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Un ser luminoso
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Os dejamos a nuestro compañero, que está un poco desecho...
Quién me mandaría a mí tener amigos tan buenos...
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Se relata un encuentro de unos policías con un ser extraterrestre agonizante.
Sesión del 16/07/007 Entidad: Allan Kardec Médium: Daniel Asamuya Interlocutor: Javier Asamuya
Interlocutor: ¿Quién se va a comunicar? Allan Kardec: Soy el Maestro Allan Kardec, para que me conozcan así los que no me conocen por mi verdadera identificación, ese rol... Interlocutor: Cómo le va Maestro, tanto tiempo, bueno, lo de tiempo lo digo por decirlo, porque usted esta siempre con nosotros... Allan Kardec: Claro, siempre trato de meter ideas en tu mente y la de Daniel para tratar de orientarlos así como otros Maestros, claro. Interlocutor: Lo sé, lo sentía así... Maestro ¿va dar algún mensaje o puedo hacerla las preguntas de este único tema que tengo la intención de tratar en forma corta? Allan Kardec: Vamos a eso... Interlocutor: Bueno le leo para que quede grabado y después le pregunto... Allan Kardec: Iremos viendo. Trata de hablar en voz alta por favor Interlocutor: Muy bien, trataré de hacerlo así... Leo.
UN SER LUMINOSOEste extraño caso ocurrió en Filadelfia (EEUU), la noche del 26 de septiembre de 1950 y tuvo como testigos a cuatro policías de intachable reputación. Esa noche, que se presentaba tranquila y sin sobresaltos, en un patrullero los policías Keenan y Collins recorrían la ciudad que descansaba. Pero sorpresivamente vieron caer frente a ellos, a escasos 50 m. de distancia, un objeto luminoso que descendía lentamente del cielo. Fue así que descendieron del vehículo y se acercaron a ver de qué se trataba ese extraño cuerpo que habían visto caer. Cuando se acercaron y enfocaron sus linternas, no lo podían creer: en un terreno baldío, una gran mancha roja se extendía en el suelo y al ser iluminada brilló con una coloración púrpura fosforescente. Pero lo más impactante fue que se trataba de una masa gelatinosa, dotada de movimientos, que palpitaba y se estremecía como un ser vivo; poseía una forma circular que uno de los policías calculó en dos metros de diámetro, con unos treinta centímetros de espesor, y lo más inquietante, un par de ojos que fijamente miraban a los uniformados. Los dos policías, desconcertados ante este extraño ser, deciden llamar por el radio del patrullero, pidiendo que un superior llegue al lugar. A los pocos minutos, un segundo patrullero se hizo presente en el lugar, ocupado por el sargento Cook y el agente Cooper. El sargento Cook, poniéndose al mando del grupo, ordeno a Cooper que intentara levantar a esta criatura luminosa por los bordes; pero apenas las manos del policía tuvieron contacto con el extraño ser, éste comenzó a desintegrarse. La sustancia viviente parecía estar compuesta por una gelatina muy pegajosa. El resplandor púrpura aumentaba con las convulsiones propias de la dramática agonía y cuando los inquietantes ojos dejaron de percibirse, comprendieron que el monstruo había acabado su existencia. En las manos del agente Cooper habían quedado restos de la masa, que se volatilizaron al cabo de quince minutos y a la media hora ya no quedaban rastros de la horrible criatura en el lugar. Del hecho, solo queda el informe de cuatro policías con intachables hojas de servicios, que fueron los únicos testigos de este extraño suceso, el cual les acarreó no sólo la burla de sus compañeros, sino también problemas emocionales, que fueron superando con el tiempo. ¿Qué era la criatura? ¿De qué estaba compuesta? ¿Era un ser vivo o solamente un experimento de alguna civilización estelar? ¿Caerán a la Tierra más seres fosforescentes? Por ahora son demasiadas preguntas y ninguna respuesta. Tal vez, en el futuro podamos develar el enigma del ser gelatinoso que cayó en Filadelfia, la noche del 26 de septiembre de 1950.
Allan Kardec: Es un tema de extraterrestres también... Interlocutor: ¡Aja! ¿Así que es verdadero esto? Allan Kardec: Sí, así es... Interlocutor: ¿Esa luz se trataba de un ovni? Allan Kardec: Una pequeña nave espacial... Interlocutor: ¿De dónde eran esos seres? Allan Kardec: Los de la nave eran de de una estrella muy lejana. Interlocutor: ¿Y se puede saber el nombre? Allan Kardec: Suena como Arel. Interlocutor: ¿Qué Arel? Allan Kardec: Arel 3. Interlocutor: ¿Y cómo son estos seres? Allan Kardec: Son pequeños, 60 cm. de altura, pero muy inteligentes, algo así como los anteanos, su cuerpo es gelatinoso transparente, pero claro no se destruye al contacto de una mano... Interlocutor: ¿Esos seres venían siempre aquí o no? Allan Kardec: No, casi no, muy contadas veces, es más en esa oportunidad estaban de paso. Interlocutor: ¡Aja! ¿Qué era eso que parecía gelatinoso y se rompía? Allan Kardec: En realidad era un ser de ellos que tenía retraso en el crecimiento y como no son muy altruistas que digamos experimentaron con él… Interlocutor: ¿Qué experimento? ¿Lo querían hacer crecer? Allan Kardec: Investigaban el deterioro de su organismo, o sea cómo hacer para acelerar eso o retrasarlo. Interlocutor: Y les salió mal... Allan Kardec: De cierta manera sí, porque lo que hicieron es que se destruya rápido o sea que salió y no... Interlocutor: ¡¡¡Pero son tremendos!!!! Allan Kardec: Pero no son los únicos, hay muchos extraterrestres agresivos para nada altruistas. Interlocutor: Y si así nomás... ¿y lo que hicieron es tirarlo nomás ahí? Allan Kardec: Sí, porque no querían en la nave nada que pueda contaminar… Por las dudas lo hicieron... y se marcharon. Interlocutor: ¿Cómo le hicieron para hacer ese experimento? Allan Kardec: Infusión. Interlocutor: Bueno, estaría. Qué opina de la sesión, ¿está más o menos o no? Allan Kardec: Si estaría, pero podríamos decir que la nave era casi como la que cayo en el famoso incidente Roswell al tamaño digo... y que los que viajaban en la nave eran 6 en total y algo que no se menciona es que la nave no descendió hasta el suelo, estaba a unos 4 metros de altura y tomo enseguida altura... el avistamiento no fue a 50 metros sino a más de eso y no más de 200 m. Interlocutor: Y entre esos 50 y los 200 ¿cuánto sería? Allan Kardec: Aproximadamente 130 m. Interlocutor: Muchas gracias Maestro por sus respuestas. Allan Kardec: Estoy para servir.
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