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Psicoauditación - Jaquelin

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

 

Sesión del 15/01/2019 Ran II, Sabrina Lodge

Sesión del 12/08/2019 Aerandor III, Josela

Sesión del 11/09/2019 Aerandor III, Josela

Sesión del 30/05/2020 Aerandor III, Josela

Sesión del 10/10/2020 Aerandor III, Josela

Sesión del 26/11/2020 Ran II, Sabrina Lodge

Sesión del 02/03/2021 Ran II, Sabrina Lodge

Sesión del 31/03/2021 Ran II, Sabrina Lodge


Sesión 15/01/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidades que se presentarón a dialogar: Thetán de Jaquelin

En Ran II intentaba tener hijos pero estaba emocionalmente muy sensible. Recurrió a un afamado genetista y asesor espiritual, quien encontró qué parte física había que tratar así como estabilizar anímicamente a la persona.

Sesión en MP3 (2.632 KB)

 

Entidad: Por un lado me encontraba tranquila, contenta. El hecho de haber nacido en una época donde la tecnología, lo digital, la genética estaba tan avanzada. Ran II es un mundo civilizado.

 

Recuerdo que mis papás se molestaban porque el gobierno había decretado que para evitar la superpoblación cada matrimonio podía tener hasta dos hijos, y salvo que en un segundo embarazo la mamá tuviera mellizos o en un primer embarazo trillizos eso la ley lo contemplaba, pero si hubiera un tercer embarazo la criatura pasaba a un centro especial donde la educaban con todo el amor pero lejos de los papás.

 

Mi nombre era Sabrina, Sabrina Lodge, y la ironía era que no podía quedar embarazada. Con mi esposo Raúl, con todo el amor del mundo buscábamos, pero me era imposible. Visitamos a un montón de especialistas y no encontraban la causa. Fuimos al que supuestamente era el mejor, Joao Ordóñez, que dijo que yo misma me saboteaba emocionalmente y eso impedía la producción de la hormona foliculoestimulante y que tenía que tratarme con alguien que supiera de psicología. Le agradecimos, le abonamos con la holotarjeta su consulta y nos marchamos.

 

Le dije a mi esposo Raúl:

-Voy a buscar por mi cuenta. -Encendí el holoordenador y me encontré con que había un genetista que a su vez era asesor espiritual, un tal Raúl Iruti-. Se llama igual que tú de nombre -le dije a mi esposo-, lo voy a ir a consultar. Pero quisiera ir sola, a veces por ansiedad hablamos los dos a la vez y nos entorpecemos en la explicación. -Mi esposo accedió.

 

Llamé por el holovisor y apareció el rostro de un hombre de una edad indefinida, de mirada empática. Se presentó como el propio Raúl Iruti y me dio una cita para el día siguiente.

Le comenté lo que había dicho el otro terapeuta. No lo descalificó. Me dijo:

-Es cierto que nuestro campo emocional puede afectar nuestro organismo de mil maneras posibles. Pero cuando hay un tema a solucionar debemos mirarlo desde distintas ópticas.

Le digo:

-¿Me está diciendo desde distintos puntos de vista? Porque usted también es asesor espiritual.

-Así es. Pero le voy a recomendar, señora Sabrina, que se haga una serie de análisis.

 

Los análisis me confirmaron que era cierto, que tenía complicada la producción de la hormona foliculoestimulante. Lo volví a ver a la semana siguiente a Raúl Iruti y me dijo que esta hormona era sintetizada por células gonadotropas y que había que hacer nuevos análisis.

Yo me sentía como muy ansiosa porque quería resultados ya.

Iruti me dijo:

-Quédese tranquila, Sabrina, vamos a ver qué es lo que sucede.

 

Profundizamos más el tema de las células gonadotropas, me dijo Iruti que son células endocrinas de la glándula hipófisis anterior.

-Vamos a hacer nuevos análisis sobre la hipófisis anterior.

 

Otra semana más de espera. Llegamos a la conclusión que la liberación de la hormona foliculoestimulante estaba regulada por la hormona liberadora de gonadotropina.

Digo:

-No entiendo lo que es eso

-Vamos a trabajar sobre ese tema.

¿Tengo que esperar siete días más?

-No, no, no. Venga en cuarenta y ocho horas, Sabrina.

 

Volví con cada vez mayor ansiedad. Raúl Iruti me explicó que la hormona liberadora de gonadotropina era a su vez liberada por neuronas del hipotálamo.

-Bien. ¿Cómo se soluciona esto?, estoy cansada de análisis.

-Es necesario. Ahora es mucho más fácil que décadas atrás.

 

Los últimos análisis cambiaron, ampliaron todo lo que los otros nos habían dicho con breves palabras; la hormona liberada por neuronas del hipotálamo se formaba con la unión de varios aminoácidos mediante enlaces peptídicos.

Le digo:

-No entiendo el idioma, explíquemelo de manera más sencilla.

Raúl Iruti me dijo:

-Los enlaces peptídicos de esta hormona forman grupos de diez moléculas, son decapéptidos, la base productiva se encuentra en la adenohipófisis.

-Está bien, me habla en un idioma técnico que no entiendo.

-Vamos a requerir un análisis superior.

-¡Otro más! De verdad que estoy...

-Ahora sí quiero que venga la semana que viene. Déjeme trabajar con el tema.

 

Le expliqué a mi esposo Raúl:

-No sé si no me equivoqué de profesional porque voy de análisis en análisis y no me adelanta nada, esta persona, Iruti. Pero bueno, esperé tanto tiempo...

 

Cuando vuelvo, me dijo:

Le voy a requerir análisis de inmunohistoquímica para detectar antígenos específicos.

-¿Qué es eso?

Me explicó:

-Son antígenos que causan respuesta inmunitaria.

-¿Y entonces?

-Bueno, es como que su cuerpo lucha, como si ciertas hormonas fueran invasoras de su cuerpo. Estos antígenos específicos complican la producción de la hormona foliculoestimulante.

-¿Y cómo sigue esto?

-Generalmente, cuando hay una respuesta inmunitaria se trata con inmunosupresores, pero corremos el riesgo de dejar al cuerpo vulnerable, y va a ser para peor. No se puede tratar con inmunosupresores hasta no tener un resultado. -Me fui muy desesperanzada, como que mi cuerpo luchaba contra sí mismo.

 

Lo volví a ver a los siete días y me dijo:

-No, Sabrina, no es su caso. El análisis de inmunohistoquímica detecta algunos antígenos específicos, pero no son los causantes de complicar la producción de la hormona foliculoestimulante. Da la impresión de que su cuerpo, de alguna manera está suprimiendo.

-Entonces, ¿usted le da la razón al terapeuta que me atendió antes, de que lo mío es puramente emocional?

-No -me dijo Raúl Iruti-, no necesariamente. No necesariamente. Pero hay que optar por el otro camino; inducir la producción de esa hormona que es sintetizada por células gonadotropas. Hay que ver cómo está funcionando, bien o mal la hipófisis anterior, sin ir más lejos. Ahí está la clave, trabajar sobre ese tema.

 

Estuvimos cerca de un mes trabajando sobre ese tema hasta que finalmente, el doctor Raúl Iruti encontró una deficiencia en las células endocrinas de la hipófisis anterior y me dio la medicación adecuada para que se vaya regulando la producción de la hormona foliculoestimulante.

Agregó:

-Eso no quita que podamos trabajar su parte emocional, porque la veo muy ansiosa.

Le repliqué:

-Es obvio; de terapeuta en terapeuta tratando de solucionar el tema...

-Independientemente de eso, su persona es de por sí de temperamento emocionalmente vulnerable, por así llamarlo.

-¿Usted quiere decir como que me ahogo en un vaso de agua?

-No, no, no; no, Sabrina, usted es luchadora, pero a veces sí, puede deprimirse cuando algo no le brinda el resultado apetecido. Entiendo que no se puede ser optimista por decreto. Debe tomarse las cosas con más calma, ver y aceptar lo que puede lograr y también aceptar lo que por ahora no puede lograr.

-¿Usted habla de que cuando no tengo el resultado que quiero debo resignarme?

-No, no, Sabrina, no; resignarse sería bajar los brazos. Jamás recomiendo eso a mis consultantes, jamás. Aceptar, en mi lenguaje, en mi jerga, significa adaptarse a las situaciones. Cuando nos adaptamos a determinadas situaciones aceptamos, y entonces tenemos la mente fría; en este caso significa la mente aclarada como para poder tomar las mejores opciones. Si no tenemos la mente fría nos aturdimos, nos confundimos y corremos el riesgo de traer más problemas que soluciones a nuestros temas. Adaptarnos no es acostumbrarnos a estar mal. Adaptarnos es entender una situación, adaptarse a esa situación para luego salir de esa situación en el caso de que sea problemática. Pero lo podemos hacer únicamente con la mente aclarada.

-¿Qué significa la mente aclarada?

-Significa, Sabrina, no tener la mente oscurecida, no estar reactivos, no estar pendientes...

-O sea, ¿no estar alerta?

-No, todo lo contrario; estar alerta es ver lo que pasa dentro de nosotros y fuera de nosotros. Estar pendiente es vivir esclavo de lo que está dentro de nosotros y fuera de nosotros. Esa es la diferencia entre alerta y pendiente. El alerta te hace dueño, el estar pendiente te hace esclavo.

-Esto último me parece más difícil que todo lo técnico que me dijo antes sobre la hormona.

-Es sencillo, es sencillo. Lo vamos a seguir trabajando independientemente de la parte genética.

 

Y finalmente lo seguí viendo a Raúl Iruti durante un tiempo para que me vaya limpiando mi interior de esas impurezas que me provocaban una ansiedad no deseada por mí.

 

Gracias por escucharme.

 

 


Sesión 12/08/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidades que se presentarón a dialogar: Thetán de Jaquelin

La entidad relata la dureza de cuando vivió en Aerandor III, en un poblado cerca de castillo de un rey. Como thetán, le alivió repasar incidentes dolorosos, engramas que le produjo esta vida.

Sesión en MP3 (2.460 KB)

 

Entidad: Es risueño cómo nos aferramos a cada encarnación, podemos sentir angustias, abandonos, traiciones, dolores físicos, malestares, pero jamás se va a cruzar en nuestro pensamiento el no aferrarnos a cada vida como si fuera la única. Y me pasó eso en la vida de Josela.

 

Fabricaba jarrones en la feria feudal. A lo lejos, porque la feria era bastante extensa, se veía el castillo del rey Morden.

Murmurando, susurrando en voz lo más baja posible, todos decían que era un autoritario, un tirano, un déspota. Había gente que desaparecía de un día para el otro porque se les escuchó hablar mal de él. Los soldados no se metían con nosotras, yo por lo menos trabajaba y pagaba mis impuestos, tampoco trataba de ser obsecuente como otras que regalaban a los soldados su mercadería tratando de quedar bien, y era para peor porque luego los soldados cuando no "había" esos regalos les pedían más impuestos o bien les pedían favores.

 

No siempre trabajé con jarrones, de pequeña ayudaba a padre con su negocio de hortalizas, cargaba bolsas como si fuera una adulta. Hasta la adolescencia. Y luego una señora me enseñó el arte de poder moldear esos jarrones y terminé trabajando mejor que ella, que luego la pobre falleció.

 

No me iba mal, no puedo decir que me iba muy bien, pero mi físico había pagado el precio de haber cargado fardos, bolsas de legumbres... Mi espalda me molestaba y era una mujer medianamente joven, tenía treinta y cinco de vuestros años, pero a veces por la noche me recostaba en mi camastro y me costaba dormir, calentaba un saco con un poco de arena, me lo podía debajo del cuello para ver si el calor me aliviaba el dolor. Y no sólo eso, también me dolían los oídos y escuchaba menos y sentía como ira por dentro porque digo "¿Será posible?, conocía gente del doble de mi edad con un oído agudísimo", y yo escuchaba menos.

 

Recuerdo que mi amiga Eusebia era muy, cómo diría la palabra, muy protestona, protestaba por todo. Yo le tenía mucho afecto y le decía:

-Habla en voz baja.

-¡Por qué, esto es injusto lo que estamos pagando!

Trataba de hacerla razonar.

-Los impuestos son para mantener no solamente el palacio, también la misma feria.

 

Pero hablaba en voz muy alta incluso cuando estaban los soldados recaudando, hasta que uno de ellos la escuchó y la tonta no se calló, le contestó mal, de mal modo. Le tenía mucho afecto a mi amiga, era regordeta pero simpática a pesar de protestar por todo.

En una de las esquinas de la feria había un establo donde guardaban algunos caballos, la arrastraron. Intenté acercarme y uno de los soldados me miró, solamente me miró, agaché la cabeza y seguí haciendo mi trabajo. Pero se escuchaban los gritos, no la castigaban, la estaban ultrajando. Recuerdo que los soldados se fueron y ella no apareció, pensé "La habrán matado". Cuando vi que no había más nadie de seguridad del palacio me acerqué, estaba tirada en el heno con la ropa desgarrada, la cara lastimada. Calenté agua y la limpié. Estuvo tres días sin trabajar, luego volvió y no hablaba, su mente estaba como ida.

 

Luego comenzó a hacer sus labores, pero seguía sin hablar. Y, honestamente, hubiera preferido eso, porque al mes siguiente cuando vinieron a recaudar los impuestos no solamente protestaba, lo menos que les decía a los soldados era gusanos, alimañas. La golpearon, la desmayaron, la subieron a un carro, la tiraron como si fuera un fardo y la llevaron a palacio. Se dieron vuelta para mirar hacia mi lado, yo bajé la vista y seguí haciendo mi labor.

Nunca más volví a ver a mi amiga. O directamente la ejecutaron los mismos soldados, aunque en realidad nunca ni siquiera estornudaban sin una orden del rey Morden.

 

Pero había uno que sí se paseaba por el poblado. ¡Oooh, el viejo Adolas! Era el jefe religioso. Él decía que se comunicaba con Dios y que castigaba a todos aquellos que no cumplan con las órdenes del rey. A veces llevaba dos guardias de seguridad con él, con espadas y látigos. Iba con un atuendo muy claro, casi blanco, impecable con hilos dorados. Cara perversa, cabello canoso. Y si algún feriante, sin querer, al levantar alguna legumbre, alguna papa (patata) lo ensuciaba o manchaba con una mota de polvo su atuendo, recibía diez latigazos como mínimo. Miraba con su mirada perversa y yo pensaba "Este Adolas es quien asesora al rey Morden. En lugar de moderar lo que hace es incentivar más la perversión del rey". La gente lo respetaba. No, en realidad no lo respetaba, le temía. Aparte, muchos eran irracionales en la feria porque le creían.

A veces se paraba en la plaza:

-Dejad de trabajar y venid a escucharme. -Era al único que obedecían fuera de las órdenes del rey Morden, todos dejaban lo que estaban haciendo y se agrupaban-. Mirad, mirad el cielo nublado, Dios está enojado, estáis produciendo menos. El castigo de Dios, porque me lo dice a mí en secreto, en secreto, es que va a haber que aumentar los impuestos para que trabajéis más.

 Alguno imploraba:

-¡No, por favor! -El viejo Adolas lo miraba sin piedad.

-¿Quién ha hablado? -El pobre hombre levantaba la mano tímidamente-. Esa mano que has levantado, ¿quieres que te la corte?

-No, señor.

-No soy señor, soy el ministro de Dios. Y no, no te la voy a cortar, si no, ¿con qué trabajarías? ¡Acércate! -El hombre intentó besarle la mano a Adolas, al ministro-. ¿Qué haces, piensas que con tu boca sucia rozarás mis manos? No. ¡Arrodíllate y mírame! ¿Sabes que podría sacarte los ojos?, pero tampoco servirías para trabajar. ¿Te gusta lo que haces?

El hombre dijo:

-Sí, ministro.

-Bien. Entonces cállate cuando yo hablo o irás a trabajar a las minas con los esclavos y no cobrarás nada y comerás una comida que será una bazofia. ¿Volverás a hablar? -Negó con la cabeza-. ¡Dilo en voz alta!

-No, ministro, no volveré a hablar, no volveré a quejarme y pagaré mis impuestos puntualmente.

-¡Ahora retírate!, pero no me des la espalda, retírate caminando hacia atrás. -Con tan mala suerte que se tropezó y cayó en el barro-. ¡Ja, ja, ja! -Adolas se reía burlándose. El hombre se levantó tímidamente y siguió retrocediendo hasta llegar a su puesto. Me miró a mí, bajé la vista-. ¡Tú, mujer! -Vi que se dirigía a mí. Hice una reverencia.

-Ministro de Dios, estoy aquí para servirle.

-Bien, sigue con lo que estás haciendo. Es bueno que no llames la atención, así tienen que hacer todos. ¡Ahora dispersaros, volveos a vuestros trabajos!

 

Cada uno volvió a lo suyo y el ministro Adolas dio una vuelta por la feria y volvió a palacio. Daba la impresión como que le gustaba exhibirse, mostrar sus ropas pulcras, limpias, perfumadas. Dentro de todo yo vestía decentemente, lavaba semanalmente mi ropa. Trataba de estar pulcra, me cortaba las uñas, me arreglaba el cabello... Pero cada día me costaba más el vestirme, solamente con estirar los brazos para ponerme el vestido no podía del dolor de cuello, ese tremendo dolor. ¡Aaah!

 

Ahora hablo como thetán, el thetán de Josela.

Su vida ha sido una fábrica de engramas, de roles del ego, engramas que han ido reactivándose vida tras vida hasta la vida actual, afectándole de la misma manera toda la parte cervical y parte de la espalda, y con el tiempo esos mismos engramas también le pueden afectar la parte del oído, como le afectaba al rol de Josela.

Me siento un poco más descargado, como thetán, del hecho de haber repasado esa vida, una vida que tiene mucho más para contar, una vida de una mujer de treinta y cinco años que su trabajo era fabricar jarrones en la feria y adoptando un perfil bajo, y durmiendo con una tortura por las noches con ese dolor de cuello y de espalda, y esos zumbidos en los oídos que la volvían loca.

Lo importante es que pude descargar, ¡Aaah!, porque me sentía ahogado, como thetán, por esa vida.

 

Gracias por permitirme haberme expresado a través de este receptáculo.

Gracias.

 


Sesión 11/09/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidades que se presentarón a dialogar: Thetán de Jaquelin

La vida en Aerandor III, en el reino de Morden se vivía con temor, miedo, pánico. Y para ella, dolor.

Sesión en MP3 (2.460 KB)

 

Entidad: Siempre sucede que cuando nos sentimos un poco mejor, tanto en lo físico como en lo anímico como en lo personal, algo sucede.

 

En Aerandor vivíamos en una época oscura, vosotros la llamaríais medieval. Mi nombre era Josela, fabricaba jarrones en la feria feudal, pero no me quejaba de la vida.

De pequeña había tenido trabajos bastante fuertes, siendo muy chiquilla y actualmente sufría de dolores cervicales que apenas podía moverme, pero si pensáis que eso fue todo mi dolor..., ¿conocéis el dolor del miedo, el dolor del pánico?

 

Recuerdo que un día en la feria se armó un tremendo tumulto, había soldados abriéndose paso a empujones de manera tan brutal que volcaban incluso puestos que estaban a los costados del camino, y en un pequeño carro de dos ruedas tirado por un caballo, Adolas. La gente a Adolas le tenía más temor que al propio rey Morden. Era su consejero y a la vez el jefe religioso. Él decía que era el representante de Dios en todo Aerandor. Un rostro afilado, nariz prominente, una mirada como de depredador.

De repente me miró y le hizo una seña a los soldados y frenó su carro, bajó él en persona, Adolas, el consejero del rey y me miraba y se acercaba a mí. Me incliné con extrema cortesía bajando la vista.

-Mírame, mírame, puedes mirarme. -Levanté la vista y vi sus ojos acerados, por momentos negros por momentos grises, seguramente era el pánico que tenía que no enfocaba bien mi propia vista-. ¿Cómo te llamas?

-Josela, su señoría.

-Josela, ¡je, je!, te hacía más joven. Me han hablado de ti.

-Su señoría no... ¿cómo pueden hablarle de mí?, fabrico jarrones nada más en la feria.

-¿Qué recuerdas de tu infancia?

-Hacía trabajos de campo, una vulgar labriega... Y de pequeña levantaba grandes pesos al punto tal de que hoy apenas puedo sostenerme del dolor de cuello, de cervical y de espalda.

-¿Te recuerdas de algún palacio? ¿Te recuerdas de que en algún momento dado te criaste en escaleras de mármol, en barandas doradas?

-No, su señoría -respondí-, no, mis padres muy humildes, vivía siempre... y discúlpeme, su señoría, por nombrarlo, vivía siempre con las uñas sucias de tierra.

-¡Ajá!

-Pero no entiendo la pregunta... -Me tocó el rostro y no me resistí. Me levantó el mentón, me miró el cuello, me miró todo.

-Bien, quería ver si tenías un lunar grande al costado del lóbulo de la oreja derecha. No lo tienes. ¿De pequeña has tenido algún lunar que se te ha ido? -Me encogí de hombros.

-No sé, señoría... ¿Qué pasa?

-No te incumbe. Sigue haciendo tus tareas. -Hice una reverencia, me incliné y seguí con mis quehaceres.

 

Adolas no se iba, seguía observándome. Luego dio media vuelta y se marchó.

No hablé con nadie durante toda la mañana hasta que finalmente la feria feudal quedó libre de soldados. Les pregunté a otras compañeras qué pasaba.

-Fue terrible, terrible.

-¡Pero cuéntame!

-¡Ay!, Josela, tú no eres de impresionarte.

-¡Cuéntame, por favor, Mariela, cuéntame!

-Parece que Adolas conversó con muchas mujeres, la mayoría más jóvenes que tú, les buscaba un lunar a un costado del cuello o del lóbulo de la oreja. Y otra amiga escuchó que le preguntó si se había criado en algún palacio. -Yo me encogí de hombros.

Le dije a Mariela:

-A mí me preguntó lo mismo y le dije la verdad, dije que entre la tierra. Y mira, mira, no tengo ningún lunar.

-Pues te has salvado -dijo Mariela.

-¿Por qué?

-Porque había una joven de cabello negro oscuro, bastante más joven que tú y que tenía una especie de lunar, no al costado de la oreja, un poquito más abajo, pero se la llevaron. La joven no tenía padre, tenía a su madre. La madre gritó, lloró de que no se la lleven, y la atravesaron con una espada en el pecho.

-¡No! ¿Pero por qué?

-Por meterse. Los feriantes la están llevando para enterrarla. El puesto queda vacío y uno de los soldados dijo: "Hagan lo que quiera con la mercadería", y varios de nuestros compañeros, buitres, se abalanzaron y se llevaron todo lo que había en el puesto. Ni un gramo de compasión por la mujer muerta ni por la hija a la que secuestraron.

-Pero no entiendo, Mariela, qué buscaban, ¿una princesa, buscaban algo, alguien criada en un palacio? Y de ser así, ¿quién? Que yo sepa el rey no tiene otra familia.

-Lo que puedo decir es que si mataron a la madre de la joven para que no se entrometa, la joven seguramente la van a torturar para que confiese algo, vaya a saber qué. No me interesa averiguar, cuanto menos averiguas en menos problemas te metes. A Adolas seguramente lo habrá mandado el rey, el rey Morden.

Pregunté:

-¿Sería esa la joven que buscaban?

-Sé lo mismo que tú. De todas maneras no lo, creo porque razona esto, Josela, están buscando una joven que se crió en palacio, a la madre esta que mataron yo, particularmente, la conozco desde que era niñita, lo mismo que a la joven que se llevaron, la conozco desde pequeña. Pero claro le vieron un lunar como esa supuesta noble de palacio que están buscando y se la llevaron. Pero de la manera que se la llevaron no creo que sea para reconocerle ningún título de nobleza.

-Me imagino que no, pero me sorprende la violencia de los soldados. ¡Pobre mujer y pobre joven!

-¿Sabes lo que me duele más, Josela? -dijo Mariela-, estos vecinos nuestros, que venden como nosotros, los que estaban más cerca del puesto de la mujer se abalanzaron a robarle todo para consumir o para vender. Como dije antes, ni un gramo de compasión para la muerte.

 

Esos días estuve con unos nervios tremendos. Honestamente, no se me iban los nervios para nada. La ansiedad, la angustia, todo mezclado un coctel tremendo, y eso hacía que me doliera más. ¡Ay!, tremendamente más, la cervical. ¡Ay! De verdad que no podía más. Los mismos nervios, la misma ansiedad, la misma angustia potenciaba mi dolor de espalda, mi dolor de cintura y, obviamente, lo que más me dolía, mi parte de la cervical. Me frotaba con un ungüento mentolado pero no me calmaba nada o casi nada. Por las noches me recostaba en el catre y me ponía un poco de heno como almohada y apoyaba la cabeza, trataba de dormir boca arriba, trataba de dormir boca arriba pero no podía, no podía más de dolor, de verdad que no podía más, era tremendo.

 

Y me quedé pensando. Me quedé pensando en esa joven que desapareció, que supuestamente había sido criada en palacio, lo cual no creo. Simplemente porque tenía un lunar como la joven buscada la iban a ejecutar. Así era la vida en la feria feudal en el reinado de Morden, en Aerandor III.

 

Gracias por escucharme.

 

 


Sesión 30/05/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidades que se presentarón a dialogar: Thetán de Jaquelin

Entre sus dolores físicos tenía tiempo para pensar por qué el rey había cambiado tanto. Ahora era querido por aquellos a los que había matado su familia y lo defendían ante otros. Entre sus dolores creía saber el porqué.

Sesión en MP3 (2.504 KB)

 

Entidad: Me encontraba sumida en mis pensamientos trabajando en la feria feudal, sumida en infinidad de dolores físicos por todo lo que acontecía a mi  alrededor.

-¡Josela! -Pegué un sobresalto, era una compañera.

-Dime.

-He escuchado rumores.

Le respondí:

-Mira, no creo que más que los que he escuchado yo. Pero el súbdito, ese súbdito religioso del rey Morden, viene permanentemente buscando jóvenes con un lunar aquí o allí. ¿Qué será, alguna princesa bastarda? ¿Cuántas jóvenes se han llevado de la feria? ¿De qué teme el rey Morden, de que le quiten su reinado?

-No es eso lo que escuché.

-Coméntame. Pero vigila que no vengan soldados, castigan a las que no trabajan.

-Escuché que hay una revuelta. ¿Te has dado cuenta que han bajado los impuestos?

-Sí -respondí.

-¿Te has dado cuenta que éste súbdito que tú dices, Adolas, ya no viene tanto?

-Correcto.

-¿Y por qué te piensas que es?

-El rey estará más magnánimo.

-No, Josela, nada de eso, nada de eso. Soy bastante más grande que tú y a mí no me prestan atención, en el sentido de que pueda ser una rebelde, estoy grande para eso. Entonces puedo meterme en distintos lugares, incluso en la posada que está al costado de la feria, pero sigo teniendo un oído finísimo. Aparentemente se organizó afuera una rebelión para atacar el castillo y derrocar a Morden.

-¡Ah, pero lo que me dices es bueno! -exclamé.

-No, Josela, el rey es muy listo; ha bajado los impuestos, en las minas exteriores ya prácticamente no hay esclavitud, trabajan menos horas, se alimenta mejor a los obreros. Es más, los granjeros que rodean al castillo apoyan a Morden y tengo entendido que un par de veces vinieron a atacar granjeros que son los que apoyan la revuelta y no pudieron hacer nada porque sus hermanos, a los que ahora están cobrando casi nada de impuestos y que les permiten consumir mejores alimentos, apoyan al rey. Mira si no será listo.

 

Y entendí lo que me decía mi compañera, entendí que eso pasa siempre, gobernantes que compran la lealtad a través de subsidios, a través de favores, y evidentemente se basan en gente que tiene pocas luces y que no piensa más allá de lo cotidiano: "Tenemos para comer, pagamos pocos impuestos, somos felices". Y se lo comenté a mi compañera.

Y me respondió:

-¿Por qué prejuzgas, Josela? Supón que sea como tú dices que tengan pocas luces, pero de repente a esos granjeros les permiten vivir dignamente ganando el dinero de sus cosechas, pagando un impuesto mínimo. O fíjate en las esposas de los mineros muchas quedaban viudas, ahora sus esposos están fuertes, sanos, trabajan horas prudentes, hay cambio de trabajadores. ¿Por qué no habrían de apoyarlo? ¿Adónde está la tiranía? Tampoco veo que desaparezcan jóvenes actualmente.

-Tienes razón -comenté-, tienes toda la razón. Pero bueno, quizá sea obcecada pero sigo pensando que lo que hace es para conservar su reinado.

-¿Y cómo sabes, Josela, que los que organizan la revuelta afuera no sean unos facinerosos?

-Porque yo también tengo oídos finos a pesar de que me duele el cuello, la cintura... Anoche casi no podía levantar el brazo derecho, cargué una bolsa y caí de rodillas. Pero también tengo oídos finos y escuché que entre los integrantes de la revuelta había muchos esclavos y mucha gente a los que le mataron su familia solamente por protestar en voz alta. Nadie cambia de un día para el otro, es una maniobra de Morden, el rey, para sofocar esa revuelta, y la sofocan de la manera más coherente. Los granjeros, bien o mal armados, se hubieran enfrentado a los soldados pero no a los suyos. Y más de uno trató de argumentar con los cercanos, y obviamente les dijeron: "El rey que vosotros describís no es el que nosotros conocemos. Comemos bien, trabajamos menos horas...".

 

Nos quedamos meditando, con nuestra compañera. Pero tenía razón, había menos guardias en la feria y ganábamos más. Pero yo me quejaba de mi temperamento, ese temperamento que me provocaba nervios, ansiedad, y era como un círculo vicioso porque eso a su vez me provocaba malestares físicos. La ansiedad, los nervios me llenaban de contracturas en el cuello, en la parte de  trapecios. Incluso a pesar de tener los oídos finos, por la noche sentía como zumbidos que me enloquecían, hasta pensaba que había demonios invisibles que me silbaban en mis oídos. Y no; era no un producto de mi mente sino algo que no estaba bien en mis órganos auditivos.

Pero tenía que seguir trabajando, no me quedaba otra. Había empleado mi rubro, armaba jarrones y piezas de barro pero también trabajaba con verdura y frutas, había mucha más competencia ahora. Digamos que el reinado -en realidad no el reinado-, nosotros teníamos más posibilidades y sin embargo yo no seguía al rebaño.

Mi compañera me decía:

-No sólo eres prejuiciosa sino que aparte te crees mejor, por decir rebaño a las demás.

-No, no, no, no, no; no lo digo por vosotras, no los digo por mis compañeras de la feria, estoy hablando de los granjeros, de los mineros, los mismos soldados están mejor pagos, estoy hablando de toda la región, por lo menos la región cercana. Pero conozco un jinete, un mercenario, que comentaba en la posada que afuera prácticamente no tienen para comer. A medio día de distancia del castillo pero que todavía forma parte del reinado de Morden, él deja contento únicamente a la periferia para que formen un bloque. Los demás que se mueran. Total...

-¿Estás segura de eso? -Me encogí de hombros.

-Yo no estoy segura de nada, sólo repito lo que escucho. Y ese mercenario sé que trabaja con Morden, pero lo escuché hablando con amigos de su confianza mientras pasaba a dejarle al posadero una canasta de frutos. Y sé disimular, sé disimular muy bien, nadie se dio cuenta que estaba parando la oreja. Sólo te puedo decir que no... no estoy conforme con la situación, no me siento conforme, algo... algo va a pasar.

 

Pasaron tres días y una joven hermosa, bella por donde la quieras ver se acercó a comprarme un pequeño adorno de barro cocido. Me pagó más de lo que le pedí.

Le dije:

-No, te doy el vuelto.

-No, esto es una obra maestra de una orfebre, no de una feriante. -Y empalidecí porque en su costado tenía un lunar como el que buscaba tiempo atrás Adolas, el religioso sirviente del rey Morden. La joven se fijó en mi mirada, se fijó que empalidecí. Me preguntó-: ¿Qué sucede? -La llamé aparte.

-Convendría que te pongas un pañuelo de seda en el cuello, estuvieron raptando niñas y jóvenes como tú porque tenían un lunar. No sé por qué razón pero tu lunar está muy a la vista.

-Te agradezco. -Sacó de su bolso un pañuelo y se cubrió el cuello-. Te agradezco infinitamente. -Me abrazó, me dio un beso en la mejilla y se marchó.

 

Mi hipótesis es que posiblemente hubiera una princesa bastarda que pudiera ser la próxima heredera al trono, y Morden después de este plan que había hecho de favorecer a los granjeros cercanos no iba a perder su reinado.

Ahora, por más que fuese cierto que hubiera una heredera, el rey no tenía otra familia. Qué importaba, salvo que tuviese miedo que lo mataran para que la joven heredara el trono en el caso de que mi hipótesis fuera cierta. Los reyes, en distintas regiones, he escuchado que matan incluso hasta a sus propios hermanos o sobrinos o esposa porque se imaginan un complot en su contra, como si fueran a vivir eternamente, cuando sabemos que en este mundo bestial, medieval la expectativa de vida es corta. Qué esperan, ¿vivir eternamente, atesorar la corona para la eternidad?

 

Cuando yo decía rebaño no hablaba de las feriantes, el propio rey Morden formaba parte del rebaño de los ignorantes, de los que pensaban que la eternidad era aquí, en esta vida, cuando en realidad la única inmortal es el alma. Muchas veces, de noche dándome vueltas en el camastro y no pudiéndome dormir del tremendo dolor que sentía, pensé tontamente, tontamente: "¿Qué hago aquí en esta vida?". Y luego me enojaba conmigo misma: "Tonta, tonta, Josela, tienes tanto por hacer, tanto por dar, tanto por brindar...". Si la gente entendiera eso, que la felicidad no la da el acaparar cosas sino el poder ayudar a otros...

Pero lamentablemente a veces te sientes sola porque no todos te entienden, no todos entienden tu manera de pensar, y tratas de aferrarte al amor, a lo positivo, a lo bueno, y te preguntas: "Pero si Dios es todo amor, ¿por qué te ponen un cuerpo donde las contracturas te vuelven loca?", Y a veces no sabes cómo ponerte, cómo estar, cómo vivir, como ser... ¡Uf! Y te desesperas y tienes ganas de rasguñarte el cuerpo de desesperación.

 

Y cuando me pasa eso me caliento agua en mi hogar a leña y me preparo un té de hierbas calmantes y ahí sí, ahí sí me quedo tranquila. Porque todo tiene una razón, todo tiene un porqué. Pero que no me digan que el sufrir es un aprendizaje, porque no lo creo. No solamente no lo creo: no lo acepto, no lo acepto. Para nada. Entiendo que a las cosas hay que buscarles la solución. Y no ser quejosa, encontrar la solución.

 

Y no todo tiene que ver con Dios. Hay cosas que son... ¿Pude haber heredado de alguno de mis padres el malestar? Posiblemente. O quizá no. O quizás es propio. Pero si mi idea es brindar me tengo que ocupar de mí, sanarme yo por dentro y por fuera. Y poner manos a la obra. Y no se trata de intentarlo, porque intentar, todos intentamos; se trata de llevarlo a cabo. Sí, de llevarlo a cabo.

 


Sesión 10/10/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidades que se presentarón a dialogar: Thetán de Jaquelin

Soldados le hicieron ir a por unos sacos de carbón en la mina y por casualidad acabó encontrando una cantidad de joyas almacenadas por alguien. Y estaba siendo observada por este alguien y peligraba su vida. Aparecieron tres hombres más.

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Entidad: Nunca me jacté de ser intuitiva, pero hace unos días que tenía una tremenda inquietud, una intranquilidad que se me sumaba a mis dolores cervicales, a mis dolores musculares. Una inquietud que hasta me ponía de mal humor.

 

A veces el religioso Adolas pasaba por la feria mirando con esos ojos tan fríos y crueles, como buscando a alguien. Ya no desaparecían más jóvenes, seguramente encontraron a la que buscaban o se dieron por vencidos.

Rara vez pasaba el rey Morden por la feria feudal, pero sí Adolas, con esa mirada torva, como traspasándote.

Pero mi inquietud pasaba por otro lado, sentía dentro mío como que algo iba a ocurrir.

 

Al lado mío trabajaban Mireia y Ramona, dos jóvenes nuevas pero con un tremenda vitalidad. Vitalidad que yo envidiaba, aunque me sentía joven, obviamente.

Esa inquietud me quitaba el humor, me sentía extraña. Yo trabajaba con vasijas de barro, no tenía nada que ver con los carboneros que estaba en la otra punta, pero tenía muchísimo trabajo.

Los soldados se acercaron a nosotras.

-A ver si alguna de ustedes trae una bolsa de carbón de los sótanos. -Y se marcharon.

Mireia y Ramona me dijeron:

-No, estamos teniendo mucha venta, a ti nadie te compra los jarrones y las vasijas, así que baja tú.

 

Quise negarme pero quería evitar escándalo, las jóvenes no eran malas pero se ponían atrevidas. Dejé mis utensilios y marché para la entrada del costado de palacio que iba para los sótanos. Casi llegando me doy vuelta y veo que los dos soldados me señalaban. Gritando dijeron algo así como "¿Cómo va ella sola?". Y con unos rebenques las azotaron a Ramona y a Mireia. No me sentí contenta, por supuesto que no, pero no quise llamar la atención de ellos y me metí rápidamente por la puerta.

Ya había bajado un par de veces a los sótanos, eran tétricos, había lámparas de aceite cada diez escalones. Conté cerca de cuarenta escalones, era bastante profundo, parecían catacumbas, y cada varias líneas un farol pequeño.

No recordaba donde estaba el depósito, seguramente había bolsas tipo arpillera que había que llenar con una pala y luego hacerles un nudo. Justo con el tremendo dolor de cervical que tenía.

 

A lo lejos veo uno de los galpones. Qué raro, había una luz, y siempre había estado la puerta cerrada, incluso con una cerradura muy muy grande, pero estaba la puerta entreabierta y salía luz. Me asomé, algo que no debía haber hecho. Adentro todo ordenado, era todo menos un galpón. Había mucho polvo, me afiné la garganta. Y adentro se escuchó como un sonido y miré: estaba lleno de joyas y adornos de oro. ¿Qué es esto? Yo sé que el rey no guardaba ahí sus tesoros.

-¿Quién anda ahí? -Mi piel se erizó y me paralicé-, era la voz del religioso Adolas. Di dos pasos para retirarme y una mano huesuda, filosa me cogió del hombro, apretando, lastimándome, y con un farol en la mano me ilumina el rostro.

-A ti te conozco, eres de la feria feudal. -El rostro filoso, odioso de Adolas, me miraba con una mirada cruel-. ¿Qué buscas?

-Me..., me enviaron dos soldados a buscar carbón.

-¿Y por qué te has asomado aquí?

-No, no quise asomarme, vi luz y me intrigó.

-Buscarán a otra, tú has visto algo que no debías ver.

-Pero es que no diré nada.

-Pero claro que no dirás nada, claro que no dirás nada. Los muertos no hablan. -Sacó un pequeño puñal-. Trataré de no causarte dolor.

-Pero señor...

-¡Psss! No, no tiene sentido que implores. -A pesar de mi dolor de cervical, a pesar de toda mi inquietud cerré mi puño y lo golpeé en la mejilla. Lo hice trastrabillar, no era tan fuerte. Traté de huir, me cogió de la ropa y caí al piso.

-Así que eres rebelde. Había dicho que no ibas a sufrir... ¡Mmm! Lo lamento.

 

En ese momento se escuchó como un ¡Ziu!, y una flecha, la punta de una flecha asomó en su pecho. Su rostro se puso más pálido de lo que estaba, sus ojos malévolos se pusieron vidriosos, sin vida y su cuerpo cayó inerte.

Detrás vi tres hombres mal entrazados, serían esclavos.

-Por favor, no me hagan nada.

Uno de ellos, delgado, que ya lo había visto en la feria feudal, me dijo:

-No te haremos nada, te hemos salvado la vida.

Me levanté, me limpié la ropa y le digo:

-Tú eres Dorian, tú trabajas con el rey.

-No. El rey me envió a matar un noble y a su hija y les perdoné la vida, y en este momento soy un fugitivo. -Había otro joven delgado-. Él es Horacio. -Y un hombre fornido, más alto-. Y él es Trement.

-¿Qué están haciendo aquí en los sótanos?

-Vinimos por los túneles, unos túneles que yo conozco, pero evidentemente lo han modificado hace tiempo atrás.

-¿Modificado?

-Sí, modificado el camino. Hay unas escaleras que ascienden a la cámara del rey. -me puse pálida.

-¡Queréis matarlo!

-¿Te molesta? Estabas a punto de morir a manos de su esbirro religioso.

-No, pero no es por aquí.

Dorian miró.

-¿Qué hay ahí adentro?

-Asomaos. -Se asomaron los tres.

-¡Vaya, el tesoro real!

Les dije:

-No, no, no; no es el tesoro real, aparentemente el religioso Adolas guardaba aquí periódicamente joyas que iba llevando de a poco para su seguridad, y si algún día derrocaban al rey se escaparía.

El más grande, Trement se rió.

-¿Cómo te llamas? -me preguntó.

-Josela.

-Josela, eres ingenua. Mira todo lo que hay aquí, esto ni siquiera lo cargan diez hombres.

-Vaya.

-¿Qué haremos? -preguntó Dorian.

-Nos vamos a ocupar del rey y luego veremos. -Detrás nuestro se escuchó unos pasos.

-¿Has venido sola? -preguntó Dorian.

-Sí, pero me mandaron dos soldados a buscar carbón, porque los carboneros estaban ocupados. -Trement, el más grande, cerró la puerta donde estaba el tesoro, quedó todo casi oscuras, cada tanto faroles de aceite.

Eran los dos soldados:

-¡A ver mujer! ¡Mujer, estás por aquí! ¿Qué esperas?, hace rato que te hemos enviado. -Iba a hablar y una mano me tapó la boca, era Dorian, y en la semioscuridad me hizo gesto de silencio. Se pegaron a las paredes. Se adelantó el más grande, Trement. No sé cómo, con qué agilidad, no les dio tiempo a sacar sus espadas y acabó con ambos soldados.

Volvió y dijo:

-Esto está mal, van a notar la falta de los soldados, y seguramente saben que bajaron al sótano. No vamos a poder ir a la alcoba real, apenas se den cuenta que faltan los soldados van a bajar al sótano. ¿Quién ha visto que te han mandado?

-Mis dos compañeras.

-Te van a relacionar con la muerte. Tendrás que venir con nosotros.

El más grande, Trement dijo:

-¿Tenéis las alforjas?

-Sí.

-Llevaos todo lo que podamos.

-¿Robaréis el tesoro? -Dorian dijo:

-¿Robar? No robamos nada, esto es de los granjeros. Este es el famoso rey que repartía entre la gente, y seguramente debajo de su cámara real debe tener tres veces más joyas de las que hay aquí, su propio esbirro lo traicionaba. Cuando bajen los soldados y vean a sus dos compañeros y al religioso Adolas muerto va a ser difícil que podamos pasar de vuelta a bajar por los túneles. Se nos arruinó el plan.

-¿Pero es culpa mía? -pregunté.

-No, no, Josela, hubiéramos avanzado, hubiéramos visto nosotros la luz, hubiéramos descubierto esta cámara y hubiéramos matado a Adolas, y también a los soldados. Tú estás en el lugar equivocado en el momento equivocado, y la única manera de salvar tu vida es venir con nosotros.

-¿Quiénes sois?

-La resistencia. Nuestro plan era entrar por los túneles a la alcoba real y acabar con Morden, porque el rey tiene comprados a los granjeros periféricos. Lo hizo a propósito para que la resistencia no pudiera acercarse. Lo único que podemos hacer es llevarte con nosotros y cargar la mayor cantidad de joyas.

-Los ayudaré.

-¿Puedes?

-Iba a cargar una bolsa de carbón, ¿por qué no voy a poder cargar joyas? -Y entre los cuatro, Trement, Horacio, Dorian y yo cargamos joyas.

-¿Podrás con esta alforja? -dijo Dorian.

-Si -respondí. Me la colgaron a la espalda, era pesadísima. Más para mi cervical, que me dolía muchísimo.

Habló Trement.

-Mujer, veo gestos de dolor.

-Desde hace mucho tiempo tengo dolores de espalda, hasta a veces pienso que camino torcida del dolor. Y me pone de muy mal humor.

-Ya lo solucionaremos, tenemos gente que se ocupa de reponer huesos.

-Pero yo no tengo huesos rotos.

-Te los acomodaremos.

 

Marchamos por un lugar desconocido para mí, pasados el galpón oscuro donde estaba el depósito de carbón.

-Sigamos. -Subimos unas escaleras.

-¿Estas no van para la cámara?

-No, éstas van para los túneles. -Subimos nada más quince escalones y había unos túneles estrechos, los veía como de paredes débiles, como que en cualquier momento se derrumbaban. Y caminamos. Caminamos bastante, como diez minutos.

-Es interminable.

-Sí, ya no estamos debajo del castillo.

-Pero -objeté-, cuando los soldados vean a sus compañeros y al religioso Adolas seguirán.

-No, no, no. Tú ibas adelante y no te diste cuenta; Trement, el más fuerte de nosotros, alzó unas rocas tapando la subida a los túneles, no la van a encontrar. Pero si queremos volver vamos a tener que dejar pasar algún tiempo, porque van a estar en estado de alerta.

Dorian dijo:

-Pero no van a pensar que es alguien de afuera, te van a relacionar a ti, Josela, como que has traído un cómplice y han robado las joyas.

-O sea, me acusarán de ladrona.

-No te preocupes, con nosotros estarás a salvo. Vamos a ir a un poblado que está bastante bastante lejos de esta región, lejos del alcance de Morden, tendrás una nueva vida.

-No quiero ser mantenida, no quiero ser carga de nadie.

-Y no lo serás. Parte de estas joyas son tuyas, podrás ponerte en ese poblado un pequeño negocio. ¿Qué sabes hacer?

-Hago de todo, vasijas de barro, utensilios..., trabajo también con metal.

-Bueno, en lugar de trabajar en la feria feudal, donde tendrás que pagar impuestos, ¿o no los pagabas?

-Sí que los pagaba.

-Bueno, en este poblado no, será todo para ti. A lo sumo podrás cooperar para pagar a la defensa del poblado.

-Eso lo haré con gusto.

 

Finalmente vi una claridad y vi por fin la luz del sol. Había una enorme roca que el fortachón Trement la levantó, pesaría como veinte hombres, pero la levantó él solo y la volcó tapando el agujero al túnel.

-¡Vaya qué eres fuerte! Eres capaz de levantar un caballo con tus manos. -El hombre rió.

-Hablando de caballos, tenemos tres pero trajimos una... trajimos una mula. -Me encogí de hombros.

-Está bien, pero sacadme por favor este peso de la espalda. -Me sacaron la alforja, la cargaron en la mula y sus alforjas en los caballos. Me costó subir, me dolía todo el cuerpo.

-Ánimo, Josela, ánimo.

 

Era una vida nueva para mí, empezaría de cero lejos de la tiranía del rey Morden. ¿Si sentí placer porque hayan matado a Adolas? No, no, sentí alivio. Al fin y al cabo yo era inocente y Adolas estuvo a segundos de quitarme la vida.

Le dije a Dorian:

-Yo estuve en el lugar equivocado en el momento equivocado y vosotros habéis estado en el momento justo en el lugar justo. Os debo la vida. -Sonrieron.

 

-Vamos a alejarnos. Media jornada más adelante pararemos a comer y a tomar algo, trajimos comida y trajimos bastantes cantimploras con agua. De todos modos, más adelante hay un arroyo.

-¿En serio hay alguien en ese poblado que cura las contracturas?

-Sí. Le decimos el doctor, no tiene nombre. O por lo menos nunca nos ha dicho su nombre. Gente incluso que se ha torcido el tobillo los ha sanado. Sé que el cuello es algo más delicado, pero seguramente te sentirás mejor.

-En este momento me está doliendo muchísimo la cervical, solamente con el paso de la mula, cada paso que da mi cuerpo se resiente.

Trement miró y dijo:

-Tendrás que aguantarte, Josela, estamos muy cerca, todavía no podemos parar. Avanzaremos media jornada más, casi terminando el atardecer pararemos. Llegaremos a un bosque donde hay un arroyo y descansaremos allí. Nos turnaremos haciendo guardia. Tú no; Horacio, Dorian y yo. Tú podrás dormir, si así lo deseas.

 

Y sí, empezaba de cero. Por dos razones: porque iba a un poblado nuevo y porque es como que había nacido de nuevo. Si no fuera por estas tres personas en este momento estaría sin vida y tirada en algún pozo.

 

Gracias por escucharme.

 

 


Sesión 26/11/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidades que se presentarón a dialogar: Thetán de Jaquelin

La ansiedad le producía alteraciones del ritmo de vida, poca persistencia en los asuntos que trataba. Un eminente genetista la trataba, pero tenía que colaborar.

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Entidad: Había averiguado de que daban una conferencia sobre toda la parte de inmunoterapia y necesitaba conocer más del tema. Llevaba un grabador.

Mi esposo, Raúl, me dijo:

-Suerte, yo me quedaré trabajando.

-Tenme informada. Igual no serán más de un par de días. -Era una región distante, así que fuimos en avión.

 

Lo más importante es saber que pasaba con mi cuerpo. Recuerdo que tiempo atrás el profesor Raúl Iruti me dijo que el campo emocional afectaba mucho a mi campo físico, pero también me había comentado de que había detectado una deficiencia en glándulas endocrinas de la hipófisis anterior, y eso de alguna manera es lo que me impedía embarazo, amén de que además habías otras deficiencias hormonales que de alguna manera desestabilizaban mi parte psicofísica, no solamente la parte física sino la parte psíquica también.

Cuál es la sorpresa que al arribar al aeropuerto me encuentro con el profesor Raúl Iruti y su colega Alexis Anasio, ambos genetistas, aparte de que Raúl Iruti es asesor espiritual. No me meto en conversaciones con extraños pero en determinado momento Alexis Anasio se despide de una joven llamada Estela Navarro.

Le pregunté a Iruti si tenía que ver con el profesor Navarro, dijo que sí, que era su hija.

-¡Ah! Porque he escuchado conferencias cuando era más joven, del profesor Navarro.

Alexis Anasio le dijo a Raúl Iruti:

-Vino Estela sola a despedirnos, aparentemente su amiga sigue aislada. -No averigüé de qué se trata porque entiendo que era un tema personal de los profesores, así que no quise interceder.

 

Había mucha gente y nos sentamos en un asiento de tres. Aproveché que estaba al lado de Raúl Iruti durante el viaje y conversamos.

El profesor me dijo:

-Me recuerdo de ti, Sabrina Lodge, si vas a preguntarme por todo lo que es endocrinológico, por todo lo que es sistema inmunológico ya hemos hablado.

-No -negué-, me ha hecho muy bien el tratamiento espiritual, pero si no es inconveniente hablar un poco de... de qué sucede conmigo en lo emocional.

-Es muy sencillo. Pienso que a ti, Sabrina, te pasa lo que le pasa a mucha gente, me incluyo, ¿eh?, aunque entiendo que como terapeuta no debo hablar de mí, pero la gente es cambiante.

-¿Hablamos de cambiante psicológicamente?

-No, no no no no no; cambiante en el sentido de que a lo largo de la vida tienen distintos objetivos.

-¿Y eso es malo? -pregunté.

-No en absoluto, en absoluto. Podemos cambiar de proyectos, podemos cambiar de ideas, podemos tener otros objetivos, eso no incomoda para nada. El tema es que supón que estás en una investigación importante, y en medio de la investigación te fijas en otra materia y dejas esa investigación por la mitad.

-Bueno, me ha pasado. Antes de conocerlo a usted he ido a distintos... a distintos médicos.

-Es distinto, Sabrina, seguramente no daban con el resultado apetecido y tras una serie de análisis no encontraban una respuesta a tu problema físico-emocional. Eso no es cambiar de objetivo, eso es estar en una búsqueda, dar con el profesional médico idóneo como para que diga que está pasando tal problema en su cuerpo y con tal medicación o con tal tratamiento lo va a solucionar.

-Entonces no entiendo -exclamé.

-Claro. Yo no me refiero a ese tipo de búsqueda, porque es coherente eso: si yo de repente tengo un problema determinado 'x', 'x' significa: Sufro de determinada dolencia física, psíquica, emocional y estoy en la búsqueda de personas que puedan darme una respuesta, quizá no una solución pero sí una respuesta a por qué sufro de tal dolencia, o por qué mi campo emocional está bajo. Y eso es correcto porque si no me dan la correcta mi avidez crece. Distinto es cuando vamos a ponerlo así: Estás en medio de un tratamiento para la parte de deficiencia en glándulas endocrinas de la hipófisis anterior...

-Que es lo que me pasa a mí -dije.

-Perfecto. Y ves que de a poco los distintos análisis te van mostrando que hay un avance, leve pero avance al fin, y de un día para el otro decides: "No, quiero que el avance sea mayor, o estoy viendo que no es lo que esperaba y voy a otro médico y empiezo de nuevo". Tú le vas a decir al médico: "Mire, doctor, aquí ya tengo el análisis de que mi deficiencia es de glándulas endocrinas, etcétera, etcétera, etcétera". El profesor mirará tu historia clínica y luego te dirá: "Está perfecto, pero yo empiezo de cero".

-¿Y por qué haría eso?

-Porque el médico quiere ver con su equipo de análisis qué es lo que sucede con tu cuerpo. No va a descartar lo investigado por médicos anteriores pero va a sacar su propia conclusión.

-Pero eso es bueno, porque quizá descubro otras cosas.

-Está bien. Hasta ahí sí. Pero supón que da con el mismo resultado y te da otro tipo de tratamiento para esa deficiencia de glándulas endocrinas. Muy bien. Y también hizo un avance, no más rápido que el anterior, pero a los pocos meses dices: "No me termina de convencer", y vas con un tercer médico. Abrevio para no hacer la historia tan larga. El tercer médico va a decir lo mismo: "Acá veo un análisis, coincide con el otro, pero hay un tratamiento distinto. Aquí toca la parte inmunológica, esto no me convence, aquí no toca la parte inmunológica pero es un poco más lento el tratamiento, hay una irregularidad en la hipófisis anterior. Entonces vamos a empezar. Vamos a hacer una serie de análisis distintos empezando de otra manera". Entiendo del tema por mi trabajo en genética.

-Ahora, profesor, ya no como asesor espiritual sino como genetista.

-Como genetista puedo decir que hay un desorden genético, y que lo trataría de otra manera.

-¿Cómo no me lo dijo antes?

-Porque primero era importante hacer los análisis adecuados y llegar a la conclusión que se llegó. Y para mí el tratamiento que se hizo fue el adecuado.

-¿Entonces por qué no veo el resultado?

-Es muy sencillo. Acuérdate que agregué tu campo emocional y tu mente. Tu mente aún no la tienes aclarada, no tienes una mente clear y eso te afecta al campo emocional y atenta de alguna manera contra todo tratamiento físico que puedas estar haciéndote.

-Reconozco que me ha pasado algo de lo que me comentó.

-Explícate.

-Claro -le dije-. Yo, antes de verle a usted, había ido a otros doctores y no estaba conforme, y después de verlo, que me traté mi parte emocional, y lamentablemente no la terminé porque quería hacer las cosas más rápido.

-Bueno eso es una parte del ejemplo que di antes, no terminas las cosas, las dejas a medio hacer.

-No entiendo.

-Claro. ¿Te acuerdas el ejemplo que yo te di? Hay personas que de repente están en medio de un proyecto, lo cortan. Y hacen otro proyecto, lo cortan. Y hacen un tercer proyecto. En resumen, no terminan el primero, no terminan el segundo, no terminan el tercero.

-Y eso qué tiene que ver conmigo.

-Claro. Has dicho que después has ido a otro médico.

-A otro no, a tres.

-Es lo que yo digo -exclamó el profesor-. O sea, ¿no sería prudente que terminaras una cosa por vez?

-Es que soy ansiosa.

-A eso me refiero con el tema de aclarar la mente. Tienes un paquete neuronal donde está grabado un recuerdo que te causa dolor, no dolor físico únicamente, dolor físico y dolor emocional. Ese paquete neuronal yo le llamo engrama. La función de ese paquete neuronal te puede producir angustia, ansiedad, baja estima y hasta puedes tener una neurosis.

-Eso no me lo había dicho. ¿A qué se refiere?, entiendo que una persona neurótica es la que tiene delirios de persecución.

-No necesariamente. ¿Por qué tenemos que ser tan estrictos? No es así, Sabrina. Hay distintos tipos de neurosis: Puedes pensar que muchos te critican cuando ni se fijan en ti. Puedes pensar que no rindes en un trabajo que estás haciendo cuando tampoco es así. Puedes pensar que has terminado un ciclo con determinado médico porque ves que el resultado no se están dando y el avance es muy lento cuando no es así.

-Entiendo, entiendo, entiendo, entiendo, entiendo. -Y me quedé pensando-. Lo que pasa doctor, ¿profesor, no?

-También soy doctor, pero bueno, dime profesor.

-Lo que pasa profesor que lo emocional no es algo que alguien me diga: "Tú tienes tal angustia porque te pasa tal cosa". Ok. ¿Y qué sigue a continuación?, ¿cómo corrijo esa angustia?, porque si la angustia se debe a determinado factor y veo que ese factor no es que no lo pueda modificar, pero va lento el tema de la modificación, la angustia la voy a seguir sintiendo, la ansiedad, la inseguridad, la búsqueda.

-Hasta ahí va todo bien -dijo Raúl Iruti.

-Explíqueme, a ver.

-Claro, tu problema es lento de resolver a nivel físico. Entonces te produce angustia, inseguridad, te puede producir baja estima, un tremendo estrés. Pero has hablado de búsquedas, y ahí es donde está el quid de la cuestión.

-¿Cómo?

-El ir de búsqueda en búsqueda, de tratamiento en tratamiento en lugar de brindarte una solución te va a causar más traumas. Ya sabemos que tu problema es una deficiencia en glándulas endocrinas de la hipófisis anterior, ¿hasta ahí estás convencida?

-Absolutamente.

-Y los médicos que has visitado antes y los tres doctores que has visitado después de verme a mí, han llegado a la misma conclusión.

-Absolutamente.

-Entonces, ¿por qué cambias de tratamiento cuando estás por la mitad?, ¿por qué no completas algo? ¿Por qué el cambio de búsqueda? En este caso yo no digo de "disfrutar el mientras tanto", pero de alguna manera, y esto grábatelo bien, si tú aunque el tratamiento vaya lento vas viendo que avanzas un poquito, al mes siguiente otro poco, al mes siguiente otro poco, eso te tiene que dar la esperanza de que finalmente va a llegar a buen término.

-No tengo la paciencia.

-Claro. Y eso hace que atentes contra ti misma. Entiéndelo, Sabrina, nada es casualidad, todo es causalidad. Esa conversación no la hubiésemos tenido si no hubiésemos coincidido en el mismo avión o hubiésemos ido a la misma conferencia.

-¿Usted piensa -pregunté- que la conferencia me va a ayudar?

-¿Llevas un grabador?

-Sí.

-Seguramente te va a ayudar. Me va a ayudar a mí también.

-Profesor, no se burle. ¿Quién le puede enseñar algo a usted?

-Todo el mundo me puede enseñar algo a mí -dijo Iruti-. Sería una pena que nadie me pudiera enseñar nada. Qué aburrido sería. Siempre hay algo que aprender, siempre. Y eso es lo bueno. Pero cuando tú te pones un objetivo, llégate hasta el final del mismo. Es como si tú estuvieras escalando una montaña y cuando tú estás por la mitad miras a la distancia con unos alargavistas y ves otra montaña que te parece más atractiva. Desciendes, vas a la otra montaña, llegas a la mitad y ves una tercera montaña.

-Profesor, me está dando el mismo ejemplo de los médicos.

-A eso quiero llegar: Llega a la cima, y luego si quieres escala otra montaña. Pero llega a la cima de una aunque sea, no dejes todas las montañas por la mitad.

-¿Y mientras tanto qué hago?

-Mientras tanto trabaja tu paciencia.

-¿Sería conveniente que lo siga viendo?

-Tú no has terminado el tratamiento conmigo, has estado un par de meses nada más. Conmigo, salvando la distancia con los médicos endocrinos que has tratado o con los médicos que se dedican a la parte inmunológica no genética, has hecho lo mismo, los has dejado por la mitad. Ahí traen algo para tomar, ahora nos tomamos un pequeño descanso, luego reclinamos los asientos y descansamos un rato. Te va a hacer bien.

-He traído esto, profesor. -Y le mostré unas pastillas.

-¿Qué es eso?

-Son comprimidos ansiolíticos.

-Permíteme ver de qué se trata. ¿Esto quién te lo ha recetado?

-El último médico que vi.

-Bien. ¿Cuánto hace que lo tomas?

-Por lo menos veinticinco días.

-¿Ves?, este tipo de comprimidos se tiene que tomar siete días, a lo sumo catorce, e ir luego bajando a la mitad y luego a la cuarta parte. Primero porque te crea dependencia, el tiempo que lo tomas es mucho. ¿Y la dosis?

-Diez miligramos.

-Es mucho, tienes que bajar a cinco, después a dos y medio. Y en diez días más córtalo.

-Le haré caso.

-Todo lo que crea dependencia es negativo, todo.

-¿Aunque me haga bien?

-Si crea dependencia no te hace bien.

-Entonces, ¿ahora después de tomar algo lo tomo?

-Sí. Si está recetado por un médico tómalo, pero sería prudente que lo consultes a él y le comentes lo que yo dije. Yo no voy a romper la ética de contradecir al médico que te recetó tal o cual cosa. Mi opinión es que vayas rebajando la dosis hasta cortarla de todo en el término de diez días.

 

Tomé algo, comí algo liviano, tomé el comprimido. Recliné el asiento y dormité. Esperaba al despertarme estar pronto al arribo, para escuchar esa conferencia.

¿Qué me resolvería algo? Posiblemente. Pero como decía el profesor Raúl Iruti, las cosas que se empiezan hay que terminarlas, no dejar los tratamientos por la mitad.

 

Gracias por escucharme.

 

 


Sesión 02/03/2021
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidades que se presentarón a dialogar: Thetán de Jaquelin

Seguía sin obtener resultados positivos, su cuerpo no respondía como todos deseaban. Volvió a contactar con el genetista para encontrar soluciones

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Entidad: Con mi esposo Raúl estábamos desmoralizados, el tratamiento del genetista Raúl Iruti supuestamente había dado resultado, por fin tenía un embarazo, un embarazo que al poco tiempo tuvo que ser interrumpido.

Recuerdo que el obstetra me dijo:

-Señora Sabrina Lodge, lamento darle la noticia.

 

Estuvimos cerca de treinta días muy desmoralizados. Y le dije a mi esposo:

-Vamos a una consulta en la otra ciudad, con el genetista Raúl Iruti.

-¿Para qué? -me respondió-, supuestamente el tratamiento había dado resultado y mira.

Lo miré a Raúl y le dije:

-Es cierto a medias, porque yo quiero saber cuál es la causa. Antes no podía, ahora lo perdí. -Mi esposo no estaba convencido. Le insistía, le insistía, finalmente aceptó viajar. Por el holomóvil pedí un turno, se acordaba de mí y nos esperaba al día siguiente, cerca del mediodía.

 

 Le conté lo que había pasado, la pérdida del embarazo. Él me recordó lo que me había dicho, que la hormona foliculoestimulante era sintetizada por células gonadotropas de la glándula hipófisis anterior, pero el problema era en las neuronas del hipotálamo y la adenohipófisis, por eso se hizo un análisis con inmunohistoquímica, lo que detectó un antígeno específico que impide o interrumpe los embarazos.

Le dije:

-Profesor, eso no había salido antes, me había dado una medicación para normalizar la hormona foliculoestimulante.

-Así es, Sabrina, pero acá hubo otro problema. ¿Te recuerdas qué te había comentado del campo emocional? Bien. En la parte cerebral la emoción está en el hipotálamo, justamente donde están las neuronas. Esas neuronas actúan de una manera que hacen de que el cuerpo rechace todo lo supuestamente extraño, como la gente inmunodeprimida.

-¿Y esto antes no lo tenía? -le dije de una manera directa-. Entonces el problema soy yo, cuando no es una cosa es otra, pero siempre es algo.

El profesor Raúl Iruti me miró, y me dijo:

-No, decir que el problema es uno es echarse la culpa. Hay situaciones que son genéticas y si bien en mi campo la genética está muy avanzada todavía hay mucho camino por recorrer, y más en neurogenética. Hasta hace poco tiempo atrás la neurogenética no existía, entonces era imposible comprender que ciertas neuronas del hipotálamo en combinación con la adenohipófisis podían producir antígenos específicos que saboteaban el propio cuerpo. -Respiré hondo y suspiré.

-Recuerdo que antes me dio una medicación, lo cual permitió el embarazo. Pero con lo que me comenta, profesor, hubo nuevos antígenos específicos que impidieron la continuación del mismo. ¿Cómo seguimos?

-Apreciada Sabrina, el caso es distinto al anterior.

Mi esposo Raúl dijo:

-Profesor, ¿en qué sentido es distinto?, porque no queremos tener falsas expectativas una y otra y otra y otra vez.

-Señor, antes no existía el problema de las neuronas del hipotálamo, entonces la medicación reguló la hormona foliculoestimulante, reguló la síntesis de las células gonadotropas, la glándula hipófisis anterior funcionó mejor, pero es como que ahora estas neuronas del hipotálamo sabotean de alguna manera todo lo que se había avanzado.

Mi esposo preguntó, impaciente:

-¿Cómo no lo vio antes, profesor?

-No no no, señor, no es que lo haya pasado por alto o me haya equivocado, esas neuronas funcionaban de manera normal.

Ahora pregunto yo, impaciente:

-¿Y por qué ahora no funcionan normal?

-Lo explico, Sabrina. En el hipotálamo hay una glándula muy pequeñita del tamaño de una lenteja, es donde está el centro emocional, una glándula llamada amígdala. Y además... -Le hice un gesto con la mano que espere.

-Usted llega a la conclusión entonces de que mi campo emocional es lo que afecta a todo, lo que afectó el no poder quedar embarazada, lo que afectó luego el embarazo, lo que afectó al bebé, lo que afectó mi vida entera. ¿Cómo corrijo el campo emocional?

Raúl Iruti me dijo:

-Nosotros no somos los dueños de nuestras emociones...

Lo miré extrañada, y le digo:

-Me extraña que me diga eso. Usted, supuestamente, es un sanador espiritual y alguna vez dijo que nosotros podíamos tener la voluntad para ser los dueños de nuestras emociones.

-No, no es correcta tu explicación, estimada Sabrina, nosotros no podemos controlar nuestras emociones. -Fruncí el ceño.

-Se contradice.

-No, no me contradigo para nada, apreciada Sabrina.

Mi esposo iba a hablar, y Iruti dijo:

-Raúl, espere, lo termino de aclarar. Nosotros podemos ser los dueños de los impulsos que causan esas emociones.

Mi esposo lo miró y se encogió de hombros, y dijo:

-No entiendo, honestamente no entiendo.

-No estoy hablando en un idioma profesional ahora. Raúl, Sabrina, la emoción puede ser algo innato que tenemos en nuestros genes, hay emociones buenas hay emociones malas. Las malas provocan impulsos que siempre van a ser negativos, y es como una especie de círculo vicioso. Reitero, nosotros no somos los amos de nuestras emociones pero sí somos los dueños de los impulsos que provocan dichas emociones.

-Pero yo no me creo impulsiva.

-Sabrina, puedes intentar reprimir esos impulsos y seguramente lo logras, pero es como tragar un veneno.

-¿Y no es peor liberar esos impulsos y de repente darme la cabeza contra la pared?

-Estimada Sabrina, no des ejemplos tan... tan al límite, puedes tener impulsos de llorar, de gritar, impulsos de discutir por cosas en las que incluso sabes que no tienes razón, pero insistes, insistes. -Rompí en llanto.

-Discúlpeme, profesor, discúlpeme.

-Toma un vaso de agua. -Tomé un poco de líquido y dejé el vaso sobre el escritorio.

-Lo escucho.

-Claro, Sabrina. No todos los impulsos son explosivos, pero puede haber impulsos provocados por las emociones que hace que llores desconsoladamente, que golpees una pared, que te molestes, que trates de dañarte a ti misma, pero lo reprimes.

-¿Y no es lo correcto reprimirlo?

-Lo correcto es moderarlo, no reprimirlo. Si lo reprimes lo tragas como si fuera un veneno, y es un círculo vicioso porque hace que las neuronas del hipotálamo sigan trabajando en contra de tu cuerpo.

-Está bien. ¿Y que sería moderarlo?

-Razonarlo. Razonar la emoción evitando el impulso para no tener que reprimirlo.

-¿Y me puede dar alguna medicación para eso?

-Sí, hay medicaciones para el campo emocional. Pero trato de evitarte dependencias, son medicaciones que provocan dependencia y luego va a ser peor. Dicho de una manera muy grosera, va a ser peor el remedio que el problema.

-¿Entonces qué hago, me resigno?

Raúl Iruti me miró y me dijo:

-No, yo nunca voy a hablar de la palabra resignación, te adaptas a las circunstancias.

-Profesor, profesor, no me diga eso, en este caso adaptarme a las circunstancias es resignarme. -Iruti iba a hablar y lo interrumpí con la mano. Le digo-: No, no, déjeme continuar. Usted me explicó más de una vez la diferencia. Resignarse es bajar los brazos, adaptarse es adaptarse a la adversidad. Pero acá la adversidad sigue estando. Entonces, ¿qué es adaptarme a la adversidad, no es resignarme? Vamos, profesor, o sea, ¿tengo que borrar de mi mente la posibilidad de un embarazo?, ¿Usted no ve problemas en las trompas?

-Estimada Sabrina, no soy obstetra, pero sí puedo decir que estas neuronas del hipotálamo actúan como si la persona fuera inmunodeprimida, y todo lo que es cuerpo está relacionado con todo lo que es mente, y la mente emocional no todos la saben manejar.

-Pero hace un rato me dijo que no se puede manejar, que no somos dueños de nuestras emociones.

-Manejar significa impedir que esas emociones creen impulsos, porque esos impulsos si no se moderan, si se reprimen potencian el efecto negativo de esas neuronas del hipotálamo. Por ahí estoy muy repetitivo con ese tema pero lo hago a propósito para que quede gravado en ambos, en vosotros. En ti Sabrina, en usted, señor Raúl.

Mi esposo dijo:

-¿Y entonces a qué debemos atenernos?

-El campo de la neurogenética es nuevo. Yo no soy una persona joven -agregó el profesor-, pero sigo estudiando. Sigo estudiando y me doy cuenta cuánto abarca el campo cerebral, los miles de millones de neuronas, los miles de millones de neuronas y algunas que cumplen determinada función pueden llegar a reemplazar a otras que ya están envejecidas en su función. O sea, es como que hay un campo neuronal que puede hacer otro tipo de trabajo en el cerebro.

Lo miré al profesor y le dije:

-Pero si la mente es tan inteligente, o mejor dicho, nos hace inteligentes a nosotros, los seres humanos, ¿por qué atenta contra nosotros?, ¿por qué hay ciertas neuronas que en lugar de ayudarnos nos perjudican?

-Evidentemente -dijo Iruti-, eso es una deficiencia genética.

-¡Ah, je, je! Entonces yo tengo razón, no se trata de adaptarme, se trata de resignarme, porque si es una deficiencia genética y no se puede modificar no hay nada que hacer al respecto.

-Insisto, y no quiero ser repetitivo. Sigo estudiando la neurogenética. Es nuevo, un campo nuevo, enorme, complejo.

-Eso significa que más adelante lo podrá resolver. El tema mío o de cualquier otra persona.

Iruti me miró con ojos sinceros, y me dijo:

-No creo que me alcance toda la vida para terminar el campo de la neurogenética. -Sonreí irónicamente, casi rozando el sarcasmo.

-¿Acaso no es el mejor genetista de Ran II?

-No lo sé. Hay muchos jóvenes que estaban estudiando neurogenética mucho antes que yo y quizás en este campo están más avanzados. No lo sé. Sería soberbia de mi parte decir: "Soy el mejor". Afortunadamente espero no ser el mejor. Esto significa que hay nuevas bases, nuevas columnas que se están forjando en el campo de la neurogenética, pero no sé cuánto tiempo pasará para que podamos decir: "Esto se puede corregir, esto se puede modificar, esto se puede solucionar del todo". No lo sé.

Me levanté y le dije al profesor:

-No me voy satisfecha. Pero no... no se moleste, no lo tome a mal, no es por usted, es por lo que me dijo. Significa que si hay algo neurogenético estoy resignada a no volver a intentar lo que usted ya sabe.

Iruti me dijo:

-Sabrina, es como que me quedo sin palabras. Y es cierto, a veces nuestro cerebro actúa de alguna manera en nuestra contra. La última vez y la anterior que nos vimos te dije que tu problema también era emocional, y lo emocional es genético.

-¿Viene de familia? -pregunté-. Para saber, ¿no?

Me miró y me dijo:

-Viene de miles, de miles de años atrás. Es genético, de la raza.

Nos despedimos. Le dije:

-Después le giro digitalmente la consulta.

 

En el viaje de vuelta a nuestra ciudad le dije a mi esposo Raúl:

-No es que me vaya peor de cómo vine, es como que tengo las cosas más claras, lo cual no significa que deba estar contenta. Lo cual significa que hay una deficiencia o algo genético que está actuando en contra de mi cuerpo. Recuerdo que leí en un hololibro que incluso hay células que crecen indiscriminadamente, se salen de su libreto, si se entiende lo que quiero decir, y provocan cáncer. Y eso es algo que viene de siglos.

 

Me recosté contra el respaldo del asiento y cerré los ojos. Mi esposo me abrazó y puso su cabeza junto a la mía.

 

 


Sesión 31/03/2021
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidades que se presentarón a dialogar: Thetán de Jaquelin

La entidad recuerda una psicointegración realizada, llevada a cabo en Ran II por el genetista Raúl Iruti. En ella se trata de neutralizar un dolor que siente debido a sensación de fracasos, de frustraciones y de baja estima.

Sesión en MP3 (3.580 KB)

 

Jorge Olguín: Hace algún tiempo atrás mi rol anterior, el genetista Raúl Iruti, comenzó a hacer terapia espiritual a través de las sesiones de psicoauditación a roles de mis consultantes, una técnica que mezclaba dentro de la psicoauditación la psicointegración que hacía mi rol anterior, Raúl Iruti, el genetista y terapista espiritual.

Voy hacer una sesión con Jaquelin intencionando que su thetán relate su rol de Sabrina Lodge.

 

 

Entidad: Me encontraba perdida, me encontraba de alguna manera derrotada espiritualmente, trataba de ordenar mi vida cotidiana pero me sentía como, ¡je!, desanimada y desilusionada con el supuesto gran adelanto que había a nivel genético. El mismo Raúl Iruti, el más afamado genetista de Ran II, podía modificar algunas situaciones a nivel genético, a nivel orgánico, a nivel hormonal, pero él mismo admitió que hay problemas que la ciencia aún no puede solucionar al punto tal de que hay síntomas que se tratan pero no se curan, esto significa que hay un tratamiento de por vida, pero no significa que el problema que lleva a sacar a flor de piel el síntoma sea sanado del todo.

 

Pero como también entendía que este afamado genetista tenía el don, por así llamarlo, de verme interiormente qué pasaba conmigo, por qué la angustia, por qué la ansiedad, por qué los anhelos no resueltos, y de qué manera modificarlos, entonces volví a consultarlo pero ya no por un tema físico sino por un tema espiritual interno.

 

Lo primero que me dijo en este caso el terapista, o terapeuta, Iruti es:

-De la misma manera que en la parte física hay síntomas que se tratan pero no se curan, de la misma manera en la parte interna, o puedes llamarle espiritual si quieres, el terapeuta te muestra el camino pero eres tú quien debe recorrerlo. Esto no significa que se te muestre el camino y se te empuje: "Anda, recórrelo, camina, fíjate que no haya obstáculos", no no no, no es tan así tampoco, como tampoco se te va a llevar de la mano. El tema es que las palabras son muy literales y la ayuda no es literal.

-Entonces, explíquemelo con sus palabras.

-Te lo explicaré, apreciada Sabrina. Sería muy hipócrita decir "Me pongo en tu lugar", primero y principal porque nadie puede estar en los zapatos del otro, nadie puede sentir el dolor del otro; podemos ser empáticos pero incluso la misma empatía que te acerca a la otra persona y si la empatía de ambos lados puede haber una especie de conexión, lo que no significa que si tú te lastimas un dedo el terapeuta va a sentir el dolor. De la misma manera si la persona tiene un dolor espiritual o una angustia por no haber logrado anhelos, no significa que el terapeuta sienta exactamente lo mismo.

Le pregunté:

-Profesor, ¿pero no es al revés?, ¿no es que el terapeuta no tiene que involucrarse en las emociones del consultante para no ser jalado hacia abajo? No sé si me explico.

-Te explicas perfectamente, apreciada Sabrina. La empatía no significa un contagio emocional, el terapeuta puede ser impersonal y a la vez tener empatía. La empatía no significa que haya una obligatoriedad, que haya una orden de involucrarse emocionalmente porque, y voy a dar un ejemplo muy burdo, porque en ese caso la persona consultante le cuenta un drama y consultante y terapeuta se ponen a llorar los dos. No es así. La empatía del terapeuta hace que quien atiende puede sentir ese mal estar, ese agobio que tiene la persona que consulta, pero no va a sentir lo mismo porque cada uno sabe el dolor que le ocasiona su vivencia, sus fracasos, sus frustraciones, sus malestares y las cosas que podía haber logrado y no pudo lograr.

-¿Y entonces cuál es la ayuda que me propone?

-Reitero lo que le dije a muchas personas, en esto no existe una solución mágica, es un trabajo interno de la persona. Es como dije al comienzo, es la persona la que tiene que recorrer el camino, lo que no significa que se la deje sola, significa que no es el terapeuta el que la va a coger de la mano y llevarla pero no significa dejarla a ciegas para que caiga en un pantano. Hay una conexión que sigue estando, donde se va orientando a la persona. Sería muy imprudente de mi parte decir "Hay roles del ego que potencian tú frustración.

-Está bien profesor -comenté-, será imprudente, ¿pero existen esos roles del ego?

-Sí, apreciada Sabrina, existen. Esos roles del ego, de verdad potencian la frustración, anhelos no resueltos, situaciones que no llegaron a completarse, que se vieron interrumpidas sin una explicación del todo coherente que ni siquiera la misma ciencia puede explicar. Yo mismo con lo avanzado que estoy en la parte genética, a veces hay cosas que escapan a mi control y me doy cuenta cuánto todavía nos falta estudiar, aprender, investigar, profundizar, porque si bien tú vienes a mí con un problema físico que te trae inconvenientes una y otra y otra y otra vez, y yo te digo: "De acuerdo a las investigaciones, a los análisis es esto, esto, esto y esto". Está bien, te lo dije, y tú me preguntarás: "Bravo por el dato, ¿pero cómo resolvemos eso, eso, eso, y eso que me mostró, profesor, como situaciones que cortan el camino a nivel psicofísico?". Esa es la situación -me explicó el profesor-. Como dije antes la genética está muy avanzada pero no abarca una totalidad, para nada abarca una totalidad. Entonces hay que trabajar sobre tu persona, fortalecerte.

-¿Y cómo? -pregunté.

-Nunca resignándote. Porque esto también se lo digo a todos mis consultantes, resignarte es bajar los brazos.

-Pero profesor, ¿me está diciendo que puedo seguir intentando el conseguir mis anhelos no resueltos?

-No, te estoy diciendo que no te rindas en la vida, que hay otras cosas.

-Eso es resignarse.

-No, no, Sabrina, eso es adaptarse. Resignarse es no luchar más en nada, adaptarse es adaptarse a las circunstancias: Qué puedo, qué no puedo, qué me permite lograr mi organismo, mi ser suprafísico. Somos mente, cerebro, cuerpo y medio ambiente. ¿Hasta qué punto me afecta el medio ambiente?

-A mí no me afecta el medio ambiente -expliqué-, soy yo.

-Perfecto. No digo que el medio ambiente no te afecte porque sí te afecta. Pero está bien, ahora dejémoslo de lado. Vayamos a cuerpo, mente, cerebro. Si hay síntomas corporales que ni siquiera la genética puede modificar, hay que adaptar al cerebro, hay que adaptar a la mente a que la vida tiene muchos factores de felicidad que nos dan ansias de vivir, deseos de crecer, de superarnos, de mejorarnos.

-Profesor, pero se desvía del tema. Si yo tengo un problema físico es que me lo está tratando disimuladamente de tapar y me está llevando para otro lado dándome otras opciones, otras posibilidades, que me conforme con la lectura, con las salidas con mi esposo, con distracciones.

-No, no, Sabrina, no. Eso es una manera muy cruda de interpretarlo. Acá no se trata ni de tapar el cielo con las manos, ni de barrer la basura debajo de la alfombra haciéndonos los distraídos, no, acá se trata de confrontar cada cosa. Pero si yo confronto una situación..., entiende que confrontar no es enfrentar, enfrentar es chocar contra la pared: "Esto no lo puedo hacer y me doy con la cabeza contra la pared", no, porque terminas más lastimada de lo que estás. Confrontar es hacernos cargo.

-Estamos en la misma, profesor. ¿Cómo me puedo hacer cargo de algo que yo no provoqué? Porque acá no estamos hablando de una acción que provoca una reacción, acá estamos hablando de un síntoma de mi cuerpo que de alguna manera me causa impotencia en determinados factores. ¿Qué gano con confrontarlos si ya sé de qué se trata?

-Confrontarlos, apreciada Sabrina, significa entenderlos, no dejarlos pasar. No olvidarnos. Pero no vivir pendiente de ellos porque si no la situación nos va a esclavizar.

-¿Y qué hago, hay algún comprimido, alguna medicación para que me produzca amnesia con respecto a ese tema y me olvide?

-No. Estás siendo irónica. Obviamente que no, pero se puede lograr que te queden recuerdos neutros.

-¿Cómo? ¿Cómo saco el dolor mediante una frustración tan grande? ¿Qué me va a decir, como dicen otros terapeutas, "El tiempo cura todo?". En cuánto, ¿en un año, en dos, en diez? Y mientras tanto qué, ¿me transformo en un mar de lágrimas?

-No, primero se trata de asumir tu importancia. Porque conozco otras personas como tú que pueden tener un síntoma que te imposibilita a determinadas situaciones físicas y piensan que no valen nada, que no sirven para nada, que fracasaron. Y no es así. Tú misma dijiste hace instantes atrás: "Yo no me voy a hacer cargo de cosas que no he provocado". Bien. Si no las has provocado no te hagas cargo, pero tampoco te culpes.

-¿Cómo?

-Claro. Lo vuelvo a reiterar: No te vas a hacer cargo de cosas que no has provocado, pero tampoco tienes que culparte de cosas que no has provocado. Más claro imposible.

-Está bien, no me culpo. Perfecto. No me culpo porque no es algo ocasionado por mí. Pero dígame, profesor, y volvemos a lo mismo: ¿qué hago con el dolor que acongoja, con la frustración que me acongoja?

-Entendiendo que no eres menos importante porque hay cosas que no has llevado a cabo o que tu genética no te lo ha permitido, la importancia no pasa por eso. Eres un ser único, valioso, un ser que conoce mucho, que tiene estudio, que tiene logros.

-Sí, pero eso me suena a consuelo.

-No, Sabrina, no se trata únicamente de consolar, se trata de contener.

-¿Me está diciendo que usted me contiene para que mi dolor se frene? No me está resultando.

-No. En esto ya lo dije, no hay varitas mágicas que te toco y ya todo pasó y pasas de un agobio a una felicidad plena, es un trabajo interno, es un trabajo que lleva su tiempo.

-¿Y mientras tanto qué pasa con mi dolor?

-Mientras tanto vas trabajando tu ser interno, entendiendo tu importancia, entendiendo que la vida continúa, entendiendo que hay seres que te aman, entendiendo que eres importante, ya te lo dije antes. Entendiendo que no estás sola, entendiendo que tienes mucho por hacer, entendiendo que en otras cosas no vas a fracasar.

-Disculpe, profe, que sea irónica, pero y, ¡je, je!, ¿un triunfo en alguna materia me va a disimular el dolor que siento?

-No, no, absolutamente no; simplemente digo que distraigas tu mente. Distraer no es olvida. Que hagas otras actividades, que te refugies en tus seres queridos. Porque hay personas, como dije antes, que te aman, que reconocen tu importancia como ser humano. Y no voy a decir muchas personas han pasado por situaciones similares, porque hay un refrán que he creado hace muchos años atrás que dice: "Mal de muchos, consuelo de tontos". Hace veinticinco años que he creado ese aforismo, entonces no voy a ir por ese lado. Hay personas que han pasado situaciones mejores, iguales o peores, personas que incluso no han podido superar síntomas que fueron creciendo al punto tal de que la persona no pudo resistir físicamente ese problema y a partido del plano físico. En cambio tú tienes mucho porque luchar, se trata de que puedas hacerlo.

-¿Usted me dice intentarlo?

-No, no te digo intentarlo, intentar es quedarse en el medio: "Voy a intentar esto, voy a intentar aquello, voy a probar de hacer esto, voy a probar de hacer aquello". No, no: Hazlo, hazlo. Intentar es: "Veré qué puedo lograr, lo pensaré". No, acá no se trata de pensar y de intentar, se trata de decir: "Hago eso", y al día siguiente lo estoy haciendo, lo que fuera. El dolor no desaparece, la frustración tampoco, pero se trata de que repasando situaciones, viendo que de tu parte has cooperado, no has hecho nada negativo contra ti misma, el recuerdo se va a ir haciendo neutro, con el tiempo vas a dejar de sentir esa sensación de fracaso, de frustración y de baja estima.

-¿Usted piensa, profesor, que los síntomas genéticos que afectan mi parte física pueden provocarme baja estima?

-Sí, absolutamente. Puede ser consciente o inconsciente. Por eso te lo dije más de una vez: Asume tu importancia. Tienes seres que te quieren, y si te quieren es porque han encontrado en ti, por dentro y por fuera, algo importante por qué quererte, seres que te aman que van más allá del querer porque aman a la persona, a la persona toda, no solamente a su parte externa, a su apariencia, aman a su ser interno, ese ser interno que llevas, que eres tú. Y eso es absolutamente independiente de cualquier síntoma genético porque ese ser interno, ese tú tan profundo, ese no puede ser vulnerado salvo que tú misma lo vulneres sintiendo decepción por tu propio ser. No te lo permitas, por favor no te lo permitas. Puedes sentirte decepcionada por la situación, por la vida, pero jamás por tu propia persona, jamás por tu propio ser. Jamás.