| Índice | Enrique Pichon Rivière (psiquiatra y psicoanalista)
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ENRIQUE PICHON RIVIÈRE Psiquiatra y psicoanalista (1907-1977) tristemente célebre por haber sido el introductor del electrochoque en la institución manicomial “José T. Borda”. Además, fue uno de los introductores del psicoanálisis en la Argentina y uno de los fundadores de la APA (Asociación Psicoanalítica Argentina), institución que auspicia el Psicoanálisis, que constituye uno de los más grandes fraudes en la historia de la salud mental. ¿A qué demente puede habérsele ocurrido que para curar trastornos mentales había que poner la cabeza en el enchufe, cuando nuestros padres siempre nos advirtieron del peligro de poner sus dedos en él? Más información en “Electrochoque”. Los psiquiatras y los psicoanalistas ignoran supinamente la existencia de la segunda mente del ser humano, la mente reactiva, así como también sus engramas, que son los que al restimularse originan los diversos trastornos psicogénicos (es un error denominarlos psicosomáticos) así como también la delincuencia. Más información en “Psicoanálisis”, y en “Psiquiaría forense (obsolencia)”. "ENGRAMA" La mente analítica puede quedar total o parcialmente reducida en su capacidad a causa de un golpe como el de la figura. Todo lo que sucede mientras dura esa inconsciencia se graba a nivel celular como engrama en la mente reactiva. El engrama es similar a una orden hipnótica de alto poder. Si más tarde el engrama se restimula puede producir trastornos impredecibles. Por ejemplo, si en ese momento de reducción analítica y dolor intenso alguien dice cerca del accidentado algo así como “¿estás ciego que no ves por donde caminas?”, estas palabras quedan implantadas en la mente reactiva como una orden hipnótica, cuyas consecuencias pueden ser disminución manifiesta de la vista o incluso ceguera crónica. La única solución es la eliminación del engrama, cuya tecnología, descubierta por L. Ronald Hubbard, ignoran tanto el psiquiatra como el psicoanalista. Más información en “Mente reactiva automática” y luego en “Engrama, mente reactiva, Clear”. Uno de los disparates más grandes de la Psiquiatría y del Psicoanálisis es considerar al ser humano como compuesto solamente de mente y cuerpo olvidándose del espíritu, que es el que realmente piensa. El cerebro es simplemente una máquina que el espíritu utiliza de la misma forma que el operador utiliza a su computadora. Más información en “Estructura del hombre”. "EL HOMBRE ES UN ANIMAL" Ésta es sólo una de las falacias de la Psiquiatría y el Psicoanálisis, porque hay otras. Más información en “Carlos Warter”. |
Es realmente imperdonable que se escriban estas estupideces habiendo transcurrido ya varias décadas desde que L. Ronad Hubbard escribiera "Dianética, la ciencia moderna de la salud mental" (1950), dando a conocer el sorprendente descubrimiento de la existencia en el ser humano de una segunda mente, la mente reactiva, un mecanismo de supervivencia inherente a todos los seres vivos y la única responsable de todas las aberraciones. Enlace a la página (elortiba.org) 1) Biografía de Enrique Pichon Rivière , Material extraido del libro Conversaciones con Enríque Pichón Rivière Sobre el Arte y la Locura de Vicente Zito Lema, Ediciones Cinco
2) El camino de Enrique Pichón Riviere: El desafío de la Psicología Social por Alfredo Grande y Gregorio Kazi
3) El ECRO de Pichon Rivière Lic. Gladys Adamson
Psiquiatra y psicoanalista (1907-1977). Fue uno de los introductores del psicoanálisis en la Argentina, y uno de los fundadores de la APA, de la que luego tomó distancia para dedicarse a la construcción de una teoría social que interpreta al individuo como la resultante de su relación con objetos externos e internos. En este marco, fundó la Escuela de Psicología Social
BiografíaEnrique Pichon Riviére nació en Suiza en 1907, y de muy pequeño vino a la Argentina. Su infancia transcurrió en el Chaco y en Corrientes, donde aprendió "el guaraní antes que el castellano", como él decía. Estudió medicina, psiquiatría y antropología, aunque abandonó estos últimos estudios para desarrollar su carrera como psiquiatra y psicoanalista, convirtiéndose en uno de los introductores del psicoanálisis en la Argentina. A comienzos de los '40 se convierte en uno de los fundadores de la Asociación Psicoanalítica Argentina. Luego toma distancia de ella, para centrar su interés en la sociedad y la actividad grupal en el seno social, fundando la Escuela de Psicología social. Responsable de una renovación general de la psiquiatría, Pichon Riviére introdujo la psicoterapia grupal en el país (servicio que incorporó al Hospital Psiquiátrico cuando fue su director) y los test en la práctica de esa disciplina, impulsando también la psiquiatría infantil y adolescente. Incursionó en política, economía, deporte, ensayó hipótesis sobre mitos y costumbres de Buenos Aires, y se interesó especialmente por la creación artística estableciendo un territorio común entre la crítica literaria y la interpretación psicoanalítica de la obra como expresión de las patologías del autor. Líder y maestro, desde la cátedra y las conferencias dirigidas al público más amplio y diverso, se convirtió en referente obligado para más de una generación de psicoterapeutas, y formó decenas de investigadores en el campo de una teoría social que interpreta al individuo como la resultante de la relación entre él y los objetos internos y externos.
2. Autobiografía.- Señala Pichon Rivière que su vocación por las Ciencias del Hombre surgió de la tentativa de resolver el conflicto entre dos culturas: la europea, su cultura de origen, y la guaraní, de la que fue testigo desde los 4 años, cuando su familia emigra al Chaco, hasta los 18 años. "Se dio así en mí la incorporación, por cierto que no del todo discriminada, de dos modelos culturales casi opuestos. Mi interés por la observación de la realidad fue inicialmente de características precientíficas y, más exactamente, míticas y mágicas, adquiriendo una metodología científica a través de la tarea psiquiátrica" (7). Artículo completo en este enlace...
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EL TRISTE LEGADO DE PICHON RIVIÈRE
por Horacio Velmont
I
EL ELECTROCHOQUE Gonzalo Bosch, médico psiquiatra, nació en Buenos Aires el 2 de agosto de 1885 y murió en la misma ciudad en 1967. Fue uno de los más importantes alienistas argentinos de la primera mitad del siglo XX. Docente de las ciencias psiquiátricas durante la mayor parte de su vida, fue también un gran escritor y promotor de los estudios disciplinares en el país. En 1943, Bosch accedió a la titularidad de la Cátedra de Clínica Pediátrica de la Universidad de Buenos Aires, que habían dirigido eminentes científicos de la talla de Lucio Meléndez, Domingo Cabred, José T. Borda y Arturo Ameghino. Durante su presidencia, el doctor Enrique Pichón Riviere realizó en el Hospicio el primer electrochoque realizado en la ciudad de Buenos Aires (texto extraído de un diccionario histórico). El electrochoque, en definitiva, no es más que una lobotomía sin cirugía, aunque de actuación más lenta, a la cual hay que agregarle el terror producido por las descargas eléctricas que dejan secuelas irreparables. Los mismos psiquiatras saben de los nefastos efectos de esta seudo terapia, que hoy sólo se utiliza únicamente porque detrás está el dinero, ya que las aplicaciones se cobran bien. El electrochoque decididamente viola los derechos humanos al destruir la mente. Además del dinero, también hay otro factor, y es que el electrochoque está de acuerdo con la teoría psiquiátrica -falsa, por supuesto- de que "cordura es adaptación". El electrochoque transforma al hombre en poco más que un zombie... ¿y quién se adapta más y mejor al mundo que un zombi? Para probar la falsedad de dicha premisa basta contemplar al castor que, adaptándose al medio, desde que apareció en la Tierra sigue y seguirá construyendo el mismo dique. El hombre, en cambio, lejos de adaptarse al medio lo enfrentó y su resultado son las enormes y majestuosas represas, rascacielos y puentes que hoy son orgullo de toda la humanidad. La Psiquiatría nunca le llama electrochoque al tratamiento, porque esta palabra, a pesar de ser terminológicamente correcta, tiene una connotación amenazante. De ahí que para mitigar cualquier reacción negativa la disfraza como "electroterapia" o "terapia de electroconvulsiones". Los psiquiatras, por su parte, tampoco dirán abiertamente que no saben como "funciona" y que no tienen ningún argumento científico por el cual se puede sostener que es buena idea destruir células cerebrales. El procedimiento es rápido y directo. Al paciente no se le permite comer o beber por cuatro o cinco horas para prevenir vómitos durante el procedimiento. Una media hora antes se le suministra una droga, por ejemplo Atropina o Robinol, que reduce las secreciones bucales. Esto disminuye el riesgo de asfixia y otras complicaciones que podrían presentarse si el paciente fuera a tragarse su propia saliva. Dentaduras, joyas y ornamentos en los cabellos son removidos para prevenir heridas durante la convulsión. La persona es colocada sobre una cama. Cerca de ella hay un equipo de emergencia, que incluye un "desfibrilador" para darle arranque a un corazón con eventual paro cardíaco. Se aplica una jalea sobre las sienes del paciente para mejorar la conductividad eléctrica y prevenir quemaduras y se inyecta en las venas anestesia para provocar su inconsciencia total. Luego le es administrado un relajante muscular causando un paro virtual de la actividad muscular. Seguidamente es puesto en un respirador artificial que se desconecta cuando termina el tratamiento y vuelve a respirar por sus propios medios. También se le coloca una mordaza de goma para impedirle que se rompa los dientes o se muerda la lengua. Una vez colocados los electrodos sobre las sienes se aprieta un botón enviándose una corriente eléctrica de entre 180 a 460 voltios que chamusca el cerebro de sien a sien (ECT bilateral), o del frente a la parte de atrás de un lado de la cabeza (ECT unilateral). Esto crea una convulsión severa de larga duración, que es idéntica a un ataque epiléptico. En razón de que el relajante muscular disimula la respuesta normal del cuerpo al electrochoque, el psiquiatra que lo administra usualmente busca una encorvadura hacia arriba o movimiento de los dedos del pie para determinar si el electrochoque "funcionó". Sin este síntoma, se continúan aplicando los choques eléctricos hasta que se obtiene el efecto deseado. El procedimiento completo dura entre cinco y quince minutos y el resultado es inevitablemente daño cerebral. La onda eléctrica a través del cerebro hace que éste descargue energía en una forma muy caótica incrementando el metabolismo a un nivel tan alto que despoja al cerebro de oxígeno y destruye las células cerebrales con consecuencias tales como falta de memoria e incapacidad de aprendizaje, así como también desorientación espacial y temporal. El electrochoque, cabe reiterar, no es más que una lobotomía sin cirugía, aunque de actuación más lenta, a la cual hay que agregarle el terror producido por las descargas eléctricas que dejan secuelas irreparables.
II
EL PSICOANÁLISIS
Muchas veces hemos señalado, y no está de más que lo volvamos a hacer en razón del obcecamiento de los psicoanalistas en continuar con un sistema que ya se ha probado hasta la saciedad que es ineficaz, que el Psicoanálisis es interminable porque no va al fondo del asunto, quedándose solamente en la superficie del problema. Si alguien es atropellado por un automóvil y tiene plena conciencia del accidente, el psicoanalista se planta aquí y lo atiende solamente en cuanto a sus eventuales secuelas mentales, sin darse cuenta de que el verdadero problema no es quizás dicho accidente sino uno muy anterior, por ejemplo cuando se cayó de su bicicleta siendo un niño pequeño y se desmayó del golpe. Este último incidente, que es el que "engancha" al del automóvil no es buscado por el psicoanalista porque éste ignora que en la mente reactiva los incidentes similares se aprisionan de la misma forma que los eslabones de una cadena, y el primero esclaviza a todos. Para expresarlo más claramente, los trastornos producidos por el accidente con la bicicleta se agravan con el accidente vehicular. Esto significa que de nada vale el trabajo del psicoanalista de indagar sobre este último, porque lo que debe hacer es borrar de la mente reactiva el de la bicicleta, en cuyo caso la carga del accidente vehicular se suelta (desaparece) automáticamente. La clave es que el incidente más antiguo encadena al más nuevo, y ésta es la razón de que aquél deba buscarse en primer término, algo que, cabe reiterar, el psicoanalista no hace porque lo ignora. Con lo expuesto basta para demostrar que el psicoanalista, sin saberlo, utiliza una terapia que en nada se diferencia de una charla con un buen amigo que tenga la delicadeza de escuchar nuestras cuitas y nos aliente palmeándonos la espalda. Pero para eso no se necesita ningún título ni ningún consultorio, y menos aún pagar por algo que puede hacer cualquiera sin ningún estudio y con su sola buena voluntad. * Advertencia: Dianética y Cienciología son marcas registradas y aquí se las menciona exclusivamente con fines informativos y de difusión. El Grupo Elron es una organización independiente sin fines de lucro, políticos o religiosos, y la distribución del material es totalmente gratuita. Para información sobre marcas registradas: http://www.scientology.org/en_US/feature/legal/trademark.html Dianética y Cienciología han sido complementadas por el profesor Jorge Olguín mediante las técnicas de Psicointegración y Psicoauditación
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