| Índice |
Psicoauditación - Josep |
Sección Psicointegración y Psicoauditación - Índice de la sección - Explicación y guía de lectura de la sección |
|
Si bien la Psicoauditación es la técnica más idónea para erradicar los engramas conceptuales del Thetán o Yo Superior de la persona, la mayoría de las veces se psicoaudita a thetanes que habitan en planos del Error y sus palabras pueden no ser amigables y/o oportunas para ser tomadas como Mensajes de orientación, algo que sí se da cuando se canaliza a Espíritus de Luz o Espíritus Maestros.
|
Médium: Jorge Raúl Olguín. Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Josep. Traducción MP3 a Texto: Josep.
Entidad:
Estoy comunicado con el plano físico.
Muchas veces, cuando el canalizador se contacta con el Yo Superior de un ser encarnado, éste se pregunta cómo puede identificar si es el Yo Superior correcto. ¿Cómo puede ser que apenas con los datos de la ciudad y el país se pueda contactar al Thetán de ese ser? Y la explicación es mucho más sencilla de lo que el común denominador piensa: el médium intenciona al Thetán de ese ser que le está dando los datos. Y, además, como el receptáculo está envuelto en LUZ, no hay ningún riesgo de que una entidad oscura pueda entorpecer la canalización.
Como entidad espiritual no me creo ningún dechado de virtudes; soy una entidad que está en la búsqueda, que quiere crecer y que ha vivido distintas vidas donde en el pasado hasta cometí estafas a gente que no se lo merecía. No obstante, he tenido otras vidas en las que he rescatado, en la zona norte de Europa, la quema de libros irrecuperables. Y puedo decir que todo es una experiencia, pero ésta puede afectar el trato con el entorno y crearme engramas que dificulten poder integrarme con algunas personas y no ser entendido por todo el mundo aunque, por otro lado, es lógico que así sea porque yo mismo, como entidad espiritual, no conceptúo con todas las entidades que me rodean. Y si bien se busca poder debatir sanamente con todos aquellos seres espirituales que deseen intercambiar conceptos uno siempre va a ser más afín con unos y menos con otros. Y no tiene por qué sembrarse engramas por ello, pues los espíritus no somos iguales, así como vosotros no sois iguales tampoco en el plano físico.
Si bien este último tiempo mi 10% ha trabajado el don de la paciencia, el del conocimiento y cómo poder echar un vistazo dentro de él, el Camino todavía está recorrido en un pequeño porcentaje, y el mismo aprendizaje tiene que ser el aval -o el entusiasmo- para seguir recorriendo el Camino. ¡Ay de aquellos que han aprendido algo y se dan por satisfechos! ¡Ay de aquellos que se dan por conformes! ¿Quién les ha puesto en la cabeza que la curiosidad es negativa? La curiosidad no es apego; es simplemente el querer saber qué ciencia tenemos, qué somos, cuál es nuestra actitud, cuál es nuestro rol, etc.
No es mi intención en esta pequeña charla, a través de este receptáculo que simplemente se presta, debatir sobre diversos temas. Tampoco es mi intención repasar alguna vida. Ahora deseo sacar a la superficie ciertas dudas, que ya van dejando de ser.
Mi 10% sabe que ha desarrollado su intuición. Esta intuición ha contribuido, en algún porcentaje, a logros. Pero, inconscientemente, a veces tiene temor para profundizar en algunos temas por descubrir por miedo a que cierta verdad le condicione. Pero, en realidad, lo único que nos condiciona es el ego, esos benditos roles que nos afectan de una manera tan grande...
Mi 10% desea ayudar a otras personas de su entorno y, a veces, siente que no puede abarcar todo. En realidad, si nosotros, como entidades espirituales estamos limitados, ¿cuánto más limitado estará un 10% encarnado? No se puede revertir todo de golpe porque hay seres del entorno que tienen problemas, capaz provocados por ineficacia, capricho, malas elecciones, opciones que no tomó, negligencia, desidia o, simplemente, por esperar un proyecto mejor.
En el plano físico no tenemos mil manos para tapar mil grietas que se van haciendo, y apenas podemos tapar una. Nadie nos debe crear complejos de culpa si no podemos hacer más de lo que dan nuestras fuerzas porque eso sería estar en el aire.
Es distinto arrastrar engramas que roles del ego. Los engramas pueden disimularse más y, a diferencia de los roles del ego, permiten que una entidad pueda estar en un plano Maestro o en un plano de Luz porque su condicionamiento es más sutil y, de este modo, no densifica al espíritu. El engrama se graba, a nivel conceptual, tan profundo que, a veces, la parte espiritual no se da cuenta hasta que se lo transmite al 10%, y éste lo potencia luego repitiendo escenas de otras vidas. ¡A cuántos les ha pasado! No es fácil aceptar las experiencias positivas de distintas vidas aunque éstas hayan sido oscuras y nefastas en aquel momento, causando emociones dolorosas y haciendo sentir pequeñito al rol. He conceptuado de muchísimos seres espirituales que se aprende más del dolor que del goce, y eso se acentúa más en el plano físico, donde el dolor es el “Maestro” más importante. Esto no significa que aquel que lo sufre sea un “buen alumno” porque en distintas vidas he conocido a infinidad de espíritus –algunos han vuelto a encarnar y hoy son Thetanes con los que me contacto- que se han ido con más karmas de los que han traído, han bajado de nivel y no han aprendido nada. Todo lo contrario: se han “olvidado” de lo que han aprendido –es una forma de hablar porque el espíritu no olvida nunca; el que olvida es el ser encarnado-. Por eso, cada vida es un nuevo aprendizaje que se va incorporando a uno como esencia espiritual que está en el plano suprafísico correspondiente.
Hubo muchas vidas donde hice cosas buenas. He tenido vivencias donde he disfrutado, donde no he tenido trabas, donde he encontrado el amor, donde no he sido engañado y donde he tenido una larga y próspera vida.
No es todo queja. Es muy triste conceptuar con una entidad que tiene como carta de presentación la queja y el lamento porque el ego le produce una ceguera tan grande que le impide ver los momentos de placer que, por muy pequeños que sean, los tiene.
Entonces, no es sencillo sopesar en un platillo lo bueno y en otro lo malo, como observando qué es lo que pesa más, porque no son pesos iguales. La emoción dolorosa tiene una medida y el goce tiene otra. Es como si quisiérais comparar centímetros con pulgadas o grados celsius con grados Fahrenheit… No se trata de hacer conversiones, sino ver a qué le saca uno más provecho.
Lo que busco transmitirle a mi 10% es la posibilidad de que no pierda el empuje que tiene. Y la curiosidad sana de querer aprender en profundidad no es algo negativo. No debemos ser simples seres que se levantan únicamente para respirar y moverse. Se trata de vencer los miedos, de despertar las curiosidades, de entender que podemos tender una mano a otros, etc., pero no podemos tapar todas las goteras sino que tenemos que hacer las cosas de una en una porque no somos los salvadores de todos. Tampoco está mal que nos planteemos dudas, que por momentos estemos en crisis, que no encontremos la salida, etc., porque no deja de ser un sano cuestionamiento donde uno se pregunta el por qué, el cómo, el para qué y el cuándo. Es como que la persona está nadando hacia la superficie y, en ese momento, el espíritu intenta asomar la cabeza a la luz. Lo grave sería que nunca nos cuestionásemos nada. No se trata de cuidarnos de lo que hablamos o pensamos, sino de ser fluidos en nuestro diálogo. Tampoco se trata de pasar de la prudencia a la pedantería porque eso no sería equilibrio. Debemos ser medidos en el hablar. En el plano físico vosotros decís que el ser humano es amo de su silencio y esclavo de sus palabras. Entonces, hay que tener cuidado con lo que hablamos, pero sin llegar a callarnos. Yo no creo en el refrán que dice: “el silencio es oro”. Una palabra bien expresada que enseñe es oro. Pero la palabra siempre tiene que ser medida.
Va a seguir habiendo cambios en mi 10% encarnado porque yo, como Thetán, voy a cambiar. Soy optimista y los cambios tienen que ser para mejor. ¿Puedo equivocarme? Sí, a cada segundo. Creo que aquel que no se equivoca es porque no proyecta, es decir, no transforma su pensamiento en acción. ¿Somos falibles? Sí, lo admito. Pero esa falibilidad nos tiene que inyectar fuerza para crecer más cada día.
Nos recibiremos de sabios y, sin embargo, la sabiduría tiene que ver con cómo manejamos ese conocimiento que tenemos para brindarnos a nosotros mismos y a los demás de la mejor manera posible.
Mucha gente critica la ley del menor esfuerzo, y yo critico la hipocresía de esa gente. Y no soy un espíritu crítico, sino alguien que tiene avidez con algunos engramas e inseguridades todavía no resueltas, pero con muchos avances. Y eso es lo que me va a dar ganas. ¿Qué más puedo pedir?
Sesión del 02/06/2011 Médium: Jorge Raúl Olguín. Interlocutor: Karina Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Josep. Relató una vida en Judea donde pese a ser de familia judía bien situada siguió durante un tiempo al Maestro Jesús y tenía como amigo a Juan. Disentía con la religión imperante en su pueblo pese a formar parte de ella por presiones del entorno. Sesión en MP3 (4.048 KB) 34:32 Jorge Olguín: Estamos reunidos con Karina, vamos a canalizar al thetán de Josep para que relate una vida pasada, donde pueda sacar a la luz pensamientos, sentimientos, ideas, lo que fuera necesario como para que incluso descargue engramas no resueltos. Comenzamos.
Interlocutor: Bienvenido...
Entidad: Bueno, muchas gracias.
Interlocutor: ¿Cómo te encuentras?
Entidad: Bien por un lado. Y por otro lado, ya sé la vivencia que voy a recordar y relatar, y me trae sabor agridulce...
Interlocutor: ¿Quieres comenzar primero por eso que te resulta positivo? ¿Qué cosas consideras por las que te va bien?
Entidad: Que siempre he sido leal con la gente que he querido y que me ha querido. Y esta vida que relato, sucedió en Judea hace aproximadamente dos milenios. Mi nombre era Jaime y mi padre era integrante del Sanedrín. En mi caso, yo era muy respetuoso de la religión pero tenía mis propias ideas, mi propia manera de pensar...
Interlocutor: ¿Te animabas a expresarlo?
Entidad: No, mi padre era muy severo, y madre no podía opinar, mi hermana Raquel tampoco podía opinar. En casa comíamos con padre –padre se llamaba Samuel- y terminábamos de comer y recién comía mi madre con mi hermana. Digamos que ellas, prácticamente, no podían opinar sobre nada de lo que pasara o dejara de pasar. Y, de alguna manera, fui educado así aunque mentalmente disentía con todo ello, pero padre era una figura respetada y siempre evité contradecirlo, primeramente, porque nunca me gustó el conflicto, ni siquiera la hipótesis de conflicto. Madre era sumisa aunque yo sabía –porque podía percibir en su mirada que era muy sufrida, muy, muy sufrida.
Interlocutor: ¿Qué es lo que más te pesa de esa vida?
Entidad: Que si bien, padre, desde cuando yo era niño, no me elegía los amigos, a casa venían gente que estaban dentro de su núcleo: hijos de los Doctores...
Interlocutor: De su condición socio económica, diríamos.
Entidad: Sí, pero a mí me gustaba andar por el poblado... Me hice amigo de los hijos de la familia Zebedeo, de Santiago y de Juan. Santiago era más bien callado, reservado, de mirada noble pero es como que guardaba muchas cosas, como que tenía dentro suyo una... insatisfacción, podríamos decir. En cambio, Juan, el menor, yo le llevaba casi tres años, dos años y algo, era dos años y medio mayor que Juan. Juan era distinto, era como que sus ojos no enfocaban en un punto. Él hablaba, se expresaba, se frotaba las manos y miraba hacia todos los lados. Se entusiasmaba con cosas que quizá nadie le daba importancia. Comentaba: -Jaime, el otro día estábamos en la barcaza y pescamos cuatro peces grandes, y no sabes qué alegría... Y se frotaba las manos. Y yo digo: -Pero no lo entiendo a este joven, ¿qué tiene el pescar cuatro peces grandes?, es algo común. Y él lo tomaba como si fuera algo extraordinario, un espectáculo fuera de lo normal. Mientras él se expresaba, su hermano Santiago lo miraba y sonreía, pero siempre con esa mirada profunda. Perdida, que estaba en otro lado y que uno querría descifrar. Y fueron pasando los años y dentro de todo, yo tenía libertad para ir de un lado al otro, si bien tenía que ir al templo y hacer mis oraciones. Pero me sentía como incómodo porque las escrituras hablaban de un dios vengativo, un dios al que había que temerle, un dios al que había que amar obligatoriamente, y era algo que estaba en contra de mi interior; no sé cómo...
Interlocutor: ¿De tu percepción, quizás?
Entidad: No de mi percepción, sino de mi sentir, podría decir. Y no tenía con quién conversarlo, y Santiago es como que se escondía en sí mismo. Entonces, a veces, salíamos a caminar con Juan, y la gente del poblado nos miraba porque la ropa de Juan era humilde, familia de pescadores, yo iba mejor vestido, hasta mi calzado era distinto... jamás me ibas a ver en sandalias. Mi ropaje, se notaba que era hijo de alguien importante, pero yo trataba incluso de sacarme el lazo del cuello y tener la camisa abierta, estar más informal, pero de todas maneras se notaba mi cabello lavado, cortado en los costados, el gorro sobre la cabeza... pero a Juan no le importaba y él intercambiaba ideas conmigo y pensaba igual que yo... Él decía: -Nuestro Dios es un ser tan maravilloso... y algún día, tengo el anhelo de que aparezca en persona... Y yo me reía, porque le decía: -Juan, Dios no se aparece en persona, Dios es Dios... Y fueron pasando los años y es como que padre me obligaba a estudiar más y más, y no sé, el Pentateuco era algo que no me terminaba de cerrar en mi concepción. Cuando cumplí dieciocho años, Juan me dice: -He encontrado al Señor. -¿Cómo has encontrado al Señor? -Sí, ¿te acuerdas cuando éramos más chicos que hablábamos de que Dios iba a aparecer en forma humana, en un hombre? -Sí. -Y ha aparecido. -¿Pero qué dices? -Ahora, a la tarde, hacemos una pequeña reunión en las afueras del poblado. Y le dije que iba a ir. Padre estaba ocupado en su mundo. Me vestí lo más informal que pude y lo vi: Era un hombre de poco más de treinta años, con una barba, cabello castaño, y hablaba. Y yo escuchaba su mensaje, yo prestaba atención a lo que él decía: De verdad, de verdad os digo, que el reino de mi Padre no está aquí y que vosotros podéis llegar a él a través mío, porque quién me ve a mí, ve al Padre. Y luego, hablaba con Juan y le decía: -¿Cómo se llama? -Es mi Maestro. Se llama Jesús. -¿Pero por qué dice que si lo miro a él, veo al Padre?, él habla de Dios, porque yo lo miro a él, no veo al Padre. No entiendo. -Pero él es Dios. -No, él no es Dios. -Sí, Jaime, él es Dios... Él ha venido y ha nacido a través de su mamá María. -Pero él es un hombre, míralo, es un ser humano. -Sí, pero es Dios... -Juan, Juan, no te ciegues... La cuestión es que con el correr de los días fui a distintas reuniones -cuando padre estaba ocupado en su mundo, en su Sanedrín- y me conquistaban sus palabras. Pero dentro de las personas que había, él tenía doce que lo seguían a todos lados, entre ellos el pequeño Juan y Santiago y Judas y Tomás y Marcos y Felipe. Pero Felipe lo criticaba: -¡Muéstranos a Dios! ¿Por qué no lo muestra a Dios? ¿Dónde está el rostro de Dios? Y yo le decía a Juan: -Yo no soy un seguidor de tu Maestro pero sus palabras me llegan a mi corazón, y Felipe, que está con vosotros, ¿por qué lo critica? -No, no lo critica... -Mira, Juan, no está en mí sembrar discordia, pero Felipe lo critica. Y es cierto que lo criticaba: -¿Por qué únicamente a través tuyo se puede llegar al padre? ¿Por qué no cualquiera puede llegar al Padre? ¿Quién eres tú, más que los demás? Y Jesús no le respondía, Jesús sonreía, y lo único que decía: -De verdad os digo, a través de mí veréis al Padre. A través de mí llegaréis al Reino de los Cielos. Y sin tener una gran inteligencia o quizá porque era mayor que Juan, le explicaba a Juan lo que quería decir Jesús. -Juan, él no es Dios porque dice "Mi Padre", se refiere a Dios como otra persona, como a otro ser, quizás una esencia, quizás algo... Y cuando él dice "a través suyo", lo que quiere decir es que escuchando su palabra, haciendo acciones de bien, ayudando a otros, eso quiere decir que de esa manera se llega al Padre. Pero Felipe no lo entiende y tampoco entiendo yo cómo lo tiene entre sus seguidores. Entiendo que es magnánimo, entiendo que vuestro Maestro es un ser especial, ¿pero por qué tiene tanta paciencia con quienes lo critican? -No, pero no lo critica, tiene dudas; pero está bien que tengan dudas, justamente las dudas están para disiparlas, Jaime. -Claro, tal vez porque seas un pequeño que tiene casi dieciséis años, no sabes distinguir entre la duda y la crítica. Me da la impresión como que Felipe mismo lo vive criticando y es como que cuando el Maestro no está y os juntáis vosotros, él habla del Maestro delante vuestro y les siembra dudas en sus mentes. -Pero Jaime, ¡él ha hecho milagros! -Pero Felipe no lo cree, Felipe duda. "Yo no vi nada", dice. Incluso Tomás también duda. Tomás dice: "Yo tengo que ver para creer, y yo no he visto nada" -Pero yo sí lo he visto. -¿Qué has visto, Juan? -Lo he visto caminar sobre las aguas en una tarde de tormenta, la barcaza se estaba hundiendo. He visto que de repente, en una bolsa había cientos de panes y de repente nos hizo tender una red y estaba con decenas y decenas de peces, siendo que horas antes, la red estaba vacía. -¿Y qué dice Felipe, a ello? -¡Qué casualidad que la marea trajo a los peces! -Y de los panes, ¿qué dice? -Que los había traído escondidos. -Y Tomás, que está con Felipe, ¿qué dice? -Dice lo mismo. -Pero entonces, son escépticos del Maestro... Y así pasaban los días y yo, de alguna manera, veía esa ilusión en los ojos de Juan y, de alguna manera, es como que...
Interlocutor: ¿Te contagiaba, de alguna forma?
Entidad: Me contagiaba su entusiasmo. A veces, no comprendía tanta devoción que tenía por su Maestro. Y si bien no era mi Maestro porque no tenía diálogo con él en forma directa, pero sus palabras llegaban a mi corazón de verdad, y lo que él decía era Amor, Amor puro; era un lenguaje de Amor. Fíjate que contradicción, ¿no?, que un día falté a una de las reuniones porque mi padre me obligó a ir al Sanedrín y leían la Biblia y contaban episodios de reyes, y los episodios que contaban eran de violencia, eran de venganza, eran de muerte; y tenía que poner todo mi esfuerzo para poner un rostro imperturbable. Y no hablaba de sonreír porque ya hubiera sido hipócrita si sonreía y el Maestro de Juan decía que los hipócritas no iban a ir al reino de los cielos. Entonces, no reía, pero tampoco podía –por temor a mi padre- poner cara de repugnancia de escuchar esas estrofas...
Interlocutor: ¿Vacías?
Entidad: ¡Dañinas!, no vacías, dañinas, completamente dañinas.
Interlocutor: Si hoy volvieras a esa vida que nos estas relatando, ¿qué harías distinto?
Entidad: Siempre lo pensé -como thetán- de haberme unido a los apóstoles, pero de alguna manera, es como que hay algo que se llama costumbre a una forma de vida, y de alguna manera, es como que lo amaba a mi padre, a pesar de no estar de acuerdo con sus ideas, y amaba a mi hermana Raquel, a mamá... Es como que los hubiera tenido que dejar. Al Maestro Jesús no lo entendían cuando él decía: "Aquel que me siga, capaz que se pondrá en contra de su padre", pero no se trataba de que el Maestro incitaba a ninguna violencia sino que las ideas iban a ser absolutamente distintas. Y esto me pasó a mí en el rol de Jaime. Yo estaba en contra de mi padre, estaba en contra de sus ideas, estaba en contra de La Ley, había entendido lo que era el Amor, había entendido lo que era el poder ayudar a otros...
Interlocutor: ¿De qué manera modificó tu vida el encuentro, la amistad que tenías con Juan y los encuentros con Jesús?
Entidad: A ver, no la modificó en lo cotidiano, la modificó en mi manera de ser: valoraba la mujer, su valía, su importancia, su don, su valentía. Valoraba tanto al rico como al pobre, despreciaba al mezquino, pero no lo despreciaba señalándolo sino que directamente buscaba apartarme de ese tipo de gente. Entendí lo que era amar de verdad, no sacar ventaja del otro, sembrarse uno en el corazón del otro y el otro en el corazón de uno: no sembrar, sembrarse. Y de esa manera cosechabas amor en el corazón del otro. Entendí eso.
Interlocutor: ¿Qué te gustaría hacer en tu encarnación actual?, ¿qué crees que te queda como asignatura pendiente, si es que te queda alguna, verdad?
Entidad: Seguir sembrando. Seguir sembrando en lo que mi 10% desee. El sembrar, no siempre se cosecha, pero -como dijo el Maestro hace dos mil años- siempre va a crecer, va a germinar, una plantita. Fíjate que estrechamos lazos con Juan. Él era como un confidente, yo era un confidente para él, también. Traté de evitar hablarle de Felipe, hablarle de Tomas, porque él tenía aprecio por todos y a veces me hacía un nudo en la garganta de ver cómo despreciaban, en el fondo, las palabras del Maestro. Creían en él y por momentos es como que ponían un pequeño palo en la rueda de la carreta, como gozando si la carreta volcase. Entonces, yo pensaba "¿Lo siguen al Maestro?, ¿les interesa la palabra del Maestro o le están buscando la menor falla al Maestro para criticarlo?". Pero no le podía decir eso a Juan día tras día, porque lo veía tan entusiasmado no sólo con su Maestro al que le tenía una tremenda devoción sino también amor a los demás apóstoles.
Interlocutor: ¿Tuviste la oportunidad, luego de esa encarnación, de tener algún tipo de conversación con el Maestro?, ya sea en el plano espiritual o no.
Entidad: No, en esa vida no tuve una conversación con el Maestro sino que he presenciado muchísimas de sus charlas y me he llegado a emocionar -porque soy muy sensible en cada rol-, me han caído las lágrimas y el Maestro me ha mirado y se ha sonreído –sonreído en el aspecto de decirme: Estoy contigo... estoy contigo… Y eso, para mí, fue más que maravilloso el que me diga eso y me envaré porque alguien me abrazó, y era Juan, a mi izquierda, y él también me dice: Yo también estoy contigo. Y le toqué la mano a Juan, que me abrazaba con una mano en mi hombro derecho y otra la apoyaba en mi hombro izquierdo y con mi mano derecha le toqué la otra mano en mi hombro izquierdo y me sentí como contenido, y le dije: -Esto me lo voy a llevar hasta el último día de esta vida. Y Juan me dijo, con su inocencia de juventud: -Y seguramente de otras vidas también. Y lo miré y entendí que era un mundo pasajero y que en ese mundo veníamos a sembrar, como el mayor Sembrador que lo tenía enfrente mío: Jesús. Cuando se terminó la charla, el Maestro me mira, me hace un gesto con la cabeza y con mi pudor me sonrojo, porque mi pudor era porque no quería que supiera de qué familia venía, porque mi padre era lo opuesto. En el Sanedrín hablaban de perseguir a los revoltosos, a los agitadores… y Jesús estaba entre ellos. Mirad que si se llegaba a enterar de que yo participaba en las reuniones, ¡el castigo que hubiera recibido!, pero no lo supo nunca. Y cuando termina la reunión, Juan me acompaña y me dice: -Te dejo aquí, a mitad de camino, así tu familia no nos ve juntos. -¿Pero tú sabes quién es mi familia? -Sí. -Pero… -No, no, está bien –me dice-, está bien. Es tu familia, le debes respeto, pero sé que ese respeto no quita el amor que sientes por todos nosotros. Pero ya me habían ordenado para que participe del Sanedrín y era algo que no me gustaba, pero era el mandato familiar y no podía hacer otra cosa, no podía hacer otra cosa, de verdad, y no sabía cómo salir de esa encrucijada. Y como si Juan me leyera la mente, con su ingenuidad y su sabiduría, me dice: -Yo sé lo que pasa, pero quédate tranquilo, lo importante es lo que tú sientas, y lo que te obliguen a hacer, trata de hacerlo de la mejor manera posible y sin dañar a nadie. Aquí somos efímeros. Nunca más participé de una reunión, me dolió mucho cuando me enteré –tiempo después- lo del Maestro, lo de la crucifixión. El mismo Sanedrín, obviamente yo no participé, pero ese mismo Sanedrín es el que lo aprendió, el que lo llevó ante los romanos. Ese mismo pueblo es el que prefirió dejar libre a Barrabás, el que condenó a un supuesto agitador que lo único que sembraba era Amor. Y sentí vergüenza ajena pero con la conciencia tranquila de sembrar otra cosa. Me casé, tuve dos niños…
Interlocutor: ¿Cómo se llamaban?
Entidad: Juan y María.
Interlocutor: Fuiste un buen padre, me imagino.
Entidad: Fui un buen padre. A mi esposa, Rebeca, la traté como a una dama. Comíamos todos juntos, lo que no sucedía en ninguna otra familia judía. Fui un buen padre, un buen esposo. Tuve una pequeña fortuna y he ayudado a mucha gente pobre. Fui querido, nunca me metí con el ejército romano -colaboraba obviamente- para que no se metan con mi familia… Muchos años después, por lo menos una década después, una vez más me crucé con Juan…
Interlocutor: Cuéntame qué sucedió.
Entidad: Ya tenía él veintiocho años, yo pasaba los treinta, casi treinta y uno. Me reconoció. Le reconocí. Me preguntó qué hacía. -Trato de enseñarle a mis hijos las enseñanzas de aquel Maestro que tú tanto amaste y que yo tanto respeté. ¿Y tú qué haces? -Trato de difundir el mensaje que dejó mi Maestro. Nos dimos un abrazo, nos dimos la mano y le pregunté: -¿Te volveré a ver, Juan? -Sí, no tengo duda. -¿Cuando? -En algún tiempo. -¿Aquí? -No, no creo, pero en algún tiempo. -¿Y cómo nos trataremos? -Como ahora, como hermanos. Y sentí como un vuelco en el corazón cuando dijo esta palabra, porque no hace falta nacer del mismo vientre para ser hermanos, no hace falta. No hace falta. Gracias.
Interlocutor: Realmente es emocionante lo que acabas de comentar. Bueno, ha sido un gusto tenerte aquí. Toda la Luz para ti. Ve tranquilo, en paz. Y hasta todo momento.
Entidad: Gracias, querida hermana, gracias.
Sesión del 27/07/2011 Médium: Jorge Raúl Olguín. Interlocutor: Karina Entidad que se presentó a dialogar: Thetán de Josep. Explicó alguna contradicción que tiene. Relató una vida en Aldebarán IV donde era hijo fruto de una violación de un ser de raza distinta, lo que causaba rechazo tanto en su propia familia como en el poblado. Al hacerse mayor decidió irse. Visitó diversos sitios, siempre en solitario. Conoció a Fondalar, con quien aprendió diversos temas, mayormente sobre la autoestima. Sesión en MP3 (4.766 KB) 40:38
Jorge Olguín: Voy a intencionar, canalizar al tetan de Josep para que relate algún episodio con emociones dolorosas y que pueda ir erradicando engramas conceptuales, con la interlocución de Karina. Comienzo.
Interlocutor: Bienvenido...
Entidad: Muchas gracias.
Interlocutor: ¿Cómo te encuentras?
Entidad: Bien, siempre con contradicciones. A veces nos sentimos sanamente orgullosos, como thetanes, de haber logrado cosas importantes en el plano físico y a veces nos sentimos insatisfechos pensando que en cada encarnación podríamos haber logrado un poco más…
Interlocutor: Lo importante es que en cada momento y en cada lugar, uno tenga la tranquilidad de saber qué hacer, todo lo que está a su alcance. Siempre nos va a quedar cosas por hacer, pero lo importante es el ahora, es hacer lo que sea mejor en este momento.
Entidad: Entiendo que el pasado es inmodificable y como nosotros –como thetanes- tenemos la memoria intacta de todas las vidas, repasando situaciones, conceptuamos que podíamos haber optado por hacer las cosas de otra manera.
Interlocutor: ¿Hay alguna situación, en particular, de la que tú, en este momento, sientes que estás incómodo, que te hubiera gustado hacer las cosas de otra forma? ¿Pasó algo, puntualmente?
Entidad: Quizá no… Quizá es porque a través de los milenios trato de ser, si se permite la expresión –porque como sabemos, las palabras son más pobres que el concepto-, diría que estoy siendo perfeccionista y quizá ese sea un rol del ego, porque la insatisfacción, aún a sabiendas de que podemos hacer cosas importantes, no deja de ser incómodo el tener, a veces, insatisfacciones.
Interlocutor: Piensa que lo importante es que tú -como thetán- cada ser encarnado debe hacer lo que está a su alcance, no podemos pretender modificar el mundo, pero si cada persona puede modificarse a sí misma y puede modificar a su entorno, entonces seguramente que entre todos sí van a poder mejorar.
Entidad: ¿A veces no sientes como que estás en un bote remando en el oleaje marítimo y a kilómetros de distancia contra tu proa viene un maremoto y el maremoto sería el pensamiento opuesto de miles de personas o una oleada de indiferencia en contra de lo que tú quieres hacer, y por momentos dices: -Qué hago con mi pequeño botecito? Fíjate, hay una encarnación en Umro, no voy a darte ahora lecciones de geografía pero en el continente más habitado, que es el continente oeste, tú pasas mirando hacia el norte, la zona del ecuador, hay una zona muy poblada. Luego, más al oeste, hay una zona desértica habitada por unos animales camélidos llamados gromodans, y más al oeste hay una zona montañosa casi inexplorada. Muy muy arriba de esa zona está la raza de los orientales, pero por debajo hay una zona montañosa inexplorada. Yo nací en un pueblito –o creí que nací en un pueblito- cerca de las montañas. Tenía un hermano menor, absolutamente distinto a mí. Mi padre era labrador en la zona. Con madre, se trataban educadamente, pero a veces, entre ellos había una mirada de reproche ignorando yo el porqué. Y fui creciendo feliz al comienzo, pero a media que fueron pasando los amaneceres me di cuenta de que el trato conmigo al de mi hermano –mi hermano se llamaba Lemes, yo me llamaba Luomor en esa encamación en Umro- el trato era distinto. A él le daban todo, tenía espadas de juguete que le había hecho mi padre en una carpintería... Yo me dedicaba a los quehaceres de la casa, porque midiendo con vuestros años de Sol 3, era dos años mayor -en Umro, los años se medían de distinta manera por la rotación de nuestro planeta, que era el cuarto sistema de Aldebarán- y uno se acostumbra, se adapta a un ritmo de vida, pero a medida que fui creciendo –quizás era casi adolescente- me di cuenta de que mientras a Lemes le daban de todo, a mí no me daban nada.
Interlocutor: ¿Y cómo te hacía sentir eso, sentías broncas, tristeza?
Entidad: No, no sentía broncas ni rencor, sentía incomodidad, porque no entendía por qué mamá me trataba normal, no con cariño pero tampoco con desprecio. A veces es como que hacía gestos con la mano de querer acariciarme y se frenaba. En cambio, padre, me hablaba lo necesario, con monosílabos, o con frases cortas: Alcánzame la jarra. Trae el guisado. Coge un banco. Acompáñame hasta la tienda –había una tienda de venta de provisiones- pero…
Interlocutor: Pero no con cariño, digamos, no como a ti te hubiera gustado.
Entidad: A veces lo miraba de reojo y veía una mirada hacia mí y veía una, no sé... una mueca en su boca, como un desprecio a mi persona y no lo entendía…
Interlocutor: Y no entendías por qué.
Entidad: No…
Interlocutor: ¿Y hoy tú sabes por qué fue eso?
Entidad: El otro tema es cuando tenía catorce de vuestros años. Yo era más alto que papá y cerca de allí había un arroyo y me miraba en las aguas del arroyo y veía que mi rostro era distinto, como deforme, como que no entendía… o sea, no era igual a ellos, era una persona absolutamente extraña a los demás; en el poblado, es como que me miraban… no se acercaban, no me rehuían porque ya me conocían desde muy niño, pero mis rasgos distintos se fueron acentuando. No te impresiones por mi dramatización, pero necesito descargar, ¿me entiendes?
Interlocutor: Te entiendo.
Entidad: Un día -estábamos en la cena, yo cogía un pequeño apunte de mi hermano Lemes y a escondidas aprendía a leer, porque ni siquiera me enseñaban a leer- le dije, ¿por qué esa diferencia conmigo y por qué yo soy diferente?, me siento como deforme, soy mucho más alto que vosotros y mi rostro, los pómulos más salidos, el mentón más cuadrado, las orejas más largas, mis manos son mucho más grandes que las vuestras y todavía no he crecido del todo… ¿Qué pasa?, ¿qué pasa conmigo? Aquel que está más allá de las estrellas, ¿qué castigo me dio?
Interlocutor: Eso es un rol…
Entidad: Después me enteré qué pasó, pero yo no tengo la culpa de lo que hacen los demás...
Interlocutor: Dime, ¿qué sucedió?
Entidad: Mamá hacía poco que se había unido con papá y papá fue hasta otro poblado a hacer una diligencia y mamá salió del poblado y en ese momento fue asaltada en el camino por un hombre o un ser- diríamos- gigantesco y no sólo le robó los metales que tenía en la alforja sino que la violó y quedó embarazada de mí. Mamá, llorando, me contó que había una raza detrás de las montañas llamada los lomantes. Los lomantes, eran seres dos cabezas más altos que nosotros –cuando digo nosotros es porque yo me considero ellos- y bueno, yo soy mitad lomante y mitad como ellos, no soy tan alto como los lomantes pero ya a los veinte de vuestros años les llevaba una cabeza a cualquier otro ser.
Interlocutor: ¿Tú entiendes que eres un ser muy lindo? Y que lo importante es lo que somos por dentro, no cómo nos veamos.
Entidad: Hablé con el que era, supuestamente, mi padre y le dije: -No me odies, yo no tengo la culpa de lo que le hicieron a mamá. Yo vine a este mundo a tratar de ser útil; fíjate que vosotros, a veces, vais de caza y a mí no me gusta cazar ni siquiera un ave o un pequeño roedor, a veces me alimento de frutos. Es cierto que como un guisado y a veces el guisado tiene carne, tiene vegetales pero no mato siquiera un insecto. A escondidas, de pequeño, practicaba el arte de la esgrima, pero la espada me parecía como pequeña, Entonces, había restos de maderos en la carpintería y cogí un madero y lo usaba como garrote, ¿se entiende?, como una especie de maza, y aprendí a pelear por si hubiera algún peligro, pero sabía, era consciente de la fuerza que tenía. Papá me dijo fríamente: -Yo no tengo nada contra ti, Luomor, pero no puedo amarte, porque te miro y veo en tu rostro a la bestia esa que atacó a mamá muchísimos amaneceres atrás y tú eres el hijo biológico de esa bestia. -No sé si me permites seguir llamándote padre -le dije- pero a cada ser, y esto lo entiendo porque creo que es así, aquél que está más allá de las estrellas nos puso una Luz dentro y esa Luz que tenemos dentro es lo que nos hace distintos, no el aspecto de afuera. ¿Te acuerdas del tendero Jones, el señor calvo que había quedado a cargo de su sobrina?, todo el pueblo sabía que la violaba todas las noches y nadie decía nada... ¿Esa es la gente que tú aceptas y a mí me rechazas? ¿Esa es la gente que tú aceptas? No quiero ser una carga para vosotros. Yo estuve ayudando al señor Guano, el de la carpintería, y por las tardes me ganaba unos metales y tengo lo suficiente como para vivir un tiempo. No tengo para pagarte un hoyuman y si tú quieres, me puedes dar uno y yo me voy. -No podemos darte uno. Puedes caminar perfectamente. O si no, cuando atravieses el desierto coges un gromodan, son animales tontos, los domesticas en seguida. -Me voy a despedir de mamá. -No hace falta. Ni de Lemes, tampoco. Al fin y al cabo, no es tu hermano. -Es mi hermano, salimos del mismo vientre. Lo siento por ti. -¿Por mí? ¡A mí nadie me desprecia! -Yo tampoco, yo te tengo compasión. Y me da pena la situación y me das pena tú. Y me marché. Me marché de un hogar que para ellos nunca había sido mío, con una madre que nunca tuvo el coraje de enfrentarse a padre. Ella se sentía culpable de haber sido violada y no tenía nada que ver... era inocente...
Interlocutor: ¿Tú entiendes que eso ya pasó, verdad? Y que lamentablemente fue obra de esas criaturas que no podían entender lo que tú sí habías entendido...
Entidad: Pero te quedan en ese momento esos engramas de rechazo...
Interlocutor: De falta de amor, de falta de comprensión...
Entidad: No es solamente eso, hay mucha gente en tu entorno que no tiene noción de lo que es 'familia', porque el concepto que tienen de familia es absolutamente equivocado. Yo los amaba, aún con su desprecio, mucho más de lo que los podía haber amado Lemes, mi hermanito. El propio Lemes fue instruido a no aceptarme y él podía haberse rebelado; y no, él aceptó, como los gromodans del desierto, los camélidos, que aceptan porque no entienden, porque no razonan, porque no conceptúan...
Interlocutor: Dime, ¿dónde fuiste después?
Entidad: Fui por el desierto, atravesé los distintos lugares. A veces pasaba por los poblados a comprar algún comestible, me bebía alguna bebida espumante con muy poco alcohol -no me gustaba el alcohol, en lo posible pedía algo sin alcohol- y nadie se metía conmigo. Quizás era ego, pero tenía un poco de pudor de acercarme a los poblados, más bien andaba por los caminos y me sentaba en los costados de los caminos a meditar.
Interlocutor: ¿Tu vida siempre fue solitaria o pudiste a conocer gente afín a ti?
Entidad: Hay un episodio muy bonito, muy lindo. Yo aprendí a conocer las distintas razas. Sabía que muy al norte, para el lado del mar había una zona montañosa donde habitaban hombres alados, había zona de dracons, muy similares a vuestros míticos dragones, se nombraba mucho a un mítico guerrero, Ligor, que tenía como una especie de estática que lanzaba descargas eléctricas. En el medio había un poblado, en un valle, de unos seres que tenían dones mentales que podían incluso hasta dejar sin sentido a otros seres. Se llamaban los mentos, pero eran muy pacíficos y se tejían leyendas sobre ellos. Una tarde, nuestra estrella todavía no se ponía, era media tarde, hacía bastante calor, se acercaba un viajero en un hoyuman y de repente –yo tenía un oído muy fino- siento como en el desfiladero como ruido de rocas y una de las rocas golpea al hombre, lo hiere y lo tira de su hoyuman y bajan cuatro asaltantes a robarlo. Uno de ellos desenvaina su espada y me pareció una situación absolutamente injusta y cojo mi garrote que siempre lo llevaba conmigo. Primero se asustaron al ver mi figura tan grande y con un rostro para ellos deforme -pero en realidad, no era un rostro deforme; simplemente la frente amplia, los ojos quizá demasiado juntos, la nariz como chata, la boca grande, un mentón muy cuadrado, pero era mi raza así- y como vieron que eran mayor cantidad numérica, se enfrentaron. Yo soy enemigo de la violencia, pero no podía dejar que mataran a ese hombre y los enfrenté. Lograron herirme con una de las espadas en mi brazo izquierdo y los golpeé a los cuatro con mi garrote en la cabeza. Lamentablemente, creo que a uno de ellos le quité la vida. Como thetán, sé que eso trae karma, pero entiendo que, a veces, el mundo espiritual justifica una vida por otra. Y lo levante, al caído. Era de rostro muy noble, bastante alto para su raza y me di cuente de que me sangraba parte del rostro izquierdo y me dolía bastante la cabeza y también me dolía el hombro. El hombre abrió los ojos, me miró. No se impresionó por mi rostro, para nada. Es la primera vez que alguien no se impresiona. Sonrió y observó la escena y me dijo gracias. Me tocó la frente y me tocó el hombro: mágicamente, al instante, se me pasó el dolor. Le digo: -¿Quién eres? Me dice: -Me llamo Fondalar. Siempre suelo estar atento, pero bueno, somos seres falibles. El único infalible es aquel que está más allá de las estrellas. Gracias por salvarme la vida. Y me dio un abrazo con una fuerza tan potente, casi tanta como la mía; no lo podía creer. -¿Cómo has hecho esto –le digo- que me has calmado el dolor? -De todas maneras, yo, en mi alforja, llevo elementos como para coserte la herida del hombro. Te he calmado el dolor con mi mente. -¿Eres un mento? -Sí. -¿Fondalar? He escuchado hablar de ti. He escuchado mucho hablar de ti. Eres muy conocido, has hecho mucho bien en la zona norte. Me siento distinto. Siempre he sido despreciado y ahora salvo una vida. Pero mira. No quería matar a esa persona. -No lo has hecho a propósito. No eres culpable, eres responsable. No tienes que pedir disculpas. Permíteme que pueda coser tu herida. Tenía como una especie de hilo fino en su alforja y un metal punzante similar a las agujas de Sol 3 y me cosió la herida. Luego, tenía como una especie de frasco pequeño con un polvo y me lo pasó por la herida. Le pregunté para qué era eso. -Para que cicatrice rápido. –Me respondió. Subió a su hoyuman y me dijo: -Ven, quiero invitarte a ingerir algunos alimentos en el poblado cercano. -No soy muy amigo de ir a tabernas. -Por favor, permíteme por lo menos estar unos amaneceres contigo; te debo la vida y tengo mucho por hacer y gracias a ti lo podré seguir haciendo. Compartí con Fondalar varios amaneceres. Hablamos infinidad de temas. Fue más que un amigo, un hermano. Me miraba como un igual y yo admiraba su postura, sus diálogos. Me enseñó muchas cosas. Le conté de mi origen, le dije que yo era medio lomante y que eso me avergonzaba y me preguntó por qué. -¿Por qué te tienes que avergonzar?, yo sé lo que tú piensas. -¿Puedes ver mi mente? -No, nadie tiene la facultad de ver la mente del otro. Puedo ver tus gestos, y a través de tus gestos, sí puedo ver tu mente y sé que te sientes distinto. Todos somos distintos. Cada ser es tan grande como el cielo. Todos somos distintos. Lo que nos hace iguales es el amor, el brindarnos... -¿Y qué sucede, Fondalar, cuando te desprecian? -Tienes que sentir compasión por aquel que te desprecia porque es una persona que aún no conoce lo que es el afecto. -¿Y el afecto es bueno? -El afecto es lo mejor que podemos tener para dar y para recibir. El afecto sano, el afecto puro. Me sentí distinto, feliz, pero sabía que Fondalar tenía asuntos importantes que atender. Le pregunté si lo volvería a ver y me dijo: -Sé que sí. -¿Pero cómo?, es un mundo tan inmenso, tan grande... Apenas conozco una centésima parte o menos de lo que es este mundo... ¿Cómo sabré yo dónde encontrarte? ¿Cómo sabrás tú dónde encontrarme? -Quizá no lo sabemos, quizá no lo sabremos nunca cómo encontrarnos, pero tú sabes que existe aquel que está más allá de las estrellas y Él nos guiará el uno con el otro. Nos dimos la mano. Si bien él tenía una mano grande, la mía era el doble de la suya.
Interlocutor: Y seguiste tu camino, ¿verdad?
Entidad: Me quedé pensando en Fondalar, que fue la única persona hasta ese momento que me miraba de frente sin fingir, porque hay algunos que se impresionan de ti, de tu aspecto distinto y fingen ser cordiales, pero tú te das cuenta cuando tienen una mirada sincera. Y hasta ese momento de mi existencia como Luomor, un mitad lomante y un mitad normal, -para ellos humano, diríais vosotros-, era la primera persona que me trataba de igual a igual.
Interlocutor: Me imagino que tu vida de allí fue más distinta, que aprendiste a ver las cosas de otra forma, con otra mirada.
Entidad: No, no tanto. Te puedo decir que tanto Fondalar como yo sentimos tanto afecto el uno por el otro como si fuéramos hermanos reales. Y se lo dije antes de que se fuera. Y me dijo: -Hay distintos tipos de hermandad. Así que no cambié mi forma de ser, siempre es como rehuía a las multitudes pero...
Interlocutor: Al menos pudiste conocer otra cosa, el afecto, que no todo era desprecio, que no todo era soledad en tu vida y que las cosas podían ser distintas
Entidad: Conocí el afecto, conocí la aprobación, pero también conocí el reto, pero no el reto de retar a duelo, sino el reto de censurarme, porque en un momento dado le digo a Fondalar, en una fogata, a la noche, antes de que se fuera al amanecer siguiente. -Tú eres el único que me apruebas y es bueno tener la aprobación del otro. Fue la primera vez que le vi fruncir el ceño. Y me dice: -No, no. Primero me sentí como nervioso, casi me caían las lágrimas pensando, porque no entendí, en mi torpeza. -¿Tú no sientes afecto, Fondalar? -Sí, pero no debes buscar mi aprobación, buscar el afecto para la aprobación es nocivo porque es como que no te quisieras. -Es que no sé si me quiero, Fondalar. -¿Por qué no? -Porque soy distinto. -¿A quién, a mí? Yo también soy distinto a otros pero me acepto. ¿Por qué no habrías de aceptarte? ¿Has cometido algún acto hostil? -Bueno, esa tarde que te salve la vida... -Eso no es un acto hostil, me has salvado la vida. -Pero, entonces, no entiendo. ¿No me apruebas? -Sí, por supuesto que te apruebo, apruebo todo lo que haces -me dijo Fondalar- pero no busques mi aprobación como si tuvieras que pedir permiso para hacer las cosas; las haces y punto. Cuando tú apruebas el afecto del otro no es para que te sientas más importante, simplemente lo aceptas. De lo contrario, es como que buscarías el afecto del otro para sentirte importante, y no es así. -Entiendo. -O sea, que el afecto tiene que ir y venir de forma natural, pero no para que eso te engrandezca. -¿Sería al revés, no?, o sea, como que tú sabes quién eres y el afecto viene por consecuencia. -Así es. Y eso es lo que me enseñó. Y eso es lo que me enseñó a pasar distintas etapas de crisis en mi vida, porque yo tengo muchas más cosas para contar. Me volví a ver con Fondalar en Umro y me junté con sus amigos, con Ligor, y conocí otra gente amiga en otros episodios que he vivido como Luomor. Y en otra encarnación también me encontré con Fondalar. En esa encarnación yo era Jaime y él era Juan Zebedeo. Gracias por escucharme.
Interlocutor: Hermoso lo que nos has contado. Eres un espíritu muy bello, tú lo sabes, y tienes mucho por seguir. Hasta todo momento. Nos volveremos a encontrar para seguir charlando.
|