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Apuntes sobre la mente humana IX

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APUNTES SOBRE LA MENTE HUMANA IX

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El mecanismo mediante el cual la mente puede provocar incapacidad física o predisponer al cuerpo a una enfermedad y perpetuarla es algo básicamente muy simple. La complejidad llega cuando uno empieza a combinar todos los factores posibles; entonces puede escribirse una lista asombrosa de enfermedades potenciales. 

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Se puede realizar una serie de pruebas sencillas en pacientes previamente drogados o hipnotizados que demostrará clínicamente este mecanismo básico. Se hipnotiza a un paciente; se le da la sugestión imperativa de que podrá oír con mucha mayor agudeza. Esto es "audición amplificada". De hecho por todas partes existen aberrados que poseen audición amplificada.

Mediante sugestión se puede disminuir o aumentar la capacidad de audición a tal grado que una persona se vuelva casi sorda o que pueda escuchar caer alfileres a mucha distancia. Cuando se elimina la sugestión, la capacidad auditiva del individuo vuelve a su estado normal previo.

De la misma forma se pueden hacer experimentos con los ojos utilizando la sensibilidad a la luz. Se aumenta o disminuye la visión del paciente de modo que sus ojos sean mucho más o mucho menos sensibles a la luz de lo que es normal para él. Esto se hace íntegramente a base de sugestión verbal, como: "La luz te parecerá muy, muy brillante", o bien: "La luz te parecerá tan tenue que te será difícil ver".

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Con la primera sugestión puede hacerse que el paciente vea casi tan bien como un gato, aunque otras personas presentes puedan pensar que es imposible ver las cosas que el paciente indica sin equivocarse. En la segunda sugestión el paciente puede ser colocado bajo una luz casi cegadora y será capaz de leer a través de un gran resplandor con visible comodidad.

El sentido del tacto puede ser igualmente aumentado o disminuido mediante sugestión verbal hasta el grado de que el tacto se haga dolorosamente agudo, o tan pobre que apenas sienta.

Algo similar ocurre con los otros sentidos. Aquí tenemos simplemente la palabra hablada que penetra en la mente y hace que la función física varíe.

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Dirijámonos ahora al corazón. Mediante hipnosis profunda o drogas se pone a un paciente en trance amnésico, un estado del ser en el que el "yo" no está controlando, sino que el operador es el "yo" (y eso, en realidad, es todo lo que hay respecto a la función de la hipnosis, la transferencia del poder analítico del individuo al operador mediante la ley de afinidad, algo que tuvo un resultado racial y un valor de supervivencia en los animales que andaban en manadas).

Debe tenerse la precaución de elegir para este experimento a un paciente que posea un corazón muy sano y sin antecedentes de enfermedades cardíacas, porque este experimento, más que ningún otro experimento hipnótico, puede enfermar seriamente a un paciente con antecedentes cardíacos. No se debe llevar a cabo ninguna de estas pruebas hipnóticas sin conocer Dianética a fondo, de modo de saber con seguridad cómo se eliminan las sugestiones.

Cabe la advertencia de que la hipnosis, del modo en que se la practica, es un asunto fulminante, y el hipnotizador que no está familiarizado con Dianética no tiene más idea de cómo librar al individuo de una sugestión que él ha creado que lo que pueda saber sobre cómo pelar un átomo.

Los hipnotizadores han creído que lo sabían, pero Dianética ha tratado muchísimos casos que anteriormente fueron hipnotizados y resultaron estar completamente "embrollados". La advertencia está hecha y nuestra responsabilidad salvada.

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Con tan solo la sugestión imperativa se puede aumentar o reducir la velocidad del ritmo cardíaco o se puede excitar el corazón de alguna otra manera. Aquí hay palabras que, dirigidas a los más profundos niveles de la mente, causan acción física. Además, por mera sugestión, puede inhibirse el flujo de sangre en algún área del cuerpo (este experimento en particular sobrecarga al corazón, de modo que hay que tener mucha precaución).

Por ejemplo, se puede impedir que la sangre llegue a una mano, de modo que si cortáramos una vena de esa mano sangraría muy poco, si es que sangra.

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Algunos faquires de la India utilizan este truco para asombrar a los turistas, ya que incluso estando despiertos pueden inhibir el flujo sanguíneo. A una orden, una herida sangra o deja de sangrar. Esto se puede provocar a través de la hipnosis, pero el mecanismo se desvanece rápidamente, y en unos pocos días tiene que ser renovado: el cuerpo tiene su propio funcionamiento óptimo, y aunque tal función puede ser manejada conscientemente, el mantener el flujo de la sangre en la mano no es una tarea analítica de nivel superior.

El asunto es que se puede interrumpir el flujo de la sangre mediante sugestión verbal. Las palabras establecen conexión con el ser físico.

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Desde ya que los estigmas no tienen nada que ver con la santidad, sino con la mente reactiva y la reestimulación de engramas. Incluso se pueden provocar a través de la hipnosis. Se han hecho experimentos al respecto. 

Las excreciones están entre las cosas que son más fáciles de regular mediante la sugestión. El estreñimiento puede ser causado o curado mediante sugestión imperativa, con una velocidad y facilidad notables. La orina también puede ser controlada de este modo. Y lo mismo sucede con el sistema endocrino.

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Antes del procesamiento dianético los hipnotizadores pensaban que simplemente recordar estas sugestiones las mitigaría y que el poder de la sugestión desparecería con el tiempo. Estas dos ideas son falsas. La sugestión hipnótica sigue archivada en la mente reactiva mientras no sea descargada y está sujeta a la reestimulación de la misma forma que cualquier engrama. 

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Desde ya que las conversaciones de los cirujanos en torno al paciente anestesiado, así como los percépticos que haya durante la operación, constituyen un hipnotismo muchos más serio, duradero y salvaje que el hipnotismo ordinario, que no incluye dolor físico o drogas hipnóticas.

Aquellos cirujanos que estaban seguros de que sus pacientes estaban inconscientes, y que en ese estado no llevaban ningún registro, quedaban asombrados cuando esos mismos pacientes, bajo el procesamiento dianético, repetían la conversación que muy bien recordaban haber utilizado y describían con gran minuciosidad operaciones que por no ser médicos estaban fuera de su conocimiento. 

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El obstetra, cuya paciente sufre de psicosis de post-parto, tiembla cuando descubre que fueron sus palabras, dichas sobre quien creía inconsciente, las que dejaron en su mente el mandato que provoca que aborrezca al niño y que trate de matarlo diez días después del parto.

Es difícil lograr que un ser humano acepte una responsabilidad de esta magnitud, ya que lo que se puede hacer en el quirófano es muy aterrador. En la actualidad, los chistes obscenos y de mal gusto y los comentarios derogatorios personales sobre el paciente son la conversación común en los quirófanos.

En la actualidad son muchos los hospitales de Estados Unidos que al saber sobre el daño que se puede hacer en el quirófano están entrenando a sus cirujanos para que solo hablen lo necesario cuando están cerca de los pacientes anestesiados.

Viviremos para ver la época, dentro de pocos años, en que se considerará un atentado a la cordura, y se sancionará penalmente, hablar en las cercanías de una persona inconsciente.

 

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