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El planeta de los simios III

Métodos de la psiquiatría

Grupo Elron

 

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Cualquier semejanza con la realidad no es ninguna coincidencia.

 

 


Si una afirmación hiere tu sentido común, 
entonces no es verdad. La única verdad para 
ti es la que tú consideras como verdad. 

 

 

 

Chorros de agua fría...


Electroshock...


lobotomías...


No es ciencia ficción ni transcurre en un futuro lejano. Aquí mismo, cerca de donde tú vives, hay un psiquiatra que le está aplicando a su paciente las únicas herramientas "curativas" que conoce: agua fría, electricidad, psicocirugía. A pesar de que ninguno de los postulados de la Psiquiatría fue probado científicamente, sin embargo recibe el apoyo económico de los gobiernos. La razón es obvia: cuanto más el hombre se transforme en un zombi, más fácil podrá ser manipulado.


Puedes irte, ya estás curado.



L. RONALD HUBBARD

"Tú puedes reconocer una barbarie por sus curanderos y su concepto de la mente de otro hombre. En esta sociedad el psiquiatra cree sinceramente que el hombre es un animal sin alma o esperanza y, siguiendo a Pavlov y otras enseñanzas similares, que el hombre trabaja solamente por el premio como cualquier otro perro. Éstas son las marcas de la barbarie. El odio es divinizado por encima del amor, el freno para una acción es mejor que una comunicación, la alucinación es más deseable que la verdad".



La humanidad no evolucionará mientras la Psiquiatría no sea erradicada definitivamente del planeta. Sus crueles e inútiles métodos supuestamente curativos deben figurar en los códigos penales de todo el mundo como gravísimos atentados a la salud física y mental de las personas.

 

www.antipsychiatry.org

http://www.antipsychiatry.org/sp-weitz2.htm

Notas sobre el fascismo siquiátrico

por Don Weitz (Toronto, Ontario)

traducido por César Tort

Por casi ciento cincuenta años la Psiquiatría se ha puesto la careta de una ciencia médica y de una rama de la medicina, pero no ha sido y nunca fue una ciencia o una forma de cuidado de la salud. La Psiquiatría moderna está basada en suposiciones empíricas no probadas, puntos de vista médicos tendenciosos y opiniones seudocientíficas. No existen hechos científicamente establecidos o independientemente comprobados en la Psiquiatría. De hecho, la Psiquiatría no tiene leyes o hipótesis que puedan ser sometidas a la experimentación. Tampoco tiene una teoría coherente y comprensiva. Es de notar el hecho de que la Psiquiatría carece de pruebas o evidencias que respalden sus afirmaciones y eslóganes en los medios de comunicación sobre la "enfermedad mental".

Después de setenta años de investigación y praxis siquiátrica, todavía no existe una prueba de laboratorio para la esquizofrenia o cualquiera de los otros trescientos trastornos del Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM). Este manual es básicamente una lista de juicios morales clasicistas sobre conductas supuestamente anormales, publicado y propagado por la Asociación Psiquiátrica Americana (APA). El DSM es la Biblia oficial de la Psiquiatría organizada; es el equivalente del Malleus Maleficarum de la Edad Media con el que los inquisidores españoles identificaron, estigmatizaron y quemaron a los herejes. Las brujas, los herejes y los chivos expiatorios de hoy son etiquetados de mentalmente enfermos o esquizofrénicos.

La Psiquiatría hospitalaria con su política de control de internos mediante programas de modificación de conducta de alto riesgo, "tratamientos" biológicos, sujetadores físicos y mecánicos, puertas cerradas y pabellones, además de los cuartos de reclusión y aislamiento, siempre ha exhibido características fascistas. Quisiera enfocarme en tres: el temor, la fuerza y el fraude. Éstos son los principios que guían la política en el control de aquellos ciudadanos y grupos cuyo gobierno y autoridades, incluyendo la policía y los llamados expertos en salud mental, juzgan como disidentes, problemáticos o difíciles de controlar. La Psiquiatría hospitalaria es muy similar al sistema de una prisión. En la prisión o en el sistema carcelario se han usado Psiquiatras como consejeros para diseñar peligrosos programas de modificación de la conducta, además de realizar experimentos de alto riesgo sobre los prisioneros. Tanto el sistema psiquiátrico como el sistema carcelario sistemáticamente usan el temor, la fuerza y el fraude con fines de control social y de castigo - no para tratar o rehabilitar, palabras que son eufemismos. Es obvio, o al menos debiera serlo, que el tratamiento forzado es, de hecho, castigo. Éste generalmente es cruel y por lo mismo debiera ser prohibido en Estados Unidos bajo la octava enmienda constitucional. Virtualmente todos los tratamientos en los servicios psiquiátricos son forzados o se administran sin el consentimiento. Se administran contra la voluntad del "paciente" - un prisionero en realidad - y se obtienen mediante la amenaza de represalias más graves. Y cuando se obtiene su consentimiento, se hace manteniendo al "paciente" ignorante de los graves riesgos y de las alternativas que podría tener. Hablar de consentimiento informado en la Psiquiatría es una burla: no existe.

Temor/terror

"El terror actúa poderosamente sobre el cuerpo a través de la mente y debe emplearse para curar la locura. El temor es acompañado del dolor, y la sensación de ignominia algunas veces ha curado la enfermedad". Eso fue escrito en 1818 por el Dr. Benjamín Rush, el padre de la Psiquiatría americana y el primer presidente de la APA, cuyo rostro aún aparece en el sello oficial de la APA. El Dr. Rush era un partidario del terror mediante la camisa de fuerza, la silla tranquilizante y el "temor de morir" de muchos internos en asilos para lunáticos en el siglo diecinueve. Rush encarceló a su propio hijo en uno de sus asilos. ¡Menudo padre!

El temor es un poderoso incitador que convierte a la gente en conformes, obedientes y sometidos a la autoridad. Históricamente, el inducir y el manipular el temor o el terror enmascarado siempre ha sido lo que distingue a regímenes fascistas como la Italia de Mussolini, la Alemania bajo Hitler y la Unión Soviética bajo Stalin; de hecho, lo que distingue a cualquier dictadura. La amenaza de castigo, de tortura o de ser asesinado es suficiente para despertar temor y terror en la mayoría de nosotros. O hacemos lo que se nos dice o.

Tal como se usa en la Psiquiatría, el temor o el terror es más selectivo pero está difundido, y es un recurso poderoso. En la institución, el psiquiatra generalmente recurre al chantaje para controlar a los pacientes más "incontrolables" o rebeldes. Los psiquiatras y terapeutas amenazan a sus pacientes con encarcelamientos más prolongados o con dosis más altas de neurolépticos o "antidepresivos" y/o amenazan con transferencias a instituciones de máxima seguridad si uno no se comporta, falla en obedecer las órdenes del doctor, rehúsa tomar los "medicamentos" o seguir las reglas de la institución o hacer cualquier cosa que moleste a los carceleros. Estas amenazas dirigidas a los pacientes involuntarios y cautivos generalmente infunden temor en muchos de ellos, y los Psiquiatras lo saben. Por ejemplo, hace algunos años algunos activistas, pacientes y expacientes del Queen Street Mental Health Centre, el hospital o psico-prisión de Toronto de mala reputación, me dijeron que los psiquiatras los habían amenazado que si no se calmaban los transferirían al Penetang: la división de Oakridge Penetanguishene Mental Health Centre, un lugar de máxima seguridad en Ontario para modificar la conducta, conocido por su trato duro y brutal. Penetang era y es conocido como sinónimo de castigo, una de las psico-prisiones más bárbaras del Canadá. Debió haber sido cerrado hace muchos años, espacialmente después de un severísimo reporte sobre sus abusos por el psiquiatra Steven Harper.

Amenazar a los pacientes con sujetadores físicos o celdas de aislamiento también es muy efectivo para provocar pánico. Virtualmente en cada pabellón o unidad siquiátrica hay un lugar eufemísticamente llamado "El Cuarto Silencioso", un cuarto desnudo y vedado parecido a una celda con un colchón y lavabo, generalmente sin escusado ni mantas o sarapes. Acostados en el cuarto silencioso, a los prisioneros algunas veces se les restringe con correas de cuero, sujetadores de dos a cuatro agujeros bien apretados alrededor de las muñecas y/o en los tobillos de manera que apenas puedan moverlos por horas. La sola amenaza de la pérdida de la libertad, internamiento involuntario o de ser encerrado en un pabellón psiquiátrico o institución contra tu voluntad, y sin juicio o audiencia pública, es suficiente para asustarnos. En virtualmente cada provincia y territorio de Canadá el criterio para ser confinado es éste: un juicio personal de enfermedad mental, un juicio personal de que amenazas dañarte físicamente a ti mismo o a otra persona o un juicio personal de que eres incapaz de cuidarte a ti mismo. Nótese que estos criterios son tanto subjetivos como juicios morales de una conducta disidente basados en la observación y en la opinión, no en hechos médicos o científicos. A pesar del hecho de que la enfermedad mental - que en mi opinión es una metáfora de la disidencia - nunca ha sido oficialmente clasificada como una enfermedad médica, sólo los médicos están legalmente autorizados para hacer estos pronunciamientos no médicos y juicios fatídicos.

En Ontario, cualquier médico puede firmar una forma de internamiento para forzar a un individuo a ser encerrado en cualquier servicio psiquiátrico las primeras setenta y dos horas para su observación y evaluación. Otros dos médicos pueden firmar una forma que autoriza encarcelar a ese individuo por otras dos o cuatro semanas. En los últimos años aproximadamente el cincuenta por ciento de las miles de personas tratados en Ontario fueron confinadas a hospitales psiquiátricos.

La amenaza o el acontecimiento de perder tu libertad de ser encerrado en un psiquiátrico por días o meses es algo terrible. El amparo mínimo o inexistente que actualmente existe en Ontario para estos casos hace del derecho a la apelación una farsa, y sirve para aumentar el temor y la desesperación de la gente. La sola amenaza de ser forzado al tratamiento psiquiátrico, así como el tratamiento mismo, puede causar terror - por ejemplo, terror del electroshock, llamado terapia ECT, que en realidad es un lavado electro-convulsivo del cerebro, como le llaman algunos críticos y sobrevivientes como Leonard Frank. Mi cercano amigo Mel me dijo que en una ocasión lo arrastraron varias personas en el pasillo del hospital que conduce al cuarto del electroshock. ¡Ya me imagino su terror y el terror de otros que sufrieron la misma suerte! Yo también sufrí algo similar cuando, a la fuerza, me sometieron a cincuenta shocks de insulina en los 1950s. Para sorpresa de muchos, este tratamiento bárbaro que daña al cerebro y a la memoria no sólo sigue existiendo, sino que se está expandiendo en Canadá y los Estados Unidos. Las víctimas principales de este tratamiento son las mujeres y la gente de edad, especialmente las ancianas.

También existe la amenaza de las drogas psiquiátricas, eufemísticamente llamadas "medicinas". Tanto estos químicos como los tranquilizantes menores o antidepresivos y los antipsicóticos como Haldol, Modicate, Torazina y los llamados modificadores del humor como el Litio no son sustancias naturales sino venenos manufacturados, acertadamente llamados neurotoxinas por el psiquiatra y crítico de la Psiquiatría Peter Breggin en varios de sus libros y por Joseph Glenmullenm en su libro Prozac backlash, un instructor de Psiquiatría en la Escuela Médica de Harvard. Estos químicos no tienen beneficio o valor médico probados. Lo que hacen es controlar o doblegar la conducta problemática o perturbante, el humor y la emoción. Estas toxinas, en particular neurolépticos como Haldol, Modicate o Clorpromazina son tan minusvalidantes, poderosos y temibles que muchos sobrevivientes de la Psiquiatría y otros críticos les llaman lobotomías o camisas de fuerza químicas. Estas drogas tienen muchos efectos minusvalidantes llamados "efectos secundarios" para minimizar lo que en realidad son, efectos tales como: temblores o movimientos incontrolados en las manos y en otras partes del cuerpo (cosas que ocurre en los trastornos neurológicos como el parkinsonismo o la disquinesia tardía), calambres musculares, visión borrosa, pasearse por ansia, pesadillas, súbitas explosiones de enojo, agitación, pérdida de memoria, desmayos, trastornos en la sangre, ataques epilépticos y muerte repentina. Ahora bien, los así llamados efectos secundarios son el propósito de estas drogas. El temor a las drogas psiquiátricas se basa en la ignorancia e incertidumbre porque los psiquiatras y los demás médicos omiten informarles a los pacientes de los horribles efectos de estas drogas.

Sin la amenaza de usar la fuerza, el fascismo no existiría. Maquiavelo, Mussolini y Hitler sabían esto. Todos los dictadores, los aspirantes a dictadores y los pendencieros lo saben. Y éste es el caso de la Psiquiatría. Sin el uso o la amenaza de fuerza la institución psiquiátrica moriría: muchos psiquiatras se encontrarían desempleados. ¡Ojalá eso suceda! La Psiquiatría obtiene su autoridad y poder del Estado con el fin de forzar, encarcelar, internar involuntariamente y amenazar a los individuos contra su voluntad.

La legislación de salud mental le da al Psiquiatra y a los médicos el poder de internar involuntariamente a cualquier persona que, después de sólo unos minutos de examen, ellos "crean" que es peligrosa para sí mismo o para los otros. Esto es algo problemático. La Ley de Salud Mental erróneamente supone que los médicos pueden predecir conductas violentas o peligrosas, algo que en realidad no pueden hacer. Debe señalarse que la ley de Salud mental de Ontario, así como las otras leyes a lo largo de Canadá y Estados Unidos, se encuentran legalmente sancionadas por el Estado de usar la fuerza para detener o encarcelar a la gente por lapsos de días, semanas o años. Infortunadamente, nunca ha habido una protesta pública respecto al hecho que la gente juzgada o creída loca o peligrosa, pero sin que se les acuse de un crimen específico, puedan ser encerradas sin juicio legal (aquellos que son acusados de crímenes como asesinato o violación sí tienen derecho a un juicio legal). A esto se le llama detención preventiva: algo ilegal en Canadá y en otros países democráticos, pero legal y común en todos los estados policíacos y países comunistas. En lo personal, no sé de un litigio sobre este internamiento involuntario e inconstitucional: la detención preventiva.

En la Psiquiatría institucional de los países fascistas, el tratamiento forzado es la regla, no la excepción. El tratamiento forzado y los experimentos médicos tortuosos y terminales infligidos en miles de judíos, gitanos, prisioneros políticos, mujeres y niños fueron realizados en los campos de la muerte durante la segunda guerra mundial a través de los territorios de la Alemania nazi. Actualmente existe evidencia irrefutable que fueron los psiquiatras alemanes, especialmente algunos prominentes profesores de Psiquiatría y jefes de departamentos de Psiquiatría, los responsables del programa T4: el asesinato masivo de más de doscientos mil pacientes y miles de niños incapacitados y adultos durante el holocausto. El término eutanasia y muerte misericordiosa para designar a este programa asesino es un eufemismo cruel.

Mucha de la Psiquiatría biologista, que en su mayor parte son conjeturas no probadas acerca de las causas biológicas y genéticas de la esquizofrenia y de otros trastornos mentales, puede rastrearse al psiquiatra racista y eugenesista del nazi Ernst Rudin, quien propagó el mito de que la esquizofrenia es una enfermedad genética. Con otros cientos de psiquiatras, Rudin programó el asesinato masivo de los prisioneros psiquiátricos. Su trabajo aún se cita en algunos journals de Psiquiatría, tal como está documentado en el brillante libro de Lenny Lapon Asesinos en batas blancas: genocidio psiquiátrico en la Alemania nazi. Lapon declara que varios psiquiatras de la era nazi emigraron a Estados Unidos y Canadá y tuvieron éxito en adoctrinar a muchos de sus colegas en sus teorías racistas sobre la enfermedad mental. Heinz Layman, quien emigró a Canadá en 1937, fue el principal responsable para introducir la torazina y la clorpromazina, y propagó el uso de drogas psiquiátricas en el Canadá.

Actualmente tenemos una epidemia de daño al cerebro causado por drogas psiquiátricas debido parcialmente a Layman y a todos los doctores que les enseñó. En un artículo de 1954 Layman reconoció que la torazina era "un sustituto farmacológico de la lobotomía". A pesar de reconocer públicamente este dato alarmante, Layman nunca lo dejo de usar en muchos pacientes "esquizofrénicos" en el Hospital Douglas de Montreal. Layan también persuadió a Ewen Cameron que administrara clorpromazina y muchas otras drogas, además de cantidades masivas de electroshocks. La clorpromazina, considerada entonces una droga experimental, fue ampliamente usada en los infames experimentos de Cameron para lavarle el cerebro a mucha gente en el Instituto Memorial Allan en los 1950s y 1960s.

Si no hubo consentimiento informado en esos experimentos, tampoco lo hay ahora. En tiempos nazis los doctores no pedían permiso. De acuerdo a la ideología nazi, los sacrificados eran "comedores inútiles" o "subhumanos". Ésta es la actitud mental que sigue reinando en la Psiquiatría biologista a lo largo de Norteamérica. Otro legado de la Psiquiatría de la Alemania nazi fue la amplia aceptación y justificación del abuso para someter a los pacientes rebeldes. En las instituciones psiquiátricas los sujetadores físicos como correas, cuerdas, cinturones, esposas para manos y aislamiento solitario son usados no para tratar a la persona, sino para castigarla por desobediente o rebelde. Es el desplante desnudo de fuerza y amenazas contra los pacientes por el personal del hospital lo que se parece a la brutalidad del personal psiquiátrico alemán durante el holocausto.

 

Fraude

Una cita muy pertinente de Leonard Frank, autor de Influencing minds, es ésta: "La mistificación es la defensa de la Psiquiatría del peligro que la descubran". Muchas de las etiquetas o diagnósticos usados por los psiquiatras no se refieren a problemas psiquiátricos o a enfermedades reales. El profesor de Psiquiatría Thomas Szasz ha sacado a la luz el fraude y el mito en el concepto de enfermedad mental en muchos libros, iniciando en el clásico El mito de la enfermedad mental. Esta mistificación es uno de los grandes escándalos científicos de nuestra época. Las palabras en boga en la Psiquiatría biologista como "antidepresivos" no le ayudan a la gente a vencer su depresión o de entender las causas de la misma. Asimismo, el término "cuarto silencioso" es una expresión fraudulenta de aislamiento solitario, y la palabra "medicación" también es un eufemismo engañoso de algo que en realidad es una sustancia tóxica a la que muchos de nosotros fuimos sometidos.

He tratado de mostrar aquí que la Psiquiatría institucional y coercitiva tiene una historia fascista y que la Psiquiatría biologista tal como se practica hoy día en los servicios psiquiátricos en Canadá y en los Estados Unidos está basada en el temor, la fuerza y el fraude. La Psiquiatría no merece el apoyo público o gubernamental. Debemos trabajar para abolir a la Psiquiatría. También debemos seguir trabajando para crear grupos que promuevan la auto-ayuda, más centros "drop-in" y viviendas más económicas en nuestras comunidades. Necesitamos crear nuestras propias alternativas al monstruoso y maligno sistema de salud mental. Así nuestras vidas estarán bajo nuestro control. Este es nuestro trabajo, nuestro reto y nuestra esperanza.

Copyright 2001 por Don Weitz (usado con permiso)