La
verdad sobre el mago Harry Houdini.
Estimado profesor Velmont: La televisión, de tanto en tanto, reflota, en
documentales y también en películas, la novelesca vida de Harry Houdini,
considerado el más grande mago de todos los tiempos, especialmente por sus
escapes casi milagrosos. Tengo varias preguntas para hacerle: 1) ¿tenía poderes
que le permitieran hacer tantos portentos, como creía Arthur Conan Doyle, el
creador de Sherlock Holmes, que lo admiraba?; 2) ¿logró comunicarse con su
madre fallecida?; 3) ¿después de morir, se comunicó con su esposa, como habían
acordado?
Irene H.
RESPUESTA
Apreciada Irene: Harry Houdini vivió una vida atormentada, a pesar de
sus éxitos en el espectáculo de la magia, por su obsesión con la comunicación
posmortem. Para comprender mejor las respuestas que te daré, que por lo demás
son muy simples, conviene repasar un poco su biografía.
Houdini nació en Budapest el 24 de marzo de 1874, bajo el nombre de
Ehrich Weiss. En 1878, su familia se trasladó a Estados Unidos, instalándose
hasta el fallecimiento del padre, en octubre de 1892, en la ciudad de Appleton,
en Wisconsin USA.
En cierta oportunidad, Harry trabó amistad con Joe Rinn, interesado en
la magia, pero también en el Espiritismo. Joe había asistido a sesiones
espiritistas, reuniones en las que los participantes afirmaban que los
espíritus de los muertos regresaban a la tierra y hablaban con los vivos. Los
asistentes eran acariciados por manos invisibles, los instrumentos musicales
sonaban solos y las mesas se tambaleaban. Houdini estaba ansioso por saber si
todo aquello era cierto, y abrumaba a Joe con sus preguntas. Éste tenía sus
dudas. En su opinión, la mayoría de los médium espiritistas eran magos poco
profesionales.
Los auténticos magos, aunque fomentaban el aura misteriosa de la magia,
explicaban que ésta era puramente física. A comienzos de 1891, Houdini:
convenció a Joe Rinn para que le llevara a una sesión espiritista en Nueva
York. Acudieron a la casa de Minnie Williams, quien se introdujo en una especie
de armario cerrado por pesadas cortinas y pareció entrar en trance. Pronto
comenzaron a surgir figuras de la cabina; primero una, luego dos, que eran
reconocidas por algunos de los presentes como espíritus de seres queridos
desaparecidos. Conforme salían, el suelo crujía bajo sus pies, por lo que
Houdini consideró que aquellos personajes tenían una constitución demasiado
sólida para ser espíritus. Al salir, manifestó su asombro de que la gente
pudiera ser engañada mediante un fraude tan evidente.
Algunas semanas más tarde, Joe le enseñó un libro, recién publicado, en
el que se revelaban casi todos los trucos utilizados para reproducir los
llamados fenómenos espiritistas. De todos los secretos del libro, el que más
fascinó a Houdini fue el que revelaba que una persona firmemente atada con
cuerdas podía soltarse y volver a restablecer sus ligaduras. Algunos médium
solían atarse para asegurar a los presentes que no eran ellos quienes
provocaban los fenómenos espiritistas. El libro proporcionaba detalles
específicos de cómo realizaban el truco. Houdini se puso a practicar con su
amigo Jacob Hyman, y pronto ambos se convirtieron en expertos.
Las dudas que pudiera tener Harry sobre la profesión de mago se
disiparon totalmente cuando leyó las memorias de Jean Eugéne Robert-Houdin.
Robert-Houdin había comenzado su serie de Soirées Fantastiques en París,
en 1845, en un teatro del viejo Palais-Royal, en las que realizaba maravillosos
números de ilusionismo. Pero lo más interesante era que su reputación no se
limitaba al mundo del espectáculo. En 1856, un grupo de líderes religiosos
argelinos denominado los Marabús estaba incitando a las tribus del país
africano a rebelarse y expulsar a los infieles franceses. El gobierno de París
solicitó a Robert-Houdin que contrarrestara la rebelión con una exhibición de
su magia en Argelia.
Los números de Robert-Houdin asombraron a la asamblea de líderes tribales,
y éstos llegaron a la conclusión de que la magia de los Marabús no podía
competir con la de los franceses. La paz fue restablecida, y Robert-Houdin
regresó triunfante a París.
Cuando Houdini acabó de leer el libro, sabía que el rumbo de su vida
había quedado marcado. Y así, a la edad de diecisiete años se convirtió en mago
profesional. Jacob sería su socio. Se necesitaba un nombre para el espectáculo.
Houdini había estado citando constantemente a «Houdin», sin darse cuenta de que
estaba utilizando únicamente la segunda parte de un apellido compuesto. Jacob
tenía la idea equivocada de que añadir una «i» a una palabra era la forma
europea de decir «igual a», por lo que propuso el nombre de Hermanos Houdini.
En el verano de 1894, Houdini conoció a la que más tarde sería su
esposa, Wilhelmina Beatrice Ralmer (Bess para sus amigos).
Durante una gira por Canadá, en una conferencia en una Universidad, le
presentaron a un joven estudiante deportista, que no creía en la fortaleza de
los abdominales de Harry y le apostó a que no resistiría un fuerte golpe. Sin
dejarlo pensar ni preparar, le tiró un golpe directo al estómago, y Harry, al
recibir el golpe cayó enroscándose de dolor, pero su orgullo lo hizo parar y
decir que no había pasado nada. Todos, incluida su esposa, le pedían que se
hiciera revisar por un médico, pero esa noche era la ultima función y el
artista no quiso y se presentó a pesar del dolor.
Terminada la función, viajaron en tren a Detroit, donde había prometido
concurrir al hospital. Era la noche del 24 de octubre de 1926. Al llegar al
Hospital de Nuestra Señora de la Gracia en Detroit (Michigan), le fue
diagnosticada una peritonitis y operado de inmediato, falleciendo una semana
después, la Noche de Brujas del 31 de octubre, en la habitación 401. Sus restos
descansan en el Cementerio Judío de Machpelah, ubicado en 80-30 de Cypress
Hill, Queens, New York.
Su inquietud por lo oculto le hizo prometer a su esposa que volvería del
Más allá, completando el escape más importante. Bess levantó un altar en espera
de alguna comunicación, asistiendo a numerosas sesiones espiritistas con gran
devoción. Cumplido el plazo que se habían prometido de espera, con gran
tristeza, su compañera de toda la vida, apagó la vela como símbolo de final.
Ésta es más o menos, en síntesis, la historia de Harry Houdini, de la
que por razones obvias debimos omitir muchos hechos interesantes de su
ajetreada vida.
Respondiendo a tus preguntas, te aclaro que Houdini no tenía ningún
poder especial, sino solamente una tremenda habilidad y gran astucia para
manejar el espetáculo de la magia y ponerse al público en el bolsillo, como se
dice comúnmente..
Para que puedas apreciar esto que digo, te relato uno de sus más
preciadados actos, el escape de la Celda de Torturas China, un ejercicio
supuestamente difícil.
Una vez en el escenario, Houdini señalaba la Celda, un depósito de caoba
revestido interiormente de metal, con el frente de cristal, que era necesario
en el caso de que se diera por vencido o le fallaran las fuerzas. Obviamente,
los espectadores no deseaban que se ahogara, y Harry jugaba con la aprehensión
del público a las mil maravillas.
Si se encontraba en apuros, sus colaboradores romperían el cristal y
tratarían de salvarle. El mago invitaba a un grupo del público a que llevara a
cabo una detallada inspección del recipiente. A continuación, se llenaba la
Celda de agua. Vestido con traje de baño, Houdini se tendía en el suelo. En los
tobillos le colocaban cepos de madera con cierres metálicos, que se sujetaban a
un enorme armazón. Éste se izaba hasta que el mago colgaba cabeza abajo sobre
la Celda. Tras varias aspiraciones, daba la señal para que lo bajaran.
A continuación, el armazón que sostenía los cepos descendía hasta formar
la parte superior de la Celda. Sobre éste se ajustaba una rejilla metálica; se
accionaban sus cierres, y el público que estaba en el escenario le colocaba
candados.
La audiencia podía ver a Houdini a través del cristal. Estaba en el
agua, cabeza abajo, con los tobillos inmovilizados, indefenso. Entonces, la
Celda se ocultaba de la vista del público mediante una cabina acortinada. En el
exterior, dos colaboradores con cascos de bombero, gabardinas negras, botas de
goma y hacha en mano, permanecían alerta. La orquesta ejecutaba música acorde
con la tensión del acto.
Transcurre un minuto, luego dos. El público entraba en tensión. Dos
minutos y medio. Tres. Y ya empezaban a oírse murmullos de alarma. No solamente
se encontraba encerrado bajo el agua, sino que estaba también con la cabeza
para y los tobillos sujetos por un cepo.
La evidente impotencia que entrañaba su posición resultaba aterradora.
Algunos espectadores se volvían
histéricos, oyéndose gritos de que se acudiera en su ayuda.
Llegado el momento acordado, los colaboradores levantaban sus hachas en
claro ademán de romper el cristal y salvar al mago, pero, en ese preciso
instante, Houdini descorría la cortina y aparecía ante el público con estudiado
despliegue histriónico. Detrás de él aparecía la Celda, intacta, y tan cerrada
como antes. Naturalmente, la audiencia estallaba en una explosión mezcla de
alivio y júbilo, completamente asombrada.
¿Cómo podía un ser humano realizar tal portento sin poseer poderes
milagrosos? Pues era muy sencillo. Para Harry Houdini, destrabar los candados
era un juego de niños, ya que él en su mocedad había trabajado en una
cerrajería y conocía todos sus trucos. El quid estaba en cómo podía hacer para
contener tanto tiempo la respiración dentro del agua. La respuesta era tan simple
como ingeniosa.
De más está decir que Houdini podía contener bastante la respiración, ya
que se había entrenado mucho en este sentido, pero lograba producir el efecto
de que podía contenerla casi indefinidamente. Lo que no sabían los espectadores
era que, cada vez que sus colaboradores descorrían la cortina para mostrar que
Harry permanecía aún dentro de la Celda, él ya había sacado astutamente la
tapadera y respirado grandes bocanadas de aire, para luego sumergirse en el
agua como si siempre hubiera estado allí.
La impresión de que nunca había salido de la Celda para respirar era tan
poderosa que producía una gran conmoción en el público, el que más tarde
estallaba en aplausos incontenibles al ver que había escapado ileso en forma
milagrosa.
Siempre que se encontraba en Nueva York, Houdini discutía el tema de los
fenómenos espiritistas con su amigo Joe Rinn. Éste había adquirido prestigio
como investigador de fenómenos psíquicos. Joe dijo a su amigo que, aunque aún
no estaba convencido de que las afirmaciones de los espiritistas fuesen
auténticas, la actitud adoptada por algunos acreditados investigadores era de
que, aunque existía un elevado porcentaje de fraudes, se producían también
algunos fenómenos psíquicos verdaderos. La mente racionalista de Houdini se
inclinaba a desechar todo eso, pero seguía preguntándose sobre si era posible
la comunicación con los "muertos".
En realidad, la misión de Harry Houdini al encarnar fue la de investigar
los fenómenos paranormales, pero fracasó rotundamente porque se transformó en
un formidable escéptico al desenmascarar a muchos malos médium que utilizaban
trucos. Su error fue meter a todos ellos en la misma bolsa.
Al morir su madre, hecho que sucedió en julio de 1913, el tema de la
comunicación posmortem se convirtió en su verdadera obsesión. Comenzó a hacer
pactos con sus amigos de que aquel que muriera primero trataría de comunicarse
con los demás. Inventó códigos y apretones de manos secretos, que el médium
debería reproducir para demostrar que la comunicación era auténtica.
El pacto que el mago consideraba más importante fue el que convino con
Bess. Houdini y su esposa juraron solemnemente que aquel que muriera primero
enviaría un mensaje codificado consistente en diez palabras. La primera palabra
era Rosabelle, nombre que poseía
especial significado para ambos (era el nombre de una canción que se había
hecho popular en esa época y que juntos la habían cantado en los escenarios).
Las nueve palabras restantes, a cada una de las cuales correspondía un
número, que a su vez representaba la posición de una letra en el alfabeto,
eran: contesta di reza contesta mira di
contesta contesta di. Así, el mensaje completo era: Rosabelle cree.
Houdini esperaba morirse primero, y estaba decidido a regresar a este
mundo si eso era posible. Demostraría la existencia de la comunicación entre
los espíritus de forma tan concluyente, que nadie volvería a ponerla en duda.
En diciembre de 1919 inició una gira por Gran Bretaña, descubriendo que
el país era muy receptivo a sus ideas escatológicas. La guerra había arrancado
a innumerables personas sus seres queridos, y el enorme número de muertos había
dado lugar a un acusado resurgimiento del interés por el Espiritismo.
Personalidades famosas de todos los campos le apoyaban y escribían a su favor.
De todas ellas, el hombre que quizá logró mayor impacto en el público
fue sir Arthur Conan Doyle. Creía fanáticamente en este tema, pero no lo
analizaba con la fría lógica de su mayor creación literaria, Sherlock Holmes.
Para él, la razón no tenía nada que ver con el Espiritismo: ésta era una verdad
indiscutible y punto.
Houdini escribió a Doyle. Poco
después, ambos personajes se encontraron e, inmediatamente, simpatizaron. El
mago pensó que lo mejor era definir claramente desde el comienzo cuál era su
postura en el tema del Espiritismo: era un escéptico, aunque dispuesto a
convertirse en creyente si encontraba a un verdadero médium. Doyle le dijo que
existían abundantes pruebas de autenticidad.
Durante los seis meses que permaneció en Gran Bretaña, Houdini asistió a
cien sesiones espiritistas. Los médium transmitían los acostumbrados ambiguos
mensajes de su madre, pero ninguno se aproximaba al mensaje que tanto deseaba
oír, ni ningún otro que pudiera juzgar como auténtico.
Mientras Houdini recorría el país, Doyle seguía sus hazañas por los
periódicos; en ellos leía una y otra vez sus desconcertantes escapatorias de la
Celda de Torturas China y de otros artilugios. Houdini le había asegurado que
realizaba todos sus ejercicios mediante procedimientos naturales, pero Doyle
comenzaba a tener dudas. El escritor envió una carta a Houdini en la que le
preguntaba por qué buscaba tanto una demostración de la existencia de fenómenos
sobrenaturales cuando él estaba dando prueba de los mismos continuamente.
Doyle le sugirió que quizá la razón por la que no conseguía ninguna
prueba de comunicación con los espíritus era que no utilizaba correctamente su
maravilloso poder. Houdini estaba confundiendo a su público al referirse a sus
asombrosas facultades como simples trucos inteligentes.
Doyle había tocado inadvertidamente el apasionante tema que había
inquietado a Houdini a lo largo de toda su vida profesional. El 3 de julio,
Houdini se embarcó con rumbo a su país. Hacia el otoño, la labor de desenmascar
a los médium se había convertido en su interés primordial. Éste prodigó
conferencias a organizaciones cívicas, en las que sostenía que nadie sabía más
que él sobre el tema.
Siguiendo su costumbre profesional, el mago lanzó un desafío a todos los
médium: ofrecía cinco mil dólares si no era capaz de reproducir alguno de los
fenómenos de aquellos.
De repente, el Espiritismo volvió a ser noticia. Había dinero de por
medio, y el movimiento fue explotado hasta la saciedad. La dirección de la
revista Scientific Arnerican decidió investigar toda evidencia de fenómenos
psíquicos, y ofreció un premio de 2.500 dólares a aquella persona que, bajo
riguroso control científico, pudiera llevar a cabo alguna manifestación de
naturaleza considerada como psíquica. Con el fin de juzgar a los solicitantes,
se nombró un tribunal de científicos e investigadores en este campo. El puesto
reservado para un mago lo ocupó Houdini. Para cuando fue invitado a formar
parte del tribunal del Scientific American, Houdini había firmado ya un
contrato que le llevaría de gira durante seis meses por el oeste de los Estados
Unidos. Sin embargo, estaba decidido a prestar su colaboración, y prometió
cancelar sus actuaciones siempre que fuera requerido para alguna investigación.
Lo hizo en dos ocasiones. La primera vez, el tribunal ya había demostrado que
el médium era un impostor. Pero Houdini reveló la historia a la prensa de tal
forma que parecía que había sido él quien había desenmascarado al médium. El
comité se sintió ofendido por la actitud del mago, pues éste obviamente creía
que se podía engañar a los miembros del tribunal, mientras que él, por el
contrario, advertía en seguida cualquier truco.
En el segundo caso, Houdini evitó probablemente que sus colegas fueran
embaucados por un farsante. Pero de nuevo les pareció que el mago estaba tan
interesado por presumir ante el tribunal como por desentrañar los fraudes. El
curso de su vida había cambiado por completo. En febrero de 1924, se
comprometió a dar veinticuatro conferencias por toda Norteamérica. Por fin
había encontrado lo que había estado buscando durante toda su vida: un papel
que desempeñar en el mundo; una tarea que realizar para la humanidad. Sin
embargo, cuando Houdini iba de gira como conferenciante, no prescindía del
hombre del espectáculo que llevaba dentro. Como siempre, realizaba números al
aire libre para atraer a las multitudes. Las propias conferencias eran una
mezcla irresistible de formación y entretenimiento. El mago no solamente
explicaba cómo los médium lograban sus efectos, sino que él también los llevaba
a cabo. Las mesas levitaban, los instrumentos musicales sonaban, aparecían
mensajes en pizarras en blanco, y todo ello aparentemente sin la ayuda humana.
Al público les encantaba. Así, Houdini se convirtió en el azote de todos los
médium. Éstos le odiaban y le temían. Afirmaban que estaba acosando a los
espíritus inmortales, y que eso traería consigo inevitables y terribles
consecuencias.
Otra de tus preguntas es si su madre se comunicó con él después de
fallecer, y la respuesta es que sí, pero Houdini creyó estaba alucinando. Y lo
mismo le pasó a Bess, que tampoco creyó en la comunicación con su esposo.
Lo que tanto Bess como Houdini ignoraban es que el médium es un
traductor que interpreta libremente los conceptos o ideas de los espíritus, y,
como tal, mal podría transcribir puntillosamente las palabras claves acordadas
con su esposo. Además, el decodificador mental de cada médium es distinto de
todos los demás, y de ahí que las traducciones varíen. Todo esto hizo entrar en
confusión a Bess y por eso negó la autenticidad de las comunicaciones.
También influyó en Bess el escepticismo en las comunicaciones posmortem
que le transmitió en vida su esposo.
A todo esto no puede dejar de agregarse que en la actualidad los médium
apenas llegan al 20 % de fidelidad en la transmisión, por lo que una proporción
de un 70 % de posibilidad de error hace que las comunicaciones mediúmnicas no
sean confiables. El caso de Jorge Olguín, que alcanza una fidelidad de más del
95 % hay que considerarla muy excepcional.
Cuando Houdini desencarnó se encontró que había descendido, a causa de
su tremendo ego, al plano 3, que es, junto con el 2, uno de los planos del
Error. Además, se dio cuenta de las
dificultades casi insalvables para transmitir, vía mediúmnica, el mensaje tal
como lo había acordado con Bess. Insistió algunas veces en transmitirle la
clave, pero los médium, poco preparados, tergiversaban el mensaje, lo que lo
hizo finalmente desistir.
Ésta es la verdad de toda esta historia. Bienvenida al Club. Un fuerte
abrazo.
Horacio Velmont.
Nota: Te transcribo parte de la sesión del 27/8/02
donde se trató el tema:
Interlocutor: ¿La misión de David
Copperfield era encarnar solamente para divertir al público?
Ron Hubbard: No, su misión específica era investigar
los fenómenos paranormales, como lo había hecho Houdini, aunque éste se dedicó
a perseguir a todos los médium, porque él no creía en la mediumnidad.
Interlocutor: Recuerdo que Houdini trató
por todos los medios de comunicarse con su madre... ¿Lo logró?
Ron Hubbard: Finalmente sí, pero él no creyó que lo
había hecho, pues pensó que alucinaba.
Interlocutor: Apenas lo puedo creer...
¡Tanto esfuerzo para nada! ¿Entonces Houdini fracasó en su misión? Me refiero a que su
misión había sido estudiar los fenómenos paranormales.
Ron Hubbard: Fracasó totalmente. Houdini se transformó en un escéptico
recalcitrante.
Interlocutor: ¿Después de desencarnar, Houdini, ya
como espíritu, trató de comunicarse con su esposa?
Ron Hubbard: Cuando Houdini desencarnó, fue directamente al plano del
Error 3, porque estaba muy imbuido de ego. Intentó comunicarse con la esposa,
pero no fue escuchado.
Interlocutor: O sea que desde el punto de vista de la
esposa, Houdini nunca se comunicó y por lo tanto nadie se ganó los famosos diez
mil dólares que ofreció de recompensa.
Ron Hubbard: Así es. En ocasiones ella percibió en su mente la
comunicación de su esposo, pero creyó que alucinaba y lo rechazó.
Interlocutor: Bueno, este tema está aclarado.