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El misterio del Mary Celeste
Grupo Elron

 

El té estaba todavía caliente en la mesa; todos los botes salvavidas se hallaban en su lugar, y sin embargo la tripulación del Mary Celeste había desaparecido. ¿Qué sucedió en realidad?

 

 

 

La historia conocida

Enlace a la página (editorialbitacora.com)

El misterioso Mary Celeste

Publicado en Nautigalia 11/6/03
 

5 de diciembre de 1872. Un barco navega a la deriva, con ritmo suave y silencioso entre las Azores y Lisboa. El capitán David Reed Moorhouse, al mando de bric-goleta inglés Dei Gratia, avista a aquel misterioso velero y decide acercarse hasta ella para averiguar qué motiva semejante indolencia en su gobierno.

El Dei Gratia se sitúa al costado del barco descubierto y la tripulación se sorprende de no encontrar nadie en el puente. El capitán Moorhouse hace uso del megáfono y pregunta al misterioso velero si necesitan ayuda; nadie responde al llamamiento. El velero en cuestión resulta ser un bergantín de 30 metros de eslora llamado Mary Celeste, que en apariencia parece estar en perfecto estado de conservación.

El capitán del Dei Gratia, extrañado ante tal silencio, ordena a su segundo, Olly Deveau, que tome a dos hombres y arríe un bote para abordar la pequeña embarcación. En poco tiempo, Olly Deveau y sus muchachos, consiguen trepar al bergantín. Los tres hombres comprueban que, en efecto, no hay nadie en la cubierta. Los botes están sin arriar; en el sollado de la marinería, en el interior de la embarcación, no se encuentra nadie, la cocina está vacía, las calas desiertas pero con mil setecientas barricas de alcohol y víveres para varios meses.

Los camarotes estaban intactos sin que nada indicara que faltaba cosa alguna. Deveau encontró muebles, cartas, libros, prendas de vestir y hasta una pequeña cantidad de dinero, alhajas y un pequeño medallón de oro. Todo estaba intacto y nada indicaba que se hubiera producido un motín.

Olly Deveau, consultó el cuaderno de bitácora que encontró sobre la mesa del segundo oficial, y la pizarra de cuarto del capitán, y allí leyó las últimas anotaciones fechadas el 24 y el 25 de noviembre respectivamente.
Pese a que Deveau descubrió presencia de agua en varias partes del barco, nada parecía indicar que la embarcación hubiera sufrido los embates de una tempestad. Sin embargo, elementos tan imprescindibles para la navegación como son el sextante, el cronómetro, la corredera y los libros de navegación, habían desaparecido.

Benjamin Briggs, su mujer Sara y su hija Sofía

Sin embargo, en el sollado de proa, reservado a la tripulación, todo estaba en su sitio: los encerados de los marineros, sus sacos, sus botas, e incluso unas cuantas pipas y ropa tendida en unas cuerdas. Sin embargo, Deveau, se sorprendió aún más al hallar en la cocina, sobre un fogón todavía caliente, una cacerola conteniendo un pollo recién cocido y unas tazas de té aún tibio descansando en la mesa central.

El capitán Moorhouse fue informado inmediatamente sobre el suceso y solo le cupo pensar que la infeliz tripulación había sido víctima de una enfebrecida tormenta. Deveau, contradijo inmediatamente esta teoría: "He encontrado una máquina de coser y sobre ella un frasco de aceite que difícilmente hubiese aguantado ahí de haber sufrido un fuerte oleaje". El capitán miró a su segundo. En su rostro se reflejó la perplejidad. ¿Qué había, pues, sucedido en el velero? ¿Dónde había ido a parar la tripulación? ¿Qué les empujó a abandonar la embarcación? Y de ser así ¿Qué medios utilizaron para hacerlo, hallándose como se hallaban, los botes de salvamento en su sitio? El capitán Moorhouse decidió finalmente llevarse consigo el bergantín fantasma a tierra firme, y allí, tratar de dar explicación a éste misterio.

El Dei Gratia, arribó a las costas de Gibraltar el día 12 de diciembre haciéndolo el 13, el Mary Celeste, comandado por Olly Deveau. Ambos hombres se presentaron en la comandancia del puerto y dieron cuenta de tan singular hallazgo. Moorhouse conocía las leyes de la mar y rápidamente presentó una demanda de salvamento a fin de cobrar la indemnización correspondiente. El tribunal del Almirantazgo, receloso quizás, abrió previamente una encuesta, con la intención de aclarar semejante misterio. El cargo recayó en el Presidente del Consejo Marítimo de Su Majestad, Mr. J. Solly Flood.


 

 

Los días 18 y 20 de diciembre, el procurador Solly interrogó concienzudamente a Deveau y a los hombres que le acompañaron en el abordaje del Mary Celeste, y se mandó analizar el misterioso velero para comprobar su estado. El examen fue minucioso, pero no arrojaron ninguna nueva luz sobre el caso. Sin embargo, las inspecciones efectuadas en días posteriores, permitieron descubrir una anomalía en extremo curiosa: "A ambos lados de la roda, a dos o tres pies por debajo de la línea de flotación, había una entalladura de unos 10 mm. de profundidad, por una anchura de 32 y que medía unos 2 metros de largo. Mostraba señales de ser reciente". (Lockhart).

El inspector de la navegación, John Austin, explicó que aquel tajo "no podía ser obra del mal tiempo, sino que parecía haber sido causado por un instrumento cortante". El procurador Solly Flodd estimó también que aquel corte había sido intencionado. No obstante, el comandante Shufeldt, invitado a investigar el caso del Mary Celeste, concluyó que fue provocada por la acción de la mar y que la embarcación era sólida y se hallaba en perfecto estado de navegación; lo que fue corroborado por el buzo que realizó las inspecciones de la carena.

El misterio seguía insoluble y no se explicaba la desaparición (o volatilización) de las 10 personas que componían la tripulación del Mary Celeste, ni se daban elucidaciones satisfactorias sobre cómo habían abandonado el barco, por otra parte en perfecto estado.

De izquierda a derecha: Albert G. Richardson, el primer oficial de Mary Celeste, era considerado un excelente marino.
David Reed Morehouse, capitán del Dei Gratia, que se resistió a pedir cualquier recompensa.
Oliver Deveau, primer oficial de Dei Gratia, quien con sólo dos tripulantes llevó al Mary Celeste a Gibraltar en diciembre de 1872.

Para entonces, llegó a Gibraltar el capitán Winchester que puso en conocimiento del grupo de investigación su parte en la propiedad del Mary Celeste. Otro de los copropietarios, dijo Winchester, era precisamente su comandante, el capitán Briggs. La persona recién llegada, dio también una valiosa información sobre todo lo relacionado con el bergantín fantasma: el Mary Celeste había partido del puerto de Nueva York, el 4 de noviembre de 1872. El capitán Briggs, hombre experimentado en las cosas de la mar, llevaba consigo a su mujer Sara y su hija Sofía de corta edad. El segundo oficial era Albert G. Richardson. El contramaestre, Andrew Gilling. La tripulación la componía cuatro marineros de origen nórdico, llamados Volkerk y Boas Lorenzen, Adrian Harbens, Gottlieb Goodshaad, y un cocinero.

El procurador Solly Flood, decidió presentar entonces su informe al Ministerio del Comercio. El informe decía: "Cuando el Mary Celeste fue descubierto en alta mar por el Dei Gratia, la embarcación estaba sana y robusta, en perfecto estado de navegar y bien estabilizada; estaba abundantemente aprovisionada y no había sufrido los embates del temporal; no mostraba trazas ni indicios de incendio o de explosión. Por otra parte, nada indicaba los motivos que pudieran tener sus tripulantes para abandonarla. Mi hipótesis personal es que la tripulación se embriagó y que los hombres, bajo la influencia del alcohol, asesinaron al capitán Briggs, a su mujer, a su hija y al contramaestre. Después causaron daños en la proa del bergantín para hacer creer que habían embestido unas rocas u otra embarcación, para terminar huyendo entre el 25 de noviembre y el 5 de diciembre, a bordo de cualquier barco en ruta hacia el puerto de América del Norte o del Sur o hacia las Antillas".

Ésta declaración, levantó las iras de Shufeld que protestó ante la alegación de motín, arguyendo que no existían indicios de violencia en ninguna parte del navío. En su opinión, el barco había sido abandonado por el capitán y los tripulantes en un momento de pánico injustificado, quizá debido al peligro de naufragar ante una tempestad cercana.

Sin embargo, ambas teorías se caen por su propio peso.
En primer lugar, la idea de una tempestad y la huida de la tripulación no se sostenía, pues los botes de salvamento estaban en el barco y resultaba imposible abandonar la nave nadando y más con una niña pequeña.

En cuanto al motín, resultaba gratuita tal hipótesis, y una injuria para la tripulación, además de que, de haber sido como Solly Flood insinuaba, el hecho de ser recogido por otra embarcación después de cometer los asesinatos, los criminales hubiesen tenido que responder algunas preguntas y el Mary Celeste rescatado, por ese hipotético barco, para cobrar los derechos de salvamento; y nada de esto se produjo.

El rol del Mary Celeste

El misterio continuaba persistiendo y nadie conseguía resolverlo. El caso se hizo famoso a escala mundial hasta el punto de que la prestigiosa revista Strand, de Londres, organizó una suerte de competición, solicitando a varios escritores que escribieran un relato donde el Mary Celeste fuera el protagonista. Con el transcurrir de los años, un dato sustancialmente sospechoso salió a la palestra: el desaparecido capitán Briggs, del Mary Celeste, era íntimo amigo de David Reed Moorhouse, comandante del Dei Gratia. Esto hizo levantar sospechas a más de uno. Se sabe que el 14 de marzo de 1873, el tribunal marítimo de Gibraltar dictó sentencia, atribuyendo al capitán Moorhouse y su tripulación, la cantidad de 1.700 libras esterlinas por el rescate que los mismos habían efectuado.


 

 

Resultaba demasiado casual que fuera el Dei Gratia quien encontrara el bergantín abandonado. No obstante así, resultaba también un tanto peculiar, suponiendo que ambos barcos se hubiesen puesto de acuerdo para cobrar el rescate, que lo hicieran por una suma tan ridícula. El misterioso Mary Celeste seguía sin soltar prenda sobre lo ocurrido en su interior. Desde que el solitario bergantín fue encontrado por el Dei Gratia, hasta nuestros días, las teorías vertidas sobre tan extraña desaparición, han sido de lo más variadas y peregrinas: raptos, asesinatos, piratería, "extraterrestres", el terrible Kraken (pulpo gigante), islas misteriosas..., todo un sinfín de hipótesis que, pese a todo, siguen sin explicar satisfactoriamente los motivos que llevaron a sus tripulantes a abandonar el barco.

No obstante todo este misterio, cabe preguntarse una cosa con insistencia: ¿dónde fueron a parar el sextante, la corredera, el cronómetro y los libros de navegación, necesarios para navegar, y que Olly Deveau no encontró por ninguna parte? Quizá el doctor Cobb, sobrino del desaparecido capitán Briggs, diera con la respuesta en una pequeña obra que publicó en 1940 y cuyo título era Rose Cottage: "Mi explicación es la siguiente:

La tarde del 24 de noviembre de 1872 el capitán Briggs, temiendo una explosión del cargamento de alcohol, embarcó a su mujer y a su hija en el bote de salvamento, en compañía del señor Richardson y un marinero. Otro marinero quedó encargado de mantener el bote bien alejado del costado del bergantín. El contramaestre señor Gilling y un tercer marinero desamarraron la driza de pico para utilizarla como remolque. El cuarto marinero se puso al timón. "El capitán bajó en busca del cronómetro, el sextante y la documentación del barco. El cocinero reunió víveres para abastecer la pequeña embarcación. Se llevó indudablemente todos los alimentos ya preparados, puesto que no los había en el Mary Celeste cuando el barco fue encontrado. Es posible que entonces se produjese una pequeña explosión, que hizo saltar la escotilla de la bodega y la dejó boca arriba sobre cubierta. Los tripulantes, atemorizados, se apresuraron a evacuar el barco.

El hombre que estaba al timón trató de sacar el compás de la bitácora, obedeciendo sin duda órdenes del capitán. Pero sólo consiguió desplazar la bitácora y romper el compás. "Durante ese tiempo, el barco se mantenía en facha, con una brisa que soplaba del sur. Las velas de gavia y la mesana estaban tomadas por avante, con el resultado de que le barco se mantenía casi inmóvil. Probablemente el viento no era muy fuerte. La cangreja, que era la vela mayor, estaba probablemente envergada a la botavara. Por lo tanto, la driza de pico se encontraba disponible para servir de cabo de remolque y sin duda fue amarrada en la boza del bote, el cual se alejó a toda prisa del costado del Mary Celeste. "Precisamente en aquel instante llegó una racha del norte que, llenando las velas cuadras, hizo avanzar al buque hacia el este. El cabo de remolque se tensó, pues se hallaba sujeto por el otro extremo al chinchorro, pesadamente cargado e inmóvil.

Partiendo de su punto de fijación en el cangrejo y pasando por la parte de la empavesada, que había sido quitada para facilitar la maniobra de arriar el bote, la driza se presentó bajo un ángulo agudo a través de un extremo y sin duda se partió, dejando el bote a la deriva a unos 120 metros de distancia. "Incluso con una brisa moderada, el bergantín debió de avanzar más deprisa con sus velas que le bote con sus remos.

El capitán Moorhouse decía: "debieron remar como locos en aquella embarcación". Es verdaderamente curioso que, durante tantos años, nadie haya hablado jamás de este empleo evidente que se hizo de la driza de pico. "No pretendo que mi teoría resuelva completamente el misterio, pero sostengo que todos sus puntos reposan sobre hechos comprobados. Un cabo de cordaje, sólo de tres o cinco metros de largo, hubiera podido constituir la clave de todo el enigma". Ciertamente, ésta teoría, aunque plausible, no era del todo certera, pues según muchos testimonios, los botes de salvamento seguían estando en el barco cuando el Dei Gratia encontró el buque fantasma.

Fuera como fuere, nadie halló nunca una explicación satisfactoria sobre lo sucedido en el Mary Celeste, y sus protagonistas, los únicos que hubiesen podido dar razón de lo ocurrido, jamás volvieron a ser vistos en éste mundo, llevándose consigo el misterio de su desaparición. El Mary Celeste, conferido a una nueva tripulación, acabó sus días en 1885, en los arrecifes de Roshelle, cerca de Haití, donde el oleaje lo fue destrozando poco a poco.

 

DESAPARICIONES ENIGMÁTICAS

¿QUIÉNES ESTÁN DETRÁS?

Intervención extraterrestre en nuestro planeta.

Estimado profesor: Agradeciendo desde ya su amabilidad, les pregunto quiénes construyeron las líneas de Nazca y la ciudad de Tihuanaco en Sudamérica y también que pasó con el barco "Mary Celeste", cuyos pasajeros desaparecieron misteriosamente en el Siglo XIX.

Aurora F.

RESPUESTA

Apreciada Aurora: Las líneas de Nazca, los petroglifos, las sorprendentes ciudades precolombinas, etc., fueron construidos por extraterrestres, que en esa época convivían con los nativos. La desaparición de estos pueblos se debió a que los extraterrestres se los llevaron (voluntariamente en casi todos los casos) a colonizar otros mundos.

Todas las desapariciones de los tripulantes o pasajeros de barcos y aviones, se deben a abducciones extraterrestres. En estos casos contra la voluntad de los pasajeros o tripulantes. Con respecto a su finalidad, habría que analizar caso por caso.

Voy agendar lo sucedido con el Mary Celeste para saber con exactitud qué extraterrestres se los llevaron y por qué razón lo hicieron, y después te lo informo.

Bienvenida al Club. Un fuerte abrazo.

¿Qué le ocurrió al Mary Celeste?

Estimado profesor: Uno de los grandes misterios del mar es la desaparición de los tripulantes del Mary Celeste. Le copio este texto que encontré en la Red y publicado por "Lo Inexplicable on line":

No tardó mucho en nacer el mito en torno a la desaparición de la tripulación del Mary Celeste. De hecho, podría afirmarse que empezó en Gibraltar en 1872, cuando Solly Flood intentó en vano achacar la culpabilidad al capitán Morehouse y a la tripulación del Dei Gratia. Pero la historia atrajo la atención de escritores y periodistas, y pronto cautivó la imaginación del público.

El primer relato importante en torno al barco fue publicado en enero de 1884 por el prestigioso Cornh ill Magazine, once meses antes de que Gilman C. Parker destruyera el barco deliberadamente. Era una sensacional novela corta titulada El relato de J. Habakuk Jephson, y guardaba escasa relación con los hechos reales. Pese a ello, los periódicos norteamericanos la recogieron y publicaron como si fuera verídica, provocando la indignación de Solly Flood y de Horatio Sprague, el cónsul estadounidense en Gibraltar, los cuales escribieron cartas condenando el relato.

Aparte de su valor literario, El relato de J. Habakuk Jephson es interesante por una razón: constituía uno de los primeros pasos literarios de un joven médico inglés llamado Arthur Conan Doyle. Aquel fue el primero de los muchos relatos de ficción publicados en el curso de los años (la última versión es de 1980). Algunos de ellos han sido presentados como pura ficción, otros como hechos medio falseados (aunque proponiendo una explicación seria), y otros muchos han sido creados con la intención de pasar por hechos reales.

A finales de los años veinte, el Chamber's Journal publicó un artículo de Lee Kaye que pretendía ser un relato verdadero de lo que pasó a bordo del Mary Celeste, contado, al parecer, por un superviviente llamado John Pemberton (uno de los muchos "supervivientes" que han aparecido a lo largo de los años, pero cuyos nombres, curiosamente, no figuraban en la lista de la tripulación).

La historia de Pemberton fue hinchada y publicada en forma de libro por Laurence J. Keating en 1929 con el título de El gran engaño del Mary Celeste. Fue un best-seller a ambos lados del Atlántico; John Pemberton se convirtió rápidamente en el personaje de moda. Muchos periodistas le persiguieron para entrevistarle, pero Pemberton huía de ellos, hasta que "un corresponsal especial" del Evening Standard londinense consiguió encontrarle y obtuvo, no sólo la codiciada entrevista, sino también una fotografía.

Sin embargo, una de las pocas afirmaciones verdaderas del libro de Keating era su título: la historia era un engaño; lee Kaye, Laurence Keating y el "corresponsal especial" del Evening Standard eran todos una misma persona, un irlandés llamado Laurence J. Keating. John Pemberton fue una invención de la rica imaginación de Keating, y la fotografía de "Pemberton" era del propio padre de Keating.

Mientras que la mayoría de las teorías que explican el abandono del Mary Celeste constituyen generalmente una variante del tema del asesinato -cometido por la propia tripulación del Mary Celeste o por los hombres del Dei Gratia- existen también otras versiones, a menudo bastante extrañas. Hacia 1900 surgieron historias acerca de un "monstruo de las profundidades", y en ellas el Mary Celeste se veía atacado por un enorme pulpo hambriento que capturaba a toda la tripulación. Aunque esta teoría resultaba atractiva para los ilustradores, también presentaba una serie de defectos. Aún cuando existan animales de enorme tamaño, es muy poco probable que todos los tripulantes del Mary Celeste estuvieran en cubierta en aquel momento, o que hubieran permanecido inmóviles allí mientras el monstruo los agarraba uno por uno. También debemos suponer que por alguna razón este animal deseaba adueñarse de la yola, del cronómetro, del sextante y de los documentos del barco.

El fallecido Morris K. Jessup, que estuvo implicado en el experimento de Filadelfia, sugirió que la tripulación del Mary Celeste fue secuestrada por un OVNI, y los que han escrito acerca del Triángulo de las Bermudas las incluyen entre las víctimas de la fuerza inexplicada que opera en la zona (suponiendo que esta fuerza fuera extrañamente selectiva, y que la zona se extendiera hasta las Azores). Una teoría a primera vista aceptable -fue propuesta por una serie de personas sensatas- decía que la comida o el agua para beber debían de estar contaminadas, y esto hizo que la tripulación sufriera alucinaciones y trastornos mentales que les llevaron a lanzarse por la borda. Pero Oliver Deveau y otros miembros de la tripulación del Dei Gratia consumieron la comida y el agua que encontraron a bordo del Mary Celeste y no enfermaron.

Ninguna de las soluciones que se han ofrecido hasta ahora parecen explicar todos los detalles, pero podemos enumerar algunos de los hechos más destacados que podrían ofrecer unas cuantas pistas: el Mary Celeste fue abandonado por su capitán y su tripulación; quienes abandonaron el barco, lo hicieron en la yola. Esta pequeña embarcación habría sido sobrecargada y, por consiguiente, volcó, lo cual hace que el final de la tripulación no sea por completo inexplicable. El barco fue abandonado a toda prisa, sin tiempo para coger ropa de repuesto y, por lo que se sabe, tampoco comida ni agua; sin embargo, la tripulación no abandonó el barco en un completo estado de pánico, ya que se preocuparon de recoger el sextante, el cronómetro y los documentos del barco (aparte de la corredera provisional). Puesto que no existe ninguna evidencia de que el Mary Celeste sufriera daño alguno, las razones que llevaron a la tripulación a abandonarlo fue algo que temieron que hubiera pasado o fuera a pasar, pero que finalmente no sucedió.

El copropietario del barco, James H. Winchester, sugirió que el cargamento de alcohol desnaturalizado del Mary Celeste había desprendido gases que se acumularon en la bodega y formaron una mezcla explosiva. Esta, según especuló Winchester, se encendió con una chispa que saltó tal vez debido a una fricción de las tiras de metal alrededor de los barriles, o a una linterna utilizada durante la inspección del cargamento. Quizá los tripulantes vieron los gases y creyeron que el barco estaba a punto de estallar.

Los expertos han señalado que no podía haber habido ningún vapor "visible", pero que sí podría haberse formado una mezcla explosiva. Sin embargo, esto no hubiera causado una pequeña explosión, sino que hubiera convertido al Mary Celeste en un montón de astillas.

La teoría más acertada la ofreció en parte Oliver Deveau durante el juicio sobre el salvamento. Afirmó que creía que la tripulación sufrió un ataque de pánico creyendo que el barco se estaba hundiendo. Esta opinión no ha impresionado a muchos comentaristas, y la mayoría de ellos la han calificado de estúpida (el mismo calificativo ha sido aplicado al propio Deveau). Pero para ser justos con Deveau, es conveniente que situemos su versión dentro de un contexto. Durante la visita, se le hizo una pregunta muy directa y la contestó sin pensar demasiado la respuesta. Sin embargo, los investigadores posteriores han intentado interpretar su significado.

El doctor James H. Kimble, que fue director del Departamento de Meteorología de Nueva York, y el escritor Gershom Bradford, han sugerido que el Mary Celeste fue azotado por una tromba marina, por un tornado de mar; por un remolino de viento y agua que puede aparecer sin avisar, durar hasta una hora y después disolverse con la misma velocidad con la que apareció.

A primera vista, esta teoría no parece muy verosímil, principalmente porque no se suelen producir trombas marinas fuera de los trópicos. Pero la verdad es que la aparición de éstas no está totalmente limitada a aquella zona: por ejemplo, en diciembre de 1920 el buque British Marquis tropezó con nada menos que 20 trombas en pleno Canal de la Mancha.

El señor Bradford y el doctor Kimble creen que un estrecho surtidor de agua, relativamente pequeño e inofensivo, que se desplazara inclinado podría haber golpeado el barco sin causarle mucho daño; de hecho, habría dejado el barco en condiciones no mucho peores que si se hubiera topado con una tempestad. Todo esto está en consonancia con el estado en que se encontraba el Mary Celeste cuando el Dei Gratia lo divisó por primera vez. Sin embargo, hay que apuntar que dentro de una tromba marina la presión barométrica es muy baja, y que, al pasar sobre el barco el surtidor de agua, la acusada diferencia de presión entre la parte interior del barco y la de fuera podría haber hecho que saltaran las tapas de la escotilla -del mismo modo que las paredes de un edificio estallan hacia afuera cuando son azotadas por un tornado.

En este contexto, el método por el cual fue sondeado el Mary Celeste puede ser muy significativo. Esto se realizó lanzando una cuerda en la pompa para medir el agua de la bodega, de la misma forma que un automovilista comprueba el nivel del aceite con una varilla. La disminución de la presión barométrica podría haber hecho subir el agua de pantoque por la pompa, donde una válvula hubiera impedido que volviera inmediatamente a la bodega. Aunque esto habría representado meramente un fallo de funcionamiento, la tripulación podría no haberse percatado de él.

Supongamos, pues, que cuando aparece la tromba marina cunde el pánico entre la tripulación y se crea un estado de confusión. Alguien va a sondear el barco para ver si ha sufrido algún daño por debajo de la línea de flotación y, aterrorizado, comprueba que el Mary Celeste tiene una vía de agua a razón de 2 a 2,5 m de agua en menos de un minuto (esto es lo que el marinero piensa después de comprobar la cuerda). El capitán Briggs cree que el Mary Celeste se está hundiendo muy deprisa y, temiendo por la vida de su esposa e hija, da órdenes de abandonar el barco.

Quizá fue esto lo que Oliver Deveau quiso decir con su misterioso argumento. Nunca lo sabremos; sin embargo, la teoría de la tromba marina parece encajar con la mayoría de los sucesos relatados, y también explica el aspecto más misterioso del caso: ¿qué monstruoso acontecimiento amenazó a los que se encontraban a bordo del Mary Celeste y les obligó a abandonarlo a toda prisa, aunque con el tiempo suficiente para tomar el sextante, el cronómetro y los papeles del barco?

Un comentarista ha calificado el caso del Mary Celeste como "la pesadilla de un escritor de historias de detectives: una situación perfectamente confusa sin ninguna solución lógica; una intriga que no puede ser resuelta de forma convincente".

El 16 de mayo de 1873 el Daily Albion de Liverpool informaba que unos pescadores habían encontrado dos balsas en un puerto de Asturias, en España. En una de las balsas llevaba sujeto un cadáver, y tenía izada una bandera americana. En la segunda balsa había cinco cuerpos en descomposición. Curiosamente, este asunto no fue investigado, así que nadie sabrá nunca quiénes eran aquellas personas, o a qué barco pertenecían. ¿Podrían haber pertenecido al Mary Celeste?

Lo que antecede es el texto completo del relato. Le agradecería mucho si pudieran darme la explicación de lo que realmente sucedió.

Nito R.

RESPUESTA

Apreciado Nito: La solución al misterio es en realidad muy simple. Lo que ocurre es que no se puede ver la verdad si todo se lo toma desde el punto de vista de la pecera, y no se tiene en cuenta al gato que es quien se come a los peces.

El asunto del Mary Celeste lo pregunté en la sesión del 3/10/03. Te copio los diálogos en su parte pertinente:

Interlocutor: . Con respecto al famoso barco Mary Celeste, cuya historia es conocida por todos, ¿qué sucedió con su tripulación que desapareció misteriosamente?

Ruanel: No hay ninguna duda que se trató de una abducción extraterrestre.

Interlocutor: ¿Y el motivo? ¿Acaso fue para experimentar con ellos como conejillos de Indias?

Ruanel: No, para experimentar con ellos no. Directamente había un planeta deshabitado y se precisaba gente para trabajar la tierra y los extraterrestres los han llevado como.

Interlocutor: ¿Esclavos?

Ruanel: Llamémoslo así, pero los han tratado muy bien.

Interlocutor: Concretamente, entonces, no fueron en forma voluntaria.

Ruanel: No, pero quedaron muy conformes.

Interlocutor: Bueno, entonces en definitiva es casi como si hubieran ido voluntariamente.

Ruanel: Así es.

Interlocutor: ¿Conoce el nombre del planeta

Ruanel: Sí, se llama Doribal 3.

Interlocutor: ¿Y a que distancia se encuentra de nosotros?

Ruanel: Alrededor de 105 años luz.

Interlocutor: ¿A muchos seres humanos se los han llevado de la misma manera?

Ruanel: Sí, muchísimos. Hay muchos accidentes donde las personas van a morir, y entonces los extraterrestres aprovechan para salvarlos y se los llevan como mano de obra.

Interlocutor: ¿Es algo así como que están al acecho y antes que se produzca el desenlace fatal los abducen?

Ruanel: Sí, es así. Estamos hablando de eventos que se producen en lugares donde no pueden ser auxiliados.

Interlocutor: A ver si entiendo. Supongamos que unos alpinistas quedaron varados por una tormenta de nieve y van a morir seguro o gente perdida en el desierto que los espera la deshidratación y muerte.

Ruanel: Sí, son ese tipo de casos. El mismo Titanic, que se hundió en 1812, dejó a la deriva y a una muerte segura a muchos pasajeros que fueron rescatados por los extraterrestres. Miles murieron pero otros fueron abducidos.

Interlocutor: ¿De cuántas personas estamos hablando? ¿Diez, veinte, cincuenta, cien?

Ruanel: Fueron por lo menos quinientas personas las abducidas.

Interlocutor: A pesar de que ya debería estar acostumbrado a estas cosas no dejo de asombrarme. Hay toda una historia oculta que los seres humanos no conocemos.

Ruanel: Así es.

Interlocutor: ¿Podríamos comunicarnos con ellos para que nos cuenten su odisea?

Ruanel: ¡Por supuesto que sí!.

Bueno, hasta aquí llegan los diálogos. Como habrás visto, la solución del misterio era muy sencilla.

Bienvenido al Club. Un fuerte abrazo.

 

Ver el caso del "Yate fantasma en Australia"