cogió el libro y lo dejó en la mesa. Teabing lo abrió, mostrándoselo a Sophie, y le señaló algunas de las citas de la solapa.

  -«De las polémicas y las especulaciones de los cuadernos de Leonardo» -leyó sir Leigh-. Creo que este punto le resultará interesante para lo que estamos hablando.

  Sophie leyó lo que seguía.

«Muchos han comerciado con ilusiones

Y falsos milagros, engañando a la estúpida multitud.»

LEONARDO DA VINCI

  -Y aquí tiene otra -insistió Teabing señalando la solapa.

«La cegadora ignorancia nos confunde.

¡Oh, Miserables mortales, abrid los ojos!»

LEONARDO DA VINCI

  Sophie sintió un ligero escalofrío.

  -¿Leonardo da Vinci se refiere a la Biblia?

  Teabing asintió.

  -Las opiniones de Leonardo sobre la Biblia están en relación directa con el Santo Grial. En realidad, él pintó el verdadero Grial, que le voy a enseñar enseguida, pero primero debemos hablar de la Biblia. -Sonrió-. Todo lo que le hace falta saber sobre ese libro puede resumirse con las palabras del gran doctor en derecho canónico Martyn Percy. -Teabing carraspeó antes de proseguir-: «La Biblia no nos llegó impuesta desde el cielo.»

  -¿Cómo dice?

  -La Biblia es un producto del hombre, querida. No de Dios. La Biblia no nos cayó de las nubes. Fue el hombre quien la creó para dejar constancia histórica de unos tiempos tumultuosos, y ha evolucionado a partir de innumerables traducciones, adiciones y revisiones. La historia no ha contado nunca con una versión definitiva del libro.

  -Le sigo.

  -Jesús fue una figura histórica de inmensa influencia, tal vez el líder más enigmático e inspirador que ha tenido nunca la humanidad. En tanto que encarnación mesiánica de las profecías, Jesús derrocó a reyes, inspiró a millones de personas y fundó nuevas filosofías. Como descendiente de las familias del rey Salomón y el rey David, Jesús estaba legitimado para reclamar el trono del monarca de los judíos. Es comprensible que miles de seguidores de su tierra quisieran dejar constancia escrita de su vida. -Teabing se detuvo para darle un sorbo al té y dejó la taza en la repisa de la chimenea-. Para la elaboración del Nuevo Testamento se tuvieron en cuenta más de ochenta evangelios, pero sólo unos acabaron incluyéndose, entre los que estaban los de Mateo, Marcos, Lucas y Juan.

  -¿Y quién escogió cuáles debían incluirse? -preguntó Sophie.

  -¡Aja! -exclamó Teabing con entusiasmo-. Ya hemos llegado a la ironía básica del cristianismo. La Biblia, tal como la conocemos en nuestros días, fue supervisada por el emperador romano Constantino el Grande, que era pagano.

  -Yo creía que Constantino era cristiano -intervino Sophie.

  -Sólo un poquito -soltó Teabing burlón-. Fue pagano toda su vida y lo bautizaron en su lecho de muerte, cuando ya estaba demasiado débil como para oponerse. En tiempos de Constantino, la religión oficial de Roma era el culto al Sol, al Sol Invictus, el Sol invencible, y Constantino era el sumo sacerdote. Por desgracia para él, en Roma había cada vez más tensiones religiosas. Tres siglos después de la crucifixión de Jesús, sus seguidores se habían multiplicado de manera exponencial. Los cristianos y los paganos habían empezado a guerrear, y el conflicto llegó a tal extremo que amenazaba con partir el imperio en dos. Constantino decidió que había que hacer algo. En el año 325 decidió unificar Roma bajo una sola religión: el cristianismo.

  Sophie le miró sorprendida.

  -¿Y por qué tenía que escoger un emperador pagano el cristianismo como religión oficial?

  Teabing dejó escapar una risita.

  -Constantino era muy buen empresario. Veía que el cristianismo estaba en expansión y, simplemente, apostó por un caballo ganador. Los historiadores siguen maravillándose de su capacidad para convertir a la nueva religión a unos paganos adoradores del sol. Con la incorporación de símbolos paganos, fechas y rituales a la creciente tradición cristiana, creó una especie de religión híbrida que pudiera ser aceptada por las dos partes.

  -Transformación mágica -dijo Langdon- Los vestigios de la religión pagana en la simbología cristiana son innegables. Los discos solares de los egipcios se convirtieron en las coronillas de los santos católicos. Los pictogramas de Isis amamantando a su hijo Horus, concebido de manera milagrosa, fueron el modelo de nuestras modemás imágenes de la Virgen María amamantando al niño Jesús. Y prácticamente todos los elementos del ritual católico, la mitra, el altar, la doxología y la comunión, el acto de «comerse a Dios», se tomaron de ritos mistéricos de anteriores religiones paganas.

  Teabing emitió un gruñido en señal de aprobación.

  -Los simbologistas no acabarían nunca de estudiar la iconografía cristiana. Nada en el cristianismo es original. El dios precristiano

  Mitras, llamado «hijo de Dios y Luz del Mundo», nació el veinticinco de diciembre, fue enterrado en una tumba excavada en la roca y resucitó al tercer día. Por cierto, el veinticinco de diciembre también es el cumpleaños de Osiris, de Adonis y de Dionisos. Al recién nacido Krishna le regalaron oro, incienso y mirra. Hasta el semanal día del Señor de los cristianos es una idea que tomaron prestada de los paganos.

  -¿Cómo es eso?

  -Originalmente -apuntó Langdon-, los cristianos respetaban el sabath de los judíos, el sábado, pero Constantino lo modificó para que coincidiera con el día de veneración pagana al sol. -Se detuvo un instante, sonriendo-. Hasta nuestros días, la mayoría de feligreses acude a la iglesia los domingos sin saber que están allí para rendir su tributo semanal al dios pagano del sol.

  A Sophie la cabeza empezaba a darle vueltas.

  -¿Y qué tiene que ver todo esto con el Grial?

  -Mucho -dijo Teabing-. Durante esa fusión de religiones, a Constantino le hacía falta fortalecer la nueva tradición cristiana, y ordenó la celebración del famoso concilio ecuménico de Nicea.

  Sophie sólo había oído hablar de él como lugar de nacimiento del credo niceno.

  -Durante ese encuentro -prosiguió Teabing-, se debatió y se votó sobre muchos aspectos del cristianismo, la fecha de la Pascua, el papel de los obispos, la administración de los sacramentos y, por supuesto, la divinidad de Jesús.

  -No lo entiendo. ¿Su divinidad?

  -Querida -declaró sir Leigh-, hasta ese momento de la historia, Jesús era, para sus seguidores, un profeta mortal... un hombre grande y poderoso, pero un hombre, un ser mortal.

  -¿No el Hijo de Dios?

  -Exacto. El hecho de que Jesús pasara a considerarse «el Hijo de Dios» se propuso y se votó en el Concilio de Nicea.

  -Un momento. ¿Me está diciendo que la divinidad de Jesús fue el resultado de una votación?

  -Y de una votación muy ajustada, por cierto -añadió Teabing-. Con todo, establecer la divinidad de Cristo era fundamental para la posterior unificación del imperio y para el establecimiento de la nueva base del poder en el Vaticano. Al proclamar oficialmente a Jesús como Hijo de Dios, Constantino lo convirtió en una divinidad que existía más allá del alcance del mundo humano, en una entidad cuyo poder era incuestionable. Así no sólo se sofocaban posibles amenazas paganas al cristianismo, sino que ahora los seguidores de Cristo sólo podían redimirse a través de un canal sagrado bien establecido: la Iglesia católica apostólica y romana.

  Sophie miró a Langdon, que movió ligeramente la cabeza en señal de asentimiento.

  -En el fondo era todo una cuestión de poder -añadió Teabing-. Que Cristo fuera el Mesías era fundamental para el funcionamiento de la Iglesia y el Estado. Son muchos los estudiosos convencidos de que la Iglesia primitiva usurpó literalmente a Jesús de sus seguidores, secuestrando Su verdadero mensaje, cubriéndolo con el manto impenetrable de la divinidad y usándolo para expandir su propio poder. Yo mismo he escrito varios libros sobre el tema.

  -Y supongo que los cristianos más recalcitrantes no habrán dejado de enviarle mensajes diarios de protesta.

  -¿Por qué tendrían que hacerlo? -objetó Teabing-. La gran mayoría de los cristianos con formación conoce la historia de su fe. Jesús fue sin duda un hombre muy grande y poderoso. Las maniobras políticas soterradas de Constantino no empequeñecen la grandeza de la vida de Cristo. Nadie dice que fuera un fraude ni niega que haya inspirado a millones de personas para que vivan una vida mejor. Lo único que decimos es que Constantino se aprovechó de la gran influencia e importancia de Jesús y que, al hacerlo, le dio forma al cristianismo, convirtiéndolo en lo que es hoy.

  Sophie le echó un vistazo al libro que estaba sobre la mesa, impaciente por ver la pintura de Leonardo da Vinci en la que aparecía el Santo Grial.

  -Pero la cuestión es la siguiente -prosiguió Teabing hablando más deprisa-. Como Constantino «subió de categoría» a Jesús cuatro siglos después de su muerte, ya existían miles de crónicas sobre Su vida en las que se le consideraba un hombre, un ser mortal. Para poder reescribir los libros de historia, Constantino sabía que tenía que dar un golpe de audacia. Y ese es el momento más trascendental de la historia de la Cristiandad. -Hizo una pausa y miró a Sophie a los ojos-. Constantino encargó y financió la redacción de una nueva Biblia que omitiera los evangelios en los que se hablara de los rasgos «humanos» de Cristo y que exagerara los que lo acercaban a la divinidad. Y los evangelios anteriores fueron prohibidos y quemados.

  -Un inciso interesante -dijo Langdon-. Todo el que prefería los evangelios prohibidos y rechazaba los de Constantino era tachado de hereje. La palabra «herético» con el sentido que conocemos hoy, viene de ese momento de la historia. En latín, hereticus significa «opción». Los que optaron por la historia original de Cristo fueron los primeros «herejes» que hubo en el mundo.

  -Por suerte para los historiadores -prosiguió Teabing-, algunos de los evangelios que Constantino pretendió erradicar se salvaron. Los manuscritos del Mar Muerto se encontraron en la década de 1950 en una cueva cercana a Qumrán, en el desierto de Judea. Y también están, claro está, los manuscritos coptos hallados en Nag Hammadi en 1945. Además de contar la verdadera historia del Grial, esos documentos hablan del ministerio de Cristo en términos muy humanos. Evidentemente, el Vaticano, fiel a su tradición oscurantista, intentó por todos los medios evitar la divulgación de esos textos. Y con razón. Porque con ellos se quedaban al descubierto maquinaciones y contradicciones y se confirmaba que la Biblia moderna había sido compilada y editada por hombres que tenían motivaciones políticas; proclamar la divinidad de un hombre, Jesucristo, y usar la influencia de Jesús para fortalecer su poder.

  -Aun así -expuso Langdon-, es importante tener en cuenta que los intentos de la Iglesia moderna para acallar esos documentos nacen de una creencia sincera en su visión de Cristo. El Vaticano está integrado por unos hombres muy píos que creen de buena fe que esos documentos sólo pueden ser falsos testimonios.

  Teabing soltó una carcajada y se sentó en una butaca, frente a Sophie.

  -Como ve, nuestro profesor transige mucho más con Roma que yo. Sin embargo, tiene razón cuando dice que el clero moderno está convencido de que esos documentos son falsos testimonios. Y es comprensible. La Biblia de Constantino ha sido su verdad durante siglos. Nadie está más adoctrinado que el propio adoctrinador.

  -Lo que quiere decir -aclaró Langdon- es que adoramos a los dioses de nuestros padres.

  -Lo que quiero decir -cortó Teabing- es que casi todo lo que nuestros padres nos han enseñado sobre Jesús es falso. Igual que las historias sobre el Santo Grial.

  Sophie se fijó en la cita de Leonardo que tenía delante.

  «La cegadora ignorancia nos confunde. ¡Oh, Miserables mortales, abrid los ojos!»

  Teabing cogió el libro y empezó a pasar páginas.

  -Y antes de pasar a enseñarle las pinturas de Leonardo da Vinci en las que aparece el Santo Grial, me gustaría que le echara un vistazo a esto. -Abrió el libro por donde se mostraba una reproducción a dos páginas-. Supongo que reconoce este fresco.

  «Debe de estar de broma.» Sophie estaba contemplando el fresco más famoso de todos los tiempos, La última cena, la legendaria pintura que Leonardo había hecho en una pared de Santa María delle Grazie, en Milán. La deteriorada obra mostraba a Jesús en el momento en que anunciaba a sus discípulos que uno de ellos lo traicionaría.

  -Lo conozco, sí.

  -Entonces tal vez quiera participar en un pequeño juego. Cierre los ojos, si es tan amable.

  Insegura, le obedeció.

  -¿Dónde está sentado Jesús? -le preguntó Teabing.

  -En el centro.

  -Bien. ¿Y qué están partiendo y comiendo él y sus discípulos?

  -Pan. «Evidentemente.»

  -Fantástico. ¿Y qué beben?

  -Vino. Bebían vino.

  -Muy bien. Sólo una pregunta más. ¿Cuántas copas de vino hay sobre la mesa?

  Sophie se quedó en silencio, consciente de que esa era la pregunta con trampa. «Y dando gracias tomó el cáliz y lo compartió con sus discípulos.»

  -Una -dijo. «La copa de Cristo. El Santo Grial.»-. Jesús les pasó un solo cáliz, igual como hacen hoy en día los cristianos durante la comunión.

  Teabing suspiró.

  -Abra los ojos.

  Sophie obedeció y vio que Teabing sonreía burlón. Miró la pintura y para su asombro vio que todos tenían una copa delante, incluido Jesús. Trece Copas. Es más, las copas eran en realidad unos vasos de vidrio muy pequeños, sin pie. En aquel fresco no había cáliz. No había Santo Grial.

  A Teabing le brillaban los ojos.

  -Un poco raro, ¿no le parece?, teniendo en cuenta que tanto la Biblia como la leyenda establecida sobre el Grial consideran que ese momento es el de la entrada en escena del Cáliz Sagrado. Y resulta que a Leonardo va y se le olvida pintarlo.

  -Seguro que los estudiosos del arte tienen que haberse dado cuenta.

  -Le sorprendería saber la gran cantidad de anomalías que Leonardo incluyó en esta obra y que los estudiosos o bien no ven o sencillamente prefieren ignorar. En realidad, en este fresco se encuentran todas las claves para entender el misterio del Santo Grial. En La última cena Leonardo lo aclara todo.

  Sophie se puso a estudiar aquella reproducción con avidez.

  -¿Este fresco nos dice lo que es el Grial en realidad?

  -No lo que es -susurró Teabing-. Más bien quién es. El Santo Grial no es una cosa. En realidad es... una persona.

Como puedes darte cuenta, el libro, al cuestionar la divinidad de Jesús, cimiento en el cual se basa todo el Catolicismo, ataca directamente todo el andamio que sostiene a la Iglesia.

Por eso el libro de Dan Brown ha sido muy criticado, porque pone en duda dogmas "intocables" para la Iglesia Católica. Incluso los mismos críticos, imbuidos de esos dogmas, los han hecho valer inconscientemente en sus opiniones.

Esto lo deja entrever Nuria Labari, comentando este libro

"Sin embargo, la editorial Umbriel no se arrepiente en absoluto de haber traído el libro a España. Aranzazu Sumalla explica que ella misma se interesó por el libro al leerlo y que después obtuvo informes de lectura favorables, tanto en la parte de la posible comercialización del libro como en la de su calidad literaria. Con todo, Sumalla no entiende la postura de los críticos españoles . 'No se trata de alta literatura y no se pretende tampoco que se considere como tal. Es un thriller comercial. Y como tal tiene que ser valorado. En este sentido, es verdaderamente brillante, con el suspenso bien llevado, los temas bien escogidos y los personajes aún mejor. Y así lo que demuestran las ventas' ".

Nosotros estamos de acuerdo con esta apreciación, porque lo consideramos nada más que un thiller comercial y dependiendo de los gustos, claro está, no deja de ser entretenido.

Pero en virtud de la oleada de críticas y debates que ha suscitado, nos vemos casi en la obligación de hacer hincapié en el hecho de que la conclusión a la que llega Dan Brown es correcta, aunque los argumentos que esgrime sean falsos.

La conclusión correcta es que Jesús no es Dios, a la que nosotros agregamos que todos somos parte de él, y los argumentos falsos son, por un lado, los que dicen que el Maestro se casó y tuvo descendencia, y por el otro, que María Magdalena fue el amor de Jesús, porque, más allá de que el Maestro estaba en otra cosa, su verdadero amor fue Miriam, "la buena samaritana" que en el Pozo de Jacob le ofreció agua y que, obviamente como espíritu, es una de las almas gemelas de Jesús junto con Juan Zebedeo y Krishnamurti.

Cabe remarcar, entonces, que María Magdalena no es el alma gemela de Jesús, siendo esta consideración un error difundido por algunos autores, entre ellos Linda Goodman en "Los signos del Zodíaco y el amor".

Si quieres ampliar estos datos tienes que recurrir a El Cielo responde II, porque hubo un universo alterno donde Jesús se casó con Miriam, tuvo hijos con ella y murió en Cachemira. Hay un libro escrito sobre esto, aunque parcial.

De más está decir que Dan Brown incluyó en su libro algunos "ganchos" para darle más colorido a la narración -licencias de escritor o prerrogativas de novelista-, afirmando falsamente que la figura que está a la derecha del Maestro Jesús en la "La última cena", pintura de Leonardo Da Vinci, no es su amado discípulo Juan Zebedeo sino María Magdalena, o que aparece en el cuadro una mano extra, etc, etc.

En cuanto al "Santo Grial", la verdad sencilla es que no era más que una copa de madera con la cual el Maestro bebía cuando estaba junto a sus discípulos, que el tiempo destruyó, operando en ella, como en todas las cosas, la ley de entropía.

Cualquier cosa fuera de esto no es más que fantasía o directamente el delirio de algunos autores.

Cabe recordar, en este sentido, al Arca de la Alianza, que era un aparato extraterrestre duplicador de alimentos que el tiempo y el mal manejo destruyó, pero algunos sectores religiosos dicen poseerla, lo cual no es más que un embuste con fines de manipulación.

No estará de más que antes de concluir exponga algunas críticas al libro que han aparecido en algunos periódicos de prestigio que consideramos prejuiciosas porque opinan no como lo que en realidad es, un simple thriller comercial, sino como si fuera una obra de investigación histórica bien documentada:

SUPLEMENTO "EL CULTURAL"

(del diario español El Mundo, 4/12/2003)

El Código Da Vinci: libro oportunista y pueril. Por Rafael Carbona.

Los libros que nacen con vocación de best-seller apenas logran ocultar su condición de productos manufacturados. El libro no es una obra de creación, sino un artefacto concebido para transformarse en un fenómeno comercial. Reúne todos los elementos que garantizan el éxito fácil: una trama policíaca, con conexiones políticas y religiosas, unos personajes estereotipados, ciertas dosis de trascendencia filosófica, un erotismo libre de estridencias y una escritura plana.

Robert Langdon, un experto en simbología con aires de Harrison Ford, descubrirá que el Santo Grial no es una copa sino el nombre oculto de María Magdalena. Descendiente de reyes, María Magdalena no fue una prostituta sino la esposa de Jesús y la madre de su hija, Sarah. Su vientre recibió la sangre de Cristo y su misión era perpetuar el linaje de un profeta mortal, que sólo se convirtió en Hijo de Dios por efecto de manipulaciones posteriores. Jesús escogió a Magdalena como cabeza de su Iglesia, pero Roma nunca aceptó ese legado, organizando las Cruzadas para destruir los documentos que revelaban la verdad.

El Priorato de Sión surgió como una orden secreta encargada de conservar las pruebas que acreditaban la existencia del linaje engendrado por Jesús y Magdalena. Leonardo da Vinci, Boticeli, Newton y Víctor Hugo pertenecieron a esa sociedad. Cumplieron con su compromiso, pero sembraron sus obras de símbolos que aludían a esa historia: el apóstol que ocupó la derecha de Cristo en 'La Última Cena' de Leonardo no es otro que María Magdalena.

Tal Vez Brown haya pretendido emular a Umberto Eco, mezclando misterio, erudición y filosofía, pero sólo ha conseguido elaborar un libro oportunista y pueril. La perplejidad de Langdon ante una inscripción que se atribuye a una lengua muerta se resuelve cuando un espejo revela que las letras están simplemente invertidas. La presunta implicación del Vaticano sólo evidencia una obscena complacencia con el escándalo. Ron Howard ya ha manifestado su intención de realizar una adaptación cinematográfica. Si es cierto que los malos libros inspiran excelentes películas, habrá que esperar una obra maestra.

The Times (Londres)

Santa farsa, por Peter Millar, 21/6/2003.

"Este libro es, sin duda, el más tonto, inexacto, poco informado, estereotipado, desarreglado y populachero ejemplo de pulp fiction que he leído".

"En 'La Herencia Scarlatti', 'El Círculo Matarese' o 'El Engaño Prometheus', Robert Ludlum entretejió una trama de complots extravagantes protagonizados por personajes de cartón piedra que entablan diálogos ridículos. Dan Brown, me temo, es su digno sucesor".

"Ya es malo que Brown abrume al lector con referencias New Age (...) pero es que además lo hace mal".

"Los editores de Brown han obtenido un puñado de elogios brillantes de escritores de película de suspense americanas, de esos de tercera fila. Sólo puedo deducir que la razón de su alabanza exagerada puede ser porque sus obras, cuando se las compara con este libro, quedan elevadas a la categoría de obra maestra".

Creo que no necesito extenderme más sobre este asunto porque considero que queda bastante claro que el propósito del libro no es más que el de entretener, aunque falsee los hechos y ataque dogmas sensibles de la Iglesia, como la divinidad de Jesús, que por casualidad es un hecho verdadero: el Maestro Jesús es sin duda alguna el más iluminado de los avatares que han encarnado en nuestro planeta, pero no es más Dios que cualquiera de nosotros.

Quizás alguien nos quiera recordar que fue el propio Jesús el que lo dijo cuando sus discípulos le pidieron que le mostrara al Padre: "¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y aún no me habéis conocido?".

Y quizás alguien también nos diga que estamos tildando de mentiroso al Maestro si le desconocemos su divinidad.

Pero la realidad es que Jesús les mintió a sus discípulos, pero porque lo consideró necesario para el éxito de su misión, ya que ellos, como era natural, dudaban y necesitaban constantemente algo que los impulsara a seguirlo a pesar de las amenazas de torturas y muerte que se cernían sobre ellos.

Es necesario tener en cuenta, por otra parte, que la mentira no es más que el hecho de decir algo a sabiendas de que no es verdad, es decir que es buena en tanto el resultado sea positivo y es mala en cuanto el resultado sea negativo.

Bienvenido al Club. Un fuerte abrazo.

Horacio Velmont.



Artículo del Diario la Nación

 

EL CODIGO DA VINCI

 

Por Sebastián DOZO MORENO

 

Diario LA NACION

 

            Prohibir un libro es tan absurdo como obligar a que se lo lea. Sobre todo tratándose del público lector adulto. ¿Quién puede arrogarse el derecho de decidir lo que debe leerse y lo que no? El que adopta una actitud prohibitiva en cuestiones de lectura manifiesta una desconfianza radical por la libertad y la inteligencia humanas, e incurre en el orgullo de creer que los demás son incapaces de discernir entre lo que es bueno y lo que es malo, lo que es ficción y lo que es realidad. Pero, sobre todo, la prohibición es un método de coerción poco inteligente e ineficaz, ya que prohibir equivale a incitar, y la incitación no es algo amable como una sugerencia o una invitación.

            Por demás –siempre que no haya niños implicados en el asunto– el escándalo es siempre deshonesto, en tanto que nace del supuesto de que el mundo se divide entre puros e impuros, corruptores y corrompidos, y de que “uno” está del lado de los inmaculados.

            La actitud sensata en el caso de este best seller que lleva vendidos más de 30 millones de ejemplares es hacer una crítica objetiva de su valor literario, tanto como de su contenido histórico. En primer lugar, hay que destacar que la obra es un thriller policial-esotérico de lectura fácil, sin pretensiones artísticas, filosóficas, ni psicológicas, que teje la trama de una historia liviana e inverosímil, y cuya intención no parece ser otra que entretener al lector con enigmas inventados, conspiraciones secretas que sólo se las creería un niño, y tergiversaciones de hechos históricos que, por momentos, divierten por su evidente falsedad, aún cuando el autor, al comienzo del libro, declare que: “Todas las descripciones de arte, arquitectura, documentos y rituales secretos en esta novela son veraces”.  Esta declaración de autenticidad –comprende el lector desde el principio– debe interpretarse como un guiño del autor, que significa: “hagamos como que todo esto es verdad, para que sea más entretenido”.

            Decepcionado, el lector comprueba demasiado pronto que la única manera de sostener la lectura es creyendo que se trata de un documento verídico y no de una novela, ya que los méritos literarios de la obra son escasos, pero la desilusión crece más aún cuando el autor abusa de la credibilidad del lector, y ya no es posible mantener el pacto ficcional contraído en las primeras páginas.

            Un lector imaginativo y de buena voluntad puede jugar a creer que un hecho no sea rigurosamente cierto, pero que todos los datos históricos que se barajan sean falsos hace que la obra pierda atractivo. Es como si leyéramos una novela ficticia en la que Napoleón, en vez de perder en Waterloo, vence a Wellington en la famosa batalla. Podemos imaginar que esto es posible. Pero si además se nos dice que Napoleón fue un travestido, que no nació en Córcega sino que provino de Marte, el planeta de la guerra, y que concibió a un hijo inmortal que vive hoy en Buenos Aires, entonces la ficción colapsa como una estrella supermasiva, y el lector se precipita por el agujero negro del desengaño.

            Este exceso de ficción en El Código Da Vinci, o de adulteración de hechos históricos, motivó que los críticos literarios del mundo defenestraran el libro de un plumazo. Por ejemplo, Meter Millar, del diario The Times de Londres, describió a la obra como “el más tonto, inexacto, poco informado, estereotipado, desarreglado y populachero ejemplo de <pulp fiction> que he leído”, y Francisco Casavella, en El País de España, calificó a la novela como “el bodrio más grande que este lector ha tenido entre sus manos desde las novelas de quiosco de los años setenta”, y Cynthia Grenier, de la revista estadounidense Weekly Standard, suplicó: “Por favor, alguien debería dar a este hombre y a sus editores unas clases básicas sobre las historia del cristianismo y un mapa”.

            Entre un sinfín de inexactitudes, Dan Brown afirma que las catedrales fueron creadas por los templarios, cuando fueron los obispos las que las mandaron edificar. Que la celebración de las olimpíadas tenía que ver en la antigüedad con la diosa Afrodita, cuando en realidad se hacían en honor a Zeus. Que en “La última cena”, de Leonardo, no aparece el cáliz porque el Santo Grial está representado por María Magdalena, cuando en realidad no aparece el cáliz porque Leonardo se inspiró en el Evangelio de Juan, en el que no se menciona la institución de la Eucaristía. Que Mona Lisa representa a un ser andrógino, y su nombre es un anagrama de los dios egipcios Amón e Isa, o Isis, cuando en realidad fue la esposa de Francesco di Bartolomeo del Giocondo [1]. Que el papa Clemente V eliminó a los templarios y echó sus cenizas al Tíber, cuando en realidad Clemente V no eliminó la Orden del Temple, fue el primer papa que estuvo en Avignon, y el Tíber está en Roma. Que al dios hindú Krisna también se le ofreció en su nacimiento, como a Jesús, oro, incienso y mirra, cuando en realidad esto no aparece ni en el Bhagavad-Gita ni en el Harivamsa Purana, ni en el Bhagavata Purana, ni en ningún otro texto sagrado de la India. Que el cristianismo se basó en el nacimiento del dios pagano Mitas para celebrar la natividad de Cristo, cuando en realidad la fiesta pagana del 25 de diciembre, en Roma, la inventó el emperador Aurelio en el año 274, mucho después de que los cristianos la hubieran adoptado como festividad sacra. Brown asegura que los cinco anillos de las olimpíadas son un símbolo de la diosa Venus, cuando lo cierto es que, al diseñarse el símbolo de las primeras olimpíadas, el plan era empezar con un anillo e ir añadiendo otro en cada evento, pero al final se quedaron en cinco.

            Brown afirma que ningún cristiano creyó que Jesús era Dios hasta que el emperador Constantino lo deificó en el concilio de Nicea, en el año 325, cuando en realidad esta creencia data del siglo I de nuestra era [2]. Que Jesús tuvo como compañera sexual a María Magdalena y concibió con ella un hijo, cuando en realidad no hay un solo documento histórico serio que avale semejante hipótesis, como tampoco la afirmación de Brown de que Jesús y María Magdalena representaron originalmente la dualidad masculino-femenina del cosmos, como Ares y Atenea, Isis y Osiris [3].

            Basándose en estas y otras falsedades históricas, es que Brown afirma que “la lacra del cristianismo” es la gran mentira de la historia, cuando en realidad el que miente groseramente es él, al presentar como “pruebas sólidas” un montón de disparates que cualquier lector medianamente instruido es capaz de reconocer como falaces y ridículas, al punto de que un crítico de The New York Times calificó al libro de “insulto a la inteligencia”.

            Cuando el personaje principal, Langdon, defiende sus absurdas teorías afirmando que se basa en más de cincuenta libros de “historiadores serios”, lo que el autor no aclara es que esas fuentes de Langdon son libros sin ningún rigor histórico, muy típicos de la New Age, como Los evangélios gnósticos, de Elaine Pagels, La revelación de los templarios, Secretos guardianes de la verdadera identidad de Cristo, de Lynn Picknett y Clive Prince, El enigma secreto, de Michael Baigent, etcétera. Así que, cuando Sophie le dice a Langdon, aparentemente escandalizada por sus teorías: “Eres un historiador licenciado en Harvard, por el amor de Dios y no un charlatán cualquiera ávido de dinero”, el lector presiente que estas palabras son un lapsus en el que saltan las intenciones ocultas del autor, y que la obra, en efecto, es in incesante macaneo de más de quinientas páginas lanzado por el cohete del marketing a la estratosfera de la celebridad para saciar la avidez de dinero del autor y de sus inescrupulosos editores.

 

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[1] Dicho dato es correcto, ya que los propios Maestros de Luz lo confirmaron y las explicaciones se encuentran el Web Site del Grupo Elron.

[2] Si bien es cierto lo que dice Brown y el mundo hoy lo ignora de que en dicho concilio el emperador Constantino manipuló cierta información, los propios apóstoles y seguidores de Jesús, al igual que lo hace el mundo hoy en día, ya creían que era Dios hecho hombre. Ambos temas se encuentran ampliamente explayados en la página web del Grupo Elron.

[3] También los Maestros de Luz confirmaron que Jesús nunca se casó ni formó pareja. Además no cabría explicar, si Jesús se hubiese casado y tenido descendencia, el porque del ocultamiento de tales datos ya que los propios apóstoles como Pedro, eran casados y tenían hijos, y esto no es un hecho desconocido ni tampoco lo intentó serlo por motivos estrafalarios de “conspiraciones, logias secretas” y demás disparates que solo pueden ocurrírsele a las mentes afiebradas como la de Dan Brown.