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Psicoauditación - Blanca

Grupo Elron
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección

Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
El hecho de publicar estas Psicoauditaciones (con autorización expresa de los consultantes) es simplemente para que todos puedan tener acceso a las mismas y constatar los condicionamientos que producen los implantes engrámicos.
Gracias a Dios, esos implantes son desactivados totalmente con dicha técnica.


Atte: prof. Jorge Olguín.

 

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Sesión del 24/07/2020 Sol III, Betsabé

Sesión del 05/08/2020 Ran II, Trinidad


Sesión 24/07/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Blanca (Maradel)

Lo siguió hasta Cafarnaúm. Tuvo el privilegio de estar con el Maestro, escuchándole y hablándole. Ella era joven pero entendía las parábolas, estaban hechas para que las entendieran quienes creyeran en el Padre.

 

Sesión en MP3 (3.359 KB)

 

 

Entidad: Me sentía extasiada. Le decía a mi primo Iósale:

-Me han quedado palabras grabadas, pero en mi corazón.

Iósale me decía:

-Betsabé, todo lo que dijo es bonito.

-Sí, sí, pero cuando dijo de "Hacer vuestra justicia delante de los hombres con el fin de que os vean...", hablaba de aquellos que alardean. "Cuando deis limosna no lo vayáis pregonando como los hipócritas en la sinagoga y en las calles, esos que buscan ser alabados". Esa frase... porque vienen muchos amigos de la familia y los escucho hablar y alardean de que se desgarran las vestiduras. Y no es así, no es así.

-Betsabé, somos jóvenes. Hubo frases que no entendí, hubo palabras que se me pasaron por alto. ¿No es hora ya de volver?

-No, ahora van para Cafarnaúm. Quiero escuchar, quiero seguir escuchando. -No podía decir nada de Iósale porque yo era una joven, y sola no podía ir. El hecho de que mi primo me acompañara me hacía sentir bien.

 

En la ciudad había una enorme tienda, por lo menos cabían como cien personas. Entramos acurrucados y nos quedamos a un costado, pero podíamos escuchar al querido Maestro.

El Maestro hablaba y hacía gestos, su expresión, su rostro, sus ojos, su mirada..., una mirada de amor. Pero yo sentía, sentía que por dentro había como un sufrimiento oculto y pensaba "¿Por qué sufre si está transmitiendo la Luz?".

Uno le preguntó:

-Maestro, ¿qué opinas de aquellos que como nosotros sembramos?

-De verdad te digo, hermano... Hubo un sembrador que salió a sembrar, y mientras lo hacía, parte de la semilla cayó junto al camino -Yo escuchaba con atención-, y vinieron las aves y la comieron. Parte de esa semilla cayó entre las piedras donde no había mucha tierra y brotó pronto porque no tenía profundidad, pero claro, luego salió el sol, se quemó y como no tenía raíz se secó. Pero parte cayó entre los espinos, pero los espinos crecieron, y de verdad os digo, la ahogaron. Pero parte cayó en buena tierra y dio fruto a ciento, a sesenta, a treinta por uno. El que tiene oídos para oír, oiga.

El primo Iósale me hablaba al oído:

-¿Lo has entendido? Yo no.

-Primo, habla de ser optimista. A pesar de los fracasos, finalmente la siembra de la semilla será exitosa y echará raíces y producirá frutos.

-¿Cómo sabes eso, prima?

-No es que sepa, es que es lo que veo, es lo que siento que transmite el Maestro.

El sembrador le preguntó de nuevo:

-Pero Maestro, no es fácil, no es fácil. ¿Qué pasa con aquellos que tratan de arruinar tu sembrado echando cizaña? -Lo miró y nos miró a todos.

-De verdad os digo, el reino de mi Padre es semejante al hombre que sembró buena semilla en su campo, pero mientras sus peones dormían vino el enemigo y encima sembró cizaña entre el trigo y se marchó a hurtadillas. Cuando brotó la hierba y produjo fruto apareció también el fruto de la cizaña.

            Los siervos del amo se acercaron a decirle:

            -Señor, ¿no sembraste semilla buena en tu campo, cómo es que tienes cizaña?

            El amo les contestó:

            -Seguro que algún enemigo ha hecho esto.

            -¿Quieres que vayamos a recogerla?

            -No, no sea que al arrancar la cizaña arranquéis a la vez el trigo. Dejad.

            -¿Pero cómo, amo?

            -Dejad que ambos crezcan juntos hasta el momento de la siega y en ese tiempo diré a los segadores "Recoged primero la cizaña, atadla en gavillas para quemarla, y el trigo llevarlo a mi granero".

 

-Eso sí lo entendí, Betsabé -me dijo mi primo.

-Explícate.

-Claro. La cizaña es parecida al trigo en las primeras fases de crecimiento. Dicen que los romanos prohíben sembrar cizaña entre el trigo.

-Lo que no entendí es lo del amo, ¿por qué permitió que siguiera creciendo la cizaña?

-Esto se te escapó a tu entendimiento, primo. -le expliqué-. Es el ejemplo de la tolerancia que hay que tener.

-¿Pero qué tiene que ver una cosa con la otra?

-Claro. Yo aprendí a tener tolerancia a personas que son de una creencia distinta.

-¿Y a quién conocemos de una religión distinta a la nuestra?

-Primo... A nuestra propia familia. -Iósale se envaró.

-¡Betsabé, qué dices, pero qué dices!

-Iósale, se trata de comparar a la cizaña con los herejes. Dios tiene que juzgarnos, no nosotros, nosotros debemos ser tolerantes.

-¿Pero por qué dices que nuestra familia tiene otra religión?

-Primo, ¿acaso tú crees en un Dios vengativo?

-No, la verdad que no. Creo en un Dios de amor. Como dijo en el monte de las Bienaventuranzas el Maestro, Dios no puede castigar y si no castiga no tiene porque perdonar. Entonces, ¿por qué en la sinagoga imploran perdón?

 

El Maestro hablaba y hablaba, y reconozco que me perdí muchísimas palabras pero no por no prestarle atención, creo que era al revés, creo que la atención era plena, pero tan plena que miraba la expresión de su rostro, el movimiento de sus labios, el gesto con sus manos, su mirada, el movimiento de su cuerpo. Entonces es como que veía sus labios y sus palabras entraban por mis ojos, no por mis oídos. Pero claro, era mi parecer.

Una señora le dijo:

-Tengo que arreglar un vestido. Sé que para ti, Maestro, es algo quizá que no prestes atención, pero tengo una tela muy buena para ponerle.

-De verdad te digo, de verdad te digo, hermana -le respondió el Maestro-, nadie corta un trozo de vestido nuevo para arreglar un vestido viejo, de hacerlo así echará a perder el vestido nuevo. Además, el trozo nuevo no quedará bien en el vestido viejo. Ni tampoco se echa vino nuevo en odres viejos porque el vino nuevo hace que los odres revienten, y tanto el vino como los odres se pierden. Por eso hay que echar el vino nuevo en odres nuevos. -El Maestro siguió hablando.

Iósale me dijo:

-Betsabé, reconozco que no estoy maduro en mi forma de pensar. -Lo miré con lagrimas en los ojos.

-¿Y tú crees, y tú crees que yo sí?

-¡Pero has entendido esto, Betsabé!

-Sí, el Maestro nos muestra un nuevo sendero en contra de las viejas costumbres de los fariseos y sus escribas. El Maestro ha traído algo nuevo y los rituales y las tradiciones viejas ya no pueden ser parte de las nuevas enseñanzas del Maestro.

 

Nos miramos. Cuando terminó de dar las parábolas se abrazó con mucha gente. Traté de acercarme pero era imposible. Finalmente la gente empezó a salir de la tienda y prácticamente nos empujaron hacia afuera. Nos quedamos a un costado.

En ese momento vimos a un joven.

-¡Betsabé! -Lo miré.

-Juan... -Se abrazó.

-¿Y él?

-Es Iósale, mi primo. -Se estrechó la mano con Iósale.

Iósale le dijo:

-¿Tú quién eres?

-Uno de los discípulos del Maestro.

Iósale le dijo:

-Por favor, Juan, llámalo, queremos estrecharle la mano.

 

El Maestro se acercó, se abrazó con Iósale, se abrazó conmigo y le besé la mano.

-Maestro, siento dentro mío un tremendo dolor en el pecho, ¿por qué me caen lágrimas si tengo una tremenda alegría?

-De verdad te digo, hermana mía, eres joven pero tienes buena raíz, vas a crecer como el trigo, no hay cabida a la cizaña en tu corazón.

-¿Iréis a Jerusalén? -pregunté.

-De verdad os digo, es conveniente que os quedéis, Jerusalén va a estar difícil.

-Maestro, tengo entendido que hay gente en Jerusalén esperando con regocijo.

-De verdad os digo, la gente es muy voluble, pasan de la alegría, del alborozo a la indiferencia. Y al odio.

-¿E iréis igual?

-Es mi misión, debo ir. Mi Padre me pide que vaya y que siga transmitiendo la Palabra.

 

Esa noche nos quedamos en una posada y al día siguiente preguntamos por el Maestro.

-Está en las orillas del mar.

No sé si tuve una visión pero nos acercamos, lo mirábamos al Maestro de lejos y me pareció que entraba en las aguas del mar de Galilea.

-Iósale, dime que estoy viendo visiones, está caminando sobre las aguas.

-No, Betsabé, es un espejismo, es un reflejo del sol, está caminando por la orilla.

-¡Pero lo veo..., lo veo adentro!

-No prima, es un reflejo del sol, es un profeta, no es un mago. -Me refregué los ojos, me acostumbré a la luz del sol y vi que el Maestro estaba hablando con unos pescadores.

-Te juro, Iósale, que lo vi caminando sobre las aguas.

-¡Ahhh, Betsabé, Betsabé! Es como que tu mismo encandilamiento te hace ver visiones.

-Sé lo que vi.

-No te pongas así, Betsabé, no te enojes conmigo.

-No estoy enojada, te digo lo que vi. Pero de todas maneras si fuera cierto te digo que eso no me llega al corazón, sus palabras sí, sus palabras tienen el encantamiento, el hechizo. Pero no, no, no ese hechizo que te ciega, ese hechizo que hace que actuaras como un muñeco dirigido por cuerdas, no, es un encantamiento de amor. Vamos, primo, hasta Jerusalén.

-No, Betsabé, el mismo Maestro dijo que no era buena idea.

-¿Y por qué sus discípulos van? ¿Por qué todos van?

-¿Tú crees en las palabras del Maestro?

-Ciegamente -le respondí.

-Y eso es lo que te dijo, que te quedes, que la gente es voluble, que la gente cambia.

-Lo van a recibir con flores. Y tuve una visión. Tuve una visión de esa misma gente con rostros de desprecio tirándole piedras.

 

Sentí como un vahído, sentí como un tremendo mareo y me tuvo que sujetar Iósale porque casi me desvanezco.

-¿Qué te pasó, prima?

-Tuve una visión. Iré a advertirle, déjame.

-¿Qué le vas a advertir, algo que Él ya te dijo primero? -Respiré hondo.

-Tienes razón, tienes razón.

En ese momento pasó por el lado nuestro, Juan.

-¡Juan! -Nos miró y se acercó-. ¿Correrá peligro el Maestro en Jerusalén?

Nos miró, se quedó pensativo y nos dijo:

-He aprendido mucho en tan poquito tiempo..., a veces he recibido tirones de orejas.

-¿Por contradecirlo?

-No, jamás lo voy a contradecir, pero le indicaba cosas que después me di cuenta que estaban mal, y entonces me sermoneaba y me tironeaba de la oreja cariñosamente.

-¿Y entonces?

-¿Y entonces, qué voy a decirle? Lo voy a seguir hasta el final de nuestras vidas.

Lo miré y le dije:

-Juan, tú eres el más joven de los discípulos...

-Sí, y soy el que más está con el Maestro. A veces conversamos horas enteras, hasta la hora sexta, y a veces se queda en silencio sentado en una roca y yo estoy al lado y me desespero de ganas de hablarle, pero respeto el silencio de mi Maestro. Al cabo de un rato me mira, sonríe y me dice "Vamos". Y nos levantamos y vamos a comer algo. Y sé que con esa sonrisa me agradeció mi acompañamiento a su silencio. Seguramente en ese... en ese no hablar se está comunicando con el Padre.

-¿Y nunca le preguntas? -inquirí.

-No. El Maestro sabe cuando me tiene que decir algo y cuando no.

Nos abrazamos y le dije a Iósale:

-Gracias, es hora de volver para Sícar.

 

Y marchamos de vuelta para casa llevando al Maestro y a su discípulo en nuestro corazón.

 

Gracias por escucharme.

 

 


Sesión 05/08/2020
Médium: Jorge Raúl Olguín
Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Blanca (Maradel)

Para ayudar a su amiga comentó el problema que tenía con un profesor genetista, consejero espiritual. Pusieron en práctica sus recomendaciones y su amiga pudo recuperar el prestigio que le había sido robado. Quedó pensando en unas frases...

 

Sesión en MP3 (3.136 KB)

 

 

Entidad: Sentía como un fuerte malestar en el estómago, no lo podía definir como malestar de nervios o de ansiedad, era algo que me corroía por dentro, la injusticia, la depravación. Quizá soy demasiada intolerante ante lo negativo. Me creo espiritual, me creo magnánima pero... pero ante todo soy humana y no me gusta cuando hay víctimas y victimarios.

 

Mi amiga Estela no se había repuesto del desengaño que tuvo con Joaquín. Me llamaba al holoteléfono y me decía:

-Trinidad, no sé si ir a la conferencia de Flagan porque no tengo ánimo.

-Te va a hacer bien. Luego tomaremos algo, hablaremos de muchos temas. -La logré convencer y quedamos en encontrarnos en el salón central.

 

Me quedaba la espina clavada del comportamiento de Joaquín, pero ella sabía que él era casado. Pero a veces..., a veces creemos que los espejismos son reales, a veces creemos que las personas nos prometen amor eterno cuando lo único que buscan es su propia satisfacción, su propio interés, su propio momento de placer, y nada más que eso. Porque no saben amar, porque no saben querer, porque no saben respetar a la otra persona. Porque el amor, la amistad, la hermandad se basan en el respeto por sobre todas las cosas.

¿Pero qué podía reprocharle a Estela? Nada. El ser ingenua, quizá. Pero el amor nos ciega, porque ese espejismo que ella tenía delante de los ojos lo vio como amor. Pero a veces es como que... como que lo tienes todo delante de tus ojos, que te muestra como son las cosas en realidad pero te empacas, te empacas como niño pequeño que demanda o se encapricha con algo y no lo puedes convencer.

Pero Estela no solamente era adulta, era, al igual que yo, una afamada neuróloga y genetista, ¡je!, y tenía el ejemplo de su padre, el profesor Estanislao.

 

Me sentí satisfecha cuando me contó que se había abrazado con su padre y había entendido la necesidad del anciano de poder salir de ese encierro psicológico, de estar en su casa y ir con sus camaradas y tomarse unas pequeñas vacaciones. ¿Qué si se gastó créditos? ¿Y de qué le van a servir esos créditos cuando no esté más en este mundo, cuando vaya a ese mundo invisible en el que mucha gente aún no cree?

 

Y en la conferencia del astrónomo Nambo Flagan también estaba el papá de Estela rodeado con los profesores Alexis Anasio y Raúl Iruti, todos charlaban entre todos luego de la conferencia. Nambo Flagan se asombraba de que había muchos profesionales que no estaban en su tema de astronomía pero eran amigos personales o conocidos.

Recuerdo que me aparté y lo saludé al profesor Raúl Iruti, hablamos de muchísimos temas, de muchísimos temas. Me había comentado que él era una especie de consejero espiritual y aproveché para pedirle una consulta.

 

Me recibió. Me preguntó primero sobre mis anhelos, sobre qué cosas me gustaría cambiar de mi persona.

Le respondí:

-¡Je! Qué respuesta puedo darle, siento que soy una persona que... que quiero cambiar el mundo. Pero sé lo que me va a decir: "Primero debemos cambiar nosotros". Lo tengo reclaro, y en realidad no sé si vengo por mí o por una amiga. -Evité decirle de que era la hija de su profesor, de Estanislao Navarro. Le comenté a grandes rasgos de que se había enamorado de una persona que era casada y que cuando se enteró de que ella se había quedado embarazada, desapareció del mapa, vulgarmente hablando. Pero antes, de su holoordenador le sacó una tesis, por no decir se la robó.

Es la primera vez que el profesor Iruti perdió la sonrisa, esa sonrisa carismática y se puso serio. Me preguntó:

-Trinidad, entiendo que las tesis tienen una especie de sello holográfico.

-Sí.

-Y tú me comentas que esa persona la difundió como si fuera una tesis suya.

-Sí.

-¿Y qué deseas hacer?

-Entiendo que el mal no se puede revertir con el mal.

-Explícate -me pidió el profesor Iruti.

-Claro. Sé que es una persona perversa porque no solo la dejó sino que encima le robó su trabajo, pero dejarlo a la vista de todos, ponerlo en evidencia..., yo creo que su propia familia lo pondría de patitas en la calle. Así que estoy en una encrucijada, no sé qué hacer, no sé cómo resolver esto.

-Es muy sencillo. ¿Tu amiga no tiene ninguna copia?

-No, borró todo lo del holoordenador. ¿En qué se queda pensando profesor?

-Mira, Trinidad, el tema es así: no hay manera de sacar un sello holográfico, y cada sello holográfico tiene aparte un marca holográfica del ordenador de donde se ha sacado, y a su vez cada ordenador tiene una marca de la persona que abonó con sus créditos dicho computador holográfico.

-¿Entonces?

-Entonces es muy sencillo: La tesis de tu amiga debe estar difundida... La bajas del espacio holográfico y en la próxima conferencia tu amiga la presenta.

-Pero es que esta persona ya la presentó.

-Que no se preocupe. Seguramente muchísimos profesionales, periodistas y otros quizá hasta la acusen de que ella le robó a quien fue verdaderamente el ladrón.

-¿Entonces?

-Entonces es muy sencillo, que ella diga: "Disculpad, podéis comprobar el sello holográfico, el sello de mi ordenador. En el mismo ordenador la misma policía puede investigar que fue pagado con mis créditos y no hay manera de que la tesis no sea mía".

-¿Pero eso no es lo mismo que ponerlo en evidencia a la otra persona?

-Mira, Trinidad -dijo Raúl Iruti-, el tema es así: Una cosa es ir, coger un micrófono y acusar a una persona. Otra cosa es hacerlo de manera "inocente": Presentas la tesis, muchos que ya la han escuchado de la otra persona se van a asombrar. Va a haber periodistas, va a haber oficiales de la ley, va a haber otros profesionales que van a querer saber la verdad. ¿Acaso te da pena lo que le pase a esa otra persona?

-No, no, profesor, honestamente no. No me da pena para nada. -Seguimos conversando de muchas cosas más.

 

Y le comenté a Estela la reunión con Raúl Iruti. Lo tomó mal, se sentó, pálida, tenía palpitaciones.

-¡Le has contado de mí, le has contado de Joaquín! ¡Qué va a decir mi padre!

-Tranquila, no te he nombrado, no he nombrado a Joaquín, es tal cual te lo dije, sin dar nombres.

-Pero Trinidad, apenas yo haga bajando del hiperespacio mi tesis y la presente, el profesor Iruti se va a dar cuenta de que era yo y va a saber que soy la hija de su profesor. -Me molesté.

-¿Por qué tienes tantos reparos con todo lo que te hizo?

-¡Pero voy a quedar en evidencia!

-Tú no vas a quedar en evidencia, Estela, es tu trabajo, es un trabajo que te llevó tiempo, es un trabajo que te llevó el poder estudiar, el poder investigar, el poder profundizar. Eso se llana justicia.

-¿Pero estaría siendo buena al ponerlo en evidencia?

-A veces la justicia no es buena, es justa. Lo otro que te queda es resignarte, sentarte en un silla y decir "Soy una pobrecita, me dejé engañar", y dejar que la otra persona lucre que tu tesis. ¿Pero estamos hablando en serio?, ¿estamos hablando en serio, Estela? Te creía más madura.

-Y qué va a pensar mi padre, que me dejé engañar así.

-Tu padre, obviamente que no lo conozco como lo conoces tú, pero es una persona compasiva, te va a apoyar plenamente, cien por cien, no tengo ninguna duda. Es más, el profesor Iruti me dijo que tiene un montón de contactos tan o más poderos de los que puede tener esta persona, Joaquín.

-¿Lo quieres destruir?

-No, no, no, no, Estela, simplemente que recuperes lo que es tuyo. Con respecto al hijo que esperas, honestamente yo también lo pondría en evidencia con eso. Pero sabes que se puede, hoy, con un análisis que dura minutos, ya se puede saber hasta ciento por ciento la compatibilidad de ADN, incluso antes de que nazca la criatura.

 

Y finalmente Estela me hizo caso. Bajó su tesis, la presentó y sucedió tal cual lo había anticipado el profesor Iruti. Hubo averiguaciones, escándalos. La familia lo marginó por completo a Joaquín. Es más; la familia le preguntó "¿En qué momento le has robado la tesis a la señorita Navarro?". No supo que responder.

Y si bien Estela no dijo nada, fue sumar uno más uno dos: La propia esposa de Joaquín habló con Estela. No discutieron, lo único que le dijo:

-Tú eres tan responsable como él, sabías que él estaba casado. -Estela se defendió argumentando:

-Me dijo que estaban por divorciarse. -No es un argumento, lo pensé yo. Hubiera esperado que termine esa relación para involucrarse.

 

Pero los seres humanos somos falibles, no somos perfectos, sólo Dios es perfecto. Y creo que yo estoy firme en mi camino de poder ayudar, de poder dar una mano. Me sirvió de mucho la consulta con el profesor Iruti porque me... me dirigió los pasos sobre lo que tenía que hacer Estela. Obviamente, después tanto Iruti como Alexis Anasio como el profesor Estanislao Navarro se enteraron, y como dijo Iruti, el profesor Estanislao abrazó a su hija y le dijo:

-Te apoyaré en todo lo que sea necesario, en todo. -Estela lloró en su hombro diciendo:

-¿Quién me va a aceptar ahora con un hijo? Quedo con una marca.

-No -le dijo su padre-, las marcas son otra cosa, las marcas son la deslealtad, la traición, el engaño, la perversión. El entregarse por amor no es una marca. -Y me sentí sanamente orgullosa del papá de Estela.

 

Me encontré de vuelta con Raúl Iruti y le dije:

-Salió como usted lo pensaba.

-Era lo lógico -argumentó el profesor-. Eres muy buena persona. Está bien que te comprometas con la gente, pero no permitas que cada espina que saques de alguien te quede pegada a ti.

-¿Y cómo hago? -le pregunté.

-Puedes sacar una espina de aquel que sufre, y déjala que se desvanezca, no te la lleves contigo. No hace falta ser mártir, porque la compasión no es martirio, es parte del amor.

 

Y me quedé con esa frase que me dejó tan llena por dentro: "No eres una mártir, eres compasiva, y la compasión no es martirio, es parte del amor". No está mal sufrir por el otro, pero no te quedes con ese sufrimiento sobre los hombros porque podrás soportar uno, dos, pero no el sufrimiento de todos.

-¿Pero eso no es ser demasiado impersonal?

-Lo impersonal no es algo negativo -dijo Iruti-, impersonal es involucrarse, pero valga la redundancia, que no te dañe el daño.

 

Otra frase de lujo del profesor: "Que no te dañe el daño". Ese es el camino a la espiritualidad, eso es lo que yo tengo seguir.

 

Gracias por escucharme.