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Apuntes sobre la mente humana VIII

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APUNTES SOBRE LA MENTE HUMANA VIII

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Las investigaciones que dieron como resultado el descubrimiento de Dianética también pasaron por los "demonios", descubriéndose que cada persona tenía uno de algún tipo. No nos estamos refiriendo a los demonios reales, que sí existen, sino a los otros, que no existen y que tienen su origen en la mente reactiva.

Se descubrió que estos "demonios" podían catalogarse. Había "demonios mandones", "demonios criticones", "demonios normales" que-te-dicen-lo que tienes-que-decir, "demonios" que se quedaban cruzados de brazos, vociferando, "demonios" que simplemente ocultaban las cosas y las mantenían fuera de la vista. Desde ya que éstos son algunos de los "demonios" encontrados, pues la lista es interminable.  

Unos pocos experimentos con individuos drogados demostraron que era posible instalar estos "demonios" a voluntad. Era posible, incluso, hacer ver que la mente analítica completa pareciera un "demonio". 

En Dianética un demonio es simplemente un circuito parásito. Tiene una acción en la mente que hace dar la impresión de otra entidad diferente de uno mismo; y procede completamente de palabras contenidas en engramas.

Quien quiera encontrar demonios reales, por lo tanto, debe ir a esos lugares donde se encuentra gente "poseída" y por supuesto exorcistas que supuestamente los desalojan. Si alguien piensa que esto no es más un circo, bueno, tiene razón. ¿Pero acaso el circo no es un entretenimiento? Lo importante es no tomárselo en serio.

La forma cómo entran los "demonios" en la mente no es muy difícil de comprender, una vez que se ha inspeccionado uno de cerca. 

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Supongamos que una mujer embarazada tropieza y cae apretando al bebé. Éste cae en la inconsciencia. Ella está descansando tranquilamente en la cama esperando que pase el dolor del golpe y de pronto entra el esposo y le grita que tiene que tener más cuidado, que siempre se lo está diciendo, que tiene que escucharlo a él y a nadie más, ¡por Dios! El bebé recibe un engrama. En algún momento, entre la infancia y la muerte, éste se activa; y ahí está el circuito demonio en funcionamiento.

Ese bebé, ya adulto, cada vez que el engrama se reestimule oirá una voz que le dice que tiene que escucharlo a él y a nadie más. Los datos llegan a él hablados, como una voz en el interior de su cabeza. Pero un "clear" (libre de engramas) no tiene "voces mentales". No piensa vocalmente. Piensa sin articulación de términos, y sus pensamientos no son en términos vocales. Esto será para muchos una sorpresa. El demonio de "escúchame" es muy frecuente en la sociedad, lo que significa que este engrama circula ampliamente.

Demostrar la existencia de estos "demonios" fue realmente fácil. En cada caso que se logró eliminarle a alguien los engramas y transformarlo en "clear" se descubrió uno u otro. Algunos casos tenían tres o cuatro. Algunos tenían diez. Algunos tenían uno. Es apostar sobre seguro suponer que casi todo aberrado tiene un circuito demonio.

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El tipo de engrama que crea un demonio criticón es: "Siempre estás criticando". Hay docenas de tales afirmaciones contenidas en engramas, cada una de  las cuales creará un demonio criticón, al igual que cualquier combinación de palabras que dan como resultado una exigencia de escuchar y obedecer órdenes crearán un demonio mandón.

Todos estos demonios son parásitos. Es decir, toman una parte de la mente analítica y la separan. Un demonio puede pensar solo tan bien como pueda pensar la mente de la persona. No hay poder extra. No hay beneficio. Todo es pérdida.

Es posible transformar a toda la computadora mental en un circuito demonio y dejar el "yo" en una estantería diminuta y abandonada. Esto, en apariencia, es un truco muy bueno. Hace que sea posible para la mente analítica completa elaborar computaciones sin ser molestada y transmitir la respuesta al "yo". Pero en la práctica es muy malo, pues el "yo" es la voluntad, la fuerza determinante del organismo, la consciencia; y muy pronto el "yo" se vuelve tan dependiente de este circuito que el circuito comienza a absorberlo.

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Cualquier circuito así, para durar, tendría que tener dolor y ser crónico. Tendría que tener, en definitiva, un engrama. Por lo tanto, tendría que ser reductor del intelecto y sacrificaría al poseedor enfermándolo, a la larga, de un modo u otro.

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De todos los circuitos demonios engrámicos encontrados y eliminados, aquéllos que contenían una entidad exterior, aparentemente todopoderosa, que resolvería todos los problemas y respondería a cualquier deseo, eran los más peligrosos. Cuanto más se reestimulaba el engrama, más convertía al "yo" en una marioneta sin carácter. Si a esto se le suma la existencia de otros engramas en reestimulación, ya puede imaginarse el tipo grave de demencia que podría provocar.    

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Hay otros tipos de demonios, los demonios de oclusión, los demonios que obstruyen las cosas. No son demonios propiamente dichos porque no hablan. Un demonio que se precie de serlo es el que da voz a los pensamientos, se hace eco de la palabra hablada interiormente o da todo tipo de consejos complicados, como una voz exterior, viva y real (las personas que oyen voces tienen demonios vocales exteriores, circuitos que han atado sus circuitos de imaginación). El demonio de oclusión no tiene nada que decir. Lo que él no permite que se diga o haga es precisamente lo que crea el trastorno mental.

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Un demonio de oclusión puede existir para una única palabra. Por ejemplo, un niño está jugando y pierde el equilibrio. Al caer se golpea la cabeza y se desmaya. Como consecuencia recibe un engrama. Su madre trata de ayudarlo. Él sigue inconsciente pero moviéndose, y balbucea que no se puede mover (un viejo engrama en funcionamiento). La madre le dice, alegremente, "¡nuca digas no puedo!". Algún tiempo después, el niño tiene una experiencia a nivel consciente, como otra caída pero sin lesión.

Seguimos mencionando este segundo paso necesario, el candado, porque es lo que los antiguos místicos pensaban que estaba causando todo el problema; es "angustia mental".

Ahora él tiene dificultad, en cumplimiento de la orden engrámica, para decir "no puedo". Peligroso en cualquier caso. ¿Qué sucedería si él tuviera esa expresión engrámica normal: "¡nunca digas no!"?

Los demonios de oclusión ocultan cosas al "yo". Esto es tan fácil como para que uno de ellos disfrace muchas palabras. El individuo, al tener uno, omitirá entonces estas palabras, las alterará o las pronunciará mal, y cometerá errores con ellas. El demonio no es el único motivo de que éstas sean alteradas, sino que es un caso específico. Un demonio de oclusión puede tener una fuerza y una extensión mucho mayores. Puede ser creado con las frases "¡no hables!", "¡nunca contestes a tus mayores!" o ¡"no puedes hablar aquí! ¿Quién te dijo que podías hablar?". Cualquiera de estas frases podría producir un tartamudo.

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Se pueden ocluir otras cosas además de la palabra. Cualquier capacidad de la mente puede ser ocluida por un demonio destinado específicamente a obstruir esa capacidad. "¡No puedes ver!" ocluirá el recuerdo visual. "¡No puedes oír!" ocluirá el recuerdo auditivo. "¡No puedes sentir!" ocluye el dolor y el recuerdo táctil (que son homónimos).

Cualquier percepción puede ser ocluida en el recuerdo; y siempre que sea ocluida en el recuerdo afecta la percepción real y también al órgano de la percepción. "¡! ¡No puedes ver!" puede reducir no solamente el recuerdo, sino la capacidad orgánica real de los ojos, como en el caso del astigmatismo (defecto en el ojo o en el cristalino que impide enfocar correctamente) o la miopía.

Uno puede imaginarse, con todo el idioma castellano (o en otros países con otras lenguas; con cualquier idioma) susceptible de ser incluido en los engramas, cuántas capacidades de funcionamiento de la mente pueden ocluirse. Una, frecuente en extremo, es: "¡No puedes pensar!".

En rigor, las oraciones más destructivas son las que van en primera persona: "No puedo sentir nada", "no puedo pensar", "no puedo recordar". Éstas y sus miles y miles de variaciones, cuando se dicen dentro del alcance auditivo de una persona "inconsciente", son aplicables a ella misma cuando el engrama es activado y entra en funcionamiento.

El uso de la segunda persona posee varios efectos. La afirmación "no vales nada", hecha a una persona despierta, hace que la persona se sienta bastante enojada, tal vez, en caso de que tenga un engrama con respecto a eso. En su interior, posiblemente sienta que la gente piensa que ella no vale nada. Puede que tenga un demonio que le dice que no vale nada. Y dramatizará diciendo a otras personas que no valen nada.

Una persona que tiene un engrama en el sentido de que es estéril sexualmente, por ejemplo, les dirá a los demás que ellos son estériles sexualmente ("no hagas lo que yo hago, haz lo que yo digo").

Si tiene un engrama que dice "no vales nada, tienes que comer con tu cuchillo", puede que coma con su cuchillo, pero se pondrá nervioso respecto a que la gente coma con sus cuchillos, y se enojará mucho si alguien le dijera que comiera con su cuchillo. Así, hay "demonios de compulsión", demonios de confusión", etc.

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El engrama tiene valor de mandato. En la mente reactiva hay un poder de elección que se ejerce respecto a qué engramas se usarán. Pero cualquier engrama, reestimulado con la suficiente fuerza, saldrá a la superficie para ser dramatizado. Y si la dramatización es bloqueada se volverá contra el individuo, de forma temporal o crónica.

La literalidad de esta mente reactiva en su interpretación de las órdenes, y la literalidad de la acción de éstas en la pobre y atormentada mente analítica, es algo extraño en sí mismo. "No se puede concebir nada tan horrible" podría interpretarse en el sentido de que un bebé estaba en tan mala condición que más le valdría no haber sido concebido.

Hay miles de frases hechas en cada idioma, las cuales, cuando se toman literalmente, significan todo lo contrario a lo que pretende el que habla.

El banco reactiva de engramas las atrapa, las almacena junto con dolor, emoción e  "inconsciencia" y, con literalidad idiota, los entrega para que sean ley y mandato para la mente analítica. Y cuando el pequeño idiota feliz que dirige el banco de engramas ve posible utilizar algunos circuitos de la mente analítica con algunos de estos malditos demonios, lo hace. 

Se puede ver, entonces, que la mente analítica está sometida a otra forma más de desgaste. Sus circuitos, normalmente diseñados para una computación rápida y fluida, se encuentran inmovilizados y sobrecargados con artilugios demoníacos. Los demonios son parásitos. Son piezas de la mente analítica, compartimentadas y a las que se niega una computación más grande.

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¿Es de extrañar que cuando estos demonios son borrados el coeficiente intelectual aumente tanto como se ha observado que lo hace un "clear"?

Añádase los circuitos demonios a la suspensión analítica causada por la reestimulación y se podrá ver la autenticidad de la creencia de que la gente funciona al cinco por ciento de su poder mental.

La investigación y la tabulación científica indican que, con el factor de "inconsciencia" y los circuitos demonios borrados del banco de engramas, y con los datos devueltos al banco estándar como experiencia, donde deben de estar, alrededor del noventa y nueve por ciento de la mente ha sido puesta al servicio del "yo", lo que nunca podría usar como aberrado.

 

 

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