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Psicoauditación - Xavier P.

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

Sesión 22/09/2020

Sesión 04/02/2021


Sesión 22/09/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Xavier P.

La entidad relata cómo en Ran II progresaba en sus estudios cuánticos gracias a su profesor y a un consultor genetista, mientras que su familia al principio ni lo apoyaba. Resolvió un tema personal, de pareja, que le podría haber dado problemas en el futuro.

 

 

Sesión en MP3 (3.811 KB)

 

Entidad: Soy cien por ciento responsable de mis actos, de mis fracasos, de mis triunfos, de mis desilusiones, de mis anhelos. Lo que logro es por mi esfuerzo, lo que no logro no responsabilizo a terceros. O sea, me hago cargo de todo, de lo bueno y de lo malo. Pero eso me trajo aparejado, a su vez, una enorme desconfianza por las personas.

Quizá sería injusto de mi parte generalizar porque conocí gente excelente, ¡je!, pero también muchas personas que me defraudaron o directamente que no me apoyaron.

 

Pero esta última frase puede parecer contradictoria con lo que dije antes, de que me responsabilizo de todo. ¿Pero quién no precisa una palabra de aliento, un apoyo o un abrazo? Eso no significa que me deslinde de mis responsabilidades, no hablo de que me hagan las cosas por mí, hablo de un empujón moral, anímico, con empatía.

Y tal vez es un engrama. Seguramente es un engrama, porque conozco una persona y es como que ya me encierro en mí mismo como una ostra, me atajo, me freno, me pongo un escudo o me pongo máscaras en el rostro. Pero claro, las máscaras pueden parecer hipocresía, sonrío cuando no tengo ganas, para quedar bien. Entonces claro, otro pensará "¡Ah!, busca quedar bien con los demás, eso es baja estima". No, no. ¿Porqué siempre tenemos que pensar en blancos y en negros? ¿Porqué no hay cientos o miles de tonos de grises? ¿Porqué todo tiene que ser 'A' o 'B'?

 

Mi nombre era Milen Tarden. Me había recibido de holoinformático y era muy muy bueno en lo que hacía. Y eso sí es mérito, mérito propio. Por supuesto que tuve profesores, pero todos en el curso tuvieron profesores, y algunos estudiaban por obligación o porque sus padres les decían o los amenazaban: "Estudia, porque no te voy a dar un crédito".

Y yo estudié porque me gustaba, me apasionaba la holoinformática.

 

En Ran II casi no había pobreza o diferencia de clases ni la peste, que era la religión. No, no. Sí había control de natalidad. Un matrimonio no podía tener más de dos hijos porque el estado, si por descuido o por lo que fuese, ese matrimonio tenía un tercer hijo, el estado se lo llevaba y lo educaba fuera del alcance de sus padres salvo en el caso de que la mamá tuviera un hijo y después tuviera mellizos o directamente trillizos, eso estaba contemplado. Pero gracias a ese control de natalidad no existía el hambre, como en Sol III. Y estábamos bastante más avanzados que donde hoy encarna mi rol, como Xavier.

 

Tenía como un freno para mezclarme con la sociedad, me gustaba mi trabajo pero lo hacía desde casa para no mezclarme con la gente. Y anhelaba con hacer algo más.

 

Conocí a un señor, Julius Delfor. Era empático, no te atosigaba como otros, te permitía opinar. Pero no fue en la facultad donde lo conocí, lo conocí en una conferencia. Y venciendo mi no digo timidez sino mi desconfianza en conocer a gente nueva, me acerqué a saludarlo. Era un experto, quizás uno de los mejores en informática cuántica. Le comenté que yo era holoinformático, bueno. Y me dijo que me podía dar clases.

Me animé y le dije si las clases no podían ser en mi domicilio, así no me trasladaba. Se encogió de hombros y me dijo:

-No tengo ningún inconveniente. Permíteme traer mi holoordenador y te pasaré algunos programas. ¿Qué memoria tienes en tu holoordenador?

Le digo:

-Cincuenta teraholobites.

-Está bien, tienes una máquina buena.

-¿Y la suya, Delfor?

-Es de quinientas teraholobites, pero guardo muchísima información, conferencias, investigaciones. -Quedé pasmado de que tenía una holocomputadora tan grande. -Y empecé a estudiar con él.

 

Me sentía bien, me sentía pleno, satisfecho. Empecé a adquirir un poco de confianza y..., Es más, hice de algunos amigos con los que compartía reuniones, fiestas. Y allí conocí a Morena Insua, una joven maravillosa que quizá por complejo o por lo que sea pensaba "No puede ser que se haya fijado en mí", pero le caía bien. Y quizá suene mal mi frase, suene como muy mundana pero tampoco voy a ser hipócrita, la frase: "A la ocasión hay que aprovecharla antes de que se diluya". Y la aproveché, me comentó que era hija de Alker Insua, un conocido holoperiodista.

-Sí, publica en distintos holoperiódicos, incluso lo vi en holovisión, ¡vaya!. ¿Y tú qué haces? -le pregunté a Morena.

-Estudio holoperiodismo, como padre. Y soy buena, hago reportes, busco noticias, a veces filmo con la holocámara.

 

Y empezamos a salir. Recuerdo la primera noche que estuvimos juntos, me sentí pleno, mi confianza me generó dentro mío una adrenalina..., depositaba en ella todas mis fichas, si se entiende la expresión.

Y salíamos asiduamente. Un día fuimos al edificio donde trabajaba el padre, Alker Insua, una torre inmensa, y en el piso ochenta y cuatro estaba la oficina, el despacho del padre. Un hombre que pensé que iba a ser serio, vanidoso, ¡no!, simpático, atento. Se levantó, me tendió la mano:

-¿Cómo te llamas?

-Milen Tarden -le respondí-, soy holoinformático.

-Bien, esa es una buena carrera.

-Y aparte -le digo-, estoy estudiando todo lo que está relacionado con la informática cuántica.

-¿¡Ah sí?, ¿quién te enseña?

-Julius Delfor, un profesor...

-Lo ubico, lo ubico, le hice varias notas. De joven se sacrificó mucho, pero vaya, lo ha conseguido. Tienes el profesor indicado. Bravo por ti.

 

Nos despedimos y bajamos con Morena. Y me sentí aliviado, aliviado más que nada porque yo era un joven que recién empezaba. Era muy bueno en lo que hacía, porque tampoco voy a hacer uso de la falsa modestia, porque la falsa modestia es pariente de la hipocresía. El que sabe, sabe. Y punto. La palabra que muchos usan, muchos filósofos, ese "Sólo sé que no sé nada". No, no es para mí. Si yo sé algo y sé muy bien sobre un tema, ¿por qué voy a decir: "No..."? ¿Qué me falta aprender? No tengo dudas. ¿Qué todavía tengo mucho camino que recorrer? Lo sé. Pero que me digan "No, eres un simple aprendiz...". No, aprendiz serás tú, yo de lo mío soy un maestro.

 

Era aprendiz en holoinformática cuántica, por supuesto, pero en lo que yo hacía aparte me servía como base para todo lo que es cuántico, que era muy muy complejo. Es más, el profesor Julius Delfor me decía:

-El día de mañana te contaré hasta dónde se puede llegar con esto. ¿Conoces la teoría de los universos alternos?

-Sí, pero es una hipótesis.

-No, no es una hipótesis, es una teoría. -La diferencia es que teoría implicaba que ya había una demostración, la hipótesis era apenas algo más que un sueño. Pero no me dio más información sobre el tema-. Tienes que estudiar, Milen, tienes que estudiar bastante. Lo bueno que eres joven, eres sano, no tienes ninguna enfermedad que te aqueje. Aparte, la medicina en este siglo está bastante bastante avanzada.

 

Me confié pero para bien, ¿eh? Me confié con mi profesor Julius Delfor y le dije:

-En realidad sufro de azoospermia -Me miró y me dijo:

-¡Vaya! ¿No hubo manera de que a nivel hormonal...?

-No, no tiene que ver con lo hormonal, es una ausencia de espermatozoides en el líquido seminal, o sea, no puedo tener hijos. Conmigo el estado no se va a preocupar, con esos matrimonios que dicen que no pueden tener más de dos hijos porque el estado les saca el tercero o a todos los que pudiera tener más de dos.

El profesor me dijo:

-Yo estoy aquí para enseñarte holoinformática cuántica, no para meterme en tu vida personal. Pero ya que tú me has contado esto, que entiendo no se los habrás contado a nadie fuera de tus padres, me veo en la obligación moral de preguntarte si se lo has contado a tu pareja...

Le respondí:

-Salimos hace poco.

-...porque no te puedes comprometer y luego casarte si ella ignora que no puedes tener hijos, porque sería un acto hostil de tu parte, estaría muy mal.

-Se lo voy a decir. Me había comentado que tendría que rendir un examen ahora sobre el primer nivel de informática cuántica.

-Sí, pero obviamente no te lo tomaré yo, hay un grupo de profesores especializados. Con uno de ellos incluso estudié yo, es un hombre bastante bastante grande. Tenemos que ir a otra ciudad, nos instalaremos allí. Te prepararé y darás el primer nivel. -Me entusiasmaba la idea. Se lo dije a mis padres y me apoyaron.

Y le dije a mi profesor Delfor:

-Cuando regrese le contaré a Morena, a mi pareja, mi problema. Si quiere seguir conmigo bien, y si no, no me enojaré, está en su derecho ella de si quiere tener hijos y su pareja no se los puede dar. Ya me hago cargo de mi deficiencia, de mi discapacidad.

-Te felicito, no sólo eres un adulto sino que te comportas como tal.

-Siempre -le respondí-, siempre fui responsable de mis actos, tengo la conciencia tranquila. Nunca mentí. Ahora estoy omitiendo algo, pero es provisorio. Llegado el momento, cuando regresemos le diré.

 

Y fuimos. Contento. En el camino, en el viaje, en los quince días que estuvimos allí hablé lo que no hablé en un año con otra persona. Le conté de mis motivaciones, de que me gustaba servir, de que y si bien ahora mi familia me apoyaba porque estaba orgullosa de mis títulos, al comienzo no, al comienzo me desalentaban, "Estudia algo que te rinda más. Holoinformática... todo el mundo estudia eso, vas a ser uno más del montón, no te sirve nada. Estudia medicina", y no les hice caso. Ahora me apoyan, pero me quedó como un engrama de desprecio de parte de ambos, de padre y de madre, en ese momento.

Les decía: "Yo quiero servir, quiero ser útil a la sociedad".

Padre se reía, pero burlonamente me decía: "Claro, vas a ser muy útil con la informática". Lo decía irónicamente, como diciendo "¡Je! Con esto no vas a llegar ni a la otra calle, ni a la esquina de tu propia calle".

Y me daba bronca y me sentía mal porque como yo dije muchas veces, a mí mismo, ¿eh?, una palabra de aliento a veces vale más que mil créditos.

-Tienes razón -me dijo Delfor.

 

Fui confiado a rendir. Delfor estaba pero sentado atrás, yo estaba frente a los tres profesores. Les hice una tesis de informática cuántica y me aprobaron con las mejores notas. De los tres, una era profesora, me dijo:

-Tarden, estás el primer nivel, los dos niveles que siguen son mucho más difíciles, no te quedes.

-Profesora, le prometo que no me voy a quedar.

-No, no me lo prometas a mí, prométetelo a ti.

-Lo tengo muy claro, profesora. De todas maneras le agradezco la empatía que tiene hacia mí. -Y me fui contento, exaltado.

 

Volvimos con el profesor Julius Delfor y me dijo:

-No esperaba menos de ti.

-Es gracias a usted.

-No, tuve muchos alumnos, el mérito es tuyo. El mérito es tuyo, Milen Tarden.

 

Regresamos a la ciudad. Modifiqué mi holoordenador, le agregué cien teraholobites más, el profesor me pasó varios de sus programas informáticos cuánticos.

-Tienes para estudiar, tienes para entretenerte. Descasaremos un tiempo y luego haremos el segundo nivel. -Esa noche me invitó a una fiesta, conocí al afamado genetista Raúl Iruti. Hablamos bastante, me cayó muy muy bien.

Julius Delfor me dijo:

-Muchas de las cosas que logré, las logré con el apoyo de Raúl Iruti.

-Por qué -le pregunté-, el es genetista...

-Sí, pero es un sanador de almas.

-No entiendo.

-Es un sanador espiritual, es alguien que te ayuda cuando tienes un problema personal, familiar, afectivo, de lo que fuera.

-¿Un consultor espiritual?

-Sí.

-¡Vaya! Que disímil, ¿no?, genetista por un lado y consultor espiritual por el otro. Lo tendré en cuenta.

 

Al día siguiente me encontré con Morena Insua. Me preguntó:

-¿Cómo saliste? No me mandaste ni una holollamada.

-Estuve todos esos días estudiando, practicando, practicando y practicando más y más y más. No quería desconcentrarme porque si hablaba contigo hubiera pensado en ti todo el tiempo.

-¡Vaya! O sea, que no pensaste.

-No, es muy difícil expresarse con palabras, Morena, quiero decir que trataba de concentrarme en mi estudio más que nada. No te pongas mal.

-Y yo quiero darte una buena noticia -me dijo ella.

-Te escucho.

-Aquí en privado.

-Te escucho.

-Estoy embarazada. Me hice un test y me salió positivo. Hablaremos con padre. -La miré-. ¿Por qué has puesto esa cara seria, no quieres hablar con padre?, prepararemos el compromiso y la boda.

-Justamente venía a decirte algo antes de que la cosa pase a mayores: sufro de azoospermia.

-¿Y qué es eso?

-Tengo ausencia de espermatozoides en el líquido seminal. -Morena palideció-. O sea -le dije-, que en estos días que me fui de viaje con mi profesor a rendir el primer nivel de informática cuántica has estado con otra persona, y quien sabe sino antes también. Si tienes dudas tengo todos holopapeles médicos.

-Le diré a padre que me dejas, que me has embarazado. Padre lo publicará en todos los medios y te hundirá.

-No me has entendido, tengo todos los certificados médicos y tengo amigos que hablarán por mí. Es más, mi profesor me presentó a Raúl Iruti, muy conocido en todo Ran II, él me apoyará. Veremos quién gana. -Se dio media vuelta y se marchó.

 

Me sentí tan molesto, pero tan molesto porque encima se hacía la ofendida, como que yo la dejaba, como que yo la abandonaba, como que no me hacía cargo de la futura criatura. Entonces tenía razón en lo que comentaba al comienzo, que hago bien en no confiar en todos, que uno tiene que conocer bien a la persona porque si no te defraudan. A veces es como que esos deseos de servir, de ser útil, ¿de verdad me da recompensa?

 

Lo fui a ver a Raúl Iruti, al genetista espiritual. No voy a comentar ahora cómo fue la consulta, sólo voy a comentar lo que me dijo:

-Tú anhelo de servicio está en ti, en tu persona, no es porque alguien te defraude y tú dejes de ser útil a los demás porque entonces no nacería de ti, sería un reflejo de lo que el otro te da o no te da.

 

Y lo entendí. Obviamente en una consulta con el profesor Iruti no me iba a hacer sentir 'tac' de un día para el otro mejor. Y estaría atento hacia el padre de Morena, Alker Insua, si publicaba algo en el holoperiodismo, porque de verdad que lo desacreditaría por completo a él y a su hija, cosa que no quería. Porque nunca se debe menospreciar a una dama, pero si la dama infunde falsas noticias de tu persona, lamentablemente no queda más que decir la verdad. Y por suerte tenía en resguardo en varios backups todos mis holodocumentos y holocertificados de mi azoospermia.

 

Gracias por escucharme.

 


Sesión 04/02/2021
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Xavier P.

 

Gracias a un gran genetista se aclaró a favor suyo la imputación de paternidad del hijo de su novia. Y más tarde conocería a una joven que le haría olvidar aquella angustia. El iluminador de almas también le descubrió cuál es el rol de Dios.

 

 

Sesión en MP3 (3.776 KB)

 

Entidad: Había venido de un viaje con mi profesor, Julius Delfor, y me encontré con una ingrata sorpresa: mi novia, hasta ese momento, Morena Insua, estaba embarazada. La sorpresa fue que yo sufría de azoospermia, o sea ausencia de espermatozoides en el líquido seminal.

Me amenazó con hablar con su padre, Almer Insua, un conocido holoperiodista, difamándome, diciéndome que no me hacía cargo de mi responsabilidad. Obviamente mi profesor, Delfor, tenía contactos, uno de ellos era el afamado genetista Raúl Iruti que a su vez tenía muchos más contactos.

 

Y afortunadamente mi buen nombre quedó intacto, no así el de ella. Pero no lo lamentaba porque su nombre quedara arrastrado por el piso, ni siquiera por su traición sino por su pobreza espiritual, por su enorme pobreza espiritual, porque quien traiciona de esa manera es una persona digna de compasión, y no digo de lástima, porque recuerdo haber hablado con el profesor Raúl Iruti y me dijo: "La lástima viene del ego, del rencor o de la supuesta superioridad. La compasión tiene que ver con el amor impersonal".

Recuerdo que le respondí:

-En este momento siento desprecio, no amor.

Iruti me dijo:

-Mira, Milen, no dejes que el rencor te contamine tu alma, tenle compasión, y que busque al verdadero padre del bebé que está gestando.

 

Recuerdo que respiré hondo y me marché. En ese momento tranquilo, pero dolido, dolido porque no me esperaba una traición así. Pero era no solamente la traición, era la ironía, el sarcasmo de querer culparme cuando yo tenía pruebas de análisis médicos, y si bien en Ran II la ciencia estaba muy avanzada, todavía había síntomas que tardaban bastante en tratarse y no todos podían curarse.

De todos modos recibí una holocarta del profesor Raúl Iruti, y me dijo: "Podemos tratar genéticamente ese tema". Y me hizo sentir bien.

 

Pasaron como dos meses y mi profesor, Julius Delfor, me dijo:

-Tengo una buena noticia, Milen Tarden.

-Dime, por favor. -Nos tratábamos de tú.

-En la región norte hay un congreso informático sobre genética.

-¡Vaya! -Me interesaba mucho la informática, pero también la genética, obviamente.

 

Y viajamos con el profesor a la región norte. Nos encontramos con las máximas autoridades de genética, el profesor Alexis Anasio y el profesor Raúl Iruti, que venía con su novia, Trinidad Cabello. La joven me saludó efusivamente. Me sentí cómodo entre todos ellos.

Recuerdo que la señorita Cabello había hecho una amiga, Claudia Fontán, una joven delgada de aspecto bonito, algo tímida. Y me la presentó, era completamente distinta a Morena Insua, y de alguna manera es como que me sentí cómodo con ella, me sentí bastante bastante cómodo. El tema es que aún me sentía, ¿cómo decirlo?, ¡je, je! desconfiado de la vida, desconfiado de la gente en el sentido afectivo, pero no podía prejuzgar a todas de la misma manera.

Le pregunté a Claudia:

-¿Tú qué estudias?

Me dijo:

-Informática.

-¡Vaya, entiendo que todo es causal! Yo soy un holoinformático y me encanta mucho el tema. Supongo que estás por lo mismo que yo aquí, para ver la genética desde el lado informático.

-Así es. -Y bueno, tuve una nueva amistad.

 

Nos quedamos bastante tiempo en la región norte. Disfrutamos de un segundo congreso que ya trataba de la informática abarcando la parte astronómica, y estaba nada más que el afamado, nada más ni nada menos, ¡je, je!, que el afamado Nambo Flagan, para mí uno de los mejores astrónomos de todo Ran II. Y disfruté mucho de todas las explicaciones, de las diapositivas, de las filmaciones.

Recuerdo que el profesor Nambo Flagan dijo que habían montado un supertelescopio en la órbita del satélite y podía divisar por lo menos tres planetas rocosos en el sistema estelar más próximo. El tema era que no teníamos todavía la tecnología como para viajar a otro sistema estelar, nos llevaría miles de años llegar allí.

 

Recuerdo que Nambo Flagan dijo:

-No es tan así, estamos desarrollando nuevas técnicas sublumínicas y seguramente dentro de los diez años podríamos llegar con una nave al próximo sistema estelar, por lo menos hay tres planetas dentro de la zona habitable, el segundo, el tercero y el cuarto.

 

Era raro ver un sistema estelar con tres planetas con posibilidad de vida y es como que mi tema, mi expectativa, mis proyectos modificaron mi carácter. No es que yo fuera una persona cambiante no no no, nunca lo fui, no a ese nivel, pero sí es como que el factor externo a veces modifica nuestro carácter, nuestra personalidad, nuestra manera de ver las cosas, nuestro optimismo. Y sabía que visitar un nuevo sistema estelar todavía llevaría su tiempo, que quizá no lo alcanzaría a ver en esta vida. Pero no dejaba de ser algo interesante.

Y reitero, no soy cambiante en mi forma de ser, pero de repente cuando empecé a estudiar holoinformática me sentía como que había descubierto lo más importante de mi vida.

 

Cuando en un análisis de rutina me encuentro a la azoospermia me cogió una, en ese momento, una angustia tremenda pero con la esperanza de poder revertir el síntoma. Luego conocía Julius Delfor quien me especializó en informática cuántica, profundizando la informática. Trabajaba con aparatos especiales, me sentía como, ¿por qué no decirlo?, como un niño donde abre una habitación y se encuentra con juguetes que no hubiera esperado, en este caso con aparatos que directamente no conocía, y que me fue explicando el profesor Delfor la función de cada uno.

Y le dije entre risas, pero humildemente:

-La verdad, profesor Delfor, yo pensaba que conocía de holoinformática pero esto es superlativo.

-No te olvides, Milen Tarden, que estamos hablando de informática cuántica, va más allá de la informática común.

 

Y me sentía exultante. Encima, cuando conocí a Morena Insua, una joven tan hermosa, nos hablábamos al oído, nos prometíamos cosas, teníamos proyectos.

Hasta que viajé con mi profesor a rendir un examen y cuando regreso me entero de que Morena está embarazada. Pero no quiero... no quiero volver al mismo tema no, no, no quiero volver al mismo tema.

 

Cuando la señorita Cabello me presenta a Claudia Fontán es como que volví otra vez a renacer. Y digo: "No tengo por qué medir a todas las personas con la misma vara". Por injusto, y aparte, por irracional. Porque siempre tenemos que tener esperanzas, es el motor que nos empuja hacia adelante para recorrer el camino de la vida.

Claudia era lo opuesto a Morena; Morena era más abierta, más comunicativa. Claudia era como más tímida.

 

Recuerdo que una vez la invité a salir los dos solos, a tomar una copa, o si quería comer un bocadillo de algo y aceptó.

Me dijo que vivía con los padres, que era hija única, que había tenido un novio pero por muy poco tiempo, y tuvo la suerte que la vida le mostró cómo era esta persona sin haber llegado más lejos que un par de besos.

Le respondí:

-Eso es bueno, eso es bueno. No siempre te muestran a las personas antes de llegar a un punto de no retorno. -Le conté el tema de Morena y le conté el síntoma que sufría. Miré su rostro tratando de percibir su pensamiento pero no hizo falta, me miró a los ojos y me dijo:

-Mira, Milen, la ciencia está muy avanzada. Conocimos al profesor Iruti, y si él no puede ayudarte nadie podrá, es un genetista de primerísima línea. -Le respondí que ya me hizo nuevos análisis, mucho más avanzados y modernos que los que me habían hecho tiempo atrás y que había un tratamiento especial para la azoospermia. Claudia me dijo-: Pero ponte contento entonces.

-Sí. Lo que pasa que a veces tengo, ¿cómo decirlo?, como miedo de estar contento.

Me miró y me dijo:

-Ahora no te entiendo, nadie tiene miedo a estar contento.

-Discúlpame -le pedí-, me expresé mal. No es que tenga miedo a estar contento... ¿qué es mejor que el estar contento si la risa, el buen ánimo es salud? Lo que quise decir es que tengo miedo a las falsas expectativas.

-Debes tener fe.

-Lo que pasa que el mismo Raúl Iruti me dijo que hay algo por encima de la fe, que es la certeza, y todavía no tenemos la certeza de que mi síntoma pueda modificarse y revertirse del todo.

Pero Claudia era optimista:

-Tampoco tienes la certeza de lo opuesto, así que confía.

 

No me suelo dejar guiar por impulsos, soy más bien medido porque no soy una persona atrevida. No atrevida en el mal sentido rozando la mala educación sino atrevida de impulsiva. Pero lo fui. Le tomé la mano y le dije:

-Me siento muy cómodo contigo.

Claudia me dijo:

-Yo también, Milen.

-Pero me siento muy cómodo porque eres muy bonita y tienes un carácter agradable.

-Gracias. -Pensé que me iba a dar una devolución pero se quedó solamente con el gracias. Y me sentí incómodo, como que había hecho hincapié en algo, como que había hecho algo indebido, porque después es como que se quedó callada.

 

Terminamos de tomar algo, comimos un bocadillo y con mi holomóvil le pasé holocréditos en el local y nos marchamos. Caminamos hasta la casa de Claudia y me despidió con un beso en la mejilla. Y me quedé tranquilo porque primero pensé que la había incomodado con algo, porque ella se quedó callada durante varios minutos, pero de haber sido así no me hubiera dado un beso en la mejilla. No era lo que yo quería, no era lo que yo ansiaba, no era lo que yo anhelaba, quería más, pero se trataba de no apurar las cosas.

 

No quiero ser reiterativo ni hacer comparaciones, basta de eso, pero el carácter de Claudia era absolutamente opuesto al de Morena, y me llegué a preguntar a mí mismo: "¿Qué vi en Morena, qué vi, su entusiasmos, sus ganas, las palabras que me decía al oído que me entusiasmaban tanto, lo efusiva en el amor?". Pero a veces no pasa por una actuación, una persona efusiva en el amor no traiciona. En cambio, mirándola a Claudia, la veía como una joven más bien tímida pero segura, no tímida-insegura, tímida en el sentido de que medía las palabras, medía los actos- Tal vez, quizá por ese fracaso afectivo que si bien no pasó de unos besos se sintió traicionada en su corazón. Bueno, éramos dos, con la diferencia que en mi caso hasta sufrí una difamación, una difamación que por suerte fue aclarada gracias a los contactos, a Julius Delfor, a Raúl Iruti que apoyó a Julius Delfor.

 

Y como dije al comienzo, mi buen nombre no tuvo mella. Y ahora tenía la esperanza de un nuevo afecto y entender de que la vida siempre da oportunidades. A veces la vida es injusta, hay gente que se merece más de lo que obtiene y uno a veces se pregunta "¿No será que la vida es azar?". Y después me arrepentía y decía: "No, hay un Dios que guía tus pasos".

 

Recuerdo que en una conversación con Raúl Iruti, el afamado genetista, que también era una especie de iluminador del alma, me dijo:

-Confía en Dios, pero el camino lo debes recorrer tú, los pasos los debes caminar tú, los proyectos los debes planificar tú, lo que estudias lo debes asimilar tú.

-Pero entonces, ¿cuál es el rol de Dios?

-Velo de esta manera: el holoordenador tiene una fuente.

-Entiendo. Sí. ¿Pero?

-Pero Milen, es sencillo: Dios es la fuente que llevas dentro. -Era tan... tan sencilla la explicación, tan evidente, tan a la vista la explicación que hasta me reí, de mí mismo, ¿eh?, diciendo:

-¿Cómo lo qué tenemos a la vista nos cuesta tanto trabajo verlo, percibirlo, entenderlo? ¡Je, je, je!

 

Y así somos los seres humanos, ¡je, je, je!, así somos.