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Psicoauditación - Pedro S.

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

 

Sesión 27/06/2019

 


Sesión 27/06/2019
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidades que se presentarón a dialogar: Pedro S.

Aunque joven estaba atento al desarrollo de su vida aprendiendo de lo que escuchaba de los mayores. Pero alguien que no era mayor también parecía tener mucha experiencia.

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Entidad: Generalmente una de las cosas que te da más fuerza en la vida son las ilusiones, el soñar despierto, el pensar proyectos... aunque sean tan difíciles a veces de llevar a cabo.

 

Mi nombre era Tarden. Estaba en la región ecuatorial de Aerandor.

Mi patrón se llamaba Samán, carbonero. Vendíamos carbón a los distintos hogares, lo usaban para cocinar o bien para asar carne o para encender las estufas en remplazo de la leña. Pensaréis que Samán ganaba poco. No, no, era muy buen comerciante. Mezquino a la hora de pagar, pero te trataba bien.

Yo recién entraba en la adolescencia. Tenía una pequeña... pequeña barba que aparentaba ser un poco mayor, pero me sentía útil al menos de poder hacer algo. Mi idea era aprender herrería, pero no sólo no se conseguía trabajo sino que por lo menos iba a lo seguro.

 

Una vez hablé con un hombre grande que pasaba por el lugar y conversamos un rato en el camino. Como adivinando mi pensamiento me preguntó:

-¿Tienes proyectos? -Me encogí de hombros.

-Cientos -le respondí-, pero irrealizables. Además, aunque no me gusta mucho lo que hago como ayudante de carbonero. por lo menos estoy cómodo.

El hombre me dijo:

-No está mal. Además recién entras en la adolescencia. Pero no te acostumbres a estar en una zona de confort porque te terminas herrumbrando. -No entendí el sentido.

Le digo:

-Pero no soy metálico para herrumbrarme.

El hombre me profundizó la idea. Me dijo:

-Lo que quiero decir, Tarden, es que no te dejes estar; tienes alas para volar, aprovéchalas. -Apenas le entendía su manera de hablar, hablaba como de una manera difícil, pero terminé captando su idea. Y sí, seguramente más adelante haría lo que él dijo. Aunque al despedirse el hombre me dijo-: Tarden, entiendo que todavía no es tu tiempo, pero no dejes que ese tiempo se venza porque cuando te quieres acordar, la vida pasó. -Sonreí. Y lo vi al hombre marchándose.

 

Lo que pasa que cuando uno es adolescente no entiende el concepto o lo tiene tan lejano el concepto de vejez... Uno piensa "Hay tanto por hacer, tanto..., pero tenemos tanto tiempo..., así que no me voy hacer problema". Pero entendí el "No dejes que el tiempo se venza porque los años pasan y cuando quieres llevar a cabo ese proyecto no tienes ni fuerzas ni tiempo". Por lo menos estaba consciente de que ayudante de carbonero era un trabajo provisorio por ahora. Aparte, los días de verano tenía menos ventas, menos actividad y por las tardes podía andar por los bosques, por los prados. Por un lado no me causaba gracia porque me pagaba menos el señor Samán, pero bueno, ¿qué iba a hacer?

 

Recuerdo que conocí a una niña, Serena, un rostro angelical, era más chica que yo pero venía siempre por el bosque.

Le digo:

-Ten cuidado tú sola, hay animales grandes.

Me decía:

-No le tengo miedo a los animales, los que me pueden dañar son humanos, no animales. - Me sentí como molesto.

Le dije:

-Serena, en nuestro pueblo respetamos a las niñas.

Serena me dijo:

-Tarden, acostúmbrate a hablar por ti, no hables por los demás.

-Por supuesto. Yo te respeto.

-Pero no conoces a los otros -me dijo la niña-, no sabes su manera de pensar.

 

Me rasqué la nuca. Ponía cara como no entendiendo, porque su manera de hablar, su manera de expresarse no era de una niña, era de alguien más grande. Pero aceptaba mi compañía en los paseos y yo disfrutaba con ella primero por su forma inteligente de hablar y además era tan linda, tan linda...

Una tarde le dije:

-Cuando seamos más grandes..., hablo de cuando seamos más grandes, así que no lo tomes como una falta de respeto, me gustaría pedirte que seas mi novia. -Serena rió.

-¡Ja, ja, ja! -Me sentí como molesto, como rechazado, pero la niña dijo inmediatamente-: Nunca te anticipes a los acontecimientos, no se sabe lo que puede pasar el día de mañana.

Le dije:

-¿Cuándo hablas del día del mañana te refieres al futuro?

-No -me dijo Serena-, me refiero a mañana mismo, hay que vivir el día a día.

-¿Quién te enseña esas cosas? -pregunté.

-Nadie. Yo.

-¿Con quién vives?

-¡Vaya que eres curioso!

-Bueno, yo no tengo familia, trabajo con el carbonero Samán, no tengo por qué ocultar mi vida.

-Además -me dijo la niña-, en el poblado todos te conocen.

-Pero a ti no; vas vienes, vas vienes... ¿Tienes familia? -La niña se encogió de hombros.

-No, aquí no. -Pero no dio más explicaciones.

 

En ese momento pegué un respingo y me sorprendí. Había un leñador que siempre iba a la posada y miraba a las posaderas con unos ojos de deseo, no me gustaba su manera de ser, y ahora estaba allí su cuerpo sin vida, su hacha al lado. Le salía como una espuma por la boca.

-¡Vamos a llamar a las autoridades! -La miré a Serena y valga la redundancia, su rostro estaba completamente sereno, sin una pizca de miedo, sin una pizca de asombro. Le digo-: Pero esto es... nunca había visto un cadáver así, ¿no te asusta? -La niña se encogió de hombros.

-Seguramente recibió su merecido.

-¿Por qué lo dices?

-Tú sabes por qué.

-No, explícamelo, niña.

-Te he visto en la posada viéndolo como miraba a las jóvenes que atendían.

-¿En qué momento me observabas?, yo miraba para el lado de la puerta y ni veía a nadie.

-Soy chiquita, a veces ando entre las mesas y no me ven, pero soy muy observadora.

-De todas maneras lo que dices está mal, el hombre a lo mejor con expresión de deseo puede mirar a alguien y no por eso recibir el castigo de la muerte. Aparte, no le veo heridas por ningún lado. -La niña se encogió de hombros.

-No solamente se mata a las personas con un puñal o con una espada. -No le entendí, no le entendí.

Le digo:

-Haz como quieras. Si quieres venir conmigo... Si no, quédate. -Pero vino conmigo.

 

Fuimos al lugar donde estaba la autoridad principal, le dimos el lugar donde vimos el cadáver. Fueron varios. El doctor del poblado dijo:

-Lo envenenaron, no sabemos cómo, pero lo envenenaron.

Le dije a Serena.

-¡Tenías razón! Tú dijiste que hay varias formas de que una persona puede morir no solamente con un cuchillo o con una espada. -La niña se encogió de hombros.

-Sí, no es nada nuevo lo que dices.

-Pero tampoco es fácil -argumenté-, porque tiene que ser alguien de confianza que le dé de beber algo que tenga un veneno.

-Hay de todo.

 

Lo que me sorprendía de la niña Serena era que tenía un rostro tan angelical, pero una mirada tan... no una mirada fría, una mirada opaca, ojos claros, pero como que miraba más allá de la persona, miraba en el horizonte, como... como que nada la asombraba, como que a nada le tenía miedo. Y le veía muecas, muecas como de incomodidad y me las trasladaba, en el sentido de hacerme sentir incómodo a mí.

Por la noche, tirado en el camastro en una habitación que me daba el carbonero Samán, pensaba "Es cierto que las ilusiones es lo que te dan fuerza en tu vida". Es cierto también lo que dijo aquel viajero, ese hombre mayor tan sabio, de que no podemos estar siempre en un lugar de confort, pero a veces es como que tus ilusiones se quiebran, ¿no?

Por ahí fui demasiado apresurado al decirle a la niña "El día de mañana cuando los dos seamos más grandes quizá te pida que seas mi novia". Esperaba un "¡Qué lindo!", como dicen los chicos. O "No, no me gustas". Pero decir "Vive cada día" no era una respuesta a mi comentario. O sí, ¿o lo era? En ese momento pensaba como que Serena te mataba las ilusiones. Si yo le hubiera hablado de otra cosa "Quisiera esto, quisiera aquello" tal vez me daría una respuesta similar.

 

Y analicé la diferencia entre ese hombre anciano, sabio que te decía "No te dejes estar" al "Vive el día de hoy" que te decía una niña, ¡una niña!, pero sí, las frases eran similares. ¿Por qué yo notaba una diferencia? Porque la niña lo decía en función de no te apresures y el hombre, ese anciano sabio, lo decía en función de no te estanques en un lugar. Ahora, lo del hombre me parecía algo natural, un hombre que había vivido su vida, que seguramente me tendría más cosas por aprender y por enseñar, pero la frase de la niña, ¿de dónde la sacaba?

Recuerdo que me decía que sabía leer y escribir, sumar, restar, multiplicar y dividir. Las dos últimas eran tan difíciles de llevar a cabo, el multiplicar y el dividir... Pero no, no respondía a mis cosas.

 

En distintos paseos le pregunté de vuelta:

-¿Dónde está tu gente?

-Por ahí, en otra aldea. -Pero a veces se quedaba paseando hasta casi al anochecer y no tenía tiempo de llegar a otra aldea.

-¿Dónde te quedas?

-Tengo gente que me refugia.

-¿Dónde?

-Por allí.

-¿Pero por qué no dices dónde?

-Porque no quieren que lo diga -me contestaba la niña. La niña era una intriga caminando.

 

¿Y a veces no pasa en la vida que conoces gente que es intrigante? ¿A veces nos pasa que tú mismo no terminas de conocerte porque no reconoces el potencial que tienes, las cosas que tienes para dar, las cosas que tienes para brindar?, porque si tú mismo no te reconoces, porque si no entiendes el potencial que llevas consigo, ¿cómo vas a desarrollarte, cómo vas a ejercer lo que vas a ser el día de mañana, cómo vas a trazar esos proyectos? No puedes, porque tiene que salir de ti, pero para que salga de ti tienes que saber qué herramientas tienes dentro tuyo, qué valores tienes dentro tuyo, de qué manera vas a enfrentar siendo optimistas ese futuro dichoso, ¿no?, de qué manera.

 

La niña decía "Vive el día a día". Está bien. El hombre sabio decía "Puedes enmohecerte si te quedas en un lugar de confort". ¡No yo no quiero enmohecerme! Pero tengo que estar preparado, no puedo tirarme a ese río, esa agua que corre como un tremendo torrente y apenas sé dar dos brazadas porque me ahogaría.

Bueno, así son los proyectos, tienes que hacerlos estudiando cada paso que vas a dar, pero nunca, nunca poner la excusa de decir "lo postergo", porque postergar es aquerenciarse de ese lugar de confort aunque no sea lo mejor para ti, porque te acostumbraron a decir "Bueno, por lo menos esto es seguro". Aquí no se trata de tirarse al abismo sin alas porque te estrellas mil metros más abajo contra las rocas, se trata de aprender a caminar el sendero. Pero no puedes caminar sin ni siquiera estar preparado para dar el primer paso.

 

Gracias por escucharme.